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La señora mili (parte ii)
Author: 
Amor filial
31-Aug-2018
3104
4.00/1
La señora mili (parte ii)
Minuto dos, el solo de guitarra. La canción era Hey you de Pink Floyd. En materia musical, es lo más parecido a un orgasmo.

Mientras sonaba la canción, voltee a mirarlos. Raúl seguía desnudo, perplejo y en silencio. La señora Mili saboreaba el momento, echada de espaldas en la alfombra. La observé pensativo: ¿Cómo abordarla? Ya estaba desnudo y mi verga cada vez se ponía más dura. Es solo cuestión de acercarme y metérsela, me dije. Pero… ¿sería tan fácil?

Me acerque, me eché a su lado en la alfombra y le pregunté:

-¿Te sientes sola?

-No sucederá- me cortó de entrada

-¿A qué te refieres?

-Ya sé lo que quieres de mí, pero no sucederá- dijo ella, sin siquiera mirarme a los ojos

-Vamos, no seas así conmigo- le puse una mano en el abdomen, acariciándola-. Mira cómo me tienes- le mostré el pene tieso y a punto de reventar

-Lo siento- retiró mi mano y se sentó, tapándose los senos con el antebrazo

Mi razonamiento fue el siguiente: Se está haciendo la difícil. Hay algunas mujeres que disfrutan del espectáculo previo, del tira y afloja. Aparté un poco su cabello y le di un beso en el cuello. Empecé a masajearle los hombros:

-Por lo menos déjame hacerte unos masajitos, te noto un poco tensa

La señora Mili se acercó un poco a mí, más tranquila. Por sus hombros desnudos, pude transmitirle mi deseo de poseerla. Era el comienzo y desde ahí, fácilmente, pudimos haber llegado al sexo, de no ser porque ella levantó la vista y se encontró con los ojos de Raúl.

-NO- me gritó, parándose bruscamente de la alfombra-. Te he dicho que no y ¡NO es NO!

Ella no lo sabía, ya era muy tarde como para frenar mis deseos. Desde la alfombra, pude verle el hermoso culo bronceado y me entraron unas enormes ganas de clavarle la pinga. La sujete de un tobillo.

-¡SÚELTAME!- chilló ella

Mi mente quedó fuera de juego, mi cuerpo se dejó guiar por mi naturaleza salvaje.

-Te la voy a meter- le dije, seguro de que así sería

-Estás loco, suéltame carajo

Me dio una patada en la boca del estómago con el pie que tenía libre. Esa fue la gota que derramó el vaso porque entonces, además de arrecho, me puse furioso. Me levanté del suelo y la sujete bruscamente de la cintura, apretándola contra mí miembro erecto. Ella trató de zafarse a codazos y cabezazos.

-Quédate quieta, maldita puta- le grite, empujándola de espaldas contra el sillón-. ¿Sabes cuánto he soñado con ponértela entre los cachetes? ¿Te imaginas cómo me estoy sintiendo ahora?

-¡ENFERMO!- chilló, al tiempo que empezó a lanzar patadas al aire para mantenerme alejado

No lo consiguió. Logré acercarme, sujetándola por los tobillos. Cuando estuve encima de ella, trate de apresarla con las piernas. Ya no soportaba sus chillidos así que la calle metiéndole tres dedos de la mano dentro de la boca. Con las rodillas, trate de abrirle las piernas, pero la condenada tenía fuerza: seguía forcejeando con uñas y dientes para mantener intacta su dignidad. Y en esas estábamos, luchando en el sillón como cerdos en el lodo, cuando la música se detuvo.

Era Raúl, parado en frente del equipo de música. Me miró fijamente, ya no estaba furioso sino triste, avergonzado. Las lágrimas se le resbalaban por las mejillas.

Sentí remordimiento. ¿Qué diablos estaba haciendo? Volví a ver a la señora Mili, con la expresión de terror impresa en el rostro. ¿Cómo había terminado así, intentando violar a la mamá de mi mejor amigo? Recordé los tiempos buenos, con Raúl. No tenía sentido perder su amistad por una arrechura. Solté las piernas de la señora Mili, ella aprovechó la oportunidad para escaparse de mis garras, para deslizarse por el suelo como un animal hasta la sombra de Raúl, en busca de protección. Quise musitar una disculpa:

-Amigo, no sé en qué estaba pensando…

-No, hermano, no te disculpes- me dijo

Raúl levantó a la señora Mili del suelo, la abrazó tiernamente y le dio un beso en la frente.

-Lo siento- le dijo

Ella no respondió, cerró los ojos y dejó caerse sobre el cuerpo de Raúl.

-Lo siento- volvió a decir él y cargó a su mamá, la llevó hasta el sillón-. Sé que quieres hacerlo, sé que necesitas hacerlo… por favor, no te cohíbas por mí

La señora Mili seguía en silencio, dejó que Raúl moldeara dulcemente su cuerpo contra el respaldar del sillón, poniéndola en posición de perrito.

-Ayúdame- me dijo a mí

-¿Qué estás haciendo?- le preguntó ella a Raúl

-Cierra los ojos- le pidió Raúl-. Agárrala de los tobillos- me ordenó a mí

Yo hice lo que me pedía, él tenía el control absoluto de la situación. Por la parte trasera del mueble, él la sujetó de las muñecas.

-¿Qué estás haciendo, Raúl, por el amor de Dios?- le preguntó ella, tratando de zafarse de nuestras manos, pero ya la teníamos bien sujetada de las cuatro extremidades

-Anda, métesela- me ordenó

-¡NO! ¡NO! Por favor- chilló ella

Me sorprendí un poco, pero ni cojudo me iba a quedar con las ganas. Así que separé las nalgas de la señora Mili lo más que pude, tantee el interior del culo con un pulgar: un pasillo estrecho y solitario. Luego escupí en una de mis palmas y esparcí la saliva en la entrada del recto, para lubricarlo; todo este procedimiento aprendido gracias a los miles de videos porno que he visto en mi vida, gracias a las mil veces que fantasee con cabalgar a la señora Mili como un potro salvaje.

-¿Vas a dejar que este imbécil violé a tu mamá?- le preguntó ella a Raúl

Me masturbé un poco antes de colocársela. El primer contacto con el ano fue suave, solo la punta de la cabeza para que no me fuera a cagar encima, de la impresión. Ella de pronto dejó de patalear, se diría que empezaba a disfrutarlo.

-¿Te gusta verme así, verdad?- le preguntó a Raúl, él asintió

Deslice la pinga suavemente por la cavidad del culo. Entró perfecto, como si el ano de la señora Mili estuviera diseñado a la medida de mi verga. Ella soltó un pequeño gemido. Raúl le tapó la boca y me ordenó que siguiera. Se la metí un poco más fuerte, ella se estremeció.

-Déjala hablar- le pedí a Raúl, él le quitó la mano de la boca, solo para que ella me dijera:

-¿Es todo lo que tienes, mal nacido?

Fue entonces cuando encendí la máquina. Me sujete lo más fuerte que pude, con ambas manos sobre sus caderas, y aceleré las revoluciones a mil. Se la metí como un desquiciado. Ella empezó a gemir como un perro herido.

-¿Te excita ver como se la meten a mami?- le preguntó a Raúl, él sonrió

Lo comprendí entonces: Era un juego, un juego bien planeado desde el principio. Ambos eran grandes actores, los mejores que he visto en mi vida.

-Sigue, sigue, por favor, no te detengas- me rogó ella, apretando más fuerte las nalgas

Recosté mi pecho encima de su espalda. Sentí que el chorro de semen subía más pronto de lo que tenía planeado. En mis últimas gestiones, le clave algunos mordiscos en el hombro, la jale del cabello. Trate de contener a la bestia, pero fue imposible: ella ya estaba suelta y se movía de adelante hacía atrás, chocando repetidas veces contra mi pobre pene destrozado y a punto de eyacular.

-Vamos, carajo, ¿acaso no te morías por metérmela entre los cachetes?- me desafió ella

No pude contener el fluido, me vine dentro de la cavidad. Al sentir la explosión, ella presionó el poto contra mi ingle:

-¡Ay qué ricooo!- gimió, con los ojos cerrados

Luego nos separamos. Me tiré de espaldas al suelo, exhausto. Permanecí en silencio, ahora el triste era yo. Había hecho mi mejor esfuerzo y, sin embargo, no había sido suficiente para complacerla. Raúl debió de leer la preocupación en mi rostro: dejar a una mujer a medias es vergonzoso.

-Ahora me toca a mí- dijo él

La señora Mili lo miró: estaba orgullosa de su retoño. Se relamió los labios, le tocaba afrontar el segundo asalto y no parecía asustada. De hecho, estaba más preparada que nunca.

-Ven, mi amorcito- le dijo, frotando los labios de su vagina con un par de dedos ensalivados…

(Continuará…)
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