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Alicia y el abuelito
Author: 
Amor filial
12-Jul-2018
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Alicia y el abuelito
A sus 15 años ya comenzaba a tener una dilatada experiencia sexual en competencia feroz con sus amigas de grupo... En esta serie de "Alicia y el abuelito" hacemos un flashback de la anterior serie "La hija ardiente de un camionero".


Preámbulo.

En estos capítulos de "Alicia y el abuelito" hacemos una analepsis o escena retrospectiva, dado que se altera la secuencia cronológica de la historia de “La hija ardiente de un camionero”, intentando plasmar el evento donde Alicia entra de lleno en el sexo familiar, en concreto en el incesto con su abuelo paterno Sebastián. A sus 15 años ya comenzaba a tener una dilatada experiencia sexual en competencia feroz con sus amigas de grupo en conseguir el mayor número de corridas masculinas mensuales. Este flashback se inicia justo antes de acabar el matrimonio de sus padres y la separación definitiva. El hambre de sexo de Alicia no es nada común entre mujeres adolescentes, de ahí que destacase tanto...

Mis padres me dejaron en casa de mi abuelo en su viaje de unos días de vacaciones por Europa… Roma, Viena y Berlín. Su matrimonio se estaba desmoronando, se habían separado hacía ya un año y quisieron intentar quemar el último cartucho que les quedaba para volver a ser una familia otra vez. Mi madre no estaba muy por la labor, pero la insistencia de mi padre pensando en mi bienestar la ablandó un poco con un lujoso viaje casi irrenunciable. Yo sabía muy bien las pretensiones de papá y me alegré que luchara por mí, por estar conmigo, viéndome crecer dentro de una familia unida. El mismo día de partir en avión me dejaron en casa del abuelo Sebastián… con él tenía cierta confianza, gozábamos de una empatía desembocada en complicidad, por eso pronto conectábamos en cosas de cierto calado íntimo que no me atrevía a comentar con mis padres, con mi madre por ser un poco tirana conmigo y con mi padre por ser mi progenitor… ya me entiendes. Por un lado soy bastante extrovertida y no sé estar quieta ni callada y por otro mi abuelo en sus tiempos trabajó como educador social y eso le cultivó en saber escuchar a los demás, especialmente a adolescentes. Está claro que a las mujeres se nos conquista muy rápido cuando se nos atiende y nos hacen reír… mi abuelo a sus 67 años era todo oídos para mí cuando le relataba las aventuras de mi vida, y él las salpicando de humor en el devenir de la conversación….

Cuando mi hijo y su esposa me pidieron que me encargara de mi nieta Alicia de 15 años mientras viajaban por Europa, me pareció bien porque estoy encantado de estar con mi nieta, aunque fuese un cargo… ahora que vivo solo casi prefiero estar así, de vez en cuando una cana al aire y poco más, ya una empieza a no estar a la altura de las expectativas que las hembras exigen. Sin embargo Alicia, es una niña extrovertida con una madurez que rebasa su edad, simpática y divertida que suele hacerme más compañía que estorbo. Llegó a casa con tres maletas enormes y una gran sonrisa. Vestía una camiseta rosa estampada con unos jeans azul. Lo primero que me llamó la atención fueron sus pechos, preguntándome si llevaba sostén, pronto la respuesta fue negativa, nada más bajar del coche familiar… la niña había crecido mucho desde hacía un par de años. Pese a tener unas tetas bastante desarrolladas para su edad apenas usaba sujetador en verano, tampoco lo necesitaba. Aquellas tetas desafiaban la gravedad con marcados pezones que resaltaban a contraluz empitonados hacia el cielo. No sé bien porque me fijé en sus pechos, tal vez me relajaban con su visión, o porque a cierta edad uno vuelve a su niñez y en la infancia una buena teta es sinónimo de alimento y placer. Se instaló en su cuarto preferido, el que una vez perteneció a su padre, se duchó y pronto nos pusimos a cenar y ver la tele hasta marcharnos a dormir.

El segundo día la buscaba por casa para que viniera a comer, sería ya sobre la 14:30, no debí de gritar lo suficiente o se hallaba demasiado ensimismada en sus quehaceres… la encontré en el baño, pero me llamó poderosamente la atención su actitud, no revelé mi presencia oteando sus maniobras desde el pasillo. Se había quedado la puerta entreabierta y me quedé observando intrigado. Ella se sentó sobre el borde de la bañera, totalmente desnuda, y he de asegurar que su cuerpo se veía mucho mejor sin ropa, o tal vez fuera mi falta de relaciones sexuales con Dios manda desde hacía años quien la viera con otros ojos que no fueran los de su abuelo. Sus tetas eran de un tamaño superior al de un melocotón maruja, con sus pezones como botones grandes y erectos sobre una aureola hermosísima e hinchada… aproveché el momento para estudiar sus hermosos pechos desnudos ¡¡PERFECTOS!! Tenía los ojos cerrados mientras se acariciaba las tetas con una de sus manos…. Observaba que eran una obra de arte del erotismo en su forma más pura. Mis ojos viajaron hacia más abajo y noté algo extraño, mi nieta tenía algo sobresaliendo de su chocho. El objeto no era grande, lo extraño era su color azulado y pequeño zumbido que vibraba en mis oídos....

Extrañado por los acontecimientos, debí de haber hecho algún ruido que la alertó, porque los ojos de mi nieta se abrieron de par en par y dejó escapar un alarido de sorpresa. Estiró su brazo derecho a través de sus mamas, y sujetó sus piernas juntas intentando taparse para que no la viera el aparado incrustado en su intimidad. “Pero abuelo ¿Qué haces tú en el baño mirándome…?” Me espetó exigiéndome una explicación. “Te recuerdo que es más bien mi baño y que te permito que lo uses. Pero abuelo necesito mi intimidad… Lo sé cariño, ¿Por ese motivo has dejado la puerta entreabierta, verdad…? Bueno, Alicia te estaba buscando para ir a comer. ¡¿No me has oído cuando te llamaba…?!”. Me amenazó con contar a sus padres que la espiaba… “Puedes decir lo que quieras cariño, pero no le gustará saber que ya usas ese juguete azul”. Esto hizo que se callara, me marché cerrando la puerta. Ella echó el cerrojo y prosiguió con sus fantasías haciéndose la paja del día. Desde el pasillo se le oía gemir y me puso cachondo la muy jodida… “Para mis adentros me dije que debía controlarme, era solo una niña y además mi nieta”. Al rato salió vestida hacia la cocina, mientras ella preparaba la mesa fui a darme una ducha fría. Dejamos lo sucedido como un incidente sin importancia, ¡para mí lo era! Es natural que una adolescente tenga las hormonas alteradas, sobre ascuas e impacientes de ser satisfechas constantemente y mi nieta ya era lo suficientemente mayor como para tener su propio consolador… pensé.

Después de cenar nos sentamos a tomar el fresco en la terraza trasera frente al jardín, un lugar desde donde se ven muy bien las estrellas en un día sin nubes. El pitido de un WhatsApp nos alertó, ojeé el mensaje y exclamé…“¡¡Que zorra, se está tirando a Daniel!!” No me di cuenta de lo que decía teniendo al lado a mi abuelo que se quedó sorprendido por mi lenguaje soez. “Cariño que pasa...”. Entonces me dijo con voz tranquila… “Nada abuelo unas fotos que me ha mando mi amiga para ponerme los dientes largos…”, mi abuelo más que interesado… “¿Las puedo ver?” “Bueno no sé abuelo, tal vez sean muy fuertes para un hombre de tu edad” “¡Hija yo ya he visto en mi vida cosas que tú ni siquiera imaginas…!” Tal vez tuviese razón o no, sé que es un hombre bradado en mil batallas y también me consta que aún es un hombre muy activo sexualmente pese a tener ya casi 70 años se mantiene de muerte, mucho mejor que algunos de 50. Tampoco perdería mucho mostrándoselas a fin de cuentas la relación con su hijo es escasa y lo veo chivándose de mis secretos íntimos, o sea, que accedí a enseñárselas… “estas son de hoy, pero tengo otras que nos mandábamos cuando echamos un polvo con algún tío… tipo competición” Mi abuelo se escandalizó… “¿Pero hija, tu amiga ya tiene sexo con chicos..., si apenas habrá cumplido los 16 años?” “Abuelo qué te piensas, algunas de mis amigas dejaron de ser vírgenes a los doce años. Sin no has tenido sexo con un chico a los 15 no estás muerta en mi grupo... eres muy mal vista, te desplazan y te hacen el vacio por estrecha”. “¡¿Tú también has tenido sexo por lo que me cuentas?!” “Claro abuelo” le ensené una de las mías mamando una polla. Sorprendido exclamó… “¿Con tu novio, imagino?” “No tengo novio, eso ya no se lleva, ahora somos amigos o folla-amigos” “Es decir, que podéis acostaron con dos o más chicos a la vez según del día, y como dicten las hormonas, aquí te pillo, aquí te mato”. “No abuelo no te enteras, solo lo hacemos con el folla-amigo de turno... y cuando te cansas…, que te cansas enseguida, te enrollas con otro. ¡¡Estar con más de uno es de putas!! Como la Loren que es la más de todas. Llegó a follarse a tres tíos en la fiesta de la noche vieja pasada”. “Claro como ya saben lo que es, los tíos se aprovechan de ella. ¡Seguro que a la Loren esa no le disgusta!”. “Así es abuelo, ya lo captas”. “¿Con quién estás ahora tú, Alicia?” “Pues con un chico de cuarto, Efraín ¡Es quien la tiene más grande de todos con quien he estado!” “Así es que el tamaño para vosotras importa”. “Hombre abuelo pues claro, solo que yo nunca he podido probar una de más de catorce centímetros. Sin embargo mi amiga Paula, ¡¡que sí tiene novio formal!! Dice que le mide dieciséis centímetros y le rodea la raiz a duras penas de lo gorda que es…” “Vaya no está mal y ¿Cuántos años tiene el chaval?” “lo mismo que le mide, si cada año que cumpla le crece un centímetro… a los cincuenta”. Nos reímos pensando cómo sería la verga del chaval a tal edad. “Lo de ese chico es una buena herramienta, pero yo a su edad ya calzaba algo más”. “No me digas abuelo, la chicas te rifarían para estar contigo. Estarían la mar de contentas”. “No creas hija, entonces no era fácil engatusar a un mujer, se hacían de rogar y hasta el matrimonio te tenían a dos velas, el tamaño no era su primacía, solo una se dejó y ya tenía más de veinte años”. “¿Y cuánto te mide ahora, si se pude saber?”. “Pues niña, no me la he medido desde la mili, y si con la edad ha crecido, seguramente más de veinte centímetros... pero no estoy muy seguro, no es algo a lo que le dé imporancia”. Bueno tal vez tú no pero las mujeres con las que estás, tal vez sí...

Continúa...
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