X
This website uses its own and third-party cookies to provide our services and display advertising related to your preferences. If you close this window by pressing the 'X' button, we consider that you do not want to see this message again
Password
Username
Nada de amor
Nada de amor
La chica de la clase de biología y yo fuimos a un hotel a hacer el amor
Me gusta ir al grano. Nos conocimos en la clase de biología, un día en el que el profesor llegó tarde. Estuvimos conversando. Uno puede notar rápidamente cuándo una chica está con ganas de follar. Se ponen cachondas, sonrisitas por aquí y por allá, te toman sutilmente del brazo, buscan el contacto físico por muy superficial que este sea. No me interesaba ni preguntarle el nombre y la verdad es que no estaba tan buena, era delgadita, pequeña, tenía unas medias celestes muy feas y las zapatillas sucias. Pero procuré tratarla bien, como se debe. Intente ser ocurrente en la medida de lo posible, hacer bromas, ganarme su confianza, porque hacía buen tiempo que no echaba un polvo y es mejor cualquier cosa que nada. Lo único que me gustó de ella, en todo caso, fue su culo. Quizás lo hacía a propósito, no parecía posible que una chica tan pequeña tuviera un culo tan redondo y parado. Se me antojó meterle una mordida entre las piernas.

Cuando llegó el profesor, dejé de hablarle. Presté atención a la clase.

Cuando terminó, le pregunté si tenía algo que hacer. Me dijo que no, le propuse ir a comer algo por ahí. Ya eran las cinco de la tarde.

Fuimos al frente, donde las hamburguesas. Pedí dos clásicas. Ella me lo agradeció. No te preocupes, le dije. Nos sentamos en una mesa lo bastante alejada de la gente, como para poder platicar sin temor a ser interrumpidos y fue entonces que le dije:

-¿Sabes algo? La verdad es que a veces me siento solo

-¿Por qué?

-No sé, a veces solo tengo ganas de tener a alguien a quien abrazar

Ella no dijo nada.

-Quizás creas que es raro y que es un poco cursi y…

-No, por el contrario, a veces me pasa lo mismo

-¿Quieres ir a un hotel conmigo?- le pregunté. Me arriesgue a que me tomará por un loco, un enfermo o cualquier otra cosa por el estilo

-No sé

-Está bien si no quieres. Solo te pregunté porque eso es lo que yo quisiera hacer ahora, pero no pasa nada si me dices que no

-Creo que preferiría ir a mi casa, estoy cansada

-Está bien, te entiendo

La entendía. La paciencia es la madre de todas las ciencias y mis intenciones ya estaban sobre la mesa. Es eso lo que hago cuando abordo a una chica: le doy a conocer mis intenciones de manera franca y abierta desde un primer momento y después espero a que ella sea la que decida. No me gusta jugar con los sentimientos, prefiero ser respetuoso en ese sentido. Nos despedimos, la acompañé hasta el paradero de buses y luego me fui a casa.


La clase siguiente ella llegó vestida de manera distinta. Ya no llevaba zapatillas sucias sino sandalias. Usaba un vestido corto sin mangas. Como ya lo dije, era muy flaquita; sus piernas no dejaban de ser menudencias. Aun así, me seguía excitando la forma de su culo, tan descarado y a la vez inocente. Nos saludamos como si nada hubiera pasado, conversamos animadamente hasta que llegó el profesor. Antes de que él comenzara con la clase, ella se me acercó y me susurró al oído: ¿Hoy estás libre? Tenía que pasear al perro, pero podía cancelarlo si ella me aseguraba acción. ¿Cómo para qué?, le pregunté. Ella sonrió. Le devolví la sonrisa. Ya había mordido el anzuelo.

Me la llevé a un hotel que conozco desde hace mucho tiempo. Ahí llevo a todas las chicas con las que me acuesto. Me gusta porque es limpio y barato. El dueño es discreto, hasta ahora me trata como si nunca en la vida me hubiera visto.

-¿Tienes condones?- me preguntó en el camino

Tenía varios en la mochila, pero preferí preguntarle si ella tenía –para ahorrarme ese gasto-. Me dijo que sí. Perfecto.

Llegamos a la habitación y, una vez que cerré la puerta, la abrace por la cintura y empecé a besarla. Sus besos eran extraños, con mucha lengua y baba, pero aun así me gustaron. Luego la alcé en mis brazos y la tendí de espaldas a la cama. Le quité de a pocos el vestido y trate de encontrar sus senos, eran muy pequeños como para perder tiempo en ellos así que opté por morderle los pezones. Ella gimió:

-¡Cuidado, que me duele!

-Esa es la idea: el amor duele- le dije, ella se rio

-Ponte el condón- me ordenó

-Está bien, ¿dónde está?

-En mi cartera

Encontré la cartera en la mesa de noche, la revolví hasta encontrar un condón. Lo abrí y en cuanto me lo puse, ella se lanzó hacía mí como un mendigo cuando ve un trozo de pan.

-Suavecito, ¿ya?- me dijo

-Como tú digas

Antes de entrar con el pene, le metí un poco el dedo. Ella estaba excitadísima, no podía controlar su respiración. Luego entré despacio y con precaución con el miembro. Lo estábamos haciendo en misionero, la más común y fácil de las poses. En medio del acto, escuché la voz del dueño discutiendo con alguien en el primer piso. A veces sucede, algún idiota que no quiere pagarle. Seguí metiéndosela, tranquilo, a mi ritmo acostumbrado. Y cuando estaba a punto de venirme, escuché que tocaban la puerta.

Ella empezó a reírse. Le pregunté qué le sucedía. Entonces me lo contó:

-Invité a mi enamorado

-¿Qué?- me levanté de la cama

-No pasa nada, es un imbécil- me dijo. Acto seguido, se levantó de la cama, desnuda como estaba, y abrió la puerta

En la entrada estaba el dueño, junto con un chico de lentes y camisa blanca.

-¿Qué quieres?- le gritó ella- ¿No te das cuenta que estamos ocupados?- y me señaló a mí

-Amigo, yo no tenía ni idea- trate de decirle, en mi defensa

El chico se dio la media vuelta, le dedicó una sonrisa de resignación al dueño y empezó a bajar las escaleras. Ella cerró la puerta a sus espaldas, sonrió maliciosamente y volvió hacía mis brazos.

-No dejes que eso te desanimé, íbamos muy bien- dijo

-¿Por qué no me dijiste nada?

-¿No es lo mismo? Ya prácticamente no es mi enamorado, solo quería que me viera divirtiéndome un poco

-Eso está mal, está muy mal- le dije

Y aun así me eché de nuevo en la cama con ella, la abrace en cucharita. No tenía ganas de seguir pero ella insistió. Terminé de hacerle el amor con la condición de que ella estuviera encima. Así fue, sentí su bonito culo revotando contra mi ingle una y otra vez hasta que me vine.

Luego la acompañé al paradero. Nos despedimos y se fue.

FIN
Reviews
Your review
Excellent
Good
Regular
Bad
Regrettable
NOTE: In order to add favorites, rate and post reviews you must login or create a new account if you are not registered.
0 published reviews