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Top-less en la playa
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Infidelidad cornudos
28-May-2020
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Top-less en la playa
Hizo una pausa sonriendo y concluyó-. Quiero verte las tetas. Un desconocido se acerca a una chica en la playa y le convence para ponerse en top-less mientras su marido lo ve todo desde la orilla.
- Quédate aquí a tomar el sol si quieres, cielo, pero yo me voy a dar un baño, que me estoy asando.



Pablo se levantó y se dirigió hacia la orilla rápidamente. Yo me quedé tumbada dejando que mi cuerpo se bronceara. Acabábamos de llegar a la playa y mi palidísima piel lo delataba. Estaba como loca por coger color. No me gustaba tener un tono de piel tan blancuzco. Claro que tampoco me gustaban mis pequeños pechos, aunque eso, el sol, no lo podía arreglar. Lo cierto es que tampoco estaba mal ser así. Nunca me gustó llamar la atención, de modo que mis pechos me ayudaban a esa tarea, que yo complementaba empleando siempre ropa elegante pero discreta. Así, mi figura delgadita, mis piernas largas y bien torneadas y mi trasero prieto pasaban bastante desapercibidos.



Vi a mi marido sumergirse en el agua cuando, poco después, se me acercó un hombre. Debía andar por los 40 y su complexión atlética indicaba que se cuidaba. Me arrepentí al instante de mirarlo, porque se dio cuenta y se paró frente a mí.



- Bonito bikini. - Dijo quitándose las gafas de sol. Detrás de ellas apareció una mirada pícara teñida de inteligencia. Su forma de entrar me extrañó. ¿Qué quería decir? Me miraba tan descaradamente que no sabía qué responder, pero se ve que sonreí porque continuó.



- Aunque reconocerás que, con el tipazo que tienes, irías mucho mejor en top-less.



Me quedé a cuadros. No sé por qué seguía sonriendo.



- ¿Cómo dices?



- Pues que se adivinan unas tetas que, aunque pequeñas, parecen redondas y firmes bajo la tela del bikini. Pero tal vez, en realidad, sean pequeñas, amorfas y flácidas. Si no te quitas el bikini, no lo sabremos.



- No soy yo mucho de top-less, ¿sabes? No me gusta ir enseñando las tetas. Y desde luego que no son amorfas y flácidas. – Dije levantándome para replicarle. Este gesto le dio alas y me di cuenta porque la sonrisa de su rostro aumentó de intensidad.



Lo cierto es que no estaba pensando mucho lo que hacía ¿Por qué demonios le contestaba en vez de mandarle al cuerno?¿Qué coño le importaba a él si iba en top-less o no? Aunque, de todas las preguntas que me brotaban, había una más que incómoda, ¿por qué me estaba excitando que este hombre me mirara así y me hablara así? Cierto que me agradaba que mis tetas fueran agasajadas, pero ¿de este modo?



- Yo fui el primero que dije que seguro que no son amorfas y flácidas. Por eso te dije que me encantaría verlas. De modo que ¿nunca has hecho top-less?



- No, nunca lo he hecho. Una cosa es si tengo las tetas bonitas o no y otras que sea necesario que la gente las vea, ¿no?



- Cierto, -contestó sonriendo, pero seguro que cuando te maquillas, tratas de resaltar tus ojazos, ¿me equivoco? – Asentí.- Tienes los ojos preciosos y te gusta que los veamos, ¿pasa algo por ello? Tu disfrutas sintiéndote guapa y gente como yo disfrutamos de tus ojos. ¿Ves algún problema con esto?



- No es lo mismo que me miren los ojos a que me miren las tetas.- Respondí confundida.



- ¿No? ¿Por qué? ¿Acaso te va a doler si lo haces? Mira esas chicas de allí. Tienen las tetas al aire. ¿Les ha caído un rayo o algo? Y tienen unas peras horribles. Ellas no hacen ningún favor a nadie. Tú por el contrario… ¿No te das cuenta? A ti no te va a pasar nada y a mí me va a encantar. – Hizo una pausa sonriendo y concluyó-. Quiero verte las tetas.



- ¿Cómo? - Me quedé boquiabierta. Y terriblemente excitada. Desde luego no me iba a doler, pero no me iba a quedar en tetas porque me lo dijera este chico... por mucho que me excitara pensar en ello... y por mucho que me pareciera un tipo atractivo

- No me voy a quitar el bikini...¿Por qué iba a hacer eso?



Se ve que no soné muy convincente, porque insistió.



- Porque he visto tu expresión mientras te lo proponía y se ve a la milla que si bien yo estoy deseando verte las tetas, tú deseas aún más complacerme y enseñármelas. Porque si no fuera cierto lo que te estoy diciendo ahora, me habrías mandado a tomar por culo en cuanto te dije que te pusieras en top-less, en vez de estar hablando conmigo todo este rato. ¿No crees?



Me quedé callada. Yo tampoco entendía por qué no le había largado, así debía tener razón el hombre, pero…



- Bueno sí, pero no creo que a mi marido le guste la idea... – Traté de zanjar.



¿Sí? ¿Había dicho que sí? Perfecto, acababa de reconocer que me apetecía complacerle y enseñarle las tetas… Miré hacia la orilla. Vi que mi marido había salido del agua y estaba de pie, mirándome. Parecía más expectante que enfadado porque su mujer hablara con un extraño que, obviamente, estaba intentando ligar con ella.



- Ah, claro, tu marido. No te referirás al pasmao que está mirando desde la orilla cómo un tío le está entrando a su mujer, ¿verdad?



- Pues, -respondí riendo al comprobar que me había leído el pensamiento-, me temo que sí.



- Mira, siento decirte que a estas alturas seguro que está empalmado, si no, ya habría venido a parar esto, ¿no crees?



Volví a mirar a Pablo. Efectivamente, empezaba a asomar un bulto.



- Bueno, cielo, no se si estoy perdiendo el tiempo aquí… Si no te lo quitas ya, me iré.



- No, espera…



Al decirlo me arrepentí al instante. Lo último que quería en ese momento es que se fuera, pero me dolió haber sido tan evidente. Lo miré y él, muy firme, aunque sonriente, insistió:



- Enséñame las tetas.



Su tono de voz me hizo estremecer y terminó de encender mi cuerpo. Era un momento altamente excitante. Llevé mis manos a la espalda y desanudé el bikini. Miré a mi marido que nos observaba desde la distancia. Estaba expectante, pero quieto. Cogí fuerzas y me lo saqué por la cabeza. Se quedó hecho un gurruño en una de mis manos. El hombre mostro una sonrisa de triunfo. Me miró fijamente las tetas. Yo estaba quieta frente a él. Disfrutando. Sí, disfrutando enormemente al sentir sus ojos en mis pechos. Me atreví a mirar a la sombrilla vecina, donde otro hombre también las miraba. Estaba ardiendo por dentro. Era maravilloso...



- Tienes unas tetas maravillosas. Tal como las imaginaba. Aunque el color de tus pezones es aún más bonito.



- Gracias. – Contesté estúpidamente. Estaba quieta, sirviendo de escaparate.



- Fíjate, me has puesto el rabo como una piedra.



Le miré la entrepierna y lo pude corroborar.



- Ciertamente. –Respondí. No pude evitar darme cuenta del tamaño rozando lo portentoso que se escondía bajo el bañador.



- ¿Cómo te sientes? Y procura ser sincera, porque se te han empitonado los pezones.- Me preguntó



- ¿Qué quieres decir?



- Pues que hace un momento me decías que no te gustaba hacer top-less. Que lo de enseñar las tetas... Y ahora estás en tetas. Y no sólo te las estoy mirando, sino que me he empalmado haciéndolo y ¿pasa algo?¿te duelen?¿o acaso ha acabado con el mundo?- No me miraba a la cara, sino al pecho, mientras me preguntaba.



- No, claro que no, - respondí riendo.



- ¿Cómo te sientes al saber que te las estoy mirando? Te gusta, ¿verdad? Te excita saber que me estoy empalmando con ellas. Y que los tíos de alrededor también... ¿me equivoco?



Yo, pocas veces en mi vida había estado tan caliente.



- No, no te equivocas. – No sé por qué esa respuesta no me fue suficiente, quería oírmelo decir… - Me excita que me estés mirando las tetas y te estés empalmando. Y antes me di cuenta que otro hombre me las miraban y me excitó también.



- ¿Verdad que es estúpido estar con el bikini aquí, pudiendo estar tan caliente sólo con quitártelo? - Asentí sin pensar. –Dímelo tú. Su mirada seguía clavada en mis desnudísimos pechos.



- Llevas razón, es estúpido llevar bikini.



-Muy bien, preciosa. Entonces vamos a hacer una cosa. Yo te las miro un poco más, para seguir excitándote, pero sólo si logro que, antes de irme de aquí, me prometas que no vas a volver a tomar el sol en esta playa con el bikini puesto.



No había ninguna razón, motivo o necesidad para hacer esa promesa. No tenía ningún sentido hacerlo. Pero sentía que llevaba razón, por no decir que quería alargar este momento lo más posible. Había otro motivo además, me apetecía, casi necesitaba, complacer a este hombre.



- Lo prometo. - contesté sin pensar.



- Muy bien, guapa, así me gusta. Deja que los hombres admiremos tu belleza como se merece. - Siguió mirando fíjamente mis tetas durante un rato. - Una lástima, me va a costar separarme de tus dos amiguitas, pero tengo que irme. Recuerda tu promesa...



Me dio un beso en la mejilla y se fue. Yo me quedé de pie, en tetas, sin saber qué hacer. En esto llegó mi marido, del que esperaba alguna reacción, aunque no adivinaba cuál podría ser. Resultó que este hombre llevaba razón. Estaba mucho más excitado que celoso.



- ¿Qué ha pasado?



- Pablo, si te digo la verdad, no lo entiendo. Ha venido este chico y me ha dicho que era una lástima que fuera en bikini.



- ¿Y por eso te lo has quitado?



- No sé. Yo tampoco lo entiendo, en serio. Se puso a hablarme. Y te veía a ti, allí, que parecía que estabas de acuerdo…



Se hizo un silencio extraño que rompí.



- ¿Estás enfadado?



- Si te digo la verdad, ni siquiera se como estoy. Lo cierto es que yo siempre deseé que alguna vez te pusieras en top-less, pero no me atrevía a pedírtelo… Tú, tan recatada siempre…Y ahora resulta que va otro, te lo dice.



- No entiendo, ¿tú quieres que me ponga en tetas?¿Por qué?



Pablo no atinó a contestar, así que tuve que continuar yo lo que él pensaba, pero no se atrevía a decir



- Curioso... de modo que excita que otros hombres puedan verme las tetas



Pablo me miró y ni se atrevió a contestar. Era obvio que no cabía otra respuesta. Curiosamente, pese a lo ocurrido, ahora era él quien se sentía culpable. Yo no quería que se sintiera mal.



- Pablo, tú no mandas en lo que te excita. Eso no depende de ti... Lo que me apena es no haberlo sabido. - Entonces… - Instintivamente quería indagar más, pero no me atreví a terminar, porque podía meterme en un jardín delicado.



- ¿Qué? - Contestó él.



- Nada, déjalo.



- Nos estamos sincerando, Silvia, no puedes parar ahora.



- Me pregunto, - dije mirándole fijamente- si te excita que me haya quitado el bikini, pero no sólo en sí mismo, sino que lo haya hecho porque un hombre al que no conozco me lo ha dicho.



Reconocerlo era un poner en duda su dignidad y su honra. Supongo que por eso tardó tanto en responder. Y cuando lo hizo, su mirada estaba fija en el suelo.



- Me temo que sí. Me excita que lo hayas hecho.



Un bulto en la ingle corroboraba su versión. Me acerqué a él y lo besé. Nos dimos un beso apasionado y prolongado. Al finalizar le dije.



- Pues si te excita que vaya en top-less y te excita que lo haya hecho por este tío lo vas a flipar.- Le dije con una sonrisa pícara.-



- A ver... Aunque no sé con qué más me puedes sorprender ...



- Antes de irse, me ha hecho prometerle que no volvería a usar el bikini en esta playa.



- ¿Vas a pasarte todas las vacaciones en top-less? - Contestó riendo con los ojos abiertos. Yo asentí.



- Ya sabes siempre cumplo mis promesas.



Como respuesta, me cogió de la mano y fuimos al apartamento. Normalmente mi marido es bastante dulce y suave cuando hacemos el amor, pero esta vez me folló con fuerza y yo disfruté. Estuvimos casi una hora retozando hasta caer agotados. Ambos coincidimos en que había sido de los mejores polvos que habíamos echado.



- Es curioso, Pablo. Gracias al hombre de esta mañana, tú y yo estamos disfrutando más que nunca.



Nos duchamos, comimos y volvimos a la playa. Yo por supuesto, en cuanto llegué, me quité la parte superior del bikini, lo que provocó la erección inmediata de mi marido. Nos bañamos y decidí volver a la toalla mientras mi marido se quedó un poco más en el agua. No dijimos nada, pero creo que ambos teníamos lo mismo en la cabeza. Ambos, secretamente, esperábamos que el personaje de la mañana volviera a abordarme.



El vuelco al corazón fue inmediato en cuanto vi al hombre. Me levanté al instante. Él se acercó a mí mirando fijamente mis pechos.



- Veo que cumples tu promesa. Te has puesto en tetas otra vez. Me gusta. ¿Te gusta a ti?



- Me gusta. Y me gusta aún más hacerlo porque me lo has pedido tú. - Me sinceré



- Por cierto, ¿me equivoqué con tu marido?



- En absoluto, - Comencé a reírme como una boba. - Me preguntó qué pasó y cuando le conté que me dijiste que tenía las tetas bonitas y que querías verlas y que todo el mundo pudiera verlas se excitó aún más. Le conté que te había prometido no volver a ponerme bikini nunca más.



- ¿Y qué le pareció?



- Estuvo de acuerdo. Reconoció que le excita que otros hombres me vean las tetas y que me pusiera en pelotas porque me lo pidieras tú.



- Muy bien- respondió sonriendo-. Seguro que habéis echado luego el polvo del siglo... - Yo sonreí como única respuesta. - Y ahora te ha vuelto a dejar aquí sola para que te encuentres conmigo, ¿verdad?



Yo no respondí al instante, pero terminé sincerándome.



- La verdad es que no hemos quedado en nada, pero supongo que sí. Yo al menos era lo que quería cuando lo dejé en medio del baño y creo que él también al no acompañarme aquí.



-¿Y qué crees que va a pasar ahora? - Me pregunto con firmeza, aunque sonriendo. Puse cara de extrañeza y él continuó. - Quiero decir que ya te tengo en tetas aquí, de modo que imaginarás que, si ambos queréis que te encuentre, será para algo más.



Traté de aclararme. ¿Acaso esperaba que se iba a quedar ahí sólo mirándome las tetas? Pero... ¿acaso era planteable algo más? y lo que es más importante, ¿Pablo quería algo más y por eso me había dejado ahí?¿qué significaba algo más?¿qué más podría haber que dejar que un hombre me mirara?¿Acaso le excitaría que me tocara?¿Tal vez incluso más?



El hombre se dedicó a mirarme el pecho, como siempre, con una mueca divertida viéndome cavilar de ese modo. Mi último pensamiento se lo manifesté en voz alta



-¿Me estás diciendo que lo que queremos mi marido y yo es que me toques?



- Creo que sí que es lo que quiere tu marido, aunque está tan confundido como tú. De todas formas lo descubriremos pronto. Y en cuanto a ti... Supongo que no hay nadie mejor que tú para responder.



No respondí. No podía verbalizarlo y decirle a este hombre que me metiera mano. Él continuó.



- De momento, lo que veo es que no te has puesto crema y con este sol... Túmbate de espaldas, cielo.



De nuevo ese tono de voz me tensó como la cuerda de una guitarra y volví a sentir que necesitaba obedecerlo. Puso las manos en mis hombros y me empujó levemente hacia abajo, invitándome a tumbarme. Me tumbé en la toalla como me había ordenado. Cogió nuestra crema se sentó a horcajadas en mis riñones y comenzó a aplicarme un maravilloso masaje en la espalda. Yo cerré los ojos para disfrutarlo bien.



- De momento, parece claro que a tu marido no le importa que te ponga las manos encima... Y a ti tampoco.

- Es que masajeas muy bien. - Respondí.



Después se sentó a mi lado y cogió una de mis piernas. Sentí sus manos en mis pantorrillas, acariciando y masajeando mi piel. Después pasó a la otra mientras yo lanzaba una mirada a la orilla para ver cómo mi marido nos observaba desde allí. No se movió ni cuando pasó de las pantorrillas a los muslos. Yo instintivamente, abrí ligeramente los muslos para facilitar el masaje. El hombre agradeció el gesto.



- ¿Ya te estás abriendo de piernas? Es un poco pronto, ¿no? - Una risita estúpida que salió de mis labios respondió por mí. - Bueno, parece que esto va como pensaba, así que habrá que añadir un poco más de picante.



Cogió el borde de la braguita del bikini y lo introdujo entre los cachetes de mi trasero, a modo de tanga. Poco después sentí sus manos en mis glúteos. El muy cabrón lo hacía bien. Con mucha pericia, calentándome y haciéndome disfrutar. Estuvo unos minutos agasajando mi culo. Después, con voz muy firme, me dijo.



- Creo que ya está bien de probaturas. Date la vuelta. Voy a tocarte las tetas.



De nuevo, su orden me estremeció. Obviamente, desde que empezó, sabía que el masaje acabaría así, pero no lo sabía conscientemente, así que, cuando recibí su indicación fue un nuevo golpe excitante que hundió la resistencia de mi cuerpo, ya bastante maltrecha tras la media hora de masaje y caricias. Me di la vuelta, como se me había ordenado, ofreciéndole mis pechos y sonriendo.





Vi cómo se aplicaba más crema en las manos y con una mirada de triunfo total en sus ojos. Acercó sus manos a mis tetas y comenzó a acariciarlas con muchísima suavidad. No pude evitar cerrar los ojos y lanzar un gemido quedo. Unos segundos después oí una voz familiar.



- ¿Eh tío, qué estás haciendo?



Abrí los ojos y vi a Pablo de pie frente a nosotros. El hombre ni siquiera detuvo su tarea. Continuó acariciando mis pechos mientras le respondía.



- Creo que es bastante evidente. Estoy metiendo mano a tu mujer.



- Quítate de ahí ahora mismo. - Dijo Pablo. - Pero el hombre siguió con su tarea.



– Vamos a hacer una cosa, amigo. - Ofreció el hombre. - En primer lugar siéntate, porque estoy seguro de que lo menos quieres ahora es montar un escándalo aquí.



Pablo se dio cuenta de que era cierto y se sentó a nuestro lado. Yo estaba quieta, incapaz de hacer nada mientras mis pechos eran acariciados tan hábilmente.



- He dicho que te quites, ¿no me has oído?



- Habrás visto que la primera que no quiere que me quite es tu mujer, ¿verdad? Mira cómo gime mientras sobo sus tetas. Y no nos engañemos, amigo, tú tampoco quieres que me quite. Sé que tu dignidad te obliga a montar un numerito y todo eso, pero las evidencias son devastadoras. Esta mañana te pusiste todo burro cuando se quitó el bikini para mí, cuando YO la puse en tetas. Ella me lo ha confesado todo. Y ahora llevo un buen rato metiéndole mano. He acariciado sus piernas, he magreado su culo y tú te has limitado a mirarnos más empalmado que si estuvieras viendo una porno. ¿Puedo tocarle el culo y las tetas no? ¿Qué coño de sentido tiene eso? ¿Puedes explicármelo?



Pablo, sorprendéntemente, se quedó callado mientras el hombre en ese momento, jugaba con los pezones de su mujer que se mordía los labios para evitar gemir con fuerza. Fueron unos momentos de alta tensión sexual. Yo miré a mi marido que estaba sentado observando cómo otro hombre manoseaba a su mujer. El hombre, por su parte, alternaba juegos y pellizcos suaves a mis pezones con caricias maravillosas en la piel de mi pecho. Estaba cerca de comenzar a correrme. Él se dio cuenta y me dijo.



- Preciosa, esta mañana ya logré que me prometieras que estarías siempre en tetas en esta playa. Creo que ahora me he ganado que, delante de tu marido, me prometas que podré tocártelas cuando quiera.



Yo, según estaba, no podía negarme.



- Claro que te lo has ganado. Te prometo que te dejaré tocarlas cuando quieras.



- Eso está bien, aunque ahora, si quieres, puedo quitar mis manos de tus tetas, ¿es eso lo que quieres?



Negué con la cabeza y él continuó sobándolas. Tener ahí a mi marido era demasiado. Mi humedad crecía y crecía. No me lo podía creer. Este hombre, del que no sabía ni su nombre, estaba a punto de llevarme al orgasmo simplemente tocándome las tetas.



- Ya lo ves, amigo. No es culpa tuya que se las esté tocando. Ella me lo ha prometido... y además no me deja quitarme. De hecho, creo que en menos de un minuto, la tenemos ya corriéndose. Aunque no sé si le pone más que le sobe las tetas, o que estés tú delante mientras lo hago. Sea como sea, voy a tener que aprovecharme de la situación ¿Estás a punto de correrte, verdad?



Yo apenas pude responder, según estaba, y en vez de un "sí" salió un gemido parecido a una afirmación.



- Pues si tú vas a correrte en mis manos, entenderás que luego voy a tener que follarte yo para compensar, ¿verdad?



El muy cabrón en ese momento dejó de tocarme. Me tocaba responder.



- Luego podrás follarme si quieres, pero por favor, no dejes de sobarme.



El hombre se rió y reanudó su charla y sus caricias:



- Lo haré cielo. - Me contestó. Después se dirigió a mi marido. - Ya lo ves, amigo. Tengo carta blanca para cepillármela... quieras o no.



Oír eso fue el detonante. Apreté los dientes y traté de gemir lo más bajo posible mientras un fuerte orgasmo recorría mi cuerpo. Sus caricias acompañaron mi viaje, ya que no abandonó mi cuerpo mientras me retorcía de placer. Cuando me calmé un poco llevó sus dedos por debajo de la braguita del bikini y me dijo:



- Joder, estás empapada.



Sentí resbalar uno de sus dedos por dentro de mi palpitante sexo. Yo me dejaba hacer. Él introdujo otro, pero, sonriendo, me dijo:



- No es esto lo que deseas, ¿me equivoco?



Yo sonriendo, completamente desatada, le respondí.



- Es tu polla lo que deseo dentro de mí.



- Lo sé, cielo, lo sé. - Y siguió jugando con sus dedos en mi coño. - Sólo que necesito ver qué cara se le queda a tu marido mientras me suplicas que te folle deltante de él.



Ni me lo pensé:



- Por favor, por favor, llévame al apartamento y fóllame, penétrame con tu polla. Te lo suplico, por favor, lo necesito.



- Ya veo que lo necesitas guapa, pero no sé, tienes el coño tan caliente y hambriento que me da miedo meter ahí la polla, no se si volveré a verla. -Después se dirigió a mi marido. - Bueno, amigo, ¿serás capaz de satisfacer sexualmente por una vez a tu mujer? Porque yo sólo me la voy a cepillar si tú nos grabas mientras me la beneficio...



Yo miré a Pablo con ojos suplicantes. Él también estaba fuera de control porque asintió inmediatamente.



- Si estamos todos de acuerdo, vamos al picadero, que voy a vaciar los huevos dentro de esta putilla. - Dijo levantándose.

Yo, como en un sueño aún, me levanté también. Cogí la parte superior del bikini para colocármela, pero el hombre me la arrebató y la usó para limpiarse los dedos mojados de mi coño. Después la tiró al suelo mientras me decía seriamente.

- Me apetece que vayas en tetas por la calle. En cuanto a la braguita, déjatela así. Me gustan los tangas.

Sin decir más, el hombre me cogió por la cintura e, inmediatamente después, llevó su mano a mi trasero y lo fue amasando mientras se ponía en marcha. Dejamos a Pablo recogiendo a toda prisa las cosas.

Yo según llegaba al final de la playa, no me podía creer que fuera a marchar por la calle en tetas y con la braguita en tanga... Aunque fuera un pequeño pueblo costero y el apartamento estuviera cerca. El camino a casa de esta guisa y con mi culo permanentemente masajeado logró calentarme de nuevo.

El hombre me hacía caminar despacito, para que la gente pudiera verme en pelotas. Muchos ojos se posaron en mí y cada mirada me excitaba un poco más. Quisé confesárselo al hombre que sonrió al escucharme.

Al ritmo que caminábamos, Pablo no tuvo problemas para alcanzarnos pronto, pero permaneció a pocos metros detrás de nosotros, disfrutando desde ahí su nueva perspectiva de la vida. Podía observar cómo la mano del hombre no cejaba un segundo de acariciar mi trasero casi descubierto y a mí pegar el cuerpo al suyo como si me fuera la vida en ello. Seguro que también se fijaba en las mirada de todos los hombres que se cruzaban con nosotros clavarse en los pechos descubiertos de su mujer.

Llegamos al portal y en el ascensor no pude aguantar más. Me lancé a su boca. Necesitaba sentir sus labios y su lengua y él me los regaló. Nos besamos en las narices de Pablo, que fue quien nos abrió la puerta del apartamento.





Entramos besándonos y, sin dejar de hacerlo, intenté quitarme la braga del bikini, pero el hombre me detuvo. Sacó una cámara del bolsillo y me apuntó con ella.



- No estés tan impaciente en desnudarte para mí, cielo. – Dijo mientras grababa. - Ahora puedes enseñarme el coñito, guapa, mientras me dices cómo te llamas, pero no te las quites, sólo quiero que me lo enseñes con las bragas puestas.

- Silvia Escribano.- Respondí mientras me bajaba la goma de la braguita según me ordenaba.

Vi como el hombre apuntaba con la cámara directamente a mi sexo y me excité enormemente. Me siguió interrogando.

- Cuéntame qué pasó en la playa.

- En la playa me masajeaste las tetas hasta que estaba a punto de llegar al orgasmo. Entonces te prometí que, si seguías tocándome, luego podrías follarme… - No preguntaba nada más, así que supuse que quería que contara todo-. Al final terminé suplicándote que me follaras.

- Y tu, amigo, ¿cómo te llamas?- Dijo a la vez que apuntaba a mi marido con la cámara.

- Pablo García.

- ¿Te has empalmado mientras magreaba a tu santa esposa?

- Sí.

- ¿Te has empalmado mientras me comía la boca en el ascensor delante de tus narices?

- Sí.

Entonces el hombre apuntó con la cámara la erección de mi marido y siguió preguntando.

- Y no sólo eso, ¿verdad, cornudo pichafloja? Has accedido a grabar en directo cómo otro tío se beneficia a tu mujercita, ¿no es así?

- Sí.

- Pues toma y graba bien, chaval, que yo tengo que follar.

Le dio la cámara a Pablo y tomándome de la mano, me llevó a la habitación. Me tendió en la cama y se quitó el bañador. Esperaba una tranca considerable, pero no podía creer lo que me encontré. Más que la longitud, era el grosor que tenía y, según estaba, bien enhiesta, tuve serias dudas de que pudiera entrar en mis entrañas. Miré a mi marido, delantado sin querer que la suya nada tenía que ver con ese portento.

- Madre mía, ¿es esto real?

- Lo es, preciosa. Y ahora mismo, es toda para ti.

- ¿Crees que me romperás por la mitad con ese aparato?

Ni siquiera respondió. Subió a la cama y agarró mis braguitas. Yo levanté el culo para que pudiera sacarlas con facilidad y me encontré desnuda completamente debajo de él.

- Pablo, este tío me va a follar. - Le dije mirándole a él ... o tal vez a la cámara. Él miró, asintió y calló.. - Por favor, no aguanto más, fóllame.

El hombre me agarró por las piernas y me arrastró hacia él. Yo levanté un poco el culo, ansiosa por alcanzar su rabo.

- Te la meteré bien dentro, cielo, hasta el fondo. - Dijo jugando con su aparato en los labios de mi sexo.

- Hazlo ya, por favor, no puedo más.





De pronto se clavó entera de golpe hasta el fondo. Cerré los ojos. Sentí que el aire me faltaba, que estaba a punto de explotar. El hombre agarró mis nalgas y comenzó a bombearme fuertemente. Sentía chocar sus pelotas contra mí y cerré los ojos sin poder creer aún que mi coño se la hubiera comido entera.



- Lo necesitabas, ¿verdad? Necesitabas que alguien al fin te follara como mereces y necesitas. Tu marido nunca podrá follarte así.



Yo entrelacé mis piernas detrás de su espalda, sorprendida de que tan pronto volviera a llamar el orgasmo a mi puerta. Los golpes sobre mi encharcado chocho producían un sonido delicioso que me hacía enloquecer aún más.

- Lo necesitas y a partir de hoy no podrás vivir sin mi polla. Ya verás, harás todo lo que yo te diga.



Siguió dándome pollazos y logró que un nuevo orgasmo tomara el control de mi cuerpo.

- Harás lo que te ordene, como ir en top-less en la playa, como dejar que te meta mano en público.



- Eso te lo prometí - Atiné a decir entre jadeos y él continuó.

- Como dejar que la polla de un desconocido del que no sabes ni su nombre, se entierre hasta el fondo de tu coño.

- Eso es…

- Como prometerle que le dejarás que te la meta siempre que quiera.

Saber que estaba ahí mi marido y encima grabando mis palabras me excitaba más y no podía negarme



- …Te lo prometo…





- Prométeme que, a partir de ahora, harás todo lo que yo te diga.



- Lo haré, te lo prometo, pero sigue follándome, sigue dándome rabo.



- No paro, cielo. Y para celebrar que te has convertido en una putita obediente te voy a llenar el coño de leche.

Pensé que era imposible más ritmo, pero, para mi sorpresa, comenzó follarme con más fuerza aún que antes. Agarró mis tetas con fuerza y mi cuerpo se bamboleó violentamente ante sus embestidas. Los dos comenzamos a gritar como salvajes en un canto tan sincronizado como falto de armonía, bañado por los flujos invisibles que en ese momento se mezclaban en mi interior. Poco después, exhausto, se tendió sobre mí.

Yo me quedé quieta, con las piernas aún anudadas en su espalda, sintiendo escurrirse la leche de mi sexo. Sorprendentemente, Pablo acercó la cámara al sexo y el hombre sacó su rabo de mí, haciendo que mi marido grabara cómo la leche de otro hombre salía a borbotones del coño de su mujer. Yo sentía el semen resbalar hasta la sábana y vi a mi marido frente a mí, como un pelele, grabando el recorrido.

- Graba bien mi leche, amigo, - dijo -, a ver si la he preñado.

- No creo. Silvia toma la píldora.

Pero sus palabras fueron devastadoras. El sólo pensamiento de que este hombre me dejara preñada... ¡era imposible dejar de estar ardiendo en todo momento! Y eso que la sensación de vacio que sentí cuando la barra de carne me abandonó me hizo sentir extraña. Apenas me había repuesto cuando tenia la polla del hombre frente a mi cara.



- Límpiame el rabo, puta.

Abrí la boca y saqué la lengua para lamer la punta. Pronto la tenía al completo dentro de mi boca con mi lengua jugando con ella. Cuando llevaba un rato se separó de mí.



- ¿Cómo te llamas? - Le pregunté al hombre.

- Alex, cielo, Alex es el dueño de la polla que te acaba de llenar.

Le quitó la cámara a Pablo y dijo:

- Pablo, ahora te vas a follar a tu mujer. Me apetece ver cómo mojas tu polla en mi leche. Te la follarás sabiendo que me la acabo de tirar y sabrás que con tu medio polla ella no está sintiendo ni la mitad de lo que le hice disfrutar yo con mi aparato.



Pablo se desnudó y se colocó encima de mí, pero Álex le corrigió.



- Al revés. Silvia, ponte encima de él. Quiero que le gotee encima mi semen.



Me coloqué encima de mi marido y coloqué su polla dentro de mí. Después comencé a cabalgarlo. No necesité orden alguna para que dijera lo que ambos querían oír:



- Llevas razón Alex, después de tu rabo, ahora no siento nada.

El se reía mientras grababa. Pablo cogió mis pechos y comenzó a amasarlos mientras yo seguía cabalgándole. Estaba como loco, desatado. Incluso me hacía daño en las tetas, pero lo dejé disfrutar.



- Pablo, sabes que te estás follando a tu mujer porque yo se lo he ordenado, ¿verdad? Silvia, para de follar ahora mismo.

Me detuve en seco mientras ahora era Pablo el que trataba de generar rozamiento interno moviendo su cadera. Alex colocó la cámara estratégicamente en la mesilla, se acercó a nosotros y se colocó detrás de mí. Quitó las manos de Pablo de mis tetas y puso las suyas.



- Ahora, esta puta follará con quien yo quiera y como yo quiera, amigo. Puta, dilo.



Sus manos volvían a masajear maravillosamente mis pechos y yo contesté convencida.



- Soy la mujer de Pablo, pero sólo follaré con quien tú ordenes.

- Sigue follando, entonces, guapa. Quiero que tu marido se corra mientras yo te magreo.



Efectivamente, a poco de volver a cabalgar, Pablo, viendo como Alex sobaba las tetas de su mujer, comenzó a gemir y poco después explotaba en mi interior. La primera vez que se corrió hoy en mí fue por culpa de Alex, la segunda, estaba siendo por su orden expresa. Yo, a cambio, no me corrí esta vez, aunque estaba tremendamente excitada.

Apenas habían acabado los gemidos de Pablo, Alex apagó la cámara y me dijo que fuera a ducharme.



- Y límpiate bien el coño, que no quiero una gota de la leche de este pichafloja.



Obedecí y volví rápido. Me encontré a los dos vestidos, sentados en el sofá. Alex con una copa en la mano. No sé de qué habrían hablado, pero Alex mostraba una resplandeciente sonrisa de triunfo.



- Silvia, ven aquí. - Ordenó.

Me hizo sentar en sus rodillas y comenzó a acariciarme los pechos ante la atenta mirada de Pablo.



- Ya he hablado con tu marido, cielo. Me lo ha reconocido todo. No sólo lo evidente. Estaba claro que en su vida había disfrutado tanto como al verme a mí empalándote. Era obvio que ni siquiera follarte después le ha gustado tanto cómo verme someterte. Pero además ha tenido la decencia de reconocer que el hecho de reírme de él en su cara, de obligarme a ver mis manos en tus tetas mientras él te follaba, también le ha vuelto loco.

Hizo una pausa para besarme. Su lengua invadió mi boca mientras yo volvía a deshacerme con las caricias que Alex regalaba a mis tetas. Miré un segundo a Pablo que nos observaba hipnotizado. El bulto que provocó en su entrepierna el verme sobada y besada así delataba lo que acababa de explicar Alex. Separó sus labios de los míos y continuó explicándome.



- Y tú preciosa... ya me ha dicho tu marido lo sorprendido que está. Lo recatada que eres normalmente... Voy a cambiar eso. Voy a cambiarte.

- ¿A qué te refieres?

Él puso un dedo en mis labios.

- Prometiste hacer todo lo que te ordenara. Y como le dijsite al cornudo hace unas horas, tú siempre cumples lo que prometes.



Volvió a besarme y siguió acariciándome. Me parecía estar cayendo en un abismo, pero me sentía muy bien.

- Tranquila, disfrutarás con todo lo que te hago. Igual que has disfrutado volviendo al apartamento en pelotas, igual que te has deshecho cuando te he metido mano en la playa. Ya verás, esta noche vas a salir conmigo a cenar medio desnuda, con una minifalda escandalosa, sin bragas ni sujetador y disfrutarás con ello. Seré yo quien elija tu ropa de ahora en adelante, os guste a tu marido y a ti o no. Y a ti te encantará que así sea.

Volvió a besarme y siguió sobándome mientras mi marido se empalmaba mirándonos. Yo no paraba de dar vueltas a las cosas. En cuanto separó sus labios de los míos le dije a mi marido:

- Pablo es verdad que...?

- Estaba muerto de vergüenza con lo ocurrido hoy. Y Alex estuvo hablando conmigo. En realidad no es culpa mía que me excite eso... y a ti no parece importarte, de modo que, ¿por qué evitarlo? Cada cosa que Alex ha hecho contigo ha sido mejor, de modo que he decidido no negarme. Y tú deberías hacer lo mismo porque...

- Pablo. - Nos interrumpió Alex-. ¿Te apetece que me folle de nuevo a tu mujer?

- Yo… -bajó la cabeza y respondió.- En realidad, lo estoy deseando.

Alex sonrió y me levantó. Me cogió de la mano y me llevó, desnuda como estaba, a la terraza. Al salir, vi que en la terraza de enfrente había un hombre de unos cincuenta años fumándose un cigarrillo.

- Coño, tenemos público. Perfecto. Me encanta ver cómo la gente disfruta viendo a los cornudos grabar a sus mujeres siendo folladas por otro. Asómate y saluda, guapa.



Yo obedecí y, en pelotas me acerqué a la barandilla y di las buenas tardes a nuestro vecino, que me miraba fíjamente.

- Permanece ahí, preciosa, disfruta dejándole verte las tetas. ¿Te gusta? - Yo asentí. El hombre sonreía y su barrigón subía y bajaba al ritmo de las caladas mientras no perdía detalle de mis tetas. Yo lo miraba y sonreía también.

- Bien. Ahora arrodíllate ante mí.

Obedecí. Me coloqué de rodillas frente a él, que se sacó la verga y me dijo.

- Mama polla, puta.

Yo acerqué mi boca a ella y la besé. Miré la cámara que sujetaba Pablo mientras lo hacía. Después lamí la punta, abrí la boca y me la introduje completamente.

- Me gusta, puta.

... Y a mí me gustaba que me llamara puta... Ni me preocupé en preguntarme por qué.

- Los huevos, zorra, lame los huevos.

Obedecí y rápido rodeé sus huevos con mi boca. Sentí su gemido de gusto y los mantuve un rato entre mis labios hasta que me decidí a lamerlos. Su tranca creció en segundos y volví a por ella. Mi lengua pasó de los huevos al tronco, recorriéndolo hasta llegar a la punta, a la que lamí, besé y succioné.

- Suficiente. Levanta y mira a tu vecino.

Dirigí mi vista donde se me ordenaba y me encontré con el hombre acariciándose la verga mientras nos miraba. Fue una sensación deliciosa. Un hombre me estaba usando para masturbarse. Alex elevó un poco la voz ahora, para asegurarse de que el hombre nos oía.



- Ahora te voy a poner mirando a Cuenca, preciosa. Te vas a poner a cuatro patas y te voy a hundir el pollón en tu coño mientras miras a la cámara. Quiero que tu marido vea y registre tu cara mientras te corres.

Me colocó frente a mi marido paralela a la barandilla. Así nuestro vecino podría ver bien la maniobra y Pablo mi rostro. Alex se colocó detrás de mí y, sin decir nada, hundió su enorme verga hasta el fondo de mis entrañas. Me costó recibir semejante aparato, pero poco a poco me fui acostumbrando, ayudada sin duda, por el suave masaje que Alex aplicaba en mis pechos. Su rabo resbalaba en mi interior y, poco a poco, fui entrando de nuevo en trance. Cuando Alex me sintió madurita, empezó a hablarme cerca del oído.



- ¿Has visto cómo se masturba el cincuentón de enfrente?

Yo miré de nuevo y lo vi, ya no acariciándose, sino masturbándose directamente.

- ¿Te gusta que se la esté machacando mientras te mira? - Yo asentí. - ¿Te gustaría que se corriera viendo cómo te someto?

- Me excita que así sea. - Reconocí.

- A partir de ahora, chicos, - continuó Alex,- sólo yo decido cuándo, cómo y con quién folla Silvia. Así que me tendréis que pedir permiso para que follar vosotros dos, ¿entendéis?



Yo gemí un sí y, sorprendentemente, mi marido también verbalizó su sumisión. Oír a mi marido aceptando semejante cosa mientras estaba empalada así era demasiado para mí y comencé a correrme otra vez.

- Tu marido me tendrá que pedir permiso para tocarte y veremos si le dejo que te folle o se tiene que conformar con un paja.- Cada frase acaba irremediablemente con la polla golpeándome hasta dentro.

- Si, cielo, serás tú quien me lo diga. Mi marido no me tocará si tú no quieres. Sobre todo si me tienes así, corriéndome 10 veces por hora.- Respondí.

- Eso es, preciosa. Dile al cornudo quién manda.

- Soy la esposa de Pablo, pero eres tú quien manda. - El pollazo que recibí me levantó las rodillas del suelo.

- Así me gusta, perrita. Dime, ¿quién es tu Amo?

- Tú- Sentencié.- Tú eres mi Amo.

El efecto de mis palabras fue demoledor. Alex volvió a vaciarse en mí y nuestro vecino lanzó chorros de semen al aire. Yo acompañé el éxtasis del que había llamado Amo con mis gemidos. Segundos después, llegó la calma y el silencio. Y poco después, Alex, salió y de mí y gritó, dirigiéndose al vecino.

- ¿Qué amigo, te ha gustado? - Éste asintió y Alex siguió - ¿Quieres probar? Estamos en el portal 8, 3ºB.

El hombre ni se lo pensó. Se levantó inmediatamente y desapareció.

- ¿Alex estás loco? No voy a dejar que me folle...¡Zas! Me soltó una bofetada. Pablo, sorprendentemente no hizo nada, casi hasta le vi disgustado por mi reacción.

- ¿Tan poco dura tu palabra? Acabo de decirte que sólo yo decidiré cuándo, cómo y con quién vas a follar y tú has aceptado. Luego me has dicho que yo soy quien manda y ahora... ¿me vienes con éstas?

Miré a Pablo pidiendo ayuda y, leyendo mis pensamientos, Alex dijo:

- Tú, cornudo, ¿llevo razón a no?

- Esta grabado, cielo, si quieres te lo enseño. Tú y yo hemos aceptado cuando ha dicho que tú follarías con quien él quisiera.

- ¿Y eso es lo que quieres, que me folle cualquiera?

- Sólo si tú quieres...

Sonó el timbre de la puerta. Los dos hombres me miraron, esperando mi reacción.
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