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El milagro
Author: 
Amor filial
20-Oct-2019
206
El milagro
¿Puede el sexo y el amor sanar un cuerpo? Es este relato, sí. El amor de una nieta por su abuelo lo sacarán del abismo
Sonó el teléfono. Susana cogió el auricular. Era su amiga Pili.

-Susana. Notición. Esta tarde Pedro y sus amigos van a estar en el centro comercial. Ya te estás poniendo guapa y vamos a menear el culo delante de ellos.

Pedro era un chico a que gustaba mucho a Susana. Y su amiga Pili lo sabía.

-No puedo. Me tengo que quedar cuidando a mi abuelo.

-Joder tía. No vamos a tener una oportunidad como esta.

-Que no puedo, de verdad.

-Mierda. Bueno, me pasaré luego a hacerte compañía.

El abuelo, de Susana era viudo desde hacía años. Hacía pocos meses había tenido una embolia y tenía la mayor parte del cuerpo paralizado. No podía hablar. Los padres de Susana se habían hecho cargo, trayéndolo a vivir con ellos.

Los médicos les habían dicho al padre de Susana que no tuviesen muchas esperanzas. Que lo de su padre había sido muy grave. Pero que nunca se sabía con esas cosas. Que el cerebro humano a veces los sorprendía. Que seguramente ya nunca sería el de antes. Pero que quizás, con suerte, recobraría parte de movilidad y hasta el habla. Pero que nos sabían cuando. Que la cosa sería muy lenta.

Pero el tiempo pasó y su abuelo no mejoraba.

Entendía las cosas, porque se comunicaba con los ojos, con la mirada. Eso lo hacía aún más duro. Se daba cuenta de su lamentable estado.

Siempre fue un buen abuelo. Susana sentía mucha pena por él.

Por la tarde, Susana estaba sola con su abuelo. Llegó Pilar.

-Joder, tía. Vaya mierda. Perdernos lo del centro por cuidar a esa lechuga.

-Vete a la mierda, Pili. Que es mi abuelo, coño. Además, aunque el pobre no pueda hablar si que puede oír.

-¿De veras?

-Sí. Hace señas con los ojos.

Estuvieron hablando de chicos en el salón. De vez en cuando Susana se levantaba e iba al cuarto en donde estaba su abuelo a ver si todo estaba bien. Una de las veces, Pili la acompañó.

Se quedó mirando al abuelo de Susana. Quieto, sin decir ni una palabra. Lo único que movía era los ojos. Y su pecho, al ritmo de su respiración.

Susana y Pili eran amigas desde hace tiempo. Susana la conocía bien. Pero a veces tenía cosas de loca. Hacía cosas que la sorprendían, sin venir a cuento. Como la vez que le hizo un calvo a unos chicos desde el coche. Luego se rieron las dos, pero Susana pasó miedo. Temía que los chicos se metieran con ellas.

Y allí, mirando al abuelo de su amiga, no se le ocurre otra cosa que preguntarle:

-Oye, Susana...¿Se le pondrá dura al viejo?

Susana estaba acostumbrada a sus salidas de tono. Aún así, la miró con los ojos como platos.

-¿Pero que dices, loca? Ya te dije que puede oír.

Pile se acercó al hombre, que la seguía con los ojos.

-¿Qué, abuelo? ¿Se te pone la polla dura aún?

-Pilar, joder. Déjalo en paz, coño. No seas burra.

-Jajaja. ¿No ves que no dice nada?

Pilar se acercó. El abuelo de Susana descansaba sobre una cama especial para evitar que se llagase debido a la falta de movimiento. Vestía un pijama largo.

Lo que hizo Pili a continuación cogió tan por sorpresa a Susana que no pudo reaccionar en varios segundos. Le bajó los pantalones a su abuelo y empezó a acariciar su flácido miembro. Los ojos del hombre parecían querer salirse de las órbitas.

-Venga, abuelete. Seguro que no esperabas que una jovencita te tocara la polla hoy, eh? jajaja.

Cuando Susana pudo al fin reaccionar, se acercó echa una furia hacia su amiga. Lo que acabada de hacer era demasiado.

Pili notó que el pene del hombre empezaba a cobrar vida, a endurecerse.

-Jajajaja. Susa...la po..

No pudo seguir. Susana la cogió con fuerza del pelo y tirando de ella la sacó de la habitación.

-Pili, eres una hija de puta, te has pasado de la raya.

-Joder, tía, que era una broma. Además, al viejo le ha gustado. Se le estaba levantando.

-Calla loca del demonio.

La llevó a la puerta y la empujó fuera de la casa.

-Joder, Susana. Que era broma tía.

-Vete a la mierda.

BLUM.

Le cerró la puerta en las narices. La oyó rezongar detrás de la puerta, pero pasó de ella. Le latía el corazón con fuerza. Tenía ganas de matar a esa estúpida. Se fue al salón a calmarse.

Se sentó un minuto. Y después fue a ver como estaba su abuelo. Cuando entró en el cuarto, se quedó sin habla.

Su abuelo tenía una tremenda erección. Su polla descansaba sobre su barriga, sobre el la parte de arriba del pijama. La parte de abajo estaba bajada, como la había dejado la loca de Pili.

Susana no sabía que hacer. No podía dejarlo así. A ver como se lo explicaba a sus padres. Se acercó, mirando aquella cosa dura, y a los ojos de su abuelo, que la seguían. Se quedó de pie junto a él.

-Joder...abuelo..lo siento. Esa loca de Pilar...

Lo miró a los ojos. Estaban clavados en ella. Volvió a mirar la polla. Con miedo acercó sus manos al pantalón del pijama y lo subió, intentando tapar aquello, pero al estar apuntando hacia arriba, se salía del pantalón.

-Joder, Joder. Joder.

Volvió a bajar el pantalón. Tendría moverle la polla, bajársela y subir el pantalón. Con cierto reparo y un poco de asco, la cogió con dos dedos como si fuera una rata muerta y la levantó para doblarla hacia abajo.

Pero sólo con los dos dedos no fue suficiente y se le escapó.

-Coño.

Miró a su abuelo. Seguía mirándola. Lo volvió a intentar, pero esta vez la cogió con toda la mano. Se sorprendió de lo caliente y dura que estaba. La bajó y subió el pantalón.

Al fin había quedado dentro. Pero el pantalón era ligero y aquello parecía una tienda de campaña. Todos se darían cuenta.

Podría decirles que ella no sabía nada. Que la polla se podría haber puesto así sola. Pero eso nunca había pasado. Ocurrió estando sola con ella. Pensarían cosas raras.

-Abuelo...haz que se baje...tu...cosa...no pueden verte así.

Pero su cosa no se bajó. Siguió abultando dentro de los pantalones. Y sus padres no tardarían en volver. Tenía que buscar una solución, y rápido.

La experiencia sexual de Susana con el sexo opuesto era escasa. Besuqueos y algún que otro toqueteo sobre la ropa. A uno de sus novios, tras ponerse muy pesado, le hizo una paja. Después de terminar, recordó que a polla del chico se había aflojado.

"Tienes que cascársela al abuelo", se dijo.

-Mierda...jodía Pilar. La voy a matar.

Bajó los pantalones. La polla saltó y volvió a quedar sobre la barriga. Miró a su abuelo a los ojos.

-Mira..de esto ni una palabra a nadie, eh?

Cuando se dio cuenta de que él no podía hablar, se arrepintió de haberlo dicho.

-Lo siento abuelo. Perdóname. Pero estoy muy nerviosa.

Agarró la polla, apretándola. Caliente, dura, suave. Como hiciera con aquel chico, empezó a mover su mano arriba y abajo. La polla se puso aún más dura.

Aumentó el ritmo de su mano. De vez en cuando lo miraba. Él la miraba, pero entornaba los ojos.

"Joder, le estoy haciendo un paja a mi abuelo. Y parece que le gusta".

Ella le sonrió. Ya que había llegado hasta aquí, al menos que el hombre disfrutara. Se esmeró con la mano. Subía, bajaba, apretaba. Con el pulgar frotaba el capullo, del que empezó a salir un líquido transparente.

Estaba mirando la cara de su abuelo, sonriéndole, cuando sintió como la polla se ponía rígida y algo caliente y húmedo cayó en su mano. Miró. De la polla de su abuelo estaba saliendo semen a borbotones. Se quedó mirando, como hipnotizada. Sólo la polla palpitaba. El resto de cuerpo seguía sin vida.

-Uf, abuelo..vaya corrida. Se ve que hace tiempo que no descargabas.

Salió corriendo con la mano llena de semen al baño y volvió con toallitas húmedas para limpiarlo todo. La polla ya se había empezado aflojar

-Menos mal, abuelo. Menos mal.

Ya floja del todo, la bajó y subió los pantalones.

-Bueno, abuelo, como nuevo.

Sin dejar de sonreír lo miró. Él también la miraba. Susana no había visto esa mirada en su abuelo. Sus ojos parecían...felices. Era una mirada agradecida.

Ella se sintió bien. Se dijo que lo que había hecho por su abuelo no era tan malo, después de todo. Parecía feliz, dentro de lo que cabe.

Se agachó sobre él y le dio un beso en la frente.

-¿Será nuestro secreto, vale?

En ese momento llegaron sus padres. Salió corriendo a tirar las toallitas y fue al salón.

-¿Qué tal el abuelo, Susana?

-Ah... muy bien...como siempre.

-Gracias por cuidar de él.

-De nada, papi.

Su padre la abrazó y le dio un beso. La quería mucho, y ella a él.

Al día siguiente, Pili la llamó, pero Susana no quiso saber nada de ella. La castigaría unos días, por capulla.

Siguió con su vida, y se olvidó del asunto. Días después, sus padres tenían que volver a salir y le pidieron que cuidara al abuelo otra vez.

-No hay problema, papi.

-Eres un sol.

Se puso a ver la tele. De vez en cuando, le echaba un ojo a su abuelo. Todo parecía normal. Una de las veces entró para darle agua.

-¿Tienes sed abuelo?

Con los ojos le dijo que no. Luego la miraba a ella, y miraba hacia abajo. La miraba a ella, y luego hacia abajo. Susana miró. Había un gran bulto en su pijama

-¡ Abuelo !

Su abuelo estaba otra vez empalmado. Él la miraba fijamente. Había súplica en esa mirada

-Ummmm, abuelo...¿Quieres que te haga otra paja?

Él parpadeó una vez. Eso era un sí.

Ella quería mucho a su abuelo. Su vida era penosa en esos momentos. Y si eso le daba placer, qué coño! Le bajó el pantalón. La dura polla apareció.

Ahora Susana se fijó mejor en aquella polla. No estaba mal. No es que ella tuviese más experiencia que la de aquel chico, pero la de su abuelo parecía un poco más grande. La cogió y lo empezó a masturbar. Le gustó la sensación de tener la dura polla en la mano.

Juan cerró los ojos. saboreando ese especial placer que su nieta le estaba dando. Sentía su cuerpo. Sentía la cálida mano subir y bajar a lo largo de su dura polla. Pero no podía moverlo. Llevaba meses luchando con toda su voluntad, pero su cuerpo no le respondía.

Y ahora, ese bello ángel le regalaba unos momentos de placer. Unos momentos en que se olvidaba de todo, y sólo sentía. Siempre quiso mucho a su nieta y jamás pensó que lo que ella estaba haciendo llegaría a pasar. Como jamás pensó que se vería postrado en una cama.

-¿Lo hago más rápido, abuelo?

Cerró los ojos una vez. La mano de su nieta se movió con más celeridad.

Tenía ganas de gemir, de expresar el placer que sentía, pero su cuerpo no respondía. Sólo sentía.

El orgasmo llenó su cuerpo de placer, y las manos de su nieta, se semen, que luego ella, con delicadeza, limpió.

Él sonreía, aunque sabía que su rostro no lo reflejaba. Pero sus ojos si lo hacían. Y Susana lo entendió.

-¿Te ha gustado, abuelo?

Un parpadeo.

-¿Te sienta bien, verdad?

Un parpadeo.

-Me hace muy feliz poder hacer esto por ti.

Le dio un beso en la mejilla y lo dejó descansar. Se fue al salón a ver la tele.

Allí pensaba en lo que había hecho. ¿Qué mal había en darle un poco de placer a su amado abuelo? No vio nada malo. Lo hizo con gusto. Y si él se lo volvía a pedir, lo volvería a hacer.

Cuando iba a verlo y sus padres estaban en casa, notaba que él la miraba con complicidad. Ella le sonreía.

Un par de días más tarde, su madre le dijo que le tocaba, nuevamente, cuidar de su abuelo.

-Vale mami.

-Tu padre te está muy agradecido por ser tan buena con el abuelo. Las chicas de hoy en día son más...raras con estas cosas

-Que no es nada, de verdad. Que lo hago con mucho gusto. Quiero mucho al abuelo.

-Y él a ti. Lástima que el pobre esté en ese estado.

-Ya verás como mejorará.

-Eso espero, hija, eso espero.

Cuando la dejaron sola, esperó un rato prudencial y fue al cuarto de su abuelo. Entró sonriendo.

-Hola abuelito. Estamos solos.

Se acercó al hombre, que la miraba. Se adivinada ternura en esos ojos. Susana miró su entrepierna. No estaba erecto, pero aún así llevó su mano y empezó a acariciarlo. Notó como la polla se endurecía gracias a sus caricias. Metió la mano por debajo del pijama y la agarró.

-La tienes caliente - le dijo - me gusta como crece en mi mano.

Esta vez le hizo una lenta paja, con dulzura, sin prisas. Para que él la disfrutara. Le sonreía mientras le daba placer. Le preguntaba que si le gustaba, que si iba más rápido o más lento. Él le respondía con parpadeos.

Juan no dejaba de mirar a su linda nieta, sintiendo su mano darle ese especial placer. Quería ver como ella lo acariciaba, pero su cuello no le respondía. El placer le llegó con suavidad, aumentando de intensidad. Su nieta se dio cuenta de que se iba a correr y aumentó la velocidad de su mano. Si estuviera sano, en estos momentos su cuerpo se estaría tensando, poniéndose rígido antes de estallar de placer, antes de llenar de caliente semen la mano de ese ángel.

Algo pasó. En el clímax del orgasmo, notó que los dedos de sus pies se agarrotaban. Por primera vez desde que aquel fatídico día, parte de su cuerpo respondía.

Susana miraba como su abuelo se corría sobre su mano. Como su dura polla palpitaba. El caliente semen bajaba por su mano, por la polla, hasta el pubis.

-Así abuelito... sácalo todo - le decía, animándolo.

Se dio cuenta de que aquello le empezaba a gustar. Que empezaba a sentir algo de excitación. Ya no era sólo por su abuelo. También a ella le agradaba. Al fin y al cabo, era una jovencita que tenía una dura polla en la mano.

Miró, sin dejar de sonreír, a su querido abuelo. Se puso seria. Su abuelo tenía los ojos llenos de lágrimas, los cerró y dos cayeron por sus mejillas.

-Abuelo.¿Estás bien?

Un lento parpadeo. Esta bien. Estaba muy bien. Quería decirle que lloraba de alegría. Que sus dedos se habían movido. Que gracias a ella su cuerpo había respondido. Pero no podía hablar. Sólo la miró, y parpadeó un 'sí'

Susana le secó las lágrimas y luego lo limpió. En vez de irse al salón, se quedó un rato más con él. Si hubiese mirado a sus pies, hubiese visto como, bajo la sábana, algo se movía. Juan estaba moviendo voluntariamente sus dedos. Quería gritarlo. Pero no salían sonidos de su garganta.

Al ratito, cuando su abuelo se durmió, Susana volvió al salón. No había nada interesante en la tele. Empezó a recordar la sensación que la dura polla de su abuelo le producía, la manera en que su leche brotaba, cayendo sobre su mano. Se empezó a excitar. Llevó su mano derecha debajo de su falda y se acarició sobre la braguita. Cerró los ojos y se masturbó hasta llegar a un placentero orgasmo.

Cuando sus padres llegaron, la saludaron y después fueron a ver como estaba el abuelo. Susana oyó que su madre lloraba. Se levantó asustada y corrió a ver que pasaba. Encontró a su madre abrazada a su padre. Su padre también tenía lágrimas en los ojos.

-¿Qué pasa? ¿Qué pasa?

-Tu abuelo...mira.. - le dijo su padre señalando los pies de su abuelo.

Los dedos se movían. Se tensaban y se relajaban. Los ojos de Susana también se llenaron de lágrimas. Miró a su abuelo. También lloraba. Como cuando ella...

"Oh! Díos mío...¿Será por..? No puede ser...".

Ese día, los 4 fueron felices por primera vez en muchos meses.

Antes de irse a dormir, Susana fue a darle las buenas noches a su abuelo. Le dio un beso en la mejilla.

-Buenas noches, abuelo. Te quiero mucho.

Acostada en su cama, empezó a pensar. Quizás sólo había sido una casualidad. Una coincidencia. Pero cabía la posibilidad de que no. De que sus 'cuidados especiales' hubiesen despertado algo en el cerebro de su abuelo. De que algo se hubiese vuelto a conectar dentro de su cabeza. Se preguntó que si seguía así más cosas se arreglarían. Se dijo que aunque no lo hicieran, al menos le daría a su abuelo ratitos de placer.

Se durmió con un sonrisa en los labios.

Tuvo que esperar dos días para volver a quedarse sola con su abuelo. Fue a su cuarto.

-Hola abuelito. ¿Aún puedes mover los dedos?

Miró y vio con alegría que los movía.

-Bien... no sé si será por los mimitos que te hago o no, pero vamos allá...si quieres.

Un parpadeo.

Le bajó los pantalones un poco y empezó a acariciarlo. La polla fue tomando forma, llenando su mano. Y ella se empezó a mojar. Sus pezones se fueron poniendo duros.

-Abuelo...me gusta tocar tu polla. Es muy caliente y durita. ¿Te gusta que te haga pajitas, verdad?

Un parpadeo.

Susana pensaba que si lo de los pies era consecuencia de lo que ella hacía, si lo excitaba más el efecto sería mayor, si lo había. Además, ella se estaba poniendo cachonda de verdad, y sus palabras la excitaban.

-Y a mi hacértelas. Venga. abuelito...córrete para mí.

Agarró con una mano sus testículos y con la otra lo pajeó, mirándole a los ojos. A través de los ojos adivinó el momento del orgasmo. Instantes después sintió los espasmos de la polla y miró como la eyaculación fue más fuerte que otras veces.

-Ummm así...así....dámela toda abuelito...toda para mí.

Las palabras de su nieta lo había llevado a un alto grado de excitación. El placer que sintió fue muy intenso, maravilloso. Quiso gritar, pero no pudo. Sólo un ronco gemido salió de su garganta. El primer sonido que emitía en meses.

-Vaya...buena corrida, abuelo. Mira como me has dejado las manos.

Le mostró sus manos llenas de su semen. Aquella preciosa chiquilla era maravillosa. Quería abrazarla, comérsela a besos.

Susana lo limpió con dulzura, diciéndole que iba a continuar con el 'tratamiento'. Estuvo un rato más con él hasta que se durmió. Luego se fue al salón. Aún estaba caliente. Aún sentía humedad entre sus piernas. Se volvió a masturbar, recordando la polla de su abuelo corriéndose, recordando el cálido semen en sus manos. Recordando como él la miraba.

Después, relajadita, recordó que él había gemido. Se sorprendió de que no se hubiese dado cuenta en aquel momento. Lo encontró natural, gemir de placer al correrse. Ella lo acababa de hacer. Pero en su abuelo no lo era.

"Joder. Joder...Funciona...Lo que le hago al abuelo funciona".

Pero no podía decírselo a nadie. Nadie lo entendería. Y todo podría ser casualidad. Podría ser que su abuelo se estuviese recuperando solo.

La mañana siguiente, estaban en la casa ella, su madre y, por supuesto, su abuelo.

-Susana, voy al super. No creo que tarde mucho.

-Vale mami.

En cuando su madre se fue, corrió a ver a su abuelo.

-Hola abuelo. Vengo a darte tu tratamiento - le dijo dándole un beso en la mejilla y acariciando su polla. Se puso dura al tiempo que su coño se mojaba. - ¿Sabes? Se me moja el coñito al tocarte la polla.

-mmmmm - fue un suave gemido.

-Sí abuelito...me pongo yo también cachonda.

-mmmmm

Los pezones los tenía como piedras, duros. Se marcaban tras la fina tela se su camisa. Vio que su abuelo los miraba.

-¿Ves? Me has puesto los pezones duros.

La miró a los ojos.

-mmmmm

-¿Quieres verme las tetas?

Un parpadeo.

-No. Con los ojos no. Dímelo.

-Mmmmm Mmmmm mmmmmm

Juan gritaba que sí, que quería ver esas dos hermosas tetas. Pero sólo le salían sonidos guturales.

-No te preocupes, abuelo. Vayamos despacito. Tranquilo.

Se quitó la camisa. No llevaba sujetador pues no le hacía falta. Sus dos bellas tetas quedaron a la vista. Juan las miró. Eran preciosas. Turgentes. Parecían duritas. Quería tocarlas, besarlas, lamerlas. Sólo pudo mirarlas.

-¿Te gustan mis tetas? Mira mis pezones, que duritos están.

-Mmmmm

La polla palpitaba en su mano. Aumentó el ritmo de la paja.

-Ummm abuelito...que dura la tienes hoy...Tengo el coñito chorreando. ¿Sabes una cosa? Después de que te corras yo me haré también una pajita, pensando en tu polla.

-Mmmmmm

Quería excitarlo, que gozara. Que el orgasmo fuera arrollador. Que su cuerpo reaccionara. Como el de ella estaba reaccionando.

Juan miraba como las tetas de su nieta se movían al ritmo de su mano. Eran tan bellas, tan hermosas. Susana se dio cuenta de que las miraba.

-Ya veo que te gustan. ¿Me las quieres tocar? Me encantaría sentir tus manos acariciármelas. Que me pellizcaras los pezones para que vieras que duritos se han puesto por ti.

Aquellas palabras no sólo encendían a su abuelo. La encendían más a ella. Las decía para él, para que reaccionara, pero hacía que ella se pusiera más cachonda. Que moviera su mano con más decisión a lo largo de la polla. Que frotase sus muslos entre si, sintiendo un cálido placer.

Juan intentaba mover sus manos. Nada. Seguían muertas. Susana notaba en los ojos de él la frustración.

-Tranquilo, abuelo. No pasa nada. Tú disfruta....deja que tu cuerpo responda poco a poco.

Ella notó que la polla empezaba a tener espasmos. Su abuelo se iba a correr. Aquella polla iba a estallar otra vez.

-¿Quieres correrte en mis tetas?

-MMMMMMMMMMM

Acercó las tetas a la polla, dirigiéndolas hacia ellas, rozándola con ellas. En la postura que Juan estaba, sin poder mover la cabeza, no podía verlo. Su vista no alcanzaba a verlo, pero lo sintió. Sintió el roce de la caliente y suave piel de las tetas de Susana, y estalló como nunca. Susana dirigía los calientes y potentes chorros de semen contra sus pechos. La sensación le encantó. Y el cuerpo de su abuelo se movió. Los músculos de la espalda se contrajeron y ésta se separó unos segundos del colchón.

-Así abuelo, así...Córrete en mis tetas, abuelito. Llénamelas de tu lechita caliente.

-mmmmmm agggggg

Después del fuerte orgasmo, Juan quedó con la respiración agitada. El placer había sido maravilloso, pero sobre todo, lo que más recordaría sería como su espalda se había arqueado.

Susana se incorporó.

-Mira como me has dejado las tetas, pillín.

Ahora pudo mirarlas. Estaban cubiertas de semen. Varios chorros las cruzaban. Uno de sus pezones estaba completamente tapado. Miró como ella llevaba sus manos a sus tetas y se las acariciaba, esparciendo su semen como si fuera crema hidratante.

-Hoy no te tengo que limpiar mucho. Toda la leche me la has echado en las tetas - le dijo, sonriendo.

Se fue a lavar y luego regresó. En ese momento, oyó como su madre regresaba del supermercado. Se acercó a la oreja de su abuelo

-Ahora voy a mi cuarto a hacerme una pajita recordando mis tetas llenas de tu leche.

Le dio un suave beso en los labios y se marchó directamente a su cuarto. Se acostó en la cama y se masturbó con furia. Se corrió varias veces. Le sensación y la visión de sus tetas siendo bañadas en el semen de su abuelo la hacía estremecer una y otra vez. Y se convenció de que no eran casualidades. El cuerpo de su abuelo respondía cada vez más.

Su madre tocó a su puerta.

-Susana, Susana.

-Dime, mami.

-Tu abuelo...ya...ya hace sonidos...y parece que se mueve algo más. Es maravilloso

-Sí. Lo es mamá. Lo es

Su padre llamó al médico que llevaba a su abuelo y esa tarde lo examinó a fondo. Luego los llevó a parte. Susana estaba presente.

-Bueno, don Ignacio. No quiero que tengan falsas esperanzas. Pero he notado un cambio muy positivo en el estado de su padre. No puede hablar, pero ya emite algún sonido voluntario. Y algunos de sus músculos empiezan a responder. Aún es pronto para saber hasta donde llegará, pero..le seré sincero. No tenía esperanzas de que mejorara nunca. Con gran alegría les digo que me equivoqué.

Los tres lloraban oyendo las palabras del doctor.

-Se los repito. Ha mejorado. Pero puede que no siga a más. Les ruego que no esperen milagros.

"Sí que va a mejorar. Yo me encargaré de que mejore" - pensó Susana.

-Gracias doctor. Muchas gracias. No sabe lo que esos pequeños detalles significan para nosotros.

Susana no cabía en sí de gozo. Deseaba que sus padres se fueran para poder seguir con sus 'curas'.

Su oportunidad llegó la tarde del día siguiente. Cuando se quedó sola, enseguida fue a ver a su abuelo. Sus miradas se encontraron.

-Hola abuelo.

Le dio un besito en los labios, mientras su mano se metía por debajo del pijama y acariciaba la polla. Le encantaba sentir como se endurecía en su mano. Se quitó la blusa y sus tetas quedaron desnudas a la vista de su abuelo. En su polla notó que le gustaban.

-Tócalas, abuelo. Tócame las tetas. Verás que duritas son.

-Mmmmmm.

Juan intentó por todos los medios mover sus manos, peor seguían sin responder. Susana volvió a ver la frustración en sus ojos.

-Tranquilo....no pasa nada..poco a poco...poco a poco.

Susana se acercó a él, y acarició su cara con sus tetas. Se rozó contra su rostro.

-Siéntelas, abuelo..Seguro que algún día las podrás acariciar con tus manos.

Aquel roce endureció sus pezones. Cuando se separó, tuvo la impresión de que la cabeza de su abuelo se levantaba un poco, como no queriendo que se separa de él.

-Abuelo..tu cabeza- dijo llena de alegría-la has movido.

Juan abrió los ojos. Era cierto. Su cuello había respondido. Lo intentó otra vez. Le costó, pero la movió un escaso centímetro. Un escaso centímetro que para él fue como si hubiese coronado el Everest. Aquella maravillosa mujer, su nieta, lo estaba reviviendo por momentos.

-Más...súbela más, abuelo. Sé que puedes. Inténtalo.

Lo volvió a intentar. Pero no conseguía más que ese centímetro. Entonces a Susana se le ocurrió una idea.

-Abuelo...¿Sabes una cosa? Nunca he ...chupado una polla. ¿Quieres que te haga mi primera mamada?

-MMMMMMM...MMMMMMM

parpadeo de ojos. Sí, sí, sí, siiiiiiiiiiiiii

-Buen si quieres que te chupe la polla, tendrás que mirarme. Me la pasaré por la cara, y si tus ojos se clavan en los míos, me la meteré en la boca.

-MMMMMMMMMMM

El corazón de Juan latía con fuerza. Su nieta empezó a bajar y la dejé de ver. Sintió que llegaba a su polla. Sintió que su polla era acariciada por algo cálido y suave. Era la linda carita de Susana. Se pasaba la polla por la cara, y él no podía verlo.

-Mírame, abuelo. Me estoy pasando tu polla por la cara. Te le quiero chupar. Quiero hacerte una buena mamada. Pero tienes que mirarme. Mírame

Susana llevó una de sus manos a su coño. Estaba muy cachonda. Le gustaba pasarse la dura polla por la cara. Y la idea de metérsela en la boca la tenía loquita, a tal punto que si aunque él no lo consiguiese, lo haría. Se empezó a frotar el clítoris, y a gemir.

-Agggg abuelito..me estoy tocando el coñito. Estoy muy cachonda...deseo chuparte le polla. Deseo que te corras en mi boca y tragarme toda tu lechita..Por favor..mírame...Mírame.

Juan empezó a mover el cuello...Subió ese centímetro. Con un inmenso esfuerzo siguió..Otro centímetro más. Y luego otro. El esfuerzo era inmenso. Su frente se perló de sudor. Susana vio como la cabeza de su abuelo subía lentamente. Veía en sus ojos el tremendo esfuerzo que él estaba haciendo.

-Un poco más, abuelo. Ya casi me puedes ver. Mira como me acaricio con tu polla...venga abuelo...sólo un poco más....

Mirando hacia abajo, Juan empezó a ver el cabello de Susana. Un esfuerzo más....su frente...Un poco más. Sólo un poco más. Emitió un grito desgarrador que no se oyó y su cabeza subió más. Sus ojos quedaron clavados en los de su nieta, que con la cabeza entre sus piernas, le sonreía. Tenía su polla agarrada con una mano y se la pasaba por la cara.

Sólo pudo aguantar unos segundos, y su cabeza cayó en la almohada. El esfuerzo había sido titánico, pero lo había conseguido. Quedó agotado, pero lo había conseguido.

-Ummm abuelito...sabía que lo ibas a conseguir. Lo sabía.

Algo caliente y húmedo recorrió su polla. Era la lengua de Susana. Iba a cumplir su promesa. Iba a chuparle la polla.

-Mmmmmm..S..na...

-Sí abuelo, soy Susana...y te voy a chupar la polla. Te lo has ganado.

Se la chupó un rato por fuera antes de metérsela en la boca y empezar a chupar. Actuó por instinto. Él no podía decirle como hacerlo, así que se dejó llevar. Con la mano lo masturbaba mientras chupaba con la boca. Le pasaba la lengua alrededor del grueso capullo antes de volver a metérsela en la boca. Y no dejada de frotarse el coño, de meterse dos dedos en la vagina, de acariciar su clítoris.

Juan gozaba con los ojos cerrados de la íntima caricia que su nieta le estaba haciendo. Pero necesitaba volver a verla. Quería verla con su polla en la boca. Volvió a empezar a subir su cuello. Era duro, pero le fue más sencillo que la primara vez.

Ella era tan linda. Y la imagen de verla con su dura polla en la boca tan erótica. Aguantó lo que pudo hasta que la cabeza volvió a caer en la almohada. El placer que sentía era tan maravilloso. El amor que sentía por su nieta eran tan especial. No era sólo el amor de un abuelo a su nieta. No era sólo el amor de un hombre a la mujer que le daba placer. Era más. Mucho más. Era el amor de un hombre que estaba volviendo a la vida poco a poco gracias a esa mujer.

-MMMM S...na...Su..sa...naa..

Ella oyó claramente como pronunciaba su nombre. Y sintió claramente como la polla se ponía rígida entes de explotar dentro de su boca. Potentes chorros espesos se estrellaron contra su paladar y luego caían sobre su lengua. Su boca se fue llenando y empezó a tragar, como había prometido. Susana estalló también mientras el salado y algo amargo semen de su abuelo bajaba por su garganta hacia su estómago. Fue uno de los mejores orgasmos de su vida. No por su intensidad, sino porque fue compartido con su abuelo.

Siguió lamiendo la polla que empezaba a aflojarse, dejándola sin rastros de semen. Luego miró a su abuelo. Él lloraba otra vez.

-¿Estás bien, abuelo?

-S..s.sí....gra...ci..as....

A Susana se le saltaron las lágrimas también. Lo abrazó con fuerza.

-De nada abuelito. De nada...Es maravilloso...Ya casi puedes hablar....

-Es...por....ti.

Estuvieron un rato abrazados. Luego ella se vistió y dejó todo arregladito.

La mente de Susana discurría nuevas formas de actuar. Observó que el cuerpo de su abuelo respondía con pequeños pasos. Primero fueron los dedos de sus pies, luego su espalda. Ahora su garganta y su cuello. No podría pedirle grandes cosas. Irían parte a parte. Planeó la siguiente cura. La siguiente vez intentaría que moviera los dedos de sus manos.

No tuvo que esperar mucho. Al día siguiente sus padres la dejaron al cuidado de su abuelo nuevamente. Se dieron cuenta de que a ella no le importaba. Que parecía contenta de poder ayudar. Además, desde que la cuidada ella, el abuelo mejoraba día a día.

-Susana es una chica estupenda - le decía a menudo su madre a su marido.

-La mejor. Tenemos mucha suerte. Nadie cuida a su abuelo como ella. Y lo hace con gusto.

Susana entró. Con alegría comprobó que su abuelo movía un poco la cabeza hacia ella. Y juraría que en sus labios se esbozaba una sonrisa.

-Hola abuelo. Qué alegría verte..¿Me estás mirando?

-Sí...Su.sa.na..

Se acercó a la cabecera de su cama y acarició su frente. Definitivamente, aquellos labios estaban sonriendo. Los besó. Sintió que le devolvían el beso con suavidad.

-Me gustó mucho chuparte la polla, abuelo. Ummmm tu lechita sabía...rara...pero me gustó. Quiero más. ¿Me darás más?

-Sí...eres...eres....

-Shhhhh calla...Yo ahora no importo. Importas tú.

Cuando su mano llegó a la polla ya estaba dura.

-Vaya...ya tienes la polla dura...¿Es que me esperabas, pillín?

-Sí.

La sonrisa de él se hizo más evidente.

-Chuparte la polla me puso tan caliente que me toqué el coñito mientras te la mamaba. Me corrí contigo. Nos corrimos los dos. Fue muy especial para mí.

-Oh..Susana...Susana...

-Me gusta sentir tu polla así, dura en mi mano. Me pone ..cachonda, abuelito. ¿Quieres ver lo cachonda que estoy?

-Sí...sí...qui..ero.

Ella llevaba una corta faldita. No llevaba bragas, pues de antemano ya sabía lo que iban a hacer. Se acercó de manera que, cogiendo una de las manos de su abuelo, pudiera llevarla con comodidad debajo de su falda. La llevó, con la palma hacia arriba, hasta los labios de su coño. Le pasó los dedos.

-¿Notas lo mojadita que estoy? Es por ti, abuelo. Mi coñito se moja por ti.

-Oh...está..mo..jado.

-Ummm, si...muy mojado.

Con una mano Susana sostenía la mano de su abuelo contra su sexo. La otra mano agarraba la polla.

-Hazme una pajita, abuelo. Dame gustito como yo te lo doy a ti.

-No...pue..do.

-Sí que puedes. No podía moverte y ya puedes. No podías hablar, y ya puedes. Por favor...¿No notas lo cachonda que estoy?..Hazme una pajita, abuelo...hazme correr con tus dedos.

Ella movía su mano a lo largo de la polla. Arriba, abajo, lentamente. No quería que se corriera antes de que lograra mover sus dedos.

-Aggg abuelito...tócame...si lo haces tu hará otra mamada...me volveré a tragar toda tu lechita...abuelito.....tócame....

Algo se movió contra su coñito. Fue algo casi imperceptible. Otro movimiento. Y otro. Eran como sacudidas. Los dedos se movían.

-Ummmm ya los siento, abuelito...ya siento tus dedos en mi coñito..sigue..sigue...

Juan ordenaba con todas sus fuerzas a sus dedos que se movieran. Sólo obtenía torpes movimientos. Pero eran movimientos. Siguió y siguió, y cada vez sus dedos respondían mejor. Sentía la suavidad de los labios vaginales de Susana. Su humedad, su calor. Y su mano en su polla. Notó algo que sobresalía. Era su clítoris. Lo tocó. Lo acarició.

-Aggggg que rico abuelito..sigue por favor...me estás dando mucho gustito...Hazme correr...abuelito...

Aunque los movimientos de los dedos eran un poco torpes y no muy acompasados, el hecho que se fueran los dedos de su abuelo proporcionaba a Susana un gran placer.

Acercó su boca a la dura polla y se la metió en la boca, empezando una lenta mamada. Cerró los ojos y disfrutó de la caricia de su abuelo, de la sensación que la polla le daba dentro de su boca.

-Ummm Susa..na..que...placer...mi...mi...amor..

Poco a poco los dedos empezaron a responderle mejor. La acarició mejor. La hizo gemir con fuerza. Levantó la cabeza y miró como ella, con los ojos cerrados, le chupaba suavemente la polla. Adoraba a su nieta. La vida volvía a él gracias a ella.

Susana se sacó un momento la polla.

-Abuelito...me vas a hacer correr....sabía que podrías...lo sabía...sigue...sigue..sugueeeeeeeee

El primer orgasmo producido por otra persona la hizo estremecer de placer. Su abuelo lo había conseguido. Su cuerpo se tensó y el placer atravesó su cuerpo. Los dedos de su abuelo se llenaron de los jugos que su sexo expulsaba.

Para Juan fue maravilloso poder mover otra vez los dedos. Pero en ese momento lo que más le llenó fue el estar devolviéndole a su nieta parte del placer que ella le había dado todos estos días. Sentirse estremecer junto a su cuerpo. Sentir sus dedos llenarse de sus jugos

El orgasmo se fue alejando, el cuerpo de Susana relajándose.

-Ummm que rico, Abuelo...que rico.

Sin soltar su polla, se acercó a su cara y lo besó en la boca. Este beso fue especial. No solo pegó sus labios. Los abrió y sus lenguas se encontraron.

-¿Me das mi premio, abuelito?

-¿Qué..quieres?

-Tu lechita en mi barriga. ¿Me la darás?

-Claro...ummmm Susana....eres..maravi..llosa.

-Pero tienes que mirarme.

-Lo haré. Pero no puedo aguantar tanto tiempo así.

-Oh, tienes razón. Perdona. Además, la cura de hoy ya la hemos hecho. Has movido tus dedos.

Susana le puso una almohada debajo de su cabeza, para que la pudiese ver sin hacer ningún esfuerzo. Basta por hoy de ejercicios.

-Ahora te voy a chupar la polla sólo por placer, abuelito. Disfruta.

-Susana...te..quiero...mi vida.

-Y yo a tu, abuelo. Mucho.

Gracias a la almohada Juan podía mirar a su nieta sin problemas, cómodamente. Vio como ella apartaba sus aún dormidas piernas a los lados, dejando entre ellas un hueco en donde se tumbó, boca abajo, con su linda cabecita entre sus piernas. Se acarició la cara con la polla.

-Me encanta pasarme tu polla así tan durita por la cara. ¿Y a ti? ¿Te gusta ver tu polla en mi cara?

-Ummmm mucho Susana...eres tan...hermo.sa

La mamada fue lenta, larga, suave, sin dejar de mirarse el uno al otro. La gran excitación a la que lo había llevado hacía que la polla no dejase de producir un transparente líquido que Susana recogía con su lengua, saboreándolo.

-Aggg cariño..no pue..do...más...necesito...acabar...

Susana se metió la polla en la boca y empezó a mover su cabeza arriba y abajo. En menos de 10 segundo su abuelo se la llenó de tal cantidad de hirviente semen que no se lo pudo tragar todo y parte se le escapó entre los labios y bajó por la polla. Las piernas de Juan, que estaba abiertas, se tensaron gracias al fuerte orgasmo, aprisionando a Susana entre ellas, que con cara de felicidad tragaba el cálido semen de su abuelo.

Y esta vez Juan sí que gritó su placer.

Siguió un rato más con la polla en la boca, y luego la soltó al irse empequeñeciendo. La cara de su abuelo era de pura felicidad.

Lo recompuso todo, dejándolo en perfecto estado de revista, pero se olvidó la almohada que le había puesto debajo de la cabeza.

Más tarde, cuando sus padres llegaron y lo vieron con la almohada, la llamaron.

-Susana..¿Por qué le has puesto una almohada a tu abuelo? Estará incómodo.

-Bueno...el me lo pidió.

Su padre la miró, extrañado

-Quizás no entendiste bien sus señas - le contestó.

-¿Señas? No me hizo señas. Me lo dijo.

-Susana, por favor.

-¿Verdad abuelo?

-Es ver..dad..Ig..nacio...Yo..se l..lo..pedí

Su padre y su madre se quedaron congelados, sin decir palabra. Sin poder creer que habían oído a Juan hablar. Cuando lo abrazaron, llorando como magdalenas, Susana los dejó. Tenía una sonrisa de oreja a oreja.

Cuando sus padres volvieron al salón, aún seguían con los ojos llorosos. La abrazaron con fuerza.

-Gracias gracias gracias mi vida.

-¿Por qué , papá?

-El abuelo nos ha contado que estar contigo lo ha ayudado mucho. Que le pides que haga cosas, poco a poco. Y que él se esfuerza. Que gracias a ti a sacado fuerzas de no sabe donde. Que gracias a ti ha mejorado.

-¿Eso a dicho? - También tenía lágrimas en sus ojos.

-Si mi amor. Te quiero

Que feliz era Susana. Quería tanto a su abuelo. Y él decía eso de ella. Se propuso seguir adelante, conseguir lo máximo posible. Ya hablaba. Podía mover los dedos de las manos y de los pies. Su próximo objetivo sería que moviera sus brazos.

Se puso a pensar en la mejor manera de hacerlo. Y tuvo una idea. Una idea que la excitó enormemente. Puso manos a la obra y fue a comprar una cosa que necesitaría. Pasó mucha vergüenza al comprarlo, y eso que cambió de barrio.

La ocasión se presentó dos días después. Cuando se quedó al fin sola, lo preparó todo. Fue al cuarto de su abuelo. Él ya la seguía con la cabeza.

-Hola abuelo. Estamos solos.

-Hola pre..ciosa.

-Hoy va a ser una tarde especial, abuelo. Muy especial. Para ti y para mí.

Mirándolo a los ojos se empezó a desnudar, quedando delante de él. Vio que su polla formó un gran bulto en su pantalón.

-Ummm, veo que te gusta mi cuerpo, abuelo.

-Eres...la cosa..más..lin..da...del..mundo.

Se acercó a él y le bajó los pantalones hasta las rodillas. Cogió la polla con la mano.

-Abuelo...nunca he estado con un hombre...soy virgen..Y deseo que tú seas el primero. ¿Te gustaría follarme abuelito? ¿Quieres follarme?

-Oh..Susana..no tiene..que...hacer..eso.

-Pero lo deseo. Quiero que tú seas el primero.

Le enjuagó dos lagrimas de los ojos. Le sonrió.

-¿Quieres?

-Mi vi..da..Claro que..quiero...claro que quiero.

Susana se agachó y sacó algo del bolsillo de su pantalón. Era un preservativo.

-No veas lo que me costó comprarlos, jaja.

Se subió encima de la cama, poniéndose sobre su abuelo, con sus piernas a ambos lados de su cuerpo. Abrió el condón y se lo puso. Empezó a tocar la plastificada polla para que no perdiera dureza. Se acercó hasta que la polla rozaba su pubis. Lo miró.

-¿Quieres follarme?

-Dios mío..sí.

-Ummmm y yo...tengo el coño casi goteando de deseo....De deseo de sentir esta polla entrando dentro de mi. Pero....

-¿Pe..ro..qué?

Si quieres follarme, tendrás que alargar las manos y acariciar mis tetas.

-No puedo..no puedo

-Sí puedes. Sé que puedes. Hazlo. Si me quieres follar, hazlo.

Juan alargó los brazos. Sólo se movieron los dedos.

-Hazlo. Cójeme las tetas. Cojéeme las tetas y fóllame.

Lo intentó otra vez. Los brazos se movieron un poco.

-¿Ves? Si puedes. Más. Más

Otro poco. Y luego otro. Lentamente subieron por los cálidos muslos de Susana. Se ayudaba de los dedos, como reptando. Llegó a la cintura. Su frente estaba llena de sudor.

Ahora venía la parte difícil. Ahora tenía que subir las manos hasta las tetas.

-Así..abuelo..un poco más y me clavaré tu polla hasta el fondo de mi coño...Cojéeme las tetas...

Aferrándose a su piel, con grandes esfuerzos, sus manos subían, subían, hasta que las tenía sobre las duras tetas de Susana. Las apretó, sintiendo su calor, su peso, su suavidad.

-Sabía que lo harías, abuelo. Lo sabía.

Se levantó un poco, subió hacia arriba otro poquito y puso la dura polla en la entrada de su vagina. Se dejó caer, lentamente, sintiendo como la dura barra se clavaba dentro de ella. Su himen se había roto hacía años en gimnasia, así que solo sintió placer, un infinito placer.

Cuando toda la polla estaba dentro, se quedó quieta. Cerró los ojos. Sentía las manos de su abuelo acariciar sus tetas. Se empezó a mover, despacito, sintiendo dentro de ella aquel calor, aquella dureza. Empezó a gemir. Era un placer tan agradable.

Juan miraba. No se podía creer que su bella nieta estuviera sobre él, con los ojos cerrados, cabalgando sobre su polla. Y que él tuviera sus manos sobre sus tetas.

Hicieron el amor lentamente, con dulzura, mirándose, gozándose. Susana tuvo varios pequeños orgasmos que Juan sentía en su polla, en como su vagina se contraía.

El suyo fue el mejor orgasmo de su vida, acompañado por el estallido de placer de Susana, que al sentir como su coño se llenaba del calor del semen de su abuelo, estalló con él. Los dos cuerpos se tensaron al unísono, y a la vez se relajaron.

Susana se echó hacia adelante, casi sin poder respirar, sobre el pecho de su abuelo. Cerró los ojos. Sintió algo en su cabello. Eran las manos de su abuelo, que la acariciaban.

-Te quiero, Susana. Te quiero.

-Y yo a ti, abuelo.

Días después, el médico vino a hacerles una visita y a ver como había evolucionado Juan. Entró en la habitación y se quedó estupefacto.

Juan, su paciente, estaba recostado sobre la cama. Lo miró, girando su cuello. Levantó despacio una mano y lo saludó.

-Buenas tardes..doc..tor.

El médico, sin poder articular palabra alguna, miró a Ignacio, a su mujer y a la nieta. Los tres sonreían

-Esto..es..increíble. No creo en milagros, pero no se me ocurre otra forma de explicarme la mejoría que ha tenido, Juan. Créame si le digo que llegué a perder la esperanza.

Se acercó a su paciente y le estrechó la mano. No tenía mucha fuerza. Pero eso se arreglaría con rehabilitación.

-Esto es un milagro - repetía el médico.
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