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Días de gloria
Author: 
Amor filial
02-Mar-2020
129
Días de gloria
Los secretos deseos de un padre y una hija los unen para siempre
Después de una aburrida clase de Derecho Comparado, Mapi se fue a la cafetería a tomarse un café. Se sentó en una mesa y se puso a tomar su hirviente bebida. Lo pidiese como lo pidiese, en aquella cafetería siempre ponían lava en vez de café.

Un par de mesas más allá había un grupito de tres chicos. Hablaban bajito, cosa extraña cuando más de dos hombres se juntaban. Mapi agudizó el oído, sintiendo curiosidad sobre lo que hablaban. Miró hacia otro lado, disimulando.

-Al final fui, tíos. Y uf, es verdad lo que me dijeron. Es como en las pelis esas de Glory hole.

-¿Pero era un tío o una tía?

-¿Qué más te da, Pedro? Sólo tienes que meter la polla por un agujerito y te hacen una manada.

-No sé. Si es un tío me daría cosa.

-Pues a mí me la chupó una mujer.

-¿Cómo lo sabes?

-Metió los dedos por el agujero. Tenía las uñas pintadas.

-¡Ja! Podría ser un mariconazo con las uñas pintadas.

-Eran dedos finos. Seguro que era una tía. Pero no me importa. La chupaba de puta madre.

-¿Se tragó la corrida?

-No lo sé. Desde luego yo en su boca me corrí. Lo que hiciera después no lo sé.

-Joder. Pues esta noche voy yo. ¿Dónde dijiste que era? - preguntó el tercero.

-En el centro. Detrás de la calle Cano. En el sex-shop que hay allí.

Cuando los chicos se dieron cuenta de que Mapi estaba cerca y podía oírlos, cambiaron de tema. Ella siguió disimulando, pero un cosquilleo recorría su cuerpo.

Mapi es la típica empollona. Chica seria, callada. Un poco tímida. Morena, de piel blanca. Monilla de cara y de ojos preciosos, aunque las gafas de pasta que lleva prácticamente los esconden. Su boca es grande, de labios gruesos y sensuales.

Su cuerpo, sin ser el de una modelo, no estaba nada mal, pero la ropa que usa no lo resalta en absoluto. En la universidad pasaba prácticamente inadvertida. Iba a lo suyo, sin relacionarse mucho con el resto de los alumnos.

Después del cafelito, esperó leyendo sus apuntes hasta la siguiente clase. Al medio día se fue a su casa a comer.

Vive sola con su padre desde que su madre murió hacía unos años. Aunque él procura echarle una mano, ella es la encargada de hacer la comida y de los quehaceres domésticos. Pero lo hace encantada. Es ahora la mujer de la casa.

Cuando su padre llegó, le dio un beso como siempre y se fueron a la cocina a comer.

-¿Qué tal el día, papá?

-Muy bien, tesoro. ¿Y tú?

-Bah, clases aburridas. Pero por lo demás, bien.

Francisco miró a su hija. Se sentía orgulloso de ella. Era una chica. Lo pasaron fatal los dos cuando murió su mujer, pero se habían repuesto y ahora eran bastante felices. Era una buena estudiante. Iba ya a segundo de Derecho. Pensó en su difunta mujer. ¡Qué orgullosa se sentiría también ella!

Después de comer, Francisco recogió la mesa y puso los platos en el lavavajillas. Mapi siempre insistía en hacerlo ella, y él siempre insistía en hacerlo él. Ella se quedaba mirando como su padre le pasaba al final un paño a la mesa.

-Listo. A ver marujeo.

Siempre se iban a ver la tele un rato después de la comida. Solían elegir algún programa de prensa rosa. Algo ligerito para pasar el rato. Francisco no tardaba en dormirse. Daba una cabezadita hasta que Mapi lo despertaba para que volviera a la oficina. Ella veía un poco más la tele para más tarde ponerse a estudiar, ir a la compra o hacer la comida para el día siguiente.

Esa tarde, se fue a su cuarto y empezó a repasar. Le vino a la cabeza la conversación que había oído a aquellos muchachos. Encendió su ordenador y buscó en google "Glory hole".

Primero encontró la definición en la en wiki pedía. Se trataba de un agujero en la pared de un lavabo o una cabina, generalmente en los sex-shops y se usaba para mantener relaciones sexuales anónimas. Generalmente sexo oral. Uno de los ocupantes metía la polla por el agujero y el de la otra parte le hacía una paja o una mamada. Aunque era una práctica más extendida entre los gays, se estaba generalizando entre la población heterosexual.

Mapi sintió un cosquilleo en todo el cuerpo. Siguió buscando y no le costó encontrar videos. En el primero que vio una chica, arrodillada en una pequeña cabina casi a oscuras chupaba una polla que salía por un agujero. Miraba a la cámara justo cuando la polla empezaba a correrse y abría la boca para que la cámara recogiese el momento en el que la lengua de la chica quedaba blanca por la leche que salía de la polla.

El coño de Mapi se le mojó al instante. Los pezones se le endurecieron. Se metió la mano derecha por dentro del elástico pantalón que llevaba y se empezó a masturbar mirando como aquella chica chupaba polla tras polla, haciéndolas correr en su boca y tragándose, sonriente, todas y cada una de las corridas.

Mapi no tardó en estallar. Con intensidad. Las piernas estiradas. En la cara una mueca de placer. Sin que el aire pasara a sus pulmones.

El video terminó. Pero Mapi seguía caliente. Cerró los ojos. Con las yemas de sus dedos siguió frotando suavemente su clítoris. Y empezó a recordar. A Julio. Ya no estaba, y seguía añorándolo.

Recordó, como si estuviera pasando en ese mismo instante, el día en que todo comenzó.

Fue un miércoles por la tarde. Había ido al súper a comprar. Compró más de lo que esperaba, y casi no podía con las bolsas. En el ascensor coincidió con Julio, su vecino de al lado. Lo conocía de toda la vida. Era un hombre de entre 45 a 50 años. Normalito.

-Uy, Mapi. Pero como vienes, mujer. Deja que te eche una mano.

-Gracias Julio. Fui a por un par de cosas y mira.

Él le cogió la mitad de las bolsas y juntos subieron en el ascensor. Se bajaron en su piso y Mapi abrió la puerta de su casa. Julio la acompañó a la cocina a dejar las bolsas. Mapi no se preocupó. No era la primera vez que Julio entraba en su casa. Además era un vecino de toda confianza.

Lo que ella no sabía eran las miradas que Julio le venía echando desde hacía mucho tiempo.

-Muchas gracias Julio.

-De nada, mujer. ¿Cómo les van las cosas?

-Muy bien, gracias. Parece que vamos superando lo de mi madre.

-Sí, fue una gran pérdida. Pero la vida sigue.

-Sí.

-¿A qué hora llega tu padre?

-Sobre las siete, más o menos. ¿Le digo algo?

-No, no. Era... por saber.

Julio la miró. No era una modelo, pero le resultaba tremendamente atractiva. Su carita seria, su piel blanca en contraste con su negro cabello, sus sempiternas gafas...

Se acercó a ella, mirándola a los ojos. Mapi no supo reaccionar. Se quedó quieta.

-Te estás convirtiendo en una mujer muy atractiva, Mapi.

-Gra...gracias Julio - respondió, sintiendo como las mejillas se le encendían.

Sintió el calor del hombre. El olor de su loción de afeitado. El corazón le empezó a latir con fuerza. Quería salir corriendo, pero sus pies no le respondían. Se quedó mirando como una mano de Julio se acercó lentamente a su brazo. Y se estremeció cuando le acarició lentamente la piel.

-Que suave tienes la piel, Mapi. Y que blanquita.

La mano siguió subiendo. Llegó a su hombro, luego al cuello y finalmente, a su barbilla. Ella miraba hacia abajo, y Julio, con suavidad, le levantó la cara.

-Tus ojos son preciosos. Es una lástima que el reflejo de los cristales casi nunca los dejen ver. Y tu boquita. Ummm, Mapi, tu boquita me tiene loco. ¿Te puedo besar?

Antes de que ella pudiese decir nada, Luis acercó sus labios a los de Mapi y la besó. Eran los primeros labios que la besaban, sin contar a los de su madre. Sintió un estremecimiento recorrerle todo el cuerpo. Julio se separó y la miró. Sonreía. Y volvió a besarla, con más intensidad que antes. Abrió sus labios y Mapi sintió la lengua lamerle los suyos. Instintivamente abrió la boca y la lengua de Julio se metió dentro.

Mapi no pudo evitar gemir, lo que dio pie a Julio a seguir. Se pegó a ella, sintiendo como sus tetas se aplastaban contra su pecho. Y Mapi sintió, en la parte baja de su barriga, la dureza de la polla de él.

Julio separó nuevamente sus labios de la boca de la chica, y la miró. Tenía los ojos cerrados y los abrió lentamente. El rubor de sus mejillas la hacía tan deseable. Sin dejar de mirarla a los ojos y de sonreír con dulzura, le cogió una mano y la llevó hasta su polla. Ella se dejó llevar la mano, sin oponer resistencia alguna. Y no la quitó cuando Julio la soltó.

-¿Notas como me pones la polla?

Mapi no contestó. Sólo se mordió el labio inferior y juntó las piernas. Notaba su coño empapado, mojando las bragas. Era la primera polla que tocaba. Se sorprendió de lo dura que estaba. La apretó con sus dedos.

-¿La notas?

-Sí. La noto.

-Está así de dura por ti.

La volvió a besar, buscando su lengua. Ella no dejaba de apretar la polla y recorrerla con los dedos. Los labios de Julio besaron sus labios, sus mejillas. Cuando llegó a su cuello, Mapi sintió unos ricos escalofríos recorrerle el cuerpo. Y se estremeció cuando le chupó con mimo el lóbulo de su oreja. El cálido aliento de Julio se extendía por todo su cuerpo.

-Sácame la polla, Mapi - le susurró.

-Yo... no sé... Julio... Yo... nunca...

-¿Nunca? - preguntó él, sorprendido.

-No.

Mapi agachó la cabeza, avergonzada. Pero Julio enseguida se la subió, tirando de su barbilla.

-No tienes que avergonzarte, Mapi.

La besó. Le quitó la mano de su polla, se bajó la cremallera y él mismo se la sacó. Sin dejar de besarla, le cogió la mano y se la llevó hasta la polla. Ahora Mapi se sorprendió de que además de dura, era suave y caliente.

-Mírala.

Ella se separó y miró hacia abajo. En su mano tenía la polla de Julio. No tenía experiencia ninguna. Era la primera polla de verdad que veía, que tocaba. Le pareció enorme.

-¿Te gusta mi polla, Mapi?

-Está tan dura.

-Arrodíllate.

Mapi obedeció. Sin pensar. Sin protestar. Simplemente, sin soltar la polla, se arrodilló a los pies de Julio. Ahora la polla le quedó frente a la cara. El corazón le latía con fuerza en el pecho. Julio le cogió la mano con la que agarraba la polla y se la movió arriba y abajo.

-Así... tócame así.

Ella miró primero a los ojos de Julio y después a la polla. Y empezó a hacer su primera paja. La humedad de su coño empezó a mojar la cara interna de sus muslos. Miraba la polla y levantaba la vista hacia los ojos de Julio, buscando su aprobación.

-Ummm, Mapi...que bien lo haces.

Ella sonrió ligeramente. Le gustó que le dijera que lo hacía bien.

-Ahora, pásatela por la cara.

Mapi se acercó y un nuevo estremecimiento invadió su cuerpo cuando la punta de la polla le rozó una mejilla. Despacito, movió la mano, haciendo que la polla subiera por su cara, pasara por su frente y bajara hasta la otra mejilla. Julio miraba, embelesado, como ella obedecía. Y como le miraba.

-¿Así?

-Ummm, sí, así. Ahora dale un besito.

Mapi juntó los labios y besó la punta de la polla.

-Aggg, Mapi... Que caliente me tienes. Ahora, saca la lengua y lame la punta.

Notó el sabor. Un suave sabor salado. Le pasó la lengua alrededor de la punta varias veces, mojándola. Sabía lo que vendría ahora, pero esperaba a que él se lo pidiese.

-Y ahora, Mapi. Chúpame la polla. Métetela en la boca.

Agarrándola por la base, ella abrió la boca y lentamente, fue metiéndose la polla dentro. Entró la gruesa punta y un poco más. Sintió la boca llena, y con la lengua la suavidad del glande. Empujó un poco más y se la sacó de golpe. Le entró una pequeña arcada.

-Despacito, Mapi. Con cuidado. Es tu primera vez. Inténtalo otra vez.

Se la volvió a meter. Lentamente se le fue entrando.

-Bien, así está bien. No más por ahora.

Tenía un poco menos de media polla dentro de la boca. La seguía agarrando con la mano.

-Ummm, Mapi... estás preciosa así, con mi polla en tu boca. Suéltala. Usa solo la boca.

Julio se quedó unos segundos mirándola. Era una imagen tremendamente erótica y morbosa. Aquella chica, arrodillada delante de él, con casi media polla dentro de la boca. Mirándole, con sus gafitas. No iba a aguantar mucho aquel placer.

-Ahora empieza a moverte. A meter y sacar mi polla de tu boca. Rodéala con la lengua. Despacito...

Se empezó a retirar, hasta que sólo la punta estuvo dentro su boca. Y volvió en meterla lentamente. Con la lengua la acariciaba.

-Agggg, Mapi...que placer. Que bien lo haces.

Le acarició una mejilla, con mimo. A ella le encantó esa caricia, señal de que lo estaba haciendo bien. Y más le gustó cuando Julio le empezó a acariciar el cabello.

-Ummm Mapi... vas a hacer que me corra. Me voy a correr en tu boquita. Te lo tienes que tragar todo. No desperdicies ni una gota de mi lechita.

Asintió. Movió la lengua alrededor de la polla y se movió más rápido. Miraba a Julio. Su expresión de placer. Como cerraba los ojos.

-Agggg Mapi...ya...me voy...a correr...no pares...sigue...sigue...sigueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee.

Ella jamás olvidaría ese momento, en el que la primera polla de su vida se corrió en su boca. Notó primero como empezaba a tener espasmos, y después un latigazo caliente que le golpeó el paladar. Después otro, y otro, que fueron llenando su boca de un espeso y caliente líquido. La polla seguía disparando dentro de su boca, que se fue llenando hasta que llegó un momento que no cabía más.

El siguiente chorro hizo que parte del semen se escapara por la comisura de sus labios. Aún en pleno orgasmo, Julio le dijo.

-Traga...traga....

Y Mapi, tragó. Antes de que el siguiente chorro de leche hiciera que más semen se escapara de su boca, tragó lo que tenía dentro. Lo sintió bajar por su garganta. El salado y ligeramente amargo sabor le llenó la boca. Y cuando dos chorros más salieron disparados, ya con menos fuerza, volvió a tragar. Siguió chupando y sorbiendo hasta que la polla dejó de manar.

Miró hacia el hombre que se acababa de correr en su boca. Tenía los ojos cerrados y no respiraba. Lentamente los abrió y sus pulmones se llenaron de aire. La miró. Aún arrodillada. Aún con su polla dentro de la boca.

-Mapi.... ha sido la mejor mamada que me han hecho en mi vida. No recuerdo haberme corrido así nunca.

Se sintió orgullosa de sí misma. Había sido su primera vez y lo había hecho bien. Se sacó la polla de la boca.

-¿Te ha gustado?

-Ha sido perfecto.

Julio vio el reguerito de semen que se había salido. Con un dedo lo recogió y lo dejó delante de los labios de Mapi. Sin decirle nada, ella lo chupó y sonrió.

-Ven aquí.

La hizo levantar y la besó, ahora con pasión, metiendo la lengua hasta el fondo de su boca. Llevó sus manos hasta su culo y se lo sobó. Le levantó la falda que llevaba y le acarició las nalgas sobre las bragas. Y cuando llevó sus manos hacia adelante descubrió lo mojada que ella estaba, le dijo:

-Ummmm, Mapi. Pero si estás empapada. ¿Estás cachonda?

-Sí.

-¿Te ha puesto cachonda chuparme la polla? - le dijo metiendo la mano por debajo de la braga y pasando un dedo a lo largo de la rajita de su coño.

-Aggggggggggg, sí.

-¿Te gustó tragarte mi leche? - le susurró frotándole el clítoris con sus dedos.

Mapi no pudo contestar. Estalló en un fuerte orgasmo que la obligó a agarrase a los hombros de Julio para no caerse al suelo. Fue intenso, arrollador. Su cuerpo se llenó de espasmos de placer y los dedos de Julio se llenaron de sus jugos. No dejó de acariciarla hasta que ella dejó de correrse.

Después, acariciándola muy suavemente, la besó aún más suavemente, apenas rozándola con los labios. Mapi tenía los ojos cerrados. Se sentía muy bien, muy a gusto. Jamás pensó que su primera experiencia sexual iba a ser así. Se había imaginado a un príncipe azul, del que estuviera locamente enamorada. Entre besos y caricias la llevaría a una gran cama y harían el amor toda la noche.

Julio sacó su mano de debajo de la falda. Se miraron. Se sonrieron. Él llevó una mano a su cara. La acarició y con el pulgar rozó sus labios.

-Eres hermosa, Mapi. Y tan tierna. Me gustas mucho.

Volvió a ruborizarse, sonriendo.

-Bueno, me voy. No vaya a ser que tu padre me pille aquí.

Lo acompañó hasta la puerta. Allí la volvió a besar antes de marcharse. Cuando Mapi cerró la puerta, pensó en lo que acababa de pasar.

Había tocado su primera polla. Y le había encantado.

Había hecho su primera mamada. Y le gustó mucho hacerla.

Había probado por primera vez el semen de un hombre. Se lo había tragado todo. Y lo disfrutó.

Le habían hecho su primera paja. Un hombre la había hecho correr con sus dedos.

Y todo aquello no lo había conseguido ningún príncipe azul. Había sido su vecino, a quien conocía de siempre. Un hombre normal. Sin saber como, había conseguido de ella lo que quiso.

No se arrepentía. Apoyada en la misma puerta de la entrada, llevó su mano hasta su coño, que seguía excitado, y se hizo una rica paja, con los ojos cerrados, recordando la sensación que la polla de Julio de produjo en la boca. Se corrió rememorando como el cálido y espeso semen bajaba por su garganta.

Cuando llegó su padre era la de siempre. Cenaron, vieron una película en la tele y se fueron a acostar.

Más tarde, en su cama, a oscuras, volvió a masturbarse. Tenía el pulgar de la mano izquierda metido en la boca. Pero no era una polla.

A la mañana siguiente desayunó, como era habitual, con su padre. Él se fue a la oficina y ella se quedó un rato más en casa. No tenía clase a primera hora.

Sonó el timbre. Fue a abrir y cuando miró por la mirilla su corazón latió con fuerza. Era Julio. Abrió.

-Hola Mapi.

-Hola Julio.

-¿Tu padre no está, no?

-Se acaba de ir.

-Lo sé. Estaba vigilando. ¿No volverá, no?

-No creo. Pero... podría haberse olvidado algo.

-No quiero arriesgarme. Mejor vamos a mi casa.

Mapi cogió sus cosas, cerró la puerta y entró en la casa de Julio. En cuando él cerró la puerta, se pegó a ella desde atrás y le restregó la ya dura polla por el culito. Le apartó el cabello y la besó en el cuello, haciéndola estremecer.

-¿Sabes a qué has venido, no?

-Ummm, sí.

-Dímelo.

-A...chuparte la polla.

-Si, a chuparme la polla. Y a tragarte toda mi leche.

-Ujum... - respondió Mapi, cerrando los ojos y derritiéndose de placer.

-Ven conmigo -le dijo, cogiéndola de la mano y llevándola al salón.

Allí, Julio se sentó en el sofá. Cogió un cojín y lo puso en el suelo, entre sus piernas, y le pidió a Mapi que se arrodillara. Ella, obedeció. Se quedó esperando más instrucciones.

-Bien, preciosa. Ahora sácame la polla.

Con dedos temblorosos, Mapi le bajó la cremallera. Metió una mano y agarró la dura polla. Le costó sacarla por la abertura, pero lo consiguió. La agarró con una mano y se quedó mirándola. El coñito le empezó a babear. Julio se puso cómodo, echándose hacia atrás.

-Bésala.

Mirándole a los ojos, Mapi acercó lentamente su boca hasta la polla. La besó, con mimo. Un besito a un lado. Otro besito en el otro lado. Sacó la lengua y lamió alrededor.

Julio ya no tuvo que decirle nada más. Ella actuó por instinto. Lamió y chupó la polla. Movió su cabeza arriba ya abajo, succionando. Se ayudaba de una mano, moviéndola a lo largo de la polla, acompasada con su boca.

Cuando Julio empezó a gemir, Mapi se sintió muy bien. Mamó con más fuerza, más rápido, arrancándole al hombre gemidos cada vez más fuertes, hasta que a los pocos minutos Julio se empezó a tensar. Mapi notó como la polla, en su boca, empezaba a tener espasmos. Eso significaba que la catarata de leche estaba en camino.

Esta vez estaba preparada. No dejó que la boca se le llenara. Cada dos chorros tragaba el espeso líquido, que bajaba por su garganta. La saboreó en su boca. La removió con su lengua. Y ayudándose de la mano, exprimió hasta la última gota de leche de aquella polla.

Durante todos esos segundos, Julio no dijo nada. Ni respiró. Se quedó mirando su polla dentro de la boca de la chica. Oyendo como ella tragaba. Sintiendo que la vida se le iba por la punta de la polla.

Cuando dejó de correrse, su pecho empezó a subir y bajar. Mapi seguía con la polla en la boca. Notaba su lengua lamer a su alrededor.

-Aggg, Mapi...Has nacido para esto. ¡Qué placer!

-¿Lo hago bien?

-Lo haces perfecto.

Julio se incorporó y la besó. Sus bocas se abrieron y se buscaron las lenguas.

-Levántate.

Mapi se levantó y quedó de pie frente a él. Julio metió sus manos por debajo de la falda, las subió hasta las bragas, las agarró y las bajó. Las llevó hasta los tobillos de la chica y se las quitó.

-Siéntate aquí - le indicó señalando con la mano.

Ella se sentó a su lado... Julio le cogió la pierna que le quedaba más cerca y la subió sobre sus muslos. Mapi empezó a respirar más fuerte.

Mirándola a los ojos, fue bajando una mano desde su rodilla, acariciando por la cara interna del muslo. La mano desapareció por debajo de la falda, pero no se detuvo. Bajó y bajó hasta llegar al coño, que la recibió con calor y humedad.

-Aggggggggg... Julio que rico... - gimió de placer cuando los hábiles dedos del hombre empezaron a recorrer la rajita de su coño.

Acercó su boca a la boca de Mapi y la besó. No despegó los labios hasta que ella estalló en un intenso orgasmo y resopló dentro de su boca.

Siguió besándola con ternura mientras ella se recuperaba.

-Me tengo que ir. Llegaré tarde a clase.

-Yo también tengo que irme a trabajar.

-¿Me devuelves las bragas?

-Ummm, nop. Me las quedo.

-¡Jo!

-Venga mujer, ponte otras.

-Está bien.

Se despidieron en el descansillo. Julio bajó en el ascensor y Mapi entró en su casa a por otras bragas.

Sentada frente a su ordenador, Mapi siguió recordando. Como aquella tarde, mientras veía la tele junto a su padre sentía el coño mojado. Deseaba que llegase la hora de que su padre se fuera a la oficina.

En cuanto él se fue, esperó cinco minutos por si las moscas y salió de su casa. Tocó el timbre de la puerta de al lado. Julio abrió. Dejó la puerta abierta. Mapi entró y Julio cerró.

Allí mismo, sin más, Mapi se arrodilló, le bajó la bragueta y le sacó la polla, que se endurecía por momentos. No se conformó sólo con chupársela. Se llevó una mano hasta su coño y se masturbó al mismo tiempo que se la mamaba.

Se corrieron a la vez. Mapi tragándose la esencia de Julio. Él, mirando a la maravillosa chica que temblaba a sus pies.

-Umm, Mapi... Desearía tener 20 años menos.

-¿Por qué?

La ayudó a levantar. La cogió por la barbilla, se la levantó y la besó.

-Por que podría llegar a enamorarme de ti.

La cogió de la mano y la llevó hasta su cama. Allí, la desnudó, despacio. Besando cada centímetro de su piel. Su boca bajó por su cuerpo hasta llegar al negro pubis. Abrió sus piernas y enterró su boca entre ellas.

Mapi no podía recordar las veces que aquella boca la hizo correr esa tarde. Julio estuvo más de una hora comiéndole el coño, descansando sólo unos minutos entre orgasmo y orgasmo.

Los meses siguientes fueron meses llenos de placer. Mapi iba cada día a casa de Julio. Le daba placer con la boca mientras ella se acariciaba. Se corría con él, bebiéndose su leche, que cada vez le gustaba más. Él le comía el coño, la masturbaba y le regalaba incontables orgasmos.

No siempre Julio de corría en su boca. A veces cuando su orgasmo estallaba, le sacaba la polla y se corría sobre su cara. Ella, sonriendo, la levantaba para recibir gustosa la caliente ducha. A Julio le encantaba correrse sobre sus gafas. Se quedaba más de un minuto mirándola así. Después Mapi se quitaba las gafas y mirando inocentemente a Julio las lamía, limpiando el semen que él le había echado. Él recogía el que le había quedado en la cara y se lo lleva a la boca. Mapi le lamía los dedos.

Muchas veces Julio de decía que no había cosa más bonita en este mundo que una linda chica pasándose una polla por la cara, sobre todo si sabías que la chica después se la metería en la boca y no pararía de chupar hasta beberse todo lo que la polla le diera.

-¿Te gusta ver cómo me paso tu polla por la carita? - le preguntaba ella.

-Agggg, Mapi... Es lo más hermoso del mundo.

En su silla rememoró, ahora con tristeza, el día en que se lo pidió. Estaban en el salón, por la tarde. Ella le había hecho una larga y sensual mamada, hasta que su barriguita recibió su cálido premio y después él la estuvo lamiendo casi media hora, hasta que ella dijo basta. Como siempre, después la abrazó y la besó con mucha ternura, haciéndola sentir muy bien, relajada, tranquila.

-¿Por qué no me has follado aún? - le preguntó.

-Mapi, yo... llámame romántico, pero pienso que la primera vez para una chica debería ser con alguien especial. Un chico de tu edad, del que estés enamorada.

Ella lo abrazó con fuerza.

-Tú eres especial para mí. ¿Es que no me deseas?

-Claro que te deseo.

-Y yo te deseo a ti, Julio. Quiero que tú seas el primero.

La besó como nunca. No se lo había dicho, pero estaba profundamente enamorado de aquella chica. La diferencia de edad, sin embargo, hacía que fuese imposible plantearse nada más que lo que tenía.

-Lo haré, Mapi. Seré tu primer hombre.

-Ya lo eres, Julio.

-Lo prepararé todo para mañana. Haré que sea un día especial para ti. Espero estar a la altura.

Desgraciadamente, ese momento no llegó. Esa misma noche Julio murió atropellado por un borracho. Cuando Mapi se enteró al día siguiente se quedó destrozada.

Le lloró en su cama muchos días. Trataba de que su padre no notase nada, pero Francisco se dio cuenta de que su hija estaba triste. Pensó que sería por su madre, por su mujer, y no le preguntó nada.

Desde ese día Mapi no había vuelto a tener relaciones sexuales con nadie. Algunas noches, en su cama, se masturbaba, siempre pensando en Julio. En las sensaciones de su polla en su boca. En el repentino calor de la corrida estallando contra su lengua. En la sensación del semen bajando por su garganta. En su lengua serpenteando por todo su coñito.

Deseaba volver a sentir todo aquello, pero nunca encontró al hombre adecuado. Ella no había buscado a Julio. Fue él el que la buscó a ella. Ninguno más se había acercado, intentado algo. No daba pie a ello. Siempre callada, enfrascada en sus libros, en sus estudios. Haciéndose cargo de su padre, de la casa.

Apagó el ordenador y siguió estudiando.

Por la noche, en su cama, se puso a pensar. En los videos que había visto, en las fotos. Aquellas chicas chupando pollas de desconocidos, Sabía que eran videos preparados, pero sobre algo real. Aquel chico había acudido a un sitio así. Le habían chupado la polla. No sabía quien. Simplemente metió su polla por el agujero y se dejó hacer.

¿Y si ella iba a ese sitio? ¿Y si entraba en una de esas cabinas? ¿Se atrevería a chupar la polla que apareciese?

Se dijo que sí. Que sería capaz de hacerlo. Que le encantaría. Meterse la polla en la boca. Mamarla hasta hacerla estallar dentro de ella. Sería sólo una polla. No sabría de quien. Si de un joven, si de un hombre maduro. Simplemente, una polla que mamar, que lamer, que chupar.

Estaba muy caliente. Se empezó a frotar el coñito, a gemir en su cama. Se veía a sí misma arrodillada delante de un agujero por el que asomaba una polla bien dura. Abría la boca y la empezaba a chupar hasta que la polla empezaba a temblar y le llenaba la boca de caliente semen. Y después de esa polla otra, y otra, y otra...

Se corrió con intensidad, como hacía mucho que no lo hacía. Después, ya relajada, ya tranquila, pensó otra vez.

No lo haría. No sería capaz. Se dijo que no se atrevería ni siquiera a entrar en el sex-shop. Y mucho menos entrar en una de las cabinas. Se moriría de vergüenza. La mirarían. Sabrían para lo que estaba allí. Todo aquello no era más que una fantasía.

+++++

Días después, estudiando en su cuarto, volvieron los pensamientos. Se sentía excitada, caliente. Buscó en internet más videos. Encontró algunos que no parecían profesionales, sino filmados por gente corriente. No pudo evitar abrir las piernas y hacerse una paja mirando la pantalla. Mirando aquellas mujeres mamando aquellas pollas.

Quería hacerlo. Lo necesitaba. Tener una polla en la boca. Sentirla en la mano. Volver a saborear aquel salado amargor de una espesa corrida en su boca. Se corrió varias veces. Y después, ya calmada, volvió a decirse que no podría hacerlo.

Cada día que pasaba pensaba más en ello. Se empezó a convertir en una obsesión. Se excitaba, miraba los videos y se masturbaba imaginando ser ella la chica de los videos. Pero después, agotada tras los intensos orgasmos, siempre se decía que no llegaría nunca a hacerlo.

Una tarde salió a comprar. Tenía que ir al centro. Una vez que terminó sus compras, recordó que el chico había dicho que el sitio aquel estaba en la Calle Cano. No estaba lejos.

"Sólo por ver como es", se dijo, dirigiéndose a la calle en cuestión.

No era una calle muy ancha. Al estar en la zona centro, era una calle de edificios antiguos. En una esquina, lo vio. Un cartel rojo, con letras negras que ponía Sex-shop. El escaparate no era muy llamativo, y la puerta estaba cerrada.

Disimuladamente, miró. La gente pasaba por delante del local sin prestarle atención. Mirando los escaparates de otras tiendas se fijo en que de vez en cuando entraba algún hombre, o salía uno. También un grupo de tres chicos, que entraron riéndose. Y se sorprendió al ver a una pareja, hombre y mujer, que también entraron.

Lo vio todo normal, natural. Cuando salían los demás transeúntes ni se fijaban.

"Entra, Mapi" - se dijo. El corazón le latía con fuerza. Sólo de pensarlo las mejillas se le enrojecieron.

"No seas tonta. Entra. No pasa nada. Sólo es para mirar"

Agarró con fuerza la bolsa que llevaba. No se atrevía. Una parte de su cerebro quería entrar. Pero la vergüenza la atenazaba.

"Si no te decides, serás siempre una reprimida, una cobarde".

Cerró los ojos. Respiró hondo y empezó a caminar hacia la puerta. Los dedos le temblaban cuando la abrió. Pero entró. Se armó de valor y entró.

La puerta daba a un amplio recibidor. Había una entrada, tapada con una cortina. Y un cartel que indicaba que dentro podría haber imágenes y objetos de carácter sexual y que sólo los mayores de 18 años podían entrar.

Ya estaba allí. Casi sale corriendo, pero se acercó a la cortina y entró.

Detrás había una sala amplia, llena de pasillos con cientos de DVD. Se fijó que estaban colocados por temas, con carteles como en los supermercados. Orgías, interracial, sexo oral, Gays... Todo bien colocadito y señalizado.

Por las paredes había vitrinas con todo tipo de juguetes sexuales. Vibradores de todos los tamaños y colores. Esposas, látigos y fustas. Posters con bellas mujeres en poses sexy.

Empezó a mirar las portadas de los DVD que tenía más cerca. De repente, se topó con los tres muchachos que habían entrado antes que ella. Y para su sorpresa, pareció que ellos se sintieron más avergonzados que ella misma. Se callaron y se dieron la vuelta.

Mapi sonrió. Siguió caminando entre aquellos pasillos. Se cruzó con la pareja, que estaban eligiendo unos DVD. Ni la miraron. Iban a lo suyo. Si la miraron algunos de los demás clientes, pero sólo eso. Ninguno le dijo nada.

Al fondo vio salir a un hombre por debajo de un arco que daba a otra sala oscura. Encima decía: "Cabinas multicanal". Despacito se acercó a aquella zona. Miró hacia dentro y vio que era un pasillo largo con muchas puertas a los lados. Cada puerta era una cabina individual para ver películas. Al fondo un luminoso con los DVD y el número de canal correspondiente. Había algunos carteles pero no podía leer lo que ponían.

El corazón no le había dejado de latir con fuerza desde que entró. Levantó la vista y miró hacia el mostrador. La dependienta, una chica, la miraba. Entonces sí sintió vergüenza de verdad. Se dio la vuelta y salió del local, sin mirar a nadie. A los pocos metros empezó a caminar más deprisa.

Fue al parking, cogió el coche y volvió a su casa. Por una parte, contenta. Se había atrevido a entrar. Le había costado horrores, pero al final, lo hizo. Sin embargo, había salido huyendo cuando la dependienta la miró.

Se rió de sí misma. "Pero mira que eres tonta, María del Pino", se dijo.

Por la noche, en su habitación no dejó de hacerse preguntas. ¿Dónde estaban las cabinas de Glory-hole? No había visto ningún cartel. Quizás se decía algo en sobre ello junto a donde se exponían las películas disponibles en las cabinas.

¿Y cómo sería el funcionamiento? ¿Cómo se garantizaba el anonimato del... mamador o mamadora?

"Bueno, eso no importa. Nunca vas a volver".

+++++

Al día siguiente, por la tarde, volvió.

No tenía nada que hacer en el centro. Fue ex profeso a aquel lugar. Revoloteó en la acera de enfrente, mirando hacia la puerta a través del reflejo en los escaparates, buscando el valor para cruzar y entrar. Cuando lo obtuvo, cruzó la calle y entró, sin mirar a los lados. Pasó por entre la cortina y empezó, disimuladamente, a mirar los DVD.

Poco a poco se fue acercando hasta el fondo. Miró, tratando de ver algún cartel. Pero estaba demasiado lejos como para leerlos. Miró hacia el mostrador. La chica no estaba.

-¿Te puedo ayudar?

Casi le da un pasmo. Dio un respingo y se giró. Allí estaba la chica. Mapi notó como se ponía roja como un tomate.

-No...No...Sólo estaba mirando.

-Ah, vale. Cualquier cosa, cualquier duda, me llamas.

-Sí, gracias.

La chica se fue.

"Ay, María del Pino. Temblando como si hubieses matado a alguien". Siguió mirando, disimulando, haciendo tiempo. Llegó al pasillo dedicado a los videos de sexo oral. Se quedó mirando todas aquellas carátulas. Chicas con grandes pollas en sus bocas. Pollas corriéndose sobre sus caras. Se empezó a excitar. Su coño se mojó y sus pezones se pusieron duros. Pero cuando otro cliente entró por ese pasillo, se giró y se fue a otro sitio.

Transcurrieron más de 10 minutos. Varias veces pasó por delante de la entrada al pasillo de las cabinas. Pero no reunió el valor suficiente para entrar. Miró hacia el mostrador, hacia la chica. Sus miradas se encontraron. La chica salió de detrás del mostrador y se acercó otra vez a ella.

-¿Qué? ¿No te decides?

-No - respondió sin mirarla.

-Me he fijado que miras mucho a las cabinas. No tienes más que ir a una, entrar, cerrar la puerta y ver las películas que quieras. Pero si es otra cosa lo que quieres...

-No no... Yo sólo...

-Ya. Sólo miras.

-Sí.

La chica se acercó a una de las orejas de Mapi le susurró:

-Si lo que quieres es chupar pollas, ven al mostrador y te explico como va la cosa.

La chica se giró y la dejó allí. ¿Se le notaría en la cara que es lo que deseaba? No podía ser. Al menos no creía que fuera así. Seguramente la dependienta la habría observado. Como miraba hacia las cabinas, sin decidirse de una vez a entrar.

Otra vez sintió el calor subirle a la cara. Se dio la vuelta, dirigiéndose hacia la salida.

"Eso eso. Corre como una cobarde. Otra vez. Huye. Se débil. No luches por lo deseas".

Sintió rabia. De sí misma. Se paró. Respiró hondo y se dirigió al mostrador. Sin mirar a la chica a los ojos, le dijo.

-¿Me lo explicas?

-Al final te decidiste. Bien. No eres la primera, ¿Sabes?

-Imagino que no.

-La mayoría son hombres. Pero cada hay vez hay más mujeres que se animan.

-¿Cuál es el... sistema?

-Allí, donde mirabas, está todo bien explicado. Hay una serie de cabinas preparadas. Son las que tienen el agujero por donde, ya sabes - le dijo, haciendo con la mano y la lengua en la mejilla el clásico gesto de una mamada.

-Sí.

No podía mirarla a los ojos. Aún luchaba por salir corriendo.

-Pues bien. Cuando alguna persona desea hacer unas ricas mamadas, entra en las cabinas contiguas a esas preparadas. Cuando cierran la puerta con llave se enciende una luz indicando que la cabina de la parte 'receptora' está ocupada, a la espera de los 'donantes'.

Mapi recordó que cuando miraba a las cabinas, algunas tenían un pilotito rojo encima.

-La única manera de que una cosa como esta funcione es asegurando el completo anonimato de los receptores. A sus cabinas no se puede entrar desde aquí, sino desde la calle de atrás, a través de otro edificio. Allí hay un telefonillo que comunica conmigo. Yo doy paso desde aquí.

La chica miró a Mapi, que al fin se atrevía a levantar la mirada.

-¿Qué? ¿Te animas?

-Uf, no sé.

-Sé que lo deseas.

-¿Se me nota?

-A la legua.

Mapi puso cara sorprendida. La chica se echó a reír.

-No, mujer. Que es broma. Piénsatelo. Aún es temprano, y no hay muchos clientes. Pero seguro que un par de pollas habrá para llevarte a la boca. Desde que una cabina se ocupa, se corre, jajaja, nunca mejor dicho, la voz.

Mapi no tenía nada que pensar. Lo deseaba intensamente desde hacía días. Sólo le faltaba el valor. Lo encontró primero para entrar al local. Lo encontró después para volver. También para hablar con la chica.

Y lo encontró para decidirse.

-Joder...lo haré. Me sudan las manos mucho.

-Es normal la primera vez. Ya verás cómo la segunda vez será mejor.

-¿Segunda vez? Si aún no tenido ni la primera.

-Jajaja. Repetirás. Todos lo hacen. Los que van a esas cabinas son gente... digamos, especial.

-¿Cómo especial?

-Sí. Les gusta el hecho en sí. Desean chupar pollas. No necesitan nada más. Es su fetiche. A mí, por ejemplo, me encanta chuparle la polla a mi novio, pero en el contexto de una relación más amplia. Cuando le hago una mamada sin más, es para darle placer. Las personas como... tú, la chupan para darse placer a sí mismas.

Mapi miró a la chica. Parecía conocerla mejor que ella misma.

-Dentro de la cabina tienes condones, pero es cosa tuya si los usas o no. Cuando el 'donante' se vaya a correr te avisará con unos golpecitos en la pared. Es una norma estricta. Si alguno no la cumple, tienes un botón que me avisa. A ese no le dejaremos volver a entrar.

-Veo que está todo muy bien pensado.

-Por supuesto. Queremos ofrecer un servicio de calidad. Jajaja.

Le dijo como llegar al portal de atrás.

-Bueno, pues...allá voy

-La siguiente vez no tienes que venir por aquí. Vas directamente detrás.

-Vale. Gracias.

-De nada, mujer. A disfrutar.

La chica se quedó mirando como Mapi salía del local. Una vez fuera, caminó por la calle, dobló la esquina y se dirigió a donde le había indicado.

Era un portal normal, de una casa normal. Entró y vio la puerta. Tenía un telefonillo. Tocó.

En el sex-shop, con una cámara, la chica la vio y le abrió la puerta. Daba a un oscuro pasillo, y después, una sala, con cinco cabinas. Todas con un piloto verde encendido, indicando que estaban libres.

"Bueno, pues ya estoy aquí. Joder. Ya estoy aquí".

Eligió una de las cabinas, abrió la puerta y entró. Cerró con llave. El piloto de esa puerta se puso rojo. El piloto de la cabina correspondiente del otro lado se iluminó.

La cabina estaba iluminada con una luz tenue. Olía a desinfectante. Y en la pared, a un metro más o menos de altura, vio el agujero. Había una silla. Se sentó en ella.

El corazón casi se le salía por la boca. Y estaba muy caliente. Notaba el coño empapado. Estaba allí para chuparle la polla a un completo desconocido.

Si es que aparecía alguna. La chica le dijo que a esas horas no había muchos clientes.

Esperó unos minutos, pero no pasaba nada. De repente, oyó como alguien entraba en la cabina. Vio movimiento a través del agujero.

Se estremeció. En unos segundos por allí asomaría una polla. Se quedó mirando fijamente al agujero, pero nada. Entonces recordó lo que había dicho aquel muchacho. También lo había visto en algunos videos. Alargó una mano y metió los dedos por el agujero. Los movió y los retiró.

Y entonces, maravillada, vio como una polla aparecía. La segunda polla que veía al natural. No era una polla enorme, pero era una linda polla. Daba saltitos de excitación. El dueño debía de estar muy caliente.

Llevó la mano hasta la polla y la agarró. Fue como si hubiese metido los dedos en un enchufe. Sintió una descarga por todo su cuerpo. Era como la de Julio. Dura, caliente, suave.

La empezó a pajear lentamente, sin dejar de mirarla. La quería ver de más cerca, así que se arrodilló delante de ella. Le quedó a la altura de la boca.

Ya no podía más. Lo necesitaba. Necesitaba volver a tener aquella sensación. La sensación de llenarse la boca con una dura polla. La abrió, la acercó y se metió la polla en la boca.

-Ummmmm oyó que gemía el hombre.

-Ummmmm- gimió ella.

Empezó a mamar, a chupar, a lamer. Estaba en la gloria, arrodillada y mamando una rica polla. La lamía y la recorría con la lengua. Los latidos de su corazón los sentía en sus sienes y en su coño.

En menos de un minuto, oyó dos golpecitos en la pared. El tipo se iba a correr. Dos segundos más y la polla se tensó en su boca. Otro segundo, y la leche de su segunda polla empezó a llenarle. Hizo tal y como le enseñó Julio. Tragar a medida que la polla se corría para no atragantarse.

Fue una buena corrida. Larga y abundante. Los últimos chorros los pudo saborear. Se sacó la polla de la boca y la exprimió desde la base con los dedos, haciendo que una gota de leche apareciera en la punta. La lamió, la saboreó y se la tragó.

La polla, ya servida, se retiró. El hombre al poco se había ido. Mapi se llevó la mano al coño y se corrió en el acto. Como hacía mucho que no lo hacía. Con el sabor de una corrida en la boca y el premio a su labor en su barriga.

Se quedó arrodillada, acariciándose el coño. Deseaba más. Otra polla para chupar.

No tuvo que esperar mucho. A los pocos minutos la puerta de la cabina de al lado se abrió. Enseguida Mapi metió los dedos por el agujero y los movió. Sintió un escalofrío cuando oyó como el desconocido se bajaba la bragueta. Se quedó mirando fijamente al agujero, sin respirar.

Y una polla enorme salió. Larga, gruesa, venosa. La agarró con la mano derecha y comprobó que sus dedos no podían abarcarla. Tuvo que abrir la boca al máximo para poder chuparla. Con los ojos cerrados empezó una lenta mamada. Quería disfrutar aquella polla. No quería que se corriese tan rápido con la primera.

Mientras se comía aquella gruesa verga, con la mano izquierda se frotaba el clítoris. Se corrió a los pocos segundos, bufando de placer con la boca llena de polla. El afortunado felado sintió como la chica que le chupaba la polla tan maravillosamente gemía, como de su boca salía una bocanada de aire caliente.

Notó como ella se sacaba la polla de la boca. Como se la pasaba por la cara. Notó algo duro. Imaginó que serían unas gafas. Aquella chica, porque parecía una chica por sus gemidos, por sus dedos, usaba gafas. Como su querida hija, Mapi.

Mapi se estaba pasando, sin saberlo, la polla de su padre por la cara. Se acababa con su polla en la boca. Se la volvió a meter, y recomenzó la mamada.

Al otro lado de la pared, Francisco gozaba de la sabia boca, sin sospechar que era la boca de su hija la que lo estaba llevando, inexorablemente, a un intenso orgasmo. Sentía la lengua, los labios, la mano. Todo trabajando en conjunto para darle el máximo placer.

Solo faltaba una cosa. Poder verlo. Poder mirar a aquella mujer a los ojos mientras le chupaba la polla. Ver como se la había pasado por la cara.

Mapi aceleró la mamada. Deseaba con todo su ser sentir como aquella gran polla estallaba dentro de su boca. Sentir bajar su corrida por su garganta. Estaba otra vez al borde del orgasmo.

Francisco se estremeció de placer. Aquella era la mejor mamada que la habían hecho en su vida. Pegó su cara a la pared. Las palmas de sus manos también, y metió todo lo que pudo la polla por el agujero.

Se empezó a tensar. Ya nada iba a impedir que se corriera. Doy dos golpecitos en la pared con los dedos y el mayor placer de su vida se apoderó de su cuerpo. Hasta la última fibra de su ser se tensó. Su polla se endureció al máximo y un potente, espeso y caliente chorro de semen salió disparado dentro de la boca de Mapi.

Ella, al sentir el poderoso chorro estrellarse contra su paladar, se corrió con él. El segundo chorro fue el segundo espasmo de su orgasmo. El tercero le llenó la boca. No había más espacio para su lengua, la polla y la corrida. Si no tragaba, el siguiente chorro se desbordaría.

Francisco, Maravillado, sintió como la chica tragaba. Se estaba tragando su leche. Eso hizo que el cuarto chorro fuera intenso, arrebatador. Apretó los dientes, los dedos, y le dio un quinto y sexto chorros de su esencia.

Y ella volvió a tragar.

Francisco se quedó con los ojos cerrados, recuperándose de un orgasmo tan intenso que hizo que sus piernas le temblaran. Su polla seguía dentro de la boca de la chica, que ahora la lamía con mimo. Y después, ella se la sacó y notó como le daba un beso en la punta.

Mapi la besó. Aquella polla le había encantado. Por su forma, por su tamaño. Por su dureza. Por su sabrosa leche. La miró, acariciándola con la mano. Y la volvió a besar.

Hasta que el desconocido la retiró. Por el agujero vio, en la penumbra de al lado, como él se la guardaba, se subía la cremallera y se iba.

Mapi había quedado satisfecha. Más que satisfecha. Había vuelto, después de tanto tiempo, a chupar, no una, sino dos pollas. Y, sobre todo la segunda, le había gustado mucho.

Se levantó del suelo, cogió papel y se limpió los labios. Con cuidado, abrió la puerta, lo que hizo que los pilotos de ambas puertas se apagaran. Miró fuera de la cabina para comprobar que no había nadie.

Con cuidado, salió de la cabina, fue hacia la puerta y salió hasta el portal. De allí, a la calle. Nadie la miró.

Contenta, feliz, se dirigió al parking, cogió su coche y se dirigió a su casa.

Francisco salió de su cabina. Aún casi flotando después del placer que la desconocida boca le había dado. Llegó a la sala de los DVD y de allí, salió a la calle. Caminó hasta su coche, que tenía aparcado a unas cuantas manzanas.

Abrió la puerta y se sentó al volante. No dejaba de pensar en lo que le acababa de pasar. Cerró los ojos. Y su mente se llenó de imágenes de su fallecida esposa, su amada Isabel.

Se había ido de repente. Su vida y la de su hija quedaron destrozadas. Les costó mucho reponerse, pero poco a poco fueron saliendo adelante. Fueron encontrando su sitio, y ahora, por fin, volvían a ser felices.

Después de morir Isabel, el sexo se terminó para Francisco. No había más mujer que ella, y ahora no estaba. Pasaron unos meses de abstinencia total. No sentía deseo. No tenía ganas de nada.

Con el paso del tiempo, el deseo regresó poco a poco. Volvió a masturbarse, en la soledad de su cama. Un día probó a mirar por internet videos eróticos, pero hacerlo en su casa no le gustaba. Estaba Mapi, su querida hija. Pensaba que hacerlo con ella allí no era adecuado.

Por eso empezó a ir a aquel sex-shop. Un par de veces por semana se metía en una cabina, se sentaba delante de la pantalla y se ponía a ver videos. Se masturbaba mirándolos. Después, relajado, volvía a su casa.

A veces había pensado en irse con alguna prostituta, pero siempre rechazó la idea. La solitaria masturbación en las cabinas era más íntimo, algo sólo suyo.

Hasta que hacía unos días instalaron las cabinas de Glory-hole. Había visto ya algún video sobre el tema. No había transacción económica. Sólo dos personas con necesidades complementarias. Una dar y la otra recibir. Sin más. Un acto totalmente anónimo.

Leyó los carteles que daban instrucciones sobre como se debía proceder. Dos días después, cuando iba a entrar en una de las cabinas para ver videos, se encendió la luz de una de las nuevas.

Entró y cerró la puerta. Por el agujero asomaron unos dedos. Excitado, se sacó la polla y la metió por allí. Sintió una cálida mano que se la agarraba. Y como esa mano le empezaba a hacer una placentera paja.

Esa primera vez la persona de al lado no se la chupó. Sólo le hizo la paja. Pero fue muy placentero y logró hacerlo correr a borbotones.

La segunda vez, dos días más tarde, sí que recibió una buena mamada, pero cuando dio los obligatorios golpecitos avisando de su inminente orgasmo, la persona de al lado se sacó la polla de la boca y lo hizo acabar con la mano.

Supo que había sido un hombre. Los dedos le delataron. Pero no le importó. No se trataba de si era hombre o mujer. Era sólo su polla, una boca y una mano.

Y ese día, hacía escasos minutos, se había corrido intensamente en la cálida boca de una mujer que se había tragado todo su semen.

Deseaba que volviera a pasar. Deseaba volverse a encontrar con aquella dulce boca.

Arrancó su coche y se fue a su casa.

Llegó antes que Mapi, pues ella tuvo que buscar aparcamiento en la calle y él dejó en coche en el garaje.

-Hola tesoro.

-Hola papi. Vengo de... dar una vuelta.

-¿Algo interesante?

-Nah. Me dediqué a mirar escaparates.

-¿Qué hay de cena?

-¿Te apetecen unos sándwiches de jamón y queso?

-Perfecto. Te hecho un mano.

Entre los dos los prepararon y después de fueron a ver la tele. Sobre las 11 de la noche, a dormir.

Mapi, en su cama, se frotaba el clítoris. En su cabeza recordaba las sensaciones de esa tarde. Las duras pollas en su boca. Los latigazos de leche estallando contra su paladar y su lengua. El semen bajando por su garganta. Recordaba, sobre todo, la segunda polla. Tan larga, tan gruesa. Rellena de una sabrosa lechita.

Unas habitaciones más allá, Francisco subía y bajaba su mano a lo largo de su dura polla. Él recordaba las sensaciones que aquella cálida boca le habían proporcionado.

Los dos, padre e hija, se corrieron prácticamente en el mismo instante, sin sospechar que los dos estaban pensando en el mismo hecho.

+++++

Dos días después, Francisco volvió al sex-shop. Entró en la zona de video cabinas, pero no había ningún piloto encendido. Se puso a ver las carátulas de las películas, haciendo tiempo.

A los 10 minutos vio con alegría que una de las luces se encendió, pero un chico se le adelantó y entró en la cabina. Tuvo que esperar más.

No mucho, sin embargo. En menos de cinco minutos el chico salió, visiblemente relajado. Sin mirarse, el chico se fue. Francisco accedió entonces a la cabina y cerró la puerta.

En seguida vio por el agujero unos dedos reclamando. Reclamaban su polla, que ya estaba muy dura. Eran dedos de mujer, pero en cuanto metió la polla y la boca de la vecina empezó a mamar, supo que no era la chica del otro día.

No lo hacía mal, pero le faltaba algo. Algo que la otra tenía. Cerró los ojos y disfrutó de la boca anónima. Notaba como su polla entraba y salía de la acogedora y húmeda cavidad. Chupaba, sorbía, sin parar. Parecía ansiosa de hacerlo correr rápido.

Francisco se dejó ir. No hizo nada por aguantar. Se relajó y dejó que la boca lo llevara en pocos minutos a un intenso orgasmo. Notó como la mujer se sacó la polla tras el primer chorro de leche y como se la pasó por la cara, recibiendo sobre ella el resto de la copiosa corrida.

Satisfecho, Francisco retiró su polla. Entonces vio una luz, un fogonazo a través del agujero. Y un ruidito. Alguien acababa de sacar una foto. Agudizó el oído.

-¿Estoy guapa, mi amor? - oyó que decía una voz femenina. Sin duda la que le había chupado la polla.

-Estás preciosa, mi vida. El tipo ese tenía la polla cargadita. Vaya lechada que te ha dado. Sonríe a la cámara - dijo una voz masculina.

Otro fogonazo de luz.

Salió de la cabina y se marchó a su casa.

++++++

Mapi luchó, pero al tercer día no pudo resistirse. Necesitaba volver a tener una polla en la boca. Necesitaba beber su caliente contenido.

Cogió su coche y se fue hasta el sex-shop. Caminó directamente hacia el portal de la parte de atrás y tocó el telefonillo. Cuando la chica la vio a través del monitor, le abrió la puerta.

Mapi entró a la zona oscura y pasó dentro de una cabina. Cerró la puerta y esperó.

La primera polla no tardó en aparecer. Se arrodilló y la empezó a chupar. Fue una corta mamada. El hombre se corrió enseguida. Al menos fue una abundante corrida que saboreó a placer.

La segunda polla duró mucho más. Disfrutó mucho chupándola, masturbándose al mismo tiempo. Se corrió dos veces antes de oír los golpecitos en la pared y que su boca se llenara otra vez de abundante semen.

Quería más. Espero por la tercera. Y deseó que fuera la del otro día. La grande y gruesa. Pero no lo fue.

La mamó con mimo igualmente hasta que le regaló su tercera ración de rico semen.

Quizás la cuarta sería la que deseaba. Pero resultó ser una polla chiquita que se corrió en cuanto la tocó. Tampoco lo fue la quinta, pero aguantó más de cinco minutos antes de correrse. Ella, durante ese tiempo, se corrió dos veces más.

Tenía que irse. Se hacía tarde. Si se quedaba y aparecía otra polla no podría resistirse, así que se limpió los labios y se marchó a casa.

++++++

Días después, tras haber visitado el sex-shop unas veces más, Francisco metió su polla en el agujero y en cuanto sintió unos labios besarle la punta de la polla, supo que era ella. Aquella chica.

Mapi, al otro lado de la pared, sonrió feliz cuando vio aparecer la polla. Su polla preferida.

"Ummm, es preciosa de verdad", se dijo antes de empezar a besarla. "La voy a disfrutar de lo lindo".

Empezó una lenta, muy lenta mamada, llena de besos y lamidas. Una mano dentro de sus bragas, acariciando su empapada rajita. La otra agarrando la dura polla por la base. Y su boca, recorriéndola sin cesar.

Francisco disfrutó de la experta boca. Se preguntó como sería ella. Cómo sería poder mirarla mientras se la mamaba. A los pocos minutos, para su sorpresa, notó que la boca de la chica resoplaba. La oyó gemir.

"Joder. Se está corriendo. La chica se está corriendo mientras me la chupa".

Se movió dentro y fuera del agujero, ligeramente, como si le follara la boca. Cuando ella terminó de correrse, siguió chupándosela. El placer que sentía no hacía más que subir y subir. Estaba llegando al punto sin retorno. Se dispuso dar los golpecitos para avisarla de su corrida, pero ella se paró. Se sacó la polla de la boca y lo dejó al borde del orgasmo, pero sin llegar a estallar.

"¿Qué? ¿Me va a dejar así?"

Mapi se quedó mirando la preciosa polla. Brillante, llena de su saliva, dando saltitos delante de sus ojos. Sabía que si le daba un lametazo se correría. Esperó

Después de un minuto, un interminable minuto, recomenzó la mamada. Francisco volvió a cerrar los ojos, a gemir con la cara apoyada en la pared. Y la volvió a oír gemir, a resoplar por la boca. Se había vuelto a correr.

Ahora le tocaba a él. Lo necesitaba. Tenía que correrse en aquella maravillosa boca. Su cuerpo se fue poniendo tenso. Su orgasmo se aproximaba.

Y de nuevo, ella se paró justo antes de que el orgasmo se disparara. Otro largo minuto pasó antes de que la boca de la chica retomara su trabajo.

La frente de Francisco se perlo de sudor. Aquella endiablada chica lo iba a matar. De placer. Lo llevó al borde de orgasmo una tercera vez. Y una tercera vez no lo dejó acabar.

Llevaba más de 20 minutos con la polla dentro del agujero. Ella se había corrido varias veces, pero no le dejaba a él sentir la liberadora explosión.

Y se volvió a repetir. Sintió el cuerpo tensarse, el orgasmo formarse. Y cuando iba a explotar, ella se sacó la polla de la boca y la soltó. Francisco se quedó tenso, sintiendo su polla moverse sola.

"Aggg no...Esta vez...no...No puedo...más"

La tensión de sus músculos siguió. Todo su cuerpo se puso rígido. Y sin que ella lo tocase, se corrió. No la pudo avisar con los golpecitos.

Mapi estaba mirando la linda polla, y de repente, la polla dio un espasmo y soltó hacia ella un impresionante chorro blanco que se estrelló contra sus gafas. La cogió desprevenida.

El segundo chorro, no. Con rapidez se metió la polla en la boca y todos los siguientes fueron tragados con gula. Tras tanto estímulo continuo, la corrida de él fue impresionante, abundante. Mapi contó hasta nueve chorros que fue engullendo cada tres.

Y lo oyó gemir. Varias veces durante su largo orgasmo. Siguió chupando incluso después de que la polla dejase de correrse. Despacito, lamiendo.

Antes de que la polla desapareciera, le dio dos besitos cariñosos en la punta.

Las piernas de Francisco le temblaban cuando salió de la cabina. Aquella chica era algo maravilloso. Jamás pensó que alguien desconocido pudiese darle un placer así.

Tenía que volver a sentirlo. No podía esperar a coincidir otra vez con ella. Corría el riesgo de no volver a sentir su boca. Se dirigió al mostrador del sex-shop.

-Hola - dijo la dependienta - ¿Puedo ayudarle?

En el monitor, fuera del alcance de la vista de Francisco, la chica vio como Mapi salía por el portal.

-Sí, verás...Uf, no sé como decirlo.

-jaja, no se preocupe. He oído de todo aquí.

-Es sobre las cabinas nuevas.

-¿Ujum?

-Acabo de estar en la nº tres

Esa era la cabina que ocupaba la chica que se acababa de ir.

-¿Algún problema? ¿Tiene alguna queja?

-No no.

-¿Entonces?

-Quisiera...

-Lo siento. No podemos darle ningún dato sobre los receptores. Además, no sé quienes son. La magia de esto es el anonimato.

-Lo sé. Lo entiendo. ¿Pero sabe quién es la chica de la cabina tres?

-Ya le he dicho que no, caballero. No sé quien es, ni como se llama, nada. Sólo viene, le abro la puerta y luego se va.

-Entonces sabe cuando viene.

-No. No tiene un día fijo. Imagino que vendrá cuando le apetezca, ya sabe.

-Sí.

Francisco se puso a pensar con rapidez. Sacó un papel y un bolígrafo. Apuntó su número de móvil y se lo dio a la chica.

-Es mi móvil. Si me llamas o me mandas un sms cuando ella venga, te compensaré.

-¿Cómo?

-30 euros cada vez que consigas que pueda estar con ella.

-Hecho. Pero no me pidas nada más. Ningún dato.

-Vale gracias.

Francisco se dio la vuelta.

-Oye - dijo la chica. Francisco se giró.

-¿Sí?

-¿Tan bien la chupa la chiquilla esa?

-Sí. Pero no es sólo por eso.

-¿A no? ¿Por qué?

-No lo sé. Tiene algo especial. No lo sé.

Se marchó y fue hacia su coche. Ahora tenía un dato más sobre su misteriosa mujer. Debía de ser joven. La dependienta la llamo chiquilla.

+++++

Pasaron dos días sin saber nada. Al tercer día, justo cuando se subía al coche para irse a su casa al salir de la oficina, le sonó el móvil. Era un mensaje que decía:

"Tu chica acaba de llegar. Cabina dos"

El corazón le latió con fuerza. La polla se le puso dura en el acto. Arrancó y se dirigió lo más rápido que pudo hacia el sex-shop. Aparcó y caminó con paso ligero hasta entrar. Encaminándose hacia la zona de las cabinas, miró hacia la dependienta. Ella le guiño un ojo y levantó dos dedos, indicándole, nuevamente, la cabina.

Con decepción vio que la luz estaba encendida. Otro afortunado estaba disfrutando de la sabia boca de la chica. Francisco se dijo que como hiciera con ese hombre lo que hizo con él, sería una larga espera.

Pero a los dos minutos, la puerta se abrió y el caballero se fue con paso ligero. Francisco tomó su lugar.

Sintió un estremecimiento cuando metió la polla por el agujero.

Al otro lado, el corazón de Mapi latió también al reconocer la polla. Era la tercera polla de esa tarde.

Y fue la última. Esa polla la dejaba saciada. Después de tragarse su abundante descarga de semen y besarla, no sintió necesidad de más. Los orgasmos que tenía mientras la chupaba eran los mejores, los más intensos, los más placenteros.

Era, sin duda, una polla especial. Contenta y feliz, abandonó la cabina y se marchó.

Francisco también se marcho, pero antes fue al mostrador a darle los 30 euros convenidos a la chica.

-Gracias - dijo él

-Gracias a ti.

Desde ese día, cada vez que Mapi iba a la cabina, Francisco acudía al ser avisado por la dependienta. Le pagaba gustoso los 30 euros

Mapi estaba también encantada. Cada vez que iba su 'querida' polla acudía. Se preguntó si el dueño de aquella ricura iba todos los días al sex-shop. O eso o era un gran casualidad que coincidieran siempre.

Poco a poco, Mapi se fue haciendo dependiente de aquella polla. Cuando era la primera que aparecía, disfrutaba más. No tenía el sabor de otra en la boca. La chupaba lentamente, disfrutando de cada instante. Y corriéndose una y otra vez, parando justo cuando notaba que el duro mástil iba a estallar. Al final él no aguantaba más y se corría. Mapi reservaba su último orgasmo para ese momento. El mágico instante en que le daba a beber su exquisito néctar.

Oía como él gemía al vaciarse en su boca.

Pero siempre, después, la polla desaparecía.

¿Cómo sería él? ¿Sería joven, mayor? ¿Alto bajo? No se preguntaba si era guapo o feo. Eso no le importaba. Sólo deseaba su polla.

Francisco se preguntaba como sería la chica. Ya sabía que era joven. Sabía que usaba gafas. ¿Sería delgada? ¿Gordita? ¿Rubia o morena? Quizás pelirroja. Lo que más deseaba, aparte de sentir su boca, era ver sus ojos. Mirarle a sus ojos mientras ella se la chupaba. Mientras ella le hacía el amor con su boca. No se preguntaba si sería guapa o no. No le importaba. Sólo deseaba su boca, sus ojos.

Una tarde, después de casi media hora de continuo placer, Francisco retiró su menguante polla del agujero. Mapi se quedó mirando como desaparecía.

Y de repente, el hombre pasó a través del agujero un papel doblado. Y se marchó. Mapi lo cogió. Allí no había mucha luz, así que salió a la calle. Estaba nerviosa. ¿Qué diría el papel? Sólo había una manera de averiguarlo. Se sentó en un banco de una plazoleta cercana y lo abrió. Estaba escrito con un ordenador.

"Hola. No sé como empezar.

Sólo se me ocurre una manera. Dándote las gracias por los intensos momentos de placer que me das cada vez que nos encontramos. Te aseguro que jamás había gozado tanto como gozo con tu boca. Como gozo en tu boca.

Sé algo de ti. Que eres una chica joven. Que usas gafas. Y que tu boca es maravillosa. Nada más.

Al principio, eso me bastaba. Pero ya no. Deseo más. Deseo... verte.

Me he vaciado en tu boca no sé ya cuantas veces. Te has bebido mi semen. He notado como tú también gozabas. Y sin embargo, me cuesta decirte lo que deseo.

Lo que deseo es poder mirarte a los ojos mientras te pasas mi polla por la cara. Poder acariciar tu cabello mientras tu boca sube y baja a lo largo de mi polla.

Sé que vienes aquí porque buscas el anonimato. Yo también. Pero desde que te conozco, bueno, desde que conozco tu boca, no pienso más que en ti.

Soy un hombre normal, de 45 años. No busco más que eso.

¿Quieres que nos veamos? Di que sí. Si te decides y cuando nos vemos te arrepientes, por lo que sea, lo entenderé. No pasará nada que no quieras que pase. SI no estás a gusto te podrás marchar, sin dar explicaciones.

He alquilado una habitación el hotel Royal. Está en la misma calle del Sex-shop, dos calles más hacia el centro. Mañana, a las siete, estaré en la habitación nº 123, esperándote.

Si no vienes, lo entenderé. Si vienes y te vas al verme, lo entenderé. Si entras en la habitación... pasará lo que tú quieras que pase.

Hasta mañana."

Mapi leyó dos veces la carta. Estaba con el corazón desbocado. Le gustaba mucho venir al sex-shop, arrodillarse delante del agujero y chupar aquellas anónimas pollas. Era fantástico, sí, pero le faltaba algo.

Precisamente lo que él decía en carta. Le faltaba el contacto visual. Le faltaban las delicadas caricias en su cara, en su cabello. Le faltaban los besos. Y los abrazos.

Aquel hombre, del que ahora sabía algo más, quería verla. Tenía la edad de su padre. La edad que tendría su querido Julio si aún viviese.

¿Podría hacerlo? ¿Podría quedar con aquel desconocido y hacer con él lo que ya había hecho tantas veces, pero mirándose?

Quería volver a sentir las cosas que sintió con Julio. Las sensaciones más allá del sexo. La ternura, el calor de unas manos, la suavidad de otra piel.

Pero tenía miedo. A lo desconocido. A que algo saliera mal. ¿Y si era un loco?

Se guardó el papel y se fue a su casa.

Esa noche, durante la cena, padre e hija apenas hablaron. Los dos tenían la cabeza en otro sitio.

Él, pensando en si ella, su chica misteriosa, iría a la cita. Si iba, en qué pensaría al verlo. ¿Y si no iba? ¿Y si no volvía a la cabina más? Por su necesidad de verla podría perderla.

En frente de él, Mapi miraba su plato de macarrones, dándole vueltas sin comer. Él podría ser un buen tipo. Necesitaba encontrar en alguien lo que tenía con Julio. Quizás él fuera ese hombre. ¿Pero y si al verla se arrepentía? ¿Y si ella no le gustaba y no volvía más? Se quedaría sin ese placer.

Hechos un mar de nervios los dos, se fueron a dormir temprano, aunque ninguno se durmió enseguida. Seguían dándole vueltas al asunto. Deseando, temiendo.

+++++

Mapi se pasó la mañana sin atender a las clases. Seguía luchando consigo misma.

Durante el almuerzo tampoco se hablaron mucho. Fue su padre el que se animó a preguntarle.

-¿Estás bien, tesoro? Te noto callada.

-Sí, estoy bien. Tú también estás callado.

-Todo va bien. Cosas de la oficina.

Se miraron a los ojos. Se sonrieron y siguieron comiendo, encerrados en sus pensamientos.

Francisco se marchó a trabajar y Mapi se quedó viendo la tele.

"¿Qué vas a hacer? ¿Vas a ir? ¿O serás una cobarde como siempre?", se preguntaba una y otra vez. "¿Qué puede pasar? ¿Que él no te guste? Si es así, no tienes más que darte la vuelta y marcharte."

Le sudaban las manos. Tenía nervios en el estómago.

"¿Y si todo sale bien? ¿Y si es un tipo agradable? ¿Y si es como Julio? Puede que sea cariñoso. Pero si no vas, nunca lo sabrás. Si no vas, siempre te estarás diciendo que eres una cobarde. Siempre te preguntarás que hubiese pasado si hubieses ido".

Eran ya las cinco de la tarde. Seguía con dudas.

"Tenías miedo de ir al sex-shop. Pero fuiste. Tenías miedo de ir a una cabina, pero fuiste. Y ahora, vas a ir. Vas a ir a conocerle. Lo que tenga que ser, será".

Se levantó, apagó la tele y se fue a dar una ducha. Después se vistió. Se puso una camisa blanca y falda. La espera hasta las 6.30 fue interminable. Se arrepintió muchas veces, pero a esa hora, cogió las llaves y se marchó.

No había estado más nerviosa en su vida.

+++++

A las 6:45 Francisco entró en la habitación 123 del hotel. También le sudaban las manos. También se sentía nervioso. No dejaba de mirar el reloj, caminando de un lado para otro de la habitación.

Las 6:50... 6:55... 6:59.

¿Vendría? ¿Aparecería? Lo deseaba con todo su corazón.

Las 7:00. Pasaron los segundos. Las 7:02.

"No va a venir. He sido un iluso, un estúpido. Ella buscaba el anonimato y yo le he pedido que se deje ver."

Las 7:05. Y nada. Francisco se dio por vencido. Volvería a su casa, derrotado. En ese momento, al otro lado de la puerta, Mapi miraba el número. Llevaba allí, de pie, casi dos minutos. Sólo tenía que levantar la mano y tocar.

Se armó de valor. Acercó los nudillos y tocó. Su corazón estaba acelerado. El corazón de Francisco se aceleró cuando oyó los golpecitos. Respiró hondo.

Los dos corazones casi se detienen cuando Francisco abrió la puerta y se encontró con la chica, cuando se encontró con su hija.

-Ma...Mapi... ¿Qué haces aquí?

-¿Papá?

Al principio ninguno de los dos entendía que hacía el otro allí. Francisco fue el primero en darse cuente. Una chica joven, con gafas. Su anónima compañera era su amada hija.

-Oh...DIos mío. Dios mío... - dijo horrorizado, dando dos pasos hacia atrás.

Mapi lo miró. Y comprendió.

-¿Eras... tú? No... No... -dijo, llevándose las manos a la cara.

Se dio la vuelta y salió corriendo. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Como alma que lleva el diablo corrió por las calles hasta su coche. Se sentó al volante y se apoyó en él. Su llanto se oía desde fuera, pero no había nadie en el parking que la oyera.

"Era mi padre. Dios mío...él es mi padre. Todo este tiempo ha sido a él al que yo... ¿Qué pensará de mí? ¿Qué clase de hija pensará que soy? ¿Cómo podré volver a mirarle a la cara?"

En el hotel, Francisco se sentó en la cama. Las piernas le flaqueaban. La puerta seguía abierta. Enterró la cabeza entre las manos.

"¿Qué he hecho? Soy un monstruo. Mi hija me.... No puede ser. ¿Qué pensará de mí? ¿Qué clase de padre seré ante sus ojos? ¿Cómo podré volver a mirarla?"

Los dos se sentían profundamente avergonzados consigo mismos. Lo que más les preocupaba era lo que el otro pensara de ellos. Mapi no se planteó que su padre acudía a ese sitio para que una desconocida le chupara la polla. Francisco no se planteó que su hija acudía a ese sitio a chuparles la polla a desconocidos.

Mapi se secó las lágrimas. Tenía que hablar con su padre. Tenía que pedirle perdón. Necesitaba su perdón. No podría seguir viviendo si él no la perdonaba.

Salió del coche y volvió al hotel.

Francisco seguía sentado en la cama. ¿Cómo volver a casa? ¿Cómo enfrentarse a su hija? No podía. No podía.

Cuando Mapi salió del ascensor y se acercó a la habitación, vio la puerta abierta. Asustada, se asomó y vio a su padre sentado en la cama, con la cabeza entre las manos. Tocó a la puerta. Él la miró.

-¡ Mapi !

-¿Puedo pasar, papá?

Francisco no pudo contestarle. Tenía un nudo en la garganta. Ella entró y cerró la puerta. Él seguía sin decir nada, sin mirarla.

Despacio, Mapi se acercó a la cama y se sentó a su lado. Los dos mirando al suelo, en silencio.

"Dime algo, por favor, papá. Grítame, insúltame, pero dime algo".

Silencio. Sólo silencio.

Mapi no soportó la tensión y volvió otra vez a llorar. Eso hizo reaccionar a su padre. Su niña estaba llorando. Había hecho llorar a su niña. Era un padre horrible.

-Mi amor. Por favor, no llores. No llores que me rompes el alma.

Ella siguió llorando. Su padre se giró hacia ella y la abrazó. Ella se estrechó a él con fuerza.

-Papá, perdóname. Por favor, perdóname

¿Qué la perdonara? Pero si él era el culpable.

-Mi vida, no tengo nada que perdonarte. Perdóname tú a mí. Lo que hice es algo...horrible.

-No papá... fui yo...

Se abrazaron con fuerza. Francisco le pasó una mano por su cabello, acariciándola. Eso fue como un bálsamo para ella. Dejó de llorar.

Estuvieron así muchos minutos. Sin decir nada. Abrazados. Francisco acariciándola con mimo.

"No me odia. Está abrazada a mí. Mi niña no me odia" - pensó Francisco, aliviado.

"No me odia. Mi padre no me odia. Me abraza, me acaricia" - se dijo Mapi.

Francisco empezó a pensar. En el por qué estaba allí. Estaba allí para encontrarse con una chica. La chica cuya boca tanto placer le había dados. La chica que se había bebido su semen tantas y tantas veces.

Esa chica era su hija. No pudo evitar que su mente se llenara se la imagen de Mapi arrodillada, con su polla en la boca, mirándole a los ojos a través de sus gafas. No pudo evitar imaginar como ella se pasaba su polla por la cara.

No pudo evitar que su polla se pusiese dura. Luchó, pero fue creciendo. Formaría un bulto en sus pantalones y ella se daría cuenta. ¿Qué clase de padre pensaría cosas como esa?

Mapi seguía abrazada a su padre. La persona que más quería en el mundo. Sentía sus caricias en el cabello. Y esas caricias la hacían sentir bien. A pesar de lo que ella había hecho, él la trataba con cariño.

Había acudido a aquella habitación para verse con un desconocido. Un desconocido cuya polla adoraba. Cuya polla había gozado chupando y mamado. Se había tragado todas y cada una de las abundantes corridas de él. Había acudido dispuesta a hacerlo otra vez. A chuparle la polla mirándole. Que él la viera hacerlo.

Esa linda, larga, gruesa y rica polla era la de su padre. El mismo que la acariciaba con ternura. Se había imaginado a ese desconocido acariciándola así, justo así, mientras le llenaba la boca de su caliente semen.

No pudo evitar excitarse. La persona que más quería la estaba acariciando con ternura, y ella imaginaba lo que sentiría al ser acariciada de esa manera mientras él, mientras su padre, se corría en su boca. Los pezones se le endurecieron. El coño se le empezó a mojar. ¿Qué clase de hija se excitaría con esos pensamientos?

Abrió los ojos, lentamente. Y lo primero que vio fue el bulto que la polla de su padre formaba en su pantalón.

"Dios mío. La tiene dura. Mi padre tiene la polla dura". El corazón le latió como loco, y sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.

Había ido allí a chupar esa polla. Fue porque lo deseaba. Sólo había tenido dudas por una cosa. Porque saliese mal. Porque aquel hombre no le gustase, porque fuera una mala persona. Por temor a que pudiese hacerle daño. Pero eso hombre era su padre. Jamás le haría daño. La quería. Y ella a él.

Su coño le palpitaba. La deseada polla estaba a su alcance. Las manos de él la estaban acariciando. A su mente volvieron las palabras de Julio, aquel primer día:"Sácame la polla, Mapi".

Sus ojos fijos en el bulto que formaba la polla de su padre.

"Pídemelo, papá. Pídeme que te saque la polla y lo haré. Te la sacaré y te la chuparé. No pararé hasta que te corras en mi boca y me tragaré toda tu leche" - pensó Mapi.

´´El no lo dijo. No habló. Siguió acariciándole el cabello.

Francisco sabía que si ella abría los ojos vería su polla dura. Tenía la cabeza apoyada en su pecho, mirando hacia abajo. Tenía ver la. Pero no decía nada. ¿Y si tenía abiertos los ojos? ¿Y si se la estaba mirando? No se iba. No le gritaba llamándole degenerado.

"Oh, Mapi, mi vida. Estoy tan excitado. Sé que está mal, pero te deseo. Deseo sentir tu boca alrededor de mi polla". Quería decírselo, pero las palabras no le salían de la boca.

Pasaban los segundos, y ninguno hacía nada. El coñito de Mapi cada vez más mojado. Los pezones le empezaron a doler de lo duros que se le habían puesto. Miró su mano. Se estaba moviendo sola. Tenía voluntad propia. Y no dejó de moverse hasta posarse sobre el duro bulto. Apretó.

-Ummmmm - gimió su padre, sin moverse.

Mapi recorrió la polla sobre el pantalón. Él seguía acariciándola. Bajó la bragueta.

-Aggggg - volvió a gemir su padre.

Metió la mano y se estremeció al tocar la polla. La dura polla de su padre. Con dificultad consiguió sacarla. Por fin la tenía delante de la cara. Esa polla tantas veces besada, lamida... La agarró y movió la mano arriba y abajo, despacito, apenas apretando.

-Mapi...dios mío...Mapi...

La cabeza de Mapi bajó lentamente, hasta que su boca llegó a la polla. La besó. El cuerpo de su padre se estremeció. La volvió a besar. Abrió la boca y se la metió, empezando una suave mamada.

Francisco cerró los ojos. Reconoció la boca, la lengua. La manera de chupar. Pero ya no era una boca anónima. Era la boca de su hija, de su amada hija, la que le arrancaba gemidos de placer. La siguió acariciando mientras la cabeza de ella subía y bajaba a lo largo de su duro mástil.

-Mi niña...que...placer...

Mapi se sacó la polla de la boca. Levantó la vista y se atrevió a mirar a su padre a los ojos.

-En tu carta decías que deseabas mirarme a los ojos mientras me paso tu polla por la cara. ¿Quieres que lo haga, papá? ¿Quieres que te mire a los ojos mientras me paso tu polla por la cara?

-Sí, sí, Mapi...lo deseo. Con todo mi corazón. Lo deseo.

Lentamente, Mapi se arrodilló en el suelo, entre los pies de su padre, que abrió las piernas para dejarle paso. Mapi miró primero la polla y después a su padre. La polla le pareció más hermosa que antes. Ahora que sabía que era la polla de su padre, le parecía más hermosa.

Sin apartar los ojos de los ojos de él, acercó la cara a la gruesa polla y se empezó a acariciar con ella. Casi sin respiración Francisco miraba como ella lo hacía. Era la imagen más erótica de toda su vida. Mapi entornaba los ojos. Apretaba la polla contra sus mejillas. La pasaba por su frente. Y cuando estaba sobre sus labios sacaba la lengua y la lamía.

La agarró por la base y con la lengua lamió en redondo la gruesa cabezota. Su padre no lo pudo resistir más. Ella notó como su cuerpo se tensaba, vio como apretaba los dientes. Abrió la boca y se metió la punta de la polla dentro.

Y estallo. La rica polla de su padre empezó a correrse dentro de su boca. Mirándose a los ojos. Cada espasmo del cuerpo de él era un poderoso chorro de leche que se estrellaba contra su paladar. Cuando el tercero se mezcló con los dos anteriores, tragó. El semen bajó por su garganta. Y saber que era el semen de su padre lo hacía parecer aún más delicioso.

Mapi tuvo que tragar dos veces más antes de que la polla dejase de correrse.

-Aggg, Mapi... mi vida. Que placer... Eres maravillosa.

Ella no dijo nada. Sólo sonrió. Se sacó la polla de la boca y se la volvió a pasar por la cara. Seguía dura. Entonces, su padre acercó una mano a su mejilla y la acarició con ternura.

-Ummmm .- gimió Mapi.

-Jamás creí que pudiese haber un placer así.

-Papá... desde que vi tu polla... no puedo vivir sin ella. Cada vez que asomaba por aquel agujero yo era feliz.

-Y yo era feliz cada vez que sentía tu boca a su alrededor.

Mapi volvió a meterse la polla en la boca. Y comenzó una segunda mamada. Su padre siguió mirándola, acariciando su cara y su cabello. Vio como ella metía una mano por debajo de su falda. Y como empezaba a gemir. El cálido aliente de esos gemidos eran suaves caricias en su polla.

Francisco disfrutó de la boca de Mapi. Y disfrutó también cuando ella, a los pocos minutos, se corrió. Vio como, con los ojos cerrados y con su polla dentro de su boca, empezaba a temblar, a resoplar por la nariz al tener la boca llena. Siguió mamando, siguió lamiendo, hasta volver minutos después a correrse intensamente.

El primer orgasmo de Francisco hizo que ahora, a pesar del intenso placer que la boca de su hija le estaba dando, el segundo orgasmo tardase en llegar. Fueron largos minutos, más de veinte, de continuas caricias de aquella gloriosa boca. Ella se corrió varias veces durante ese tiempo.

-Aggg, Papá... cómo me gusta tu polla... Dame mas leche..dame más...

-Si mi vida... Papi te va a dar más lechita. Para su niña buena...

El orgasmo fue igual de intenso que el primero, si no más. Mapi volvió a beberse con gula todos y cada uno de los espesos chorros que la polla de su padre le dio en la boca. Y se corrió con él. Gozó con él.

Quedaron agotados. Los dos con las respiraciones agitadas. Francisco miró a Mapi, que seguía arrodillada a sus pies. Se arrodilló junto a ella y la abrazó.

-Mi vida, cuanto te quiero.

-Y yo a ti, papá.

Se miraron fijamente. Francisco miró los abiertos labios de su hija. Labios que lo llamaban. Acercó los suyos y la besó. Un tierno beso de amor, no entre padre e hija, sino entre hombre y mujer.

Se besaron y acariciaron. Francisco se levantó y la hizo levantar a ella. De pie, se abrazaron otra vez. Era como si no quisieran separarse más.

Él la cogió de una mano y la llevó a la cama. Se acostaron en ella, boca arriba. Mapi puso su cabeza sobre el pecho de su padre. Él le acarició el cabello, con mimo. Mapi escuchaba el latir del corazón de él. Cerró los ojos.

Era feliz. Inmensamente feliz. A los poco minutos, estaba dormida. Su padre, también se durmió.

+++++

Mapi se despertó a media noche. Al principio no sabía en donde estaba. Entonces se dio cuenta de que estaba abrazada a su padre, en la cama de un hotel. Una cama grande, de matrimonio. Y recordó porqué estaba allí. Todo lo que había pasado.

Se incorporó y miró a su padre, que aún dormía. Con cuidado de no despertarle, se bajó de la cama y se desnudó. Volvió a subirse a la cama y le besó tiernamente.

Poco a poco Francisco se despertó. Alguien le besaba. Abrió los ojos y vio la cálida sonrisa de su hija.

-Mapi... mi amor.

Ella lo besó, con pasión. Buscó su lengua y las entrelazaron. Las manos de Francisco buscaron el cuerpo de Mapi, y cuando se dio cuenta de que ella estaba desnuda, cerró los ojos y la acarició. Su piel era suave, cálida. Y cuando sus manos llegaron a sus tetas las atrapó entre sus dedos. Notó en sus palmas la dureza de los pezones.

La hizo gemir. Y ella a él cuando llevó una mano hasta su polla y la acarició sobre el pantalón, terminando de ponerla dura.

-Papá... te deseo...

-Y yo a ti, Mapi. Con todo mi ser.

-Deseo que seas mi primer hombre. Deseo que seas tú quien me haga mujer. Hazme el amor, papá.

Francisco se sorprendió.

-¿Nunca lo has hecho?

-No. El hombre que creí que era el adecuado se fue antes de poder hacerlo. Pero ahora sé que tú eres ese hombre. No hay nadie en este mundo a quien quiera más que a ti.

El sueño de Mapi era que su príncipe azul la hiciera mujer en una gran cama, que le hiciera el amor toda la noche.

Y así fue su primera vez. El hombre que más amaba le hizo el amor sobre aquella gran cama largas horas. Gozó como no creía que se pudiese gozar, durante horas. Descasaban y volvían a amarse.

Ese día fue el comienzo de sus días de gloria.

Mapi no volvió a la cabina. Francisco, tampoco. Todo lo que deseaban lo tenían con ellos, en casa.
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