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Mi mujer, yo y...
Author: 
Confesiones
20-Oct-2019
222
Mi mujer, yo y...
De como un relato puede enriquecer la vida sexual de una pareja.
Lo que les voy a contar es algo que me ha ocurrido hace muy poco. Jamás pensé que al leer aquel correo todo pudiera desembocar en algo tan excitante. Empezaré por el principio, como debe ser. Hace unas tres semanas recibí un e-mail de una chica de mi país diciéndome lo mucho que le había gustado mi relato publicado en TR. Me sentí halagado por el hecho de que fuera una chica la que me lo dijera y aún más cuando quiso saber más de mi persona. Como es costumbre en mí, no dudé en contestarle agradeciéndole su interés por mi historia y la invité a que leyera alguna otra de mi cosecha. A todo ello añadí lo que me pedía, es decir, describí a groso modo mi vida personal y profesional. Al día siguiente volví a tener un nuevo correo de la chica aún más sorprendente. Me decía que se había puesto muy cachonda al leer otros relatos míos y que en palabras textuales se "había hecho unos dedos" mientras disfrutaba la lectura. Como ustedes podrán imaginar aquello a la vez que peculiar me puso muy excitado y no dudé en contestarle. El caso es que casi sin darme cuenta me estaba escribiendo con una chica de 28 años que mostraba un enorme interés hacia mi persona. Supe que tenía novio, que eran una pareja muy liberal y que le encantaba el sexo.

Ella por su parte descubrió que estaba casado (jamás se lo oculté), que mi vida era hasta cierto punto trivial y monótona como la de tantas parejas y que tenía una enorme afición a la escritura. A los pocos correos me pidió alguna foto a lo que yo accedí sin problemas. A su vez ella me mandó una en la que se le veía la cara tapada y aparecía con el torso desnudo. Yo no pedí una foto así pero reconozco que al verla quedé sorprendido de su belleza. Era de complexión normal, piernas bien formadas y unas tetas pequeñas pero de formas redondeadas. Me pedía insistentemente que le contara algo íntimo de mi relación de pareja y ella cada vez que me escribía me contaba más y más de sus gustos y lo excitada que se ponía cuando le hablaba del sexo que yo hacía con mi mujer. Poco a poco me fue enviando más fotos, algunas muy morbosas y sorprendentes y caí rendido a sus pies. Estaba claro que la chica estaba para comérsela y de hecho me veía a mi mismo abriendo una y otra vez las fotos que me mandaba para masturbarme pensando en ella. Evidentemente mi mujer no sabía nada de María, que así se llamaba. Al final ocurrió algo que me dejó entrever días antes. María me pidió fotos nuestras y tras gustarle mucho se ofreció a hacer un trío con nosotros. Al leer aquellas líneas sentí una mezcla de miedo y excitación. Sólo el pensar en tenerla en mi cama con mi mujer me ponía cardiaco pero por otro lado, el simple hecho de planteárselo a mi mujer suponía que me llevara una buena hostia con seguridad.

Traté el tema con sumo cuidado y cuando mi mujer y yo veíamos películas porno le decía medio en broma lo divertido que sería el meter a alguien allí con nosotros. No tardaba en decirme que estaba loco y que con dos ya éramos suficientes. Nuestra vida sexual era placentera pero como tantos otros matrimonios, los años habían hecho que la pasión del comienzo decayera y que la monotonía se apoderara de nuestras relaciones. Ella lo sabía pero no quería darle mayor importancia. De hecho sabía que jamás la engañaría con otra persona. Habíamos probado muchas cosas para "despertar" nuestra pasión pero no daban el resultado esperado. El caso es que un día le conté que una chica me estaba escribiendo en relación a mis historias y que me había propuesto algo curioso. Le enseñé fotos riéndome de la ocurrencia para crear un clima calmado y ella reaccionó bien, con normalidad pero dejando claro que jamás se había planteado hacer sexo con otra mujer. Pasaron los dias y en una cena romántica abordé nuevamente el tema. Le dejé claro mis sentimientos hacia ella pero le propuse conocer a la chica sin compromiso alguno. Más que nada lo achaqué a la curiosidad del momento y que como era muy agradable y divertida entendería nuestra postura. Ella se negó en rotundo pero tras unas copas terminé convenciéndola.

María era de otra provincia y decidió venirse a pasar unos días en la ciudad. Tenía contratado un hotel y nada más llegar, nos citamos en el restaurante del mismo.

Mi mujer estaba muy nerviosa, casi ni habló en el coche y yo estaba aún peor.

Dejamos pactado que la conoceríamos, nos contaría sus experiencias como personas civilizadas, nos divertiríamos con unas copas y…. cada uno para "su casa".

María estaba esa noche espectacular. Nada más verla me temblaron las piernas y mi mujer me echó una mirada furtiva como contemplando mis reacciones ante aquella chica de provocativo vestido. Llevaba una blusa roja de pequeños tirantes y una falda corta del mismo color. Sus pies mostraban unas sandalias de tacón y unas uñas perfectamente pintadas de color sangre. Llevaba el pelo semilargo, ojos oscuros como en las fotos y rostro sereno. El escote era pronunciado y mostraba unos pechos emergentes del tamaño justo para ser masajeados por manos expertas. Venía mostrando una sonrisa de oreja a oreja y comenzó a hablar sin el menor síntoma de nerviosismo. Manejaba la situación desde el primer momento a pesar de ser algo más joven que nosotros. Tras unos minutos de cierta tensión por nuestra parte, la conversación intranscendente dio paso a un clima agradable en el que terminamos riendo y contando mil y una historias. La copas iban de ronda en ronda y terminamos cenando en un restaurante del centro de la ciudad donde María nos contó la peculiar relación que tenía con su novio. Cada uno podía hacer lo que quisiera pues ambos estaban seguros de que con quien mejor podían estar era el uno con el otro, aunque disfrutaran del sexo con otras personas. Nos reconoció abiertamente que le encantábamos, que éramos una pareja ideal y que se nos veía felices. Terminamos bebiendo mucho más en una discoteca donde ella mostró en ciertos momentos más atención a la "presa" difícil, es decir, a mi mujer. Hubo un momento en el que fueron juntas al baño y tardaron unos minutos. No sé que hablaron allí pero la curiosidad me mataba. Al verlas salir y dirigirse a mí, me dijeron con total normalidad que nos fuéramos a casa a tomar la última copa.

Durante la cena, mi mujer le había reconocido que las chicas no le atraían y que le sería muy difícil practicar sexo con alguna. María respondió que eso le pasó a ella hasta que lo probó pero que si accedía a un encuentro íntimo con ella, se convertiría en un "hombre" para mi esposa y así hacerlo más fácil. Aquello provocó las risas de todos pero me dejó tan intrigado creo que como a mi querida mujercita.

Al llegar a casa, nos sentamos y bebimos algo más. Mi mujer no es muy dada a la bebida y era evidente que ya no estaba muy "católica". No paraba de reir y llegó incluso a cierta complicidad con María. Todo ocurrió muy deprisa.

María puso su mano en mi pierna y ante mi mirada de asombro me dio un apasionado beso. Mi mujer miró entre asombrada y complacida. Digo eso porque no reaccionó como yo hubiera pensado. Se limitó a ver la escena tal y como discurría. María metió su lengua hasta mi garganta y no dudó en poner su mano en mi paquete. Yo miraba de reojo a mi mujer y ella con rostro serio seguía dando sorbos a su vodka. María abrió la cremallera del pantalón y inevitablemente mi polla salió disparada como un resorte. Estaba más empalmado que la bandera del Estado Mayor y María empezó a chuparla sin dejar de mirar fijamente a Sandra.

Sandra no dejaba de mirar la mamada y yo, casi sin atreverme a encontrarme con sus ojos, cerré los míos.

Cuando estaba en el momento más excitado ella paró. Se sentó al otro lado del sofá y se inclinó hacia Sandra. La besó dulcemente y ella se dejó hacer. Cerró sus ojos al igual que yo y se entregó por completo a la "experta". La cogió de la mano y se levantaron con tranquilidad. Al llegar a la entrada del dormitorio María se dirigió a mí.

¿No vienes?

Si, siiiii …por supuesto….

La tumbó en la cama y con mucha parsimonia la desvistió. Yo me recosté a su lado y empecé a chupar los pezones de mi mujer. Tanto María como yo nos habíamos aliado en un pacto silencioso en dar placer eterno a Sandra. Las tetas de mi mujer eran mucho más grandes que las de María y pronto sus pezones se pusieron duros como piedras mientras ella jadeaba con cierta evidencia. María la besaba y le acariciaba el pelo con ternura y dirigía las operaciones con autoridad.

Héctor, métele la polla en la boca.

Siiiii…… así,….. cometela nena….. así……

Sandra engullía con lujuria mi tremendo pene mientras María se situaba justo al lado y me ofrecía su culito redondeado. Se disponía a comerle el coño a mi esposa mientras me ofrecía su trasero. Mis manos no tardaron en recorrer aquel trasero y a acariciar su coño poco velludo. Estaba húmedo, lo cual indicaba que tal y como me había dicho en sus correos, aquella situación la volvía una ninfómana total. Le froté con fuerza su clítoris mientras mi polla entraba y salía de la boca de Sandra. Pude ver como mi mujer se abría por entero e piernas para sentir la lengua de otra mujer chupar su "intimidad".

¡Qué coñito tienes Sandra! Ummmmm…… que bien te sabe…ummmm

Dios…… sigue amor…….. ahhhhhh……

Sandra gemía sin contemplaciones llegando a olvidar por completo mi polla pero eso no me hizo sino excitarme aún más. La imagen de mi mujer abierta, masajeándose sus propias tetonas mientras otra chica le comía el coño era impactante. Era toda una fantasía hecha realidad. Yo cambié de posición y me puse justo detrás de María. Estaba a cuatro patas u su culo mostraba haber sido jodido muchas veces por detrás ya que sin haber dilatado en ningun momento, su agujerito no estaba prieto del todo como suele ser normal. Presentaba un ligero orificio que me invitaba a entrar para disfrutar de su calidez. Tal y como hablamos en tantas ocasiones, el sexo anal la hacía disfrutar en gran medida así que me dispuse a comerle a ella el coño y a penetrar su pequeño ano.

Era todo un manjar y pronto su vagina desprendió cantidad de lubricación. Era curioso disfrutar del aroma de otro coño distinto al de Sandra. Cada una olía de forma distinta. Sandra no tardó en correrse abundantemente y se desmadejó mientras veía como mi lengua entraba y salía del chocho de María. Pronto me dediqué a su culito y mi músculo bocal entró sin dificultad en su ano. Ahora era María la que gemía y movía el culo en pequeños círculos. Justo debajo estaba la cara de Sandra que vio como mi pene se disponía a violar aquellos dos agujeros provocadores. Primero se la metí en el coño y la envestí con suavidad. Tras varias envestidas noté la mano de Sandra como me agarraba la polla y la sacaba para chupármela sin compasión. Al instante volvía a meterla de donde la había sacado. Yo estaba como loco…..

¡Fóllame el culo ya, cabrón….. no puedo más…. Fóllamelo….ahhhh…..

ummmm, métesela cariño….. quiero verlo…… ayyyyy….. métela dentro…

Fue ella mismo quien dirigió con su mano mi polla y la entrada fue más facil de lo esperado. El placer era inmenso y noté como una boca trabajaba cerca de mi polla palpitante. Era Sandra que estaba chupandole el coño a María mientras yo la envestía fuerte por el culo. Pronto tuvo que dejarlo porque me aferré a su cadera y mis movimientos eran bruscos y decididos. Se retiró a un lado y contempló la escena con ojos vidriosos. Como un poseso dirigí mi mirada a sus tetas y le agarré con mi mano mientras con la otra me apoyaba en el trasero de María. No pude más e iba a correrme…

Joder….. me voy a correr….. ahhhhh…..

Córrete en mi boca, por favor, dame tu leche…..

La saqué con rapidez y dirigí mi polla a su boca. Al instante Sandra se puso junto a ella esperando también su ración. Me masturbé unos segundos pero no hizo falta más. Era demasiado para mí ya l igual que en las películas porno las rocié de esperma por toda su cara. Fue increíble.

Nos quedamos tumbados unos minutos pero pronto la "experta" se incorporó y cogió algo de su bolso. Sandra la miraba ansiosa y yo recuperaba el aliento sin perderla de vista. Sacó un pene de plástico colocado en un arnés y se lo colocó. Al momento me acordé de sus palabras durante la cena y en pocos segundos era un "hombre" para Sandra.

La besó y sin preguntar le metió la polla de goma en su boca.

Cómetela guarra…. Vas a saber lo que es un hombre de verdad….. ahhhhh….así entera…… vamos……

Glup…… dámela……glup…….

Se habían puesto en acción sin darse un respiro y yo tumbado presenciaba aquella extraña escena. Era como si la mujer que estaba allí comiendose aquella polla naranja no fuera la misma que hacía 8 años se había casado conmigo.

Ábrete de piernas zorrita mía…..quiero metértela hasta las entrañas, venga…

Sandra levantó sus cortas piernas y mostró su sabroso coño a María. Ésta dirigió su artificial órgano hasta su cavidad y la penetró. Ví como movía hábilmente sus caderas y le frotaba sus tetas con brusquedad. A los pocos minutos le dio la vuelta groseramente y la puso a cuatro patas. Yo volvía a estar empalmado y ella se la metió de un tirón sin delicadeza alguna. Sandra soltó un chillido seguido de gemidos varios. Por primera vez veía a mi mujer follada por otra persona. Sus tetas se movían alocadas en cada empujón que le daba María y ésta le daba cachetazos en su culo gordito.

¿Quieres tú también jugar verdad? Vamos hombre anímate a follarte a esta guarrilla.

Si por favor, ahhhhhh …… follarme ya….. vamos… quiero…..

Pero mueve el culo zorra….. no dejes de darme placer en mi polla…. Así.

Era alucinante la transformación mostrada en mi mujer y yo estaba tan cachondo como ellas dos. María se situó debajo y le metió la polla de nuevo. Sandra le dejó sus tetas en la cara para que ésta disfrutara de su sabor. Yo me situé detrás y tras lubricarla con ayuda de mis dedos la penetré por detrás. Ella se tensó por un momento al sentir que yo quería entrar.

Con cuidado por favor….. con cuidado.

Calla mujer…. Y mueve tu culo sobre mi "compañero" solté casi en una voz que no sentía mía.

Estaba tan metido en la nueva situación que me excitaba pensar en que estaba dominada por dos personas. Al final logré introducirle mi polla en el interior de su agujero y noté como la "otra" rozaba casi la mía. Una ligera pared de piel separaba ambas pollas dando una sensibilidad inimaginable. Debía ser así también para ambas porque no paraban de emitir ruidos. Sandra jadeaba y se dejó caer sobre las tetas de María. De hecho creí llegar a ver como le chupaba sus pequeños y puntiagudos pezones. ¡Mi mujer comiéndole las tetas a otra!

Mis empujones eran cada vez más fuertes pero no quería que el momento acabara, así que me salí y ví como su culo había dilatado ostensiblemente.

Vamos poneros las dos a cuatro patas, quiero follaros juntas.

Mi voz decidida debió dar resultado y ambas me agasajaron con sus culos uno al lado del otro. Era una imagen curiosa. El culo de mi mujer era algo más grueso y por el contrario el de María presentaba un pene colgando hacia abajo.

Aquello no hizo más que ponerme aún más cachondo y empecé a metérsela a la una y la otra. María disfrutaba enormemente y su culo era una delicia ya que cada vez que se la sacaba se veía una enorme cavidad abierta. Terminé corriéndome en Sandra y caí rendido nuevamente. Ellas me ignoraron y seguidamente se hicieron un 69 sin timidez alguna. Terminaron llegando al orgasmo casi al mismo tiempo.

La noche había sido larga y terminamos durmiéndonos abrazados los tres. A la mañana siguiente todo volvió a empezar irremediablemente. Estábamos ansiosos unos de otros. Pero eso ya lo contaré otro día.
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