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Mientras no llegué papá
Author: 
Amor filial
14-Oct-2018
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Mientras no llegué papá


— ¿Te sientes solo? —el mensaje de Daniela me llegó a eso de las siete de la noche. Estaba echado en la cama, leyendo un comic del Capitán América

— A veces —respondí

— ¿Y ahora, te sientes solo? —volvió a preguntar

— Sí, un poco

— ¿Por qué no subes un ratito?

Toque la puerta del cuarto. Desde adentro escuche una secadora y su voz, apenas un poco más fuerte que el ruido del artefacto, me invitó a pasar.

— Hola —le dije

— ¡Qué bueno que viniste! —exclamó ella alegre—. Acabó de secarme y voy contigo

— De acuerdo

La vi descalza, con las uñas pintadas de rojo. Traía puesta una bata de baño color rosado pastel. Todavía llevaba el pelo mojado, el cual peinaba con una mano frente al espejo, a la par que con la otra sostenía la secadora.

Me senté en una orilla de la cama. Hacía un buen tiempo que no visitaba su cuarto, quizás más de un año. Trate de ponerme cómodo quitándome las zapatillas y subiendo por completo a la cama. Ella seguía secándose, tarareando una canción de moda. Mientras tanto, yo me quede pensando:

Daniela, cinco años han pasado desde que nos conocimos. En ese entonces yo tenía dieciséis y aún estaba en el colegio. Recuerdo con perfecta claridad la tarde en la que papá llegó con ella a recogerme en la salida. Una chica alta, apretada en un jean azul y una blusita blanca con un escote terriblemente descarado. Para completar su figura, unos lentes de sol y un par de tacones altos. Recuerdo haberme sentido avergonzado en su presencia, haberla saludado tímidamente y haber temblado durante todo el almuerzo.

Mis amigos eran crueles y estúpidos, a partir de ese día y después de haberla visto, comenzaron a hablar de las cosas que le harían a mi mamá; en un inicio a mis espaldas, y luego, en mis propias narices. Yo trate de explicarles hasta el cansancio que Daniela no era mi mamá sino la enamorada de mí padre, pero eso era peor.

— ¿Qué decían? —preguntó Daniela, echada al frente mío en la cama y con una copa de vino entre las manos

— No vale la pena repetirlo

— Anda, dímelo por favor. Te aseguro que me han dicho cosas peores

— De acuerdo, pero que conste que tú me lo pediste

— ¡Qué emoción!, tanto suspenso

— Lo que más les gustaba era… —y no supe cómo continuar. Luego proseguí, armado de valor con un sorbo de la copa de vino que también estaba bebiendo—: tu trasero. Y por eso querían ponerte en perrito y penetrarte por atrás —solté, arrepintiéndome inmediatamente de haber usado la palabra “penetrar”. Ella se rió a carcajadas

— ¡Qué mala suerte que no los conocí! Igual eso no es nada comparado con todas las porquerías que se nos ocurren a los adultos

— ¿Ah sí? —pregunté

— Sí, ni te imaginas —dijo ella, riendo

Las primeras semanas de relación, lo único que hacían era tener sexo. A toda hora, encerrados en el cuarto. Yo sabía que lo hacían por que escuchaba los gemidos de Daniela, que traspasaban cualquier puerta y se deslizaban escaleras abajo hasta colarse en mí habitación. Por las mañanas me daba igual, pero por las noches me resultaban insoportables, no me dejaban dormir.

— ¡Dios santo! No tenía ni idea —dijo Daniela llevándose las manos al pecho—. ¡Pobrecito!, tan chiquillo y escuchando esas porquerías. De haberlo sabido, no lo hubiera hecho. ¿Por qué nunca dijiste nada?

— Me daba vergüenza

Ella me miró, abriendo mucho los ojos:

— ¿Me perdonarás algún día?

— Sí, te perdono ahora

— Ojala también pudiera prometerte que ya no volverá a pasar, pero una nunca sabe —agregó, divertidísima por el tono de la conversación-. Aunque últimamente lo dudo; tú papá ya no es el mismo de antes ja, ja, ja

Contra todo pronóstico, después de dos largos años de relación, Daniela y mi papá decidieron casarse. En aquel entonces a mí me pareció que estaba bien. Daniela era amable conmigo y me daba consejos con las chicas que me servían de maravilla. Ninguna de las anteriores novias de mi papá se interesó tanto por mí, supongo que me veían como un parásito con el que tenían que compartir el tiempo y el dinero de papá. Pero Daniela era distinta, más delicada, cariñosa. Mi papá siempre dijo que la quería, en parte, porque le recordaba a mi verdadera madre. Aunque a Daniela nunca le gustó cargar con el peso de ese fantasma a sus espaldas y se molestaba cada vez que era comparada con ella; aun así yo, que no llegue a conocer a mi verdadera madre, estaba contento con poder hacerme a la idea de cómo era ella a través de Daniela.

— ¿Por qué me preguntaste si me siento solo? —le pregunté de repente

— No sé, a veces te veo y tengo esa sensación. ¿O me equivoco?

— No, no te equivocas

— ¿Tú qué sensación tienes cuando me ves?

— No sé

Cuando terminé el colegio y entré a la universidad, mi papá organizó una fiesta sorpresa con todos mis compañeros de clase. Bebí más de la cuenta, fue mi primera borrachera de verdad. Recuerdo haber besado a la chica que me gustaba en ese entonces: Adriana. Y también recuerdo que las personas enloquecieron por completo. Fue la mejor fiesta de mi vida. Pero al día siguiente empezó a correr un rumor entre los invitados. Uno de mis mejores amigos, David, amaneció en la cama de mi papá con Daniela. Claro que nadie se atrevió a asegurar que los había visto, pero el simple eco que se formó fue suficiente como para convertir la mejor fiesta de mi vida en la vergüenza más grande. Porque lo que se decía no era “David se acostó con la mujer del papá de Renzo”, sino “David se acostó con la mamá de Renzo”.

— Solo quiero saber si es cierto —le dije

Daniela agachó la mirada, avergonzada:

— Hasta cierto punto

— ¿Cuántas veces más has engañado a mi papá? —le pregunté directamente

— Renzo, escucha, el chiquillo estaba borracho, se confundió de cuarto y entró al mío. Yo estaba durmiendo y de repente sentí a un hombre abrazándome por la espalda. También había bebido bastante, creí que era tu padre. Pero solo fue un momento, me bastó sentirlo dentro para saberlo. Cuando me di cuenta de que no era tu papá, lo bote a patadas. No amaneció conmigo, eso es mentira

— ¿Cuántas veces más? —insistí

— No sientas lástima por tu padre. ¿Crees que él hubiera hecho algo diferente si entraba una de tus amigas y se le regalaba?

— No siento lástima

— Renzo, no sabes hasta qué punto amo a tu padre

— Contéstame, por favor. No se lo voy a decir, solo quiero saberlo

— Hace un tiempo que él y yo ya no tenemos intimidad. Tú lo sabes. Tu papá tiene un padecimiento común a su edad que le impide continuar con sus costumbres sexuales. Está yendo al doctor para tratar de solucionarlo. Pero yo tengo treinta, ¿crees que quiero que mi vida sexual termine de esta manera?

— El chico que vino ayer para arreglar la computadora, ¿arregló alguna computadora?

— No

E inmediatamente me cree una imagen mental de Daniela chupándole la verga. De Daniela frotando el trasero contra su pene. Daniela apretando los senos en su miembro erecto y escupiéndole en el glande.

— No quiero volver a verlo. La siguiente ves que lo encuentre…

— ¿Que lo encuentres qué…? ¿Estás celosito?

— ¿Por qué estaría celoso?

— Porque ese técnico de quinta se coge a tu mamá

Me quede callado, era definitivo. Lo habían hecho y yo sería su cómplice si no se lo decía a papá. ¿Cuántos más habrían pasado por esas piernas? Empecé a hacer un listado mental de los hombres que habían tenido la posibilidad: el portero del edificio, el dueño de la joyería de enfrente, alguno de los vecinos casados, un empleado de papá. La lista podía alargarse indefinidamente. Recordé algo que estaba olvidando:

— Tú no eres mi mamá

— Ayer Dennis me revolcó en el suelo y me la metió justo entre las nalgas

— Detente

— Me jaló del pelo mientras me montaba como un caballo salvaje

— Para, por favor

— Después me pase sus testículos por la lengua

— Daniela, no sigas

— Acomode su pene entre mis piernas y acabamos tirando acá en la cama, en esta misma cama donde tú papá me la metía mientras yo pensaba en ti

Me quedé helado, sin poder mover un solo músculo de mi cuerpo. Ella se quedó mirándome; esperando una señal de mi cuerpo que demostrara que también estaba buscando lo que ella parecía ofrecerme. Puso sus manos en mis mejillas, acariciándome:

— Renzo, eres tan inocente, tan lindo y cariñoso. Te quiero, te quiero mucho y quisiera que…

— No puedes estar pensando en eso

— ¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo?

— Mi papá, mi papá es lo único que tengo y…

— Él está trabajando en su oficina, llegará tarde y no creo que le importe. De cualquier manera, nunca se enterará

— Pero yo lo sabré

— Imagina que soy alguien más, una chica de esas con las que te juntas en la universidad

— No, Daniela, no puedo

— Por favor, Renzo, déjame aunque sea tocarte un poco —y se quitó la bata, dejando al descubierto sus senos, que ya no eran tan firmes como antes pero sí voluminosos—. Siénteme los pechos, Renzo —tomó mis palmas de las manos y las puso en sus senos, cerró los ojos y suspiró—. ¿Te gustan?

— Sí —cerré también los ojos, trate de imaginar que ella era alguien más.

Sentí cómo sus labios se acercaban a una de mis orejas y empezó a lamerme lentamente, a susurrarme:

— Eres mío, Renzo. Siempre lo has sido y siempre lo serás—con una mano me bajó la bragueta del pantalón y sacó mi pene—. ¿Quieres coger conmigo? ¿Quieres coger con mami?

— Sí —susurré

Sacó el pene por completo de mi pantalón, me eché de espaldas en la cama. Sentí primero su lengua, lamiendo la cabeza del miembro con delicadeza. Luego de manera más agresiva, lo fue engullendo de a pocos, hasta que pude sentir su paladar y una parte de su garganta en la cabeza del pene. Hizo un ruido extraño, como si quisiera vomitar. Sacó la pinga de su boca un momento, me sonrió y continuó chupándola.

— ¡Dios mío, esto es increíble!

— Mírame —dijo ella tomando con una de sus manos mí rostro, yo trate de desviar la mirada porque sentí un ruido. ¿Ya había llegado papá? —Mírame chupártela, Renzo. Disfrútame

— Escuché algo, ¿qué tal si papá ya llegó?

— No va a venir hasta tarde. No te preocupes —dijo ella y la siguió jalando

— ¿Estás segura? —le pregunté, ella se detuvo

— Si tienes tanto miedo, lo dejamos ahí —dijo ella, haciendo el ademán de levantarse de la cama, pero yo no la iba dejar irse:

Le agarre de la cintura, jalándola hacía mí. Una vez que la tuve entre mis brazos, empecé a besarle el cuello.

— No tengo miedo, pero si nos encuentra así, me mata

— Lo que pasa es que estás nerviosito —dijo ella, levantándose de la cama definitivamente

— ¿Qué haces?

— Metete en la cama —me ordenó. Yo le obedecí

Ella apagó las luces. Sentí sus pisadas en la oscuridad, caminando hacia mí. Volvió a trepar en la cama y se metió dentro de las sábanas.

— ¿Así está mejor?

— No podré verte —le dije

— Sí, así podrás imaginar que soy una de tus amiguitas, una putita cualquiera

— Tú no eres una putita cualquiera —le dije, y le di un beso—: Tú eres una mujer muy sexi, una leona

Escuché su risa y sentí como ponía la mano en mi pene. Con la mano libre se quitó las bragas y, lentamente, fue acomodándose en mi verga.

— ¿Así te gusta?

— Sí, así, que rico

— Ven, abrázame

— De acuerdo —la abrace

— Ahora, muévete lento

— ¿Así?

— Un poquito más rápido y ve aumentando la intensidad —me besó—: Sí, así, así…

Empecé a frotarle los senos:

— Me haces cosquillitas —dijo

— Disculpa

— No, sigue haciéndolo

— De acuerdo

Sentí por segunda vez el mismo ruido. Me detuve.

— ¿Qué pasó? —me preguntó

— Mi papá ha llegado, estoy seguro. Tengo que irme antes de que suba

— Renzo, te juro que no es él. Solo estás nervioso —dijo ella, abrazándome más fuerte para impedirme la salida —. Lo que sucede es que no te gusto

— Daniela, me encantas, pero te prometo que escuché un ruido

— No es nada, sigamos un poco más

No necesitó insistir demasiado. El ruido cesó y volvimos a lo nuestro.

— Dime cosas sucias, Renzo —dijo ella de repente

— ¿Qué quieres que te diga? —le dije, riendo

— Dime lo que soy, ¿qué se siente cogerte a tu mamá?

— Daniela, eres una zorra. Estás engañando a mi papá con su propio hijo

— Sí, eso

— Te encanta coger, es lo único en lo que piensas. Te cogiste a mi mejor amigo en mi fiesta de cumpleaños, te cogiste al idiota que vino a arreglar la computadora, te coges a cualquiera

— Sí, sí, sigue

— Y yo te voy a dar como nadie te lo ha dado nunca. Te voy a enseñar, perra

— ¿Me vas a dar como tu papá?

— Aún mejor, mucho mejor

Cuando estaba a punto de venirme, sentí una vez más el mismo ruido. Me detuve finalmente y le pedí que se levantara.

— Ya llegó, estoy seguro

— No seas tonto, ya casi me vengo

Decidí no correr el riesgo. Me levanté y busqué el interruptor.

— Renzo, por favor, no me dejes así

— Lo siento, Daniela, otro día será —dije, al tiempo que me puse los pantalones —. Si mi papá me encuentra contigo, me mata

Sentí un ruido más cercano en la oscuridad. La sangre se me heló.

— Yo jamás te haría daño —era la voz de mi papá

— ¿Papá? —lo llame

Él encendió la luz y ahí estaba, sentado en una silla con las piernas cruzadas y vistiendo su piyama

— Papá, lo lamento

— No, no lo lamentes, hijo —dijo él, incorporándose de su asiento

Daniela se levantó de la cama y fue a darle un beso en los labios.

— Somos una familia, entre nosotros debemos ayudarnos — dijo él y solo entonces noté un bulto que se había formado en sus pantalones

FIN
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