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Abby, la perrita
Author: 
Zoofília
17-Oct-2019
98
Abby, la perrita
Parte uno de las aventuras de esta perrita
Hace un año que trabajo aquí, debido a mi divorcio decidí empezar de nuevo, huí de todo eso que me hacía mal, llegué a esta ciudad solo con unos cuantos billetes en mi bolsa, pero pronto el dinero se fue haciendo menos. No iba a pedir limosna, eso me lo propuse desde el comienzo de mi odisea. Debido a la escases de trabajo se me hizo casi imposible conseguir uno. En ninguna parte me contrataban. Sobre todo porque solo tengo experiencia como ama de casa, nunca trabajé durante mis años de matrimonio, pero ahora debía hacerlo debido a mis hijas. A mis tres rayos de sol los había enviado con una amiga para que mi ex marido no las encontrara. Ellas se llevan solo por un año de diferencia cada una, la más grande tiene 15, la otra 14 y la ultima 13, a todas las amo por igual es por eso que estoy aquí para sacarlas adelante.

Fui al súper mercado para comprar los últimos víveres que tendría y por suerte vi un letrero que decía: “Se solicita muchacha para trabajar como sirvienta, interesadas presentar solicitud elaborada en las oficinas de éste establecimiento”.

Sin dudarlo compré algo de comida rápida para tener fuerza y después pedí una solicitud en servicios al cliente. Comí con nerviosismo, pero a mi ritmo, cuando terminé limpié la mesa y comencé a llenar la solicitud, por lo general contratan solo a las chicas jóvenes y mis cuarenta años no me ayudarían mucho, pero obviamente sería de las más experimentadas, más aun por ser ama de casa y conocer mil y un trucos para el mantenimiento del hogar. Cuando llegué a la oficina vi que había otras dos chicas esperando.

-¿Disculpe, es aquí para la entrevista del puesto de sirvienta?-. Pregunté con voz tímida a la recepcionista que se encontraba sentada viendo el monitor de su computadora.

-Así es, por favor tome asiento y le harán la entrevista en seguida-. Dijo sin voltear a verme, eso se me hizo algo descortés, pero la comprendí ya que al parecer laborar en un súper mercado quita mucho tiempo. En cuanto me senté llamaron a la chica que estaba cerca de la recepcionista, entró, pero no fueron más de dos minutos cuando ella salió y dijo a la otra chica que se fueran, al parecer la otra chica era amiga suya que solo la había acompañado. Salió una mujer de unos veinticinco años, con un traje color beige, le preguntó si había más chicas esperando y la recepcionista dijo que solo yo estaba esperando.

-Muy bien Gaby, gracias. Por favor pase-. Al decir esto me levanté y casi hipnotizada la contemplé de pies a cabeza, sus pies pequeños, parecían más grandes de lo que son debido a los tacones café que llevaba puestos, traía tobimedias color perla que resaltaban a la vista, sus pantalones llegaban un poco más arriba de los tobillos, su saco era muy pulcro, su camisa color hueso también resaltaba a la vista y su figura se escondía muy bien debajo de ese traje. De cara redonda y labios un poco gruesos, estaba maquillada con sombra rosa, la hacía verse muy femenina, sus labios también estaban pintados de rosa y brillaban como si nunca estuvieran secos en momento alguno.

Me entrevistó de manera directa y yo respondí de la misma manera, casi me hacía retirarme cuando le dije que tal vez sería la mujer más experimentada que vería en todo el día. Al decir esto me miró fijamente, como si la hubiera ofendido al decir lo anterior.

-¿Por qué dice eso?-. Preguntó ingenua.

-Porque tengo 15 años de experiencia como ama de casa, como nunca he tenido otra ocupación, es lo único que sé hacer; así que si me contrata, tenga la seguridad que su casa siempre estará pulcra-. Respondí segura de mi misma y con un tono orgulloso.

Ella sonrió, como si esa fuera la respuesta que toda la mañana y tal vez desde días antes estaba esperando. –Muy bien, espera-. Respondió y de inmediato escribió en una hoja de papel la dirección de su casa. – ¿Ya comió? Venga conmigo, tomaré mi almuerzo y después termina mi turno una hora después, si gusta después de comer puede esperarme viendo las ofertas que hay en la tienda, cuando yo termine la vocearé para irnos a mi casa, ¿me repite su nombre por favor?-.

-Alejandra-. Dije casi sin aliento, no podía creer que al fin había conseguido trabajo.

Almorzamos en un restaurante cerca de ahí, la pequeña hamburguesa que había comido antes no fue suficiente. Al terminar fuimos de nuevo al súper mercado y me dijo que no tardaría, mientras fui a ver toda la tienda. Cuarenta y cinco minutos después oía su voz por las bocinas, me dirigí a la salida y ahí estaba ella esperando.

Tardamos media hora más o menos en llegar a su casa, ella me indicaba las rutas más fáciles de llegar a su casa, que estaba dentro de un fraccionamiento privado en el cual las casas eran grandes, la más pequeña era incluso más grande que la casa donde viví tanto tiempo. Dio vuelta en una pequeña calle.

-Esta calle es parte de mi casa, las paredes que ves ahí son de mi terreno, espero que no cause mala impresión y creas que soy una riquilla sin escrúpulos-. Dijo soltando una risa.

-Para nada señorita Acosta, al contrario, todo esto se lo ha ganado usted con esfuerzo-. Respondí sinceramente y le sonreí al hacerlo.

Al final de la calle estaba la puerta, oprimió el botón para abrirla y después entramos a la propiedad.

Por un lado había muchos árboles, no pude observarlos bien, ya que pasábamos algo rápido. Ya casi llegando oí unos ladridos muy fuertes, me intimidaron y supuse que la señorita Acosta tendría un perro enorme y bravo que podría atacarme en cuanto bajara del coche. Por fortuna no fue así, el perro, un rottwailer, precisamente enorme como lo había imaginado estaba enrejado en una parte del jardín cerca de la casa.

Bajamos y no hice más que verlo, la señorita Acosta me dijo que no tuviera miedo peor no pude hacerle caso, me tomó de la mano y me acercó a él, en cuanto ella dijo su nombre dejó de ladrar y a nos vio con una mirada tierna, la señorita acercó mi mano y justo cuando imaginé que me arrancaría los dedos, solo me lamió.

-Ves, te dije que es muy dócil, nunca ha atacado a mis amigos o familiares y con eso ya esta acostumbrado a ti-. Volteó y me sonrió.

Ya dentro de la casa me la mostró para ubicar todos y cada uno de los rincones de ésta, me indicó cuál sería mi habitación, me dijo los días que el camión de la basura viene, en fin, todos los detalles que debía saber para no hacer un mal trabajo.

Eso fue cuando la conocí, hace unos días hice lo peor que una empleada puede hacer a su jefe y lo peor fue que ella se dio cuenta.

-Ale, ¿puedes venir por favor?- Dijo asomándose por las escaleras.

-Sí señorita, en seguida-. Respondí terminando de limpiar la mesa.

La veo en sentada en la sala del segundo piso de la casa.

-Mándeme, señorita.

-¿Ya lavaste la ropa?-. Dijo con un tono que jamás había escuchado, muy serio y cortante.

-S… Sí señorita-. Tartamudee al oír su tono de voz.

-Bien; ven acompáñame-. Dijo de nuevo con ese tono intimidante.

No dije nada, la vi levantarse rápidamente y dirigirse a su habitación, la seguí como si de un imán se tratara. En su habitación abrió un cajón

-Te pregunté eso porque desde hace días noté que me hacen falta varias prendas íntimas, ¿tú sabes algo de eso?-. Preguntó sin quitarme la mirada de encima.

-N… N… No señorita, no sé-. Respondí muy temerosa, me había descubierto, ya no sabía que decir.

-Ale, no mientas, sólo estamos nosotras dos en esta casa, o ¿acaso me dirás que el perro vino, abrió el cajón, tomó las pantaletas que están hasta abajo y las agarró?-. Dijo con tono sarcástico y furioso a la vez.

-N… No, sí fui yo, discúlpeme-. Dije con voz casi audible y viendo hacia el piso, no podía verla a los ojos, la había defraudado.

-¿No te pago lo suficiente para comprar ropa?-.

-No, no es eso, es que…-.

-¿Qué, Ale?-.

Con todas las fuerzas hablé, la confesión era muy bochornosa.

-Hace días, cuando usted estaba trabajando me masturbé y use algunas de sus prendas para hacerlo, el olor me causa mucha excitación-. Dije con la voz temblorosa, y la cara completamente roja, aun no podía verla a la cara y mucho menos podría hacerlo después de esa confesión.

Di un pequeño vistazo, noté que ella tenía los ojos muy abiertos, no quise voltear la cabeza, solo esperé las palabras “Estas despedida, largo de aquí”. Al no escuchar nada di un fuerte suspiro y ella de inmediato dijo: -Ve a cenar y después a dormir, yo iré después, en estos momentos no puedo verte-. Cuando dijo esas palabras sentí como si un rayo cayera y me diera directamente en el pecho, asentí solo con la cabeza y me retiré a la cocina.

Durante la noche no pude dormir, pensamientos de impotencia pasaban por mi mente, no dejaba de pensar en lo defraudada que la señorita Acosta estaba de mí, pensaba en cuanto tempo tomaría recoger todas mis cosas e irme o incluso si ella me dejaría irme con mis cosas. Cuando me di cuenta oí que ella tocaba a la puerta, de inmediato una duda pasó por mi cabeza: ¿Qué hacía ella levantada a semejantes horas de la madrugada?

Resulta que ya eran las cinco de la mañana, hora de levantarnos ambas, tal vez me pediría que me fuera a esa hora. No fue así ella solo dijo: -Ale, ven a desayunar, es hora de iniciar el día-.

Sé que ella es muy cortes, tal vez me daría de desayunar antes de correrme. Bajé y ella ya había hecho un buen desayuno, sobre todo hizo tostadas francesas, mis favoritas desde la primera vez que ella las hizo y ella así lo sabía. No sabía que decir así que solo di un saludo con la voz muy quebrada.

Ella me saludó con la voz más serena que he oído, ¿acaso ya no estaba molesta o ella sabía muy bien controlar su ira?

Después del desayuno ella me dijo: -Por favor, ve a tu habitación y desnúdate después ve a mi habitación-.

La miré asombrada, ¿acaso era una broma, una forma de castigo o me mandaría a la calle completamente desnuda? Subí las escaleras como poseída, mi mente solo tenía un pensamiento: Ir y denudarme. Al entrar dejé caer mi bata, el camisón y la pantaleta que traía también cayeron al piso. Miré abajo y vi mis senos desnudos, mis pezones comenzaban a endurecerse, no por el frio sino porque me sentía algo excitada, no podía creer que mi jefa me ordenara desnudarme y yo sin titubear lo hice. ¿Por qué lo hice?

Salí de mi habitación sin cubrir mis senos o vagina con mis manos, toqué en la puerta de la señorita Acosta y la oí decir que pasara. Así lo hice y al terminar de empujar la puerta la vi, como tenia la vista baja, vi primero sus tacones negros, subí la vista un poco, sus piernas torneadas y de un tono negro hermoso debido a las medias de seda que traía puestas; subí más, tenía puesto un body negro con aberturas en la entrepierna y los senos; no traía pantaletas o brasier, su cuerpo era el de una diosa para mis ojos. Se sentó en su cama y me dijo que me acercara, al mismo tiempo me hacía una señal con su dedo, se veía muy sexy.

Así lo hice, sin pensarlo mis piernas se movieron y en seguida estaba frente a ella.

-Déjame ponerte esto-.

Sacó de un paquete nuevo un par de medias italianas negras también. –Alza tu pierna-. Ordenó con una voz suave-. Sin pensar de nuevo, la subí. Enrolló la media y comenzó a ponérmela, la sensación era increíble, si la suavidad tiene una definición, éstas medias son esa definición.

Me puso un par de tacones italianos que brillaban como si ellos fueran la fuente de luz de la habitación.

En seguida me puso la otra media, en seguida me puso un body, que a diferencia del suyo, éste no tenía copas para los senos pero también tenía abertura, de hecho, más grande que la del suyo. ¿Pero por qué me trata así, acaso no soy yo la ladrona que no merece más que su odio?

Me acarició la mejilla y me mostró un disfraz de mucama francesa, me lo puso también y ya vestida me ordenó que iniciara mi quehacer.

De inmediato pensé: Yo no merezco esto, soy una de las peores personas que hay en este mundo.

Pero sin pensarlo me miré al espejo y noté que me veía muy sexy. Bajé y me dispuse a desempolvar una de las vitrinas de la sala.

Oí bajar a la señorita Acosta, oí sus tacones cerca de mí y ella cerró mis ojos con un listón y lo amarró en mi cabeza, tomó mi mano y me guió cerca de ahí, en la sala. Me jaló un poco indicando que me sentara. Así lo hice y me quedé quieta. La oí alejarse y yo, muy nerviosa me avergoncé al tener pensamientos lujuriosos. Sentía un cosquilleo en todo el cuerpo, mi respiración se aceleró y comencé a temblar como si hiciera mucho frio, pero no era así, el cálido sol matinal se asomaba en las ventanas.

Oí los tacones acercarse y de pronto sentí sus manos acariciar mis tobillos, doy un pequeño salto al sentir su mano, pero de inmediato me tranquilizo. Sus manos suben por mis pantorrillas, se concentran en mis rodillas, las acarician por unos segundos, suben lentamente por mis muslos, los acaricia por unos segundos, no toca mi entrepierna, pero sube por mis costados, acaricia mis brazos, me siento indefensa, pero esto me hace empezar a excitarme cada vez más. No puedo creerlo, ¿por qué siento esto, por qué ella me trata así, es esta su manera de castigarme?

De pronto, siento sus manos abrir mis piernas con algo de fuerza, yo no me opongo y las abro. Rápidamente siento algo extraño en mi sexo, siento aire que pega en mis labios, me da miedo y pregunto: -¿Señorita, que es eso?-. Ella no responde.

De pronto siento algo muy húmedo, cálido y un poco rasposo en mi sexo. Me aterro y cierro un poco las piernas, ella me agarra y lo impide, sigo sintiendo esto, pareciera que algo o alguien está dándome sexo oral. Gimo ya que me da un placer inexplicable. La escucho reír a ella, el placer no me permite hablar, oigo un chasquido de dedos y siento algo muy pesado sobre mí, no logro ver nada, pero me doy una idea de que puede ser eso.

Siento algo húmedo cerca de mi vagina, cuando menos lo espero, eso se mueve fuerte y me lastima un poco. El peso me desconcentra, al fin me doy cuenta, eso que esta encima de mí es ¡el perro! Lo oigo jadear y su saliva empieza a caer en mi cuello y escurre hacia mis senos. Ese perro que tantas veces saqué a pasear, que incluso me protegía cuando regresábamos algo tarde y gruñía a toda persona que pasara cerca nuestro, ese animal que jugaba en el jardín. Ahora estaba intentando penetrarme, definitivamente este es el castigo de la señorita Acosta.

-Recuerda que Goliat es un semental, mi linda Ale-. Dijo ella con un tono un poco de burla.

Mi jefa se burla de mí, pero esa forma de denigre me gusta, ¿Por qué? Me está ofreciendo como si me tratara de un animal también, ¡pero yo soy una mujer! No quiero ser penetrada por un perro.

-Tranquila linda, eres una dulce perrita ahora, Goliat ya hace meses que no ha conseguido pareja y quien mejor para saciar sus necesidades que mi perrita Ale-.

No soy perrita, soy una mujer, ¡Una mujer! Pero, por que me excita tanto este pensamiento, las mujeres no deben tener sexo con los perros… o ¿sí?

El perro empieza a sacudirse cada vez más, siento su pene golpear mi sexo, parece como si alguien metiera un lápiz, creí que su pene sería más carnoso. Al fin entra, y el perro no deja de bombear, está ya muy caliente su miembro, mi vagina también, sobre todo por los golpes que dio con su miembro duro. Pareciera que siempre ha tenido sexo con mujeres, siento como se calienta cada vez más, y también, puedo asegurar que cada vez se siente más grande dentro de mí. Al mismo tiempo mi cabeza da vueltas, ya no sé quién soy, pero cuando me doy cuenta estoy gimiendo, no de dolor sino de placer, su pene al fin esta grueso, lo siento frotar mis paredes vaginales.

Siento como acelera, el perro está dispuesto a llegar al fondo, aun en esta posición el perro me tiene agarrada por los hombros, así que su fuerza es descomunal.

-Este solo es el inicio linda, no creas que es como un hombre-. Dijo la señorita mientras acariciaba mi cabeza. No pude decir nada, solo un balbuceo inentendible salió de mi boca.

Penetra cada vez más rápido, al acelerar siento llegar un orgasmo, no sé cuántos van, pero sé que este no será el último. Comienzo a sentir algo mas, algo se está abriendo camino dentro de mí, sin fuerzas, solo me queda sentirlo, de repente ella quita el listón de mis ojos, veo su pelo negro cerca de mí, la saliva sigue cayendo en mi cuello y sigue escurriendo. Gimo en dirección de mi…Dueña, mi Ama.

Alargo un poco el cuello para ver como su pene está dentro de mí, veo como bombea y subo la mirada, siento cómo algo enorme empieza a entrar, el nudo se abre amino, siento como estira mis labios, el dolor me tiene esclava. Ya dentro, el perro sigue bombeando a pesar de que su nudo ha entrado, el perro aun no satisface su instinto. Es definitivo, soy la hembra de Goliat, me ha hecho suya un perro. Me habitúo al dolor y ahora solo siento placer, un placer que nunca nadie ni nada me ha hecho sentir.

Veo la saliva y comienzo a untarla en mis pechos con mis dedos, veo la cara de mi ahora amante canino, podría asegurar que su expresión tiene un aire triunfal, cada vez bombea un poco mas lento. –¿Te gusta?-. Pregunta mi Ama.

La veo a los ojos, no puedo responder con palabras, solo gimo como si se tratara de un ladrido que sale de mi boca, ¿o será hocico?

-Mira a mi perrita copulando con su macho-.

Mi ama me insulta de nuevo… ¿acaso es un insulto?, no, no lo es, es la verdad, ahora soy una perra, una perra apareándose con su macho.

-Jadea, mi perrita-. Dice mi Ama, es una orden de ella, su perro es mi amante y yo soy suya, es mi dueña, debo obedecerla.

Comienzo a jadear, saco la lengua. Mi ama estira su mano, me acaricia la cabeza, ella me quiere, debo mostrar mi gratitud, así penetrada como estoy, volteo a ver a mi Ama y le lamo la mano. Goliat ya no se mueve, disfruto de este momento de paz y placer al sentir su bola estimulándome. Mi Ama estira su mano y comienza a estimularme, acaricia mi clítoris, siento como mueve la bola cuando ella mueve su mano. Ese gesto me lleva al cielo, mi Ama me quiere, le gusta estimular a su perrita. Podré ser más grande que ella, pero ella usa ese diminutivo y me encanta.

Goliat se mueve a un lado, sin advertirlo, mi Ama me besa en la boca, su sabor es delicioso, se mezcla con el sabor de la saliva de Goliat, no merezco tal honor por parte de mi Ama, pero acepto gustosa. Goliat se impacienta, comienza a jalar, me duele, no tanto como antes, peor duele, gimo por el dolor y placer que siento. Mi vagina comienza a abrirse de nuevo, veo como empieza a salir ese rojo nudo. Jala una última vez y de la fuerza oigo un sonido. Su pene esta fuera, moviéndose de un lado a otro.

Mi ama se retira, la observo curiosa, entra a la cocina y casi de inmediato la veo volver con una copa en la mano. –Ponte en cuclillas-. Me bajo del sillón y de inmediato obedezco la orden, soy una perrita amaestrada. Pone la copa en el piso y mi posición hace que el semen caiga dentro de ella. Se pone detrás de mí y acaricia mi cabeza, baja su otra mano y me acaricia la vagina también, este gesto de amor me llena de alegría, al mismo tiempo que siento como una buena cantidad de semen se escurre fuera de mí, permanezco en esa posición sonriendo con mis ojos y esperando con ansias la siguiente orden de mi Ama. Observamos cómo va cayendo el semen en la copa, la última gota cae y la copa está medio llena. La toma y me la enseña, la acerca a mi cara y huelo ese semen, con un olor agrio me atrae. La pone en mi boca con suavidad, inclina mi cabeza hacia atrás y después la copa con la otra mano. Bebo el delicioso líquido, pero lo hago como lo hace una perrita, con la lengua.

Mi ama se acerca a la escalera, de pronto saca una pequeña bolsa de regalo, de ella saca un hermoso collar rosa, al parecer tiene ópalos incrustados en él, no merezco tal regalo, no soy digna. Aun así mi Ama me indica que me quede quieta, pone el collar y lo ajusta, debo verme muy hermosa. Saca una placa dorada con mi nombre en ella, la acerca a mí y veo lo que está escrito “Abby”, ese será mi nombre de ahora en adelante. Ahora saca una cadena dorada, el mango al otro extremo es del mismo color y con ópalos incrustados también. –Abby voltea-. Dice mi ama y yo curiosa lo hago, la veo sacar un buttplug con cola en un extremo, lo sacude mientras me lo muestra. Lo unta con lubricante, y lo mete en mi ano, siento un malestar, peor de inmediato se va, ahora soy una perrita completa, volteo hacia atrás y muevo mis caderas, es difícil, pero al fin logro mover mi nueva colita. Mi ama aplaude cuando me ve hacerlo y acaricia mi cabeza. Yo lamo su mano para mostrar mi gratitud.

-De ahora en adelante cuando diga la palabra Bitch, serás mi perrita, responderás al nombre de Abby y seguirás todas mis órdenes, justo como una buena perrita lo haría. En cambio, cuando diga Slut, volverás a ser Ale, la mucama francesa podrás hablar de nuevo y andar en dos piernas. Ahora sal al jardín a orinar, yo te observaré desde aquí-. Dijo con un tono muy suave y maternal.

Me abre la puerta del jardín y salgo, busco un buen lugar y hago mis necesidades en cuatro patas, como toda perrita haría, regreso con ella.

Muy bien mi Abby hermosa, prepárate, mañana será un día muy ocupado.
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