X
This website uses its own and third-party cookies to provide our services and display advertising related to your preferences. If you close this window by pressing the 'X' button, we consider that you do not want to see this message again
Password
Username
La única diferencia
Author: 
Anonymous
Sadomaso BDSM
14-Nov-2018
440
La única diferencia
Los hermanos mellizos de 7 años descubren una de las pocas diferencias que existen entre ambos. BALLBUSTING
Natalia y Oscar, dos hermanos mellizos de 7 años, se encuentran en el baño de su casa dispuestos a darse un baño juntos, como han hecho toda su vida. Ambos ríen y bromean mientras se desnudan, pues su relación era buena y de total confianza, aunque al mismo tiempo, como suele pasar en todos los niños mellizos o gemelos, existe una gran competitividad por demostrar quien es el mejor. A pesar de estos esfuerzos por destacar, los resultados en todo lo que hacían eran prácticamente idénticos.

Solo había una cosa que marcaba la diferencia y que Oscar, desde que lo supo, no dudó en sacarlo a relucir en todas las discusiones que tenían sobre quien era mejor en cierta cosa. Esta diferencia es que él puede hacer pis de pie mientras que ella necesita sentarse. Este hecho sin importancia, era casi una tortura para Natalia, pues cada vez que su hermano utilizaba ese argumento no tenía como contrarrestarlo y Oscar quedaba como el vencedor de la discusión. La niña ni siquiera podía recurrir a burlarse del tamaño de su virilidad, ya que Oscar tenía la suerte de estar muy bien dotado, con un pene y unos testículos que parecían los de un hombre adulto. Él era consciente de esta “envidia de pene” de su hermana, por lo que se lo recordaba siempre que podía.

Una de las mejores situaciones era la hora del baño, ya que solían hacer pis justo antes. Natalia, para no darle la satisfacción a su hermano, evitaba hacerlo, pero esta vez tenía demasiadas ganas.

- ¿Quieres que te preste esto? – preguntó Oscar en cuanto su hermana se sentó en el retrete, haciendo referencia a su miembro viril.

- JA JA, muy gracioso. – contestó ella mientras orinaba, intentando no mostrar sus celos.

- Te gustaría tener uno, eh? – insistió él entre risas, posicionado frente a ella con las manos en las caderas y moviendo su pelvis hacia delante repetidas veces para balancear su envidiable pene ante la furiosa mirada de Natalia.

Ella, aún sentada, levantó con rabia la pierna derecha, que ni siquiera tocaba el suelo. Su objetivo era claro: aquello que su hermano utilizaba para mofarse, y la niña no falló, consiguiendo que su empeine golpeara los colgantes genitales de Oscar, al que pilló mirando con orgullo como su pene subía y bajaba. Natalia casi se cae dentro del retrete al ver la reacción de su hermano, que al instante cayó al suelo llorando. Al principio este llanto se debía al susto, pero en cuanto sujetó sus partes y un desconocido dolor apareció en sus grandes testículos, sus lágrimas fueron completamente sinceras.

- ¿Qué pasa? – preguntó Natalia muy sorprendida. - ¿Se te ha roto tu cosita? – continuó al no obtener respuesta de su hermano, que seguía en el suelo retorciéndose y llorando desconsoladamente.

Entre el llanto le oyó decir un leve “los huevos”, que solo le sirvió a la niña para aumentar su desconcierto, así como su curiosidad.

- Si no te he dado tan fuerte. – dijo la niña sin entender lo que sucedía.

Exactamente lo mismo pensaba él, que pataleaba de impotencia al sentir el dolor extenderse por su vientre y sintiendo un malestar general insoportable. Por suerte para él, tras unos interminables 10 minutos, los síntomas comenzaron a remitir, dejó de llorar, pudo apoyar la espalda en la pared esperando que el dolor se fuera del todo y pedirle explicaciones a su hermana, la cual achacó su arrebato a las provocaciones de Oscar.

- ¿Eso te ha pasado más veces? – preguntó la pequeña.

- No, es la primera vez que me pegan en los huevos. No sé por qué me ha dolido tanto – dijo él sentado, con las piernas separadas y agarrando sus testículos, los cuales todavía le dolían al tocárselos.

- ¿A ti te han dado alguna vez ahí? – preguntó Oscar.

- No, menos mal porque no quiero que me vean llorando como un bebé. “¡Buah buah mis huevos buah buah me los han roto!” – imitó la chica a su hermano de forma burlesca. Antes, con la preocupación, no quiso hacer bromas, pero ahora que Oscar parece estar bien decidió tener su pequeña venganza.

El niño le recriminó su actitud, pero Natalia lo ignoró y siguió imitándolo. Oscar se levantó para no darle más motivos de alegría a su hermana y, a mientras lo hacía, aprovechó una distracción de su hermana para darle un buen puñetazo en sus partes. Natalia gritó de dolor y se agarró rápidamente, muy asustada esperando el inmundo dolor. Oscar terminó de levantarse y esperó con una sonrisa que su hermana cayera al suelo hecha polvo.

Pero cuando parecía que esto iba a suceder, Natalia estiró el brazo y le devolvió exactamente el mismo puñetazo. Él no se lo podía creer, jamás esperaba que su hermana resistiera para contraatacar. Pero ahora iban a caer los dos, o eso pensaba él, que se agarró los testículos y se inclinó igual que su hermana. No podía creer que Natalia siguiera en pie, pero se obligó a no caer hasta que ella no lo hiciera.

La niña, por su parte, que estaba muy asustada, pronto empezó a notar que el dolor en su vagina estaba desapareciendo, lo que, unido a la cara desencajada de su hermano, con los ojos llorosos, y al tembleque de sus piernas, la hizo darse cuenta de que había ciertas diferencias. Oscar, que ya sentía el dolor testicular en su plenitud, vio como su hermana se erguía con una sonrisa. Esa imagen fue la puntilla para la moral del chico, que finalmente se rindió y hincó rodillas volviendo a romper a llorar.

Estaba confirmado, un golpe en las partes íntimas es más doloroso para los niños. Natalia por fin encontró algo en lo que era claramente superior a su hermano mellizo, algo bastante más importante que poder orinar de pie. Por su cabeza pasaban una infinidad de posibilidades que le daba la extrema debilidad de los testículos. Oscar también meditaba sobre lo que acababa de aprender, aunque en ese momento lo que más le preocupaba era el dolor de huevos, que después de dos golpes tan seguidos, el dolor era extremo.

- ¿Quieres que te preste esto? – preguntó Natalia con una sonrisa de oreja a oreja mientras movía su pelvis con orgullo.

Oscar, asustado y humillado, no tuvo valor para responder y siguió gimiendo totalmente doblado, sabiendo que a partir de ahora muchas cosas van a cambiar en la relación con su hermana.
Reviews
Your review
Excellent
Good
Regular
Bad
Regrettable
NOTE: In order to add favorites, rate and post reviews you must login or create a new account if you are not registered.
0 published reviews