X
This website uses its own and third-party cookies to provide our services and display advertising related to your preferences. If you close this window by pressing the 'X' button, we consider that you do not want to see this message again
Password
Username
Producto de mis decisiones (parte 2): cap 31 y 32
Author: 
Infidelidad cornudos
01-Aug-2020
110
Producto de mis decisiones (parte 2): cap 31 y 32
Se revela el misterio sobre la fidelidad o infidelidad de Aina. Sueño... o realidad.
PRODUCTO DE MIS DECISIONES 2 (TODO PUEDE OCURRIR)

Capítulo 31

Ahí estaba la respuesta.

Tenía que ir con máximo sigilo, solo me faltaba una pillada… otra más. Seguía rebuscando en la maleta de Aina, encontrando esas bragas. No recordaba perfectamente su color, pero tenían un tono rosado y sería fácil encontrarlas.

O no, porque ahí seguía tras un par de minutos y nada de nada. Entonces me di cuenta de lo evidente. Seguramente dejó la ropa interior sucia en la cesta del baño. Dejé en seco de registrar la maleta de mi mujer y me fui rápidamente y torpemente hacia el baño. Intentaba no hacer ruido, pero mis nervios y mi corazón a mil por hora me impedían ser precisamente un ninja.

Me tropecé con la maleta, luego con los zapatos del suelo… hasta que llegué al baño. Me puse a registrar la cesta, sin demasiadas cosas… sin rastro de esas bragas rosadas. De Aina solamente había unas rojas, a lo mejor ese era el color, aunque las recordaba mucho más claras. Pero solo había esas, así que las agarré rápidamente y las empecé a mirar con detalle, dándoles la vuelta y oliéndolas en busca de cualquier rastro.

Pero no había rastro de nada. A lo mejor no eran esas… ¿Y si aún las llevaba puestas? Incluso cabía la posibilidad que las hubiera dejado en casa de Ricardo o se hubiera deshecho de ellas.

-¿Qué coño haces oliendo mis bragas?

Ahí estaba Aina, contemplando cómo tenía sus bragas en toda mi nariz. Otra pillada más, otra reprimenda. No podía más y me eché a llorar. Así sin más, demasiadas sensaciones juntas, demasiadas cosas vividas. Me arrodillé, sin valor para mirarla, llorando desconsoladamente.

Pero la vida te puede cambiar en cuestión de segundos o menos. Y eso fue lo que pasó, convirtiendo al instante esas lágrimas de dolor en lágrimas de alegría. Es curioso como se puede pasar de un extremo al otro en un abrir y cerrar de ojos.

Y el motivo fue que Aina estaba desnuda. Cosa del destino o no… el karma quizás. Pero ahí estaba delante mío, desnuda y con su habitual línea de vello público. Más abundante incluso de lo habitual, con más pelo alrededor. Denotando que hacía varios días que no se arreglaba la zona. En mi experiencia atado en casa de Ricardo recordaba perfectamente cómo estaba completamente depilada. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero menos de un día seguro.

Y cuando se puso ligeramente de perfil y vi que no tenía ninguna marca de los brutales azotes, recibí el segundo consuelo en segundos. Aunque con lo del vello púbico tenía suficiente, era una prueba más.

-¿Pero qué te pasa? Anda ven aquí tonto- Y Aina me abrazó fuertemente mientras yo seguía llorando.

-No… no es nada. Estoy muy mal Aina... diga lo que diga te vas a enfadar.

-Entonces no digas nada cariño, tú tranquilo. No estamos en nuestro mejor momento pero todo saldrá bien, créeme. Has tenido alguna pesadilla?

Aina dio en el clavo, pero solo faltaba contarle aquello para cagarla aún más. Me habían dado un máster en cagador oficial por la Universidad de mis cojones, así que estaba ya curado de espantos. Esa pesadilla, como bien dijo Aina, quedaría oculta bajo llave.

-Sí… es que joder…

-Tranquilízate amor, ya pasó ya pasó- Me decía mientras me acariciaba la cabeza, a lo que añadió acto seguido:

-Lo de mis bragas…

Intenté inventarme y algo y tiré de romanticismo:

-Llevamos días sin vernos… sin ya sabes… joder cielo.

-Ya… pero pareces un depravado jajaja anda vente.

Tras decir aquello, Aina me llevó a nuestra cama, me quitó mi ropa interior y me la empezó a comer sin más dilación. Yo estaba en el séptimo cielo, aún con lágrimas en los ojos y recibiendo esas atenciones que hacía días no recibía.

No sé cómo no me corrí, pero di gracias de ese aguante repentino y es que al poco rato mi mujer se fue en busca de un condón, que me “ordenó” ponerme:

-Vamos cari, nos lo merecemos.

Me lo puse y no tardó ella ni dos segundos en clavársela entera encima mío y empezar a botar y botar. Ahí de nuevo comprobé que su vagina estaba intacta, sin esa hinchazón que había soñado, fruto del hipotético polvo con Ricardo. Tampoco había restos ni olor a aceite, o alguna marca en su cuerpo que pudiera delatarla como los azotes que había soñado que le daba ese subnormal en su trasero.

-Ah ah ah ahhh así sí Mario... !Así siiiii!

Así gemía y gritaba Aina mientras me cabalgaba en nuestra cama. Ya no era nueva, pero ese polvo era o igual o más especial que el primero que echamos en esa cama.

Quien iba a decir meses antes que mi vida cambiaría tanto, por unas decisiones un tanto cuestionables. Pero pese a todo, pese a mis cagadas, ahí estaba la persona más importante de mi vida botando encima de mí. Había dudado de ella, se la había entregado casi en bandeja a ese hijo de puta. Pero la victoria era mía. Me corrí al cabo de poco, quedando ambos satisfechos y durmiendo unas horas más.

Al levantarnos ya al mediodía de ese domingo, fue el momento de poner todo en su sitio:

-¿Entonces lo del curro ya está no?

-Sí sí, joder le dimos mucha caña y pudimos terminar el sábado por la tarde. Fui a casa de Carla y Javi a recoger todo y me viene aquí a echarte un polvo jajaja.

-Y me encontraste ahí tirado…- Le dije con cierta vergüenza.

-Sí tío jajaja medio muerto en la cama apestando a alcohol. Madre mía vaya pintas. Ahí me sentí fatal la verdad…

-¿Y eso?- Le pregunté, viendo una Aina mucho más sensata que días atrás.

-Joder, no quiero hablar del tema, pero está claro que pasaste por un ataque de celos o algo así… y debí ayudarte en lugar de echarte broncas. Encima te insulté… lo siento mucho de verdad. Y verte así de indefenso en la cama, borracho perdido… y luego en el baño llorando… joder Mario se me parte el alma.

Nos dimos un fuerte abrazo y Aina no tardó en desdramatizar la situación:

-Y oye… hablando de baños, date una ducha o algo jajaja que vaya pestazo. Tienes suerte que estaba a dos velas sino ni un palo te tocaba con este olor jajaja.

En efecto me fui a duchar, a quitarme mucha mierda y no solo física. Me dolía mucho la cabeza, entre la resaca y todo lo vivido, me iba a explotar la cabeza. Me miré bien y en efecto, no tenía ningún golpe. Era otra evidencia, aunque no tener una marca física del batazo de Mauri tampoco hubiera descartado nada. Miré también mi móvil y evidentemente no había ninguna llamada de Ricardo. No estaba para pensar mucho, pero me di cuenta que si no hubiera visto a Aina desnuda, dejándome ver que no iba depilada y que todo había sido un sueño… quién sabe qué hubiera hecho yo.

Reprochar, gritar, insultar, pedirle las bragas… nada bueno eso seguro. Y aunque fuera igualmente un sueño, ese detalle marcó la diferencia entre una reconciliación o quien sabe si el final definitivo de una relación.

Tras descansar todo el resto del domingo, ya con la cabeza más fría y asentada, debía volver a la cruda realidad. Pese al sueño, Ricardo no se había ido de nuestras vidas ni mucho menos. Sus actos seguían ahí, lo que había hecho a mis amigos era muy duro. Y aunque la confianza con mi mujer había aumentado, no olvidaba todo lo ocurrido ni el peligro que podía suponer ese tío en nuestro matrimonio.

Había que pensar algo, pero algo sutil. Ricardo estaba metido de lleno en nuestras vidas, sobre todo en la de Aina. Sin olvidar a Miguel y Mauri. Debía actuar pero sin cagarla como en días atrás, sin levantar sospechas ni parecer un puto loco. Ricardo se me había avanzado en todo, absolutamente todo. No se cual era su intención, lo que estaba claro es que si tenía a tiro a Aina, no la dejaría escapar. Su palabra no valía una mierda ya, tras tirarse a Raquel y Rocío.

¿Pero cómo hacerlo? Su relación con Aina era excelente, yo no tenía pruebas de nada. Sería complicado, pero quería a Ricardo lo más lejos posible de mi mujer. Yo lo había traído y yo lo echaría. ¿Cómo? Empezaba un juego psicológico donde haría todo y más para lograr mi único objetivo: La fidelidad de Aina. Y en ese sentido, precisamente mis amigos podían resultar claves. Mauri siendo tan inocente no se enteraría de nada, sería complicado explicárselo pero algo tenía que pensar. Lo mismo con Miguel, muy macho alfa, pero con una cornamenta semanas antes de su boda que se veía desde la muralla China.

Pero al fin y al cabo, independientemente de mis amigos, el protagonista era yo. Mis decisiones habían complicado mucho el tema. Pero esto era como un partido de fútbol, donde un equipo tira balones fuera, se defiende con uñas y dientes, recibe tiros y más tiros pero conserva el empate que le vale… ese equipo era yo. Y lo mejor del partido era sin duda el resultado, la fidelidad de Aina pese a todo lo vivido.

Y aunque el empate me valía, no podía jugar con fuego más veces. Cuando juegas a la defensiva tienes las de perder, así que me tocaba tomar las riendas del partido y empezar la remontada. Y para eso, necesitaba más que nunca tener la mente clara y jugar con cabeza. El tempo del partido era mi tarea en ese momento, debía aprovechar esa tregua para estar bien con Aina, idear alguna estrategia durante la semana… y empezar la ofensiva el fin de semana. Terminó así el domingo y volvimos el lunes a nuestras rutinas.

Un lunes donde recibí una llamada que estaba esperando:

- ¿Tío dónde os metéis Aina y tú? Hace días que no dais señales de vida, ni finde ni nada.

-Ya Miguel… es que ella tenía mucho curro y se quedó algunos días en casa de Ricardo para terminarlo pronto, tenían un plazo o algo así.

-La dejas sola con Ricardo? Eres más tonto de lo que pensaba jajaja.

“Si tú supieras, cornudo de mierda…” Pero no le dije eso pese a que se lo merecía:

-Jaja que cachondo, en fin eso. Y yo tampoco he tenido muchas ganas de salir, ahora con la vuelta a la rutina estoy con menos ganas de todo.

-Estrés post vacacional jajaja es normal chaval- Me dijo, sin saber que él debería tener estrés post cuernos.

-En fin Miguel, tranqui que ya lo pasaremos en grande en la boda.

-Sí tío… joder mira que me ha sudado el rabo todo este tiempo… pero empiezo a tener nervios eh.

Su boda era a finales de Septiembre. Ricardo estaba invitado, al igual que Mauri, Raquel, Lara… Podía ser mi oportunidad para empezar esa remontada. Pero lo primero de todo, mantener la absoluta normalidad:

-Jaja me imagino. A mí me pasó un poco.

-Tú que eres un cagao jajaja en fin Mario cuídate, sabes que te quiero cabrón.

-Venga chaooo- Me despedí y colgué. Yo también apreciaba su amistad, pero mi única prioridad en esos momentos era Aina.

El otro fleco restante era mi otro mejor amigo, Mauri. Debía mantener también las apariencias con él y Raquel hasta la boda. Sabía que ella no se iría de la lengua, así que me tocaba no cagarla esta vez. No sabía como lo haría exactamente, pero tenía que pensar una estrategia para ese día. Ricardo posiblemente intentaría algo con alguien… o no. Necesitaba un plan “A” para pillarle in fraganti y tener pruebas. Sin la existencia ya del cristal espía, la boda era la única alternativa.

Y a la vez, un plan “B”. Porque Ricardo siempre se me había avanzado y existía la posibilidad que fuera el chico más tranquilo del mundo en la boda, solamente para joderme. Así que debía pensar esa otra opción por si la primera fallaba y para terminar con todo de una maldita vez.





Capítulo 32

Durante esa misma semana cambiamos de mes, de Agosto a Septiembre.

La rutina ya era evidente en el trabajo, de nuevo la plantilla al completo y con cosas que hacer en todo momento. En cuanto a Aina, había podido entregar el proyecto que hicieron conjuntamente con Ricardo esos días atrás, así que estaba algo menos estresada.

-Uf cari menos mal que terminamos eso. En el departamento de marketing sudaron de todo y ahora están que no llegan jajaja.

-Todo trabajo tiene su recompensa.

-!Sí!- Me dijo antes de darme un poco e irse a la ducha.

También me contó que pese a tener menos trabajo, Ricardo seguía en unas negociaciones y que durante unos días no irían al gimnasio. Él ya no podría llevarla, así que se me encendió la bombilla:

-Oye cielo… eso de mantener la forma… ya sabes…

-¿A qué te refieres?

-O sea, ahora con las vacaciones he visto que tenías razón y no estoy precisamente en forma. He pensando que ya que te acompaño, podría probar las instalaciones.

-!Joder claro! Eres la persona más rara que conozco, empiezas la operación bikini en Septiembre jajajaja por eso te amo supongo- Me dijo mi chica antes de empezar a besarnos y terminar haciendo el amor ahí mismo en el sofá.

La sexualidad con Aina seguía igual, sin cosas extraordinarias. Ni buenas ni malas… y con la experiencia de los gatillazos, era normalidad sexual era una gran noticia. La jugada del gimnasio me había salido redonda. Era el único momento donde no podía controlar a Ricardo estando cerca de Aina. En público no haría nada estando yo, mientras que en el trabajo no lo veía posible tampoco. Pero sí en el gimnasio, aunque fuera un tonteo, ahí había un ambiente más distendido que podía originar confusiones.

Ese mismo jueves fui con Aina al gimnasio. Tenía las mismas ganas de apuntarme que de ver un concierto de música clásica de madrugada, pero el objetivo que me había marcado requería de esos esfuerzos. Entramos y empecé a probar las máquinas, siempre guiado por mi mujer. Se esforzaba por venderme la moto, por convencerme de quedarme. No sabía que aunque fuera el peor gimnasio del mundo, me iba a apuntar igual.

-Qué… ¿Te mola la cinta no?

-S… sí sí ca ca cari… me flipa- Le decía a Aina mientras intentaba evitar que me diera un ataque al corazón en esa cinta infernal.

Tras probar otras máquinas cuyo nombre no quiero acordarme, fuimos a las duchas. No estaban mal, aunque al igual que el resto del gimnasio, tampoco eran precisamente de primer nivel. Eso se reflejaba en que tampoco había demasiada gente, ni el precio era caro. Tras ducharme, fui a recepción a pagar la matrícula y la mensualidad. Oficialmente formaba parte de ese gimnasio de mierda. Lo que uno hace por amor.

Antes de irnos pero, nos sorprendió Roberto. Era el dueño del gimnasio y amigo de toda la vida de Ricardo. Pese a que hacía meses que no lo veía (desde la primera visita al gimnasio con Aina) sí que recordaba su imponente físico. Desconocía su edad, pero parecía bastante más joven que nosotros. Rozaría los 20.

“Ostia el toro, pensé”, aunque simplemente le di la mano.

-¿Ostia qué tal Mariano? ¿Acompañando a tu mujercita?

-Se llama Mario jajaja y qué va… !Se ha apuntado!- Le corrigió Aina mientras yo seguía un poco perplejo.

-Dabuten colegas!- Se limitó a decir el tío, calvo por cierto. Pero muy calvo.

No sabía si darle un beso en su reluciente calva o una ostia, así que simplemente le seguí el rollo:

-Sí sí todo genial, deseando empezar las rutinas.

-Te va a flipar chavalín, te voy a meter caña como a tu chica jajaja.

-Miré a Aina, extrañado por ese comentario que evidentemente había sonado todo lo mal posible. Aunque ella, conocedora de la situación que estábamos pasando y tras hacer las paces, quiso aclarar aunque no hiciera falta:

-Jajaja Roberto siempre nos diseña rutinas para ponernos a tope, a mí al principio me costaba pero ahora ya aguanto más.

-No veas chaval, sobretodo glúteos es lo que más trabaja jajaja deberías estarme agradecido- Ya tenía suficiente de las tonterías de Roberto, de las tonterías de la gente en general. De comentarios obscenos o de segundas intenciones. No quería callarme ni tampoco podía ser demasiado borde, así que le solté:

-Tienes razón, le estás esculpiendo un culo increíble. Se lo agarro de tal forma mientras hacemos el amor que necesita de otra sesión tuya para recuperarse. Gracias por mantenerme el Ferrari en forma, mecánico.

Se lo dije de forma tan sutil y espontánea, que el calvo de los cojones no pudo ni responder cuando yo me giré para irme y Aina simplemente le dijo adiós con la mano. Ya en el coche, Aina me dijo:

-Joder Mario, le has dejado callado jajaja.

-Es que vaya tela cielo, darte caña… Putos chulos de gimnasio.

-Jajaja sí… bueno él es así, un poco como Ricardo. Pero solamente están con coñas y hablando así de tranquis.

Estuve a punto de volver a decir que no, que Ricardo no era solamente “un tío que hace coñas”, pero mi nuevo plan requería la máxima serenidad posible. La primera norma era clara, no cagarla más.

Fuimos para casa y pasó el día siguiente con normalidad. Llegamos entonces a la noche, al viernes noche. Otro momento clave ya que Aina y yo habíamos quedado con Carla y Javi. Ella estaba en mi radar, más incluso que las parejas de Mauri y Miguel. Me importaba bastante poco su relación y si podía lograr mi objetivo, me importaban muy poco las consecuencias. Aunque de nuevo eso sí, debía mantener la calma.

Mi plan con ellos, de nuevo, se basaba en alguna pillada. Incluso alguna confesión de Carla que podía grabar. Cualquier prueba me valía, algo que jugara en mi favor. Por supuesto no había contado su desliz a Javi. Con lo celoso que era, ya hubieran cortado. Así que no sería fácil sacarle algo. Pero ella estaba muy ligada a Aina, amigas desde hacía muchos años. Le había ofrecido su casa durante nuestra “crisis”. Tampoco le habría contado nada, pero yo podía usar esa confianza para que Carla se abriera. Pero no de patas como con Ricardo, sino de mente con mi mujer.

Ahí estábamos en el local de siempre, escuchando las tonterías de Javi:

- Es que una mujer hay que cuidarla, nunca se sabe que peligros hay ahí fuera jejeje.

- Qué dices tío! Las mujeres somos mayorcitas para cuidarnos solas jaja- Le contestó mi mujer.

Esas charlas eran habituales, tanto sobre nuestras chicas, el amor, el sexo o cualquier tema del estilo. Javi se creía casi un filósofo, con la verdad absoluta sobre todas las cosas. Cierto era que leía mucho y era muy culto, pero no hacía falta demostrar esos aires de superioridad ni dar lecciones de moral. Eso hacía Javi sobretodo en el amor, cuando era el mayor cornudo de la sala.

-A ver es que no sé… si a veces en casa no te dan algo… pues lo buscas fuera- Decía Carla. Ella sí que lo había buscado fuera sí, el rabo de Ricardo.

Desconocía si habían repetido, posiblemente no. Tampoco sabía si Carla era infiel a Javi con más tíos o solamente fue con Ricardo. El caso es que ahí estaban hablando de ese tema que había surgido al azar y donde el único que no intentaba opinar demasiado era yo.

Aina por el contrario, decía la suya también:

-Yo pienso que la fidelidad es clave en una pareja, sobretodo la sinceridad. Puedo entender que surjan dudas y haya piedras en el camino, pero siempre con sinceridad.

-De qué sirve la sinceridad si luego te encuentras a tu chica empotrada en tu cama por otro al llegar de trabajar jajaja- Soltaba su perla Javi, ya medio borrado como casi siempre con un par de tragos.

"Empotrada en la cama no sé, pero cabalgando a Ricardo en una silla de plástico en la despensa del local era una bonita historia para ser contada" pensaba yo.

-Va Javi que estás pedo jaja- Le decía su mujer, aunque Javi seguía:

-¡Tengo razón y lo sabes! Hay mucha fresca suelta, ni sinceridad ni pollas. Estar atento y al acecho siempre porque lo que no cuidas te lo roban.

-No digas eso, al final hay necesidades a veces y si no se satisfacen pues no sé… el sexo no debe ir ligado siempre a un compromiso. Puedes estar bien con el novio pero que falle algo. A lo mejor no te hace reír… pues vas ver un monólogo- Le decía de nuevo su mujer aunque Javi no se calló:

-Claro y si no te folla bien pues vas a un gigoló jajajaja o te tiras al primero que ves.

Eso se estaba convirtiendo en una charla entre ambos y con un tono algo violento. Tampoco estaba de acuerdo con todo eso, así que decidí intervenir:

-Pues yo pienso distinto. Estoy de acuerdo con Aina que la sinceridad es importante, pero Carla también tiene razón en que a veces hay cosas que no se pueden dar…

-¿Entonces qué? Que se follen a tu piba?- Dijo Javi.

-No, evidentemente. Pero hay que hablar las cosas e intentar solucionarlas. Por encima de todo, ir de cara. Y si falla algo en el sexo pues…

-¿Pues ser un cornudo consentidor de mierda no?- Soltó el imbécil.

Eso pasó de un debate entre Javi y su chica, a un debate de Javi conmigo. Estaba a punto de soltarle la bomba. Que con consentimiento o sin, el cornudo era él. Suerte que intervino Aina y evitó mi primera cagada en mucho tiempo:

-Venga un poco de calma machitos jajaja. Está claro que cada persona es un mundo. Cada relación es distinta, cada persona busca una cosa u otra. Habrá tíos que no dejen que a su chica ni la miren, mientras habrá otros que se pongan palotes mientras su chica se tire a otro. Para gustos colores, por eso digo que lo importante es la sinceridad y poder llegar a un acuerdo ambos partes.

Esa fue la última frase destacable sobre el tema, posiblemente la más acertada y coherente. No pasó mucho más, charlamos un poco de otros temas sin relevancia y nos fuimos para casa. Lara no pudo participar en la charla porque con la reducción de personal estaba todo el rato ocupada… pero me hubiera gustado saber qué opinaba sobre ese tema.

Una vez en casa, hicimos el amor (ya por fin sin signos de gatillazos) y dormimos plácidamente hasta el día siguiente. Bueno, la que durmió más plácidamente fue Aina, ya que yo seguía con mi mente a mil revoluciones. Eso no había cambiado, mi cabeza siempre había echado humo. Pero esta vez tenía que bajar un poco la ansiedad y concentrarme en tomar buenas decisiones. Y una de ellas implicaba a Carla y Javi. Aún así, no sabía como aprovechar eso a mi favor. Conocía un secreto que podía destruir la reputación de Ricardo, pero no debía gastar esa bala tontamente. Lo mejor era esperar de nuevo a la boda. Si ahí todo salía bien, perfecto. Si no, tenía una bala en la recámara.

Pasamos el fin de semana viendo algunas películas, entre ellas algunas de superhéroes que juntos terminaban con el villano. A Aina le encantaban, aunque a mi me recordaban que en ese duelo con Ricardo, yo estaba solo. Por el momento. Y es que como en esas pelis, Ricardo parecía indestructible con mano de hierro (o guante según las pelis). Pero si nos juntábamos varios contra Ricardo, esa guerra del infinito llegaría a su fin.

A parte de ver pelis, también recibimos la llamada de mis padres. Hacía tiempo que no pasábamos por su casa y tenían ganas de vernos. Aina se llevaba genial con ellos, sobre todo las dos mujeres: mi madre y mi hermana. Lo cual era una satisfacción para mí porque no solía ser lo habitual en otras familias.

Acordamos ir a finales de mes y ahí vi una nueva oportunidad en mi plan. Mi hermana tenía una gran relación con Aina y también una relación estable con su chico (aunque sin anillo) así que podría resultar una aliada para mi propósito.
Reviews
Your review
Excellent
Good
Regular
Bad
Regrettable
NOTE: In order to add favorites, rate and post reviews you must login or create a new account if you are not registered.
0 published reviews