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Secretos entre una madre y un hijo - parte i
Author: 
Amor filial
17-Jul-2018
11302
Secretos entre una madre y un hijo - parte i
La historia de un hijo y una madre con secretos entre ambos. Él, siente deseo sexual por ella y la espía desde que era un adolescente. Ella, es prostituta.
Mi nick es Seiscientos Cuarenta. Tengo 29 años de edad. Vivo en una ciudad al norte de España con mi madre, Sandra, de 49 años. Tengo un hermano, Joaquín, de 23 años, que ahora mismo reside y estudia en Madrid desde hace un par de años. Nuestro padre falleció poco menos de dos décadas, y mi madre está soltera desde entonces. Debido a esto, ella y yo vivimos solos. En nuestra misma ciudad residen otros familiares, pero no tenemos mucha relación con ellos... en teoría....

Debo hacer mención al hecho de que yo trabajo por las tardes en una agencia inmobiliaria, de lunes a sábado, desde hace varios años. Paso sentado más de seis horas en un mismo escritorio. Al final de mi jornada, voy a casa, me cambio y de inmediato me voy a correr. Cuando no tengo ganas de correr, cojo la bici y hago varios km. Pero SIEMPRE, salgo a hacer deporte, 60 minutos, como mínimo. Esa es mi rutina diaria después de trabajar.

Mi madre, en cambio, no trabaja. Está desempleada desde hace tres años. Nuestra situación económica no es holgada, pero nos permite vivir sin apuros.

Sigamos hablando de mi madre, pero enfoquémonos en su cuerpo, no en su vida laboral ni en la economía familiar.

Ella, desde mi punto de vista, siempre ha sido una mujer atractiva, de figura curvilínea, caderas anchas, culo grande y piernas con incipiente celulitis. Cuando estaba más joven, solía vestirse de forma provocativa. No faltaban las minifaldas en su armario. Además, en casa, era algo desinhibida. Por ejemplo, en las noches, era habitual que usara camisones cortos para andar en casa, de manera que era fácil verle las bragas al menor movimiento, y en varias ocasiones advertí que eran pequeñas tangas. Por otra parte, en verano, solíamos ir a la playa y era usual que recurriera a diminutos trajes de baño que mostraban su curvilínea figura en todo su esplendor.

Yo, en mi adolescencia especialmente, disfrutaba con ese desparpajo suyo. En alguna ocasión las vistas eran tan fabulosas que era inevitable no poner sus ojos en su monumental cuerpo, lo que me provocaba erecciones, que muchas veces acabaron en masturbaciones.

Sí, tal y como leen, me pajeé pensando en el enorme pandero de mi madre, sin embargo, después de eyacular muchas veces me sobrevenían sentimientos de culpabilidad. Aunque luego, cuando volvía a ver a mi madre, y su figura que tanto me gustaba, me olvidaba por completo.

Era un círculo vicioso: observación furtiva, excitación, masturbación, culpabilidad... y vuelta a empezar.

Esto, obviamente, lo mantuve en estricto secreto, y creo que nadie sospechó. Tampoco conversé nada al respecto con mi hermano, aunque sospecho que él experimentó algo parecido, dado que más de una vez lo pillé viéndole el culo a nuestra madre. No obstante, nunca tuve la suficiente confianza con él como para preguntarle.

Autor: Seiscientos Cuarenta (1460083)

Fueron pasando los años, yo tuve mis primeras novias (ahora mismo, no tengo ninguna, estoy soltero), y con ello me fui olvidando de mi ''leve'' interés hacia mi madre.

Posteriormente, algunos años después, mi hermano menor se fue de casa. Yo decidí quedarme, no vi necesario independizarme, puesto que mi madre y yo teníamos una buena relación y a pesar de compartir vivienda, prácticamente vivíamos de forma independiente. Eso sí, procuramos cenar juntos y conversar de nuestros asuntos cotidianos. Me sorprendía que ella, siendo una mujer atractiva y alegre, no tuviera pareja. Siempre que me era posible, le preguntaba el motivo, a lo que me respondía que tenía ''muchos amigos'', y que no le hacía falta tener ''pareja'', que era una ''alma libre''.

Genial, pensaba yo. Lo importante para mí era que mi madre estuviera contenta.

Sin embargo, todo cambió un viernes en el que no realicé mi entrenamiento deportivo habitual. Llegué a casa, a la hora usual. Saludé rápidamente a mi madre y fui a cambiarme a mi habitación. Mi idea previa era salir a a dar una vuelta en bici. El día anterior había corrido varios km, por lo que ese viernes lo idóneo era cambiar de deporte. Salí de casa, no sin antes despedirme de mi madre, quien estaba en el salón principal, utilizando su ordenador. Le dije que volvería en una hora, el tiempo habitual, o quizá un poco más. Ella asintió y me deseó que todo fuera bien.

Sin embargo, cuando llegué al trastero vi que mi bicicleta tenía una rueda pinchada. Vaya mala suerte, pensé. ¿Y ahora qué hago? Después de pensarlo un par de minutos recordé que había una transmisión televisiva deportiva que me interesaba. Decidí reparar la rueda otro día, hacer una excepción, no salir a entrenar, volver a casa y ver la mencionada transmisión.

Entré a casa. Mi madre ya no se encontraba en el salón y las luces de toda la casa estaban apagadas, excepto una, la de su habitación. Me di cuenta porque vi la puerta cerrada, y luz por debajo. Consideré pertinente no ir a avisarle que había vuelto, dado que no quería asustarla. Probablemente ella no esperaba que yo volviera tan pronto y no quise molestarla. Dejé las luces como estaban y me fui a mi habitación, sin embargo, dejé la puerta entreabierta. Mi intención era ver a mi madre al salir de su habitación, y avisarle que ya había vuelto, para que cenáramos juntos.

Iba a encender mi ordenador para ver la transmisión deportiva, no obstante, antes me acosté en mi cama y me quité los zapatos, con la idea de descansar unos minutos. Estaba quedándome dormido, cuando sonó el timbre de casa. ¿Quién diablos será? pensé. Cuando me aprestaba a colocarme los zapatos para ir a preguntar al videoteléfono escuché el andar apresurado de unos tacones. Observé, sentado desde mi cama, que se abrió la puerta de su habitación y ahí salió ella, muy apresurada.

La vista me dejo petrificado.

Ella vestía un sugerente corsé de color rojo, un diminuto tanga de color negro, medias de liguero del mismo color y unas imponentes botas de cuero. Vaya, así que mi querida madre va a tener una cita, pensé. Decidí quedarme escondido. Era obvio que ella no sabía que yo había vuelto, y tampoco quería echarle a perder su encuentro.

Mi corazón empezó a palpitar, y a la vez me sobrevino una tremenda erección. Era la primera vez que veía a mi madre con esos atuendos, atuendos que dejaban poco a la imaginación. Es cierto que en el pasado la había visto y espiado en ropa interior y trajes de baño, pero jamás la había visto en lencería provocativa. La situación me pareció excitante, y no quería perdérmela.

Al minuto, se presentó la persona a la que mi madre esperaba. Se saludaron con un beso en la boca, y acto seguido él le dio una nalgada. Pero me quedé de piedra cuando advertí que el susodicho era mi tío Luis (nosotros lo llamábamos ''tío'', pero en realidad era un primo de ella, hijo de de su hermana mayor).

''Pasa, pasa, hazlo rápido, no tenemos mucho tiempo'', le dijo mi madre.

''¿Dentro de cuánto vuelve Toni?'', le dijo mi tío.

''Seguramente en unos 50 minutos''.

''Vale. Pero qué buena te ves con este conjunto''.

''¿Te gusta? Lo compré con el dinero que me diste, pero deja de perder el tiempo y vamos a mi habitación''.

Él balbuceó algo que no entendí, y acto seguido se metieron a la habitación. Pero qué cabrona es mi madre, pensé. Se lo estaba montando con un familiar. Simplemente no daba crédito a la situación. Y a la vez me dejó confundido esa mención del dinero.

Autor: Seiscientos Cuarenta (1460083)

Estaba confundido, enfadado, nervioso y a la vez excitado por todo ello. Medité unos minutos sobre qué hacer.

Pudo más la lujuria y la curiosidad que la sensatez.

Decidí salir lentamente de mi escondrijo, para intentar escuchar a lo que hacían.

Puse el oído en la puerta, y tal y como pensaba, estaban follando. Se oía el balanceo de la cama, tenues gemidos de ambos, el sonido típico de cuando están embistiendo el pandero de una hembra de talla grande, en fin, ruidos afines a una fornicación enérgica. Seguí con la oreja pegada a la puerta.

Al poco tiempo escuché que mi tío le dijo ''déjame metértela por el culo''. Ella al principio se negó, pero él volvió a insistir: ''anda, déjame, te voy a pagar más''.

Eso me dejó estupefacto. Además de que mi madre estaba follando con un familiar, este le iba a pagar, si es que ya no lo había hecho antes.

Me indigné, y cuando estaba a punto de tocar la puerta, y hacer notar mi presencia escuché a mi madre, hablando entrecortado, casi gimiendo, exclamando ''uuuh, sí, métemela ya, suave, suavecito, pero métemela....aaaay, sí, sigue así, qué rico''.

Oír eso me detuvo, y me devolvió a mi excitación inicial, haciéndome olvidar mi indignación. Volví a poner la oreja en la puerta. Instintivamente, empecé a tocarme la polla. No daba crédito. Me estaba pajeando mientras le hacían un ''griego'' a mi mamita. Estaba cumpliendo, a medias, una de mis antiguas fantasías: verla o escucharla follar, algo que nunca había ocurrido en el pasado.

Al poco tiempo, advertí que mi tío se había corrido, y que ella le apuraba diciendo ''tienes que irte ya, no tardará en volver Toni, y no quiero que te vea. Ve al lavabo, límpiate y vete''.

Volví de inmediato a mi habitación. A los minutos, se abrió la puerta del aposento donde estaban follando. Ella salió desnuda, sudorosa y agitada, él con ropa. La pareja fornicadora se despidió, y él preguntó ''¿cuándo te volveré a ver?''.

''Hablaremos para la próxima semana'', le dijo ella. Le abrió la puerta y mi tío se marchó. Ella se quedó un rato observando por el visor de la puerta, lo que me sirvió para contemplar en todo su esplendor su enorme y sudoroso culazo celulítico, culazo que había sido enérgicamente penetrado minutos antes. La vista, para ser sincero, me excitó sobremanera. Esa noche, había cumplido dos viejas fantasías: ver o escuchar a mi madre follar, y verla totalmente desnuda.

Sin embargo, no sé por qué, pero recordé la indignación que había sentido antes, por lo que instantes después encendí la luz de mi estancia, me puse en la puerta de mi dormitorio, carraspeé e hice notar mi presencia. Ella se giró sobresaltada y casi al borde del infarto me preguntó ''¿pero... pero.... estabas aquí? ¿tú no andabas en bici?''

Me quedé callado, simplemente girando negativamente la cabeza, con los brazos cruzados y con gesto de desaprobación en mi rostro.

- Esto te lo puedo explicar, hijo, intentando cubrirse las tetas y el coño.

Pero apenas tuvo éxito en cubrirse las tetas. Eran demasiado grandes para sus manos, y sus pezones rosados aún erectos sobresalían en medio de sus dedos.

- No hace falta. Mírate cómo estás. Y ya sé quién estuvo contigo.

- Déjame explicarte... por favor.

- No hay nada que explicar. Pero tenemos que hablar largo y tendido. Supongo que esto no lo sabe nadie, ¿verdad?

- No, no... nadie, solo tú. Déjame explicarte, hijo, por favor

- Mamá, es increíble. Estabas con el tío Luis, y encima él te estaba dando dinero por follarte, y además darte por culo. Es la única explicación creíble.

- No, hijo, déjame explicarte, no es lo que parece....

Me quedé callado un rato. No quería seguir hundiéndola en la miseria. Sin embargo, reconozco que verla en ese estado hizo que volviera a olvidarme de mi indignación y volviera a sentirme excitado. Después de todo tenía frente a mí, totalmente desnuda, apenas cubriéndose su sexo y sus tetas con sus manos, a la hembra que inspiró mis primeras pajas, hembra que acababa de ser follada enérgicamente. Era una situación que me pareció muy morbosa.

De todas formas, no quise que descubriera mi excitación, por lo menos, no en ese momento.

- Ve a cambiarte, mamá.

- ¿No estás enfadado conmigo?

- No, mamá... estoy.... estoy.... estoy confundido (no me faltaron ganas de decirle que estaba excitado, pero no lo vi apropiado).

En mi interior sabía que tenía el sartén por el mango. Quería aprovecharlo y planear bien mi jugada.

La lujuria volvió a sobreponerse sobre la sensatez.

- Pero quiero saber todo y ayudarte, añadí

- ¿Cómo?

CONTINUARÁ....
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