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Cornudo de tres estrellas
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Infidelidad cornudos
09-Oct-2019
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Cornudo de tres estrellas
Tras varias escaramuzas lesbicas por parte de mi esposa en las que actuó de mirón, ella asegura que no seria lo mismo en caso de revolcarse con un hombre, y decidimos comprobarlo.
Tras varias escaramuzas lesbicas por parte de mi esposa en las que actuó de mirón, ella asegura que no seria lo mismo en caso de revolcarse con un hombre, y decidimos comprobarlo.

Maribel acostumbra a decirme que soy inmutable, que no pierdo los nervios ni aunque caiga una bomba en casa, "Pablo, el hombre de hielo" se burla a veces cuando vemos juntos algún partido de fútbol y yo permanezco tranquilo e inmóvil mientras los dos equipos se juegan el campeonato a los penaltis. – Si es que tú en las venas, en vez de sangre debes de tener horchata, cariño. – Esa es una de sus frases favoritas para esas ocasiones.

Bueno, es posible que algo de razón tenga. De hecho, soy controlador aéreo en uno de los aeropuertos con más tráfico aéreo del país. A mis cuarenta años, y con mas de una década lidiando con todo tipo de pilotos, aviones de pasajeros y de carga, tengo la suerte de poder decir que aun no se me ha estrellado ninguno, y eso que en alguna ocasión las he pasado canutas, principalmente por la niebla, pero hasta el día de hoy, el resultado siempre ha sido satisfactorio.

En contra de lo que podáis pensar, mi grupo de trabajo es sin duda el mas respetado en el aeropuerto, por delante del colectivo de pilotos incluso, y toda la comunidad femenina que a diario se mueve en este ambiente, incluidas las azafatas, suelen estar bastante predispuestas a "ligar" con los controladores, supongo que por aquello de decir "he tenido un rollo con uno de los amos de las pistas".

A mi nunca me han faltado ocasiones en las que darme algún revolcón con azafatas o auxiliares de vuelo, las cuales, según he ido escuchando en los círculos de mas confianza, me etiquetan como "madurito muy apetecible", cosa que indudablemente agradezco, aunque también supongo que ayuda mi costumbre de vestir de sport, y sobre todo, mi cuidado cabello completamente castaño, sin una sola cana, y mi estilizada perilla, que repaso todos los días.

Maribel también trabajaba en el aeropuerto, y allí fue donde nos conocimos. Pero para asombro de compañeros, pilotos, azafatas y demás busca polvos que pasan a diario por el aeropuerto, la que posteriormente se convirtió en mi esposa no era ni de lejos una de esas rubias de piernas interminables que se pasan el año durmiendo cada noche en una ciudad distinta a miles de kilómetros de distancia.

Cierto día, en una de las cafeterías de la zona de llegadas de la Terminal B, me tope con una morenita de ojos grises que desde el primer momento me cayo simpática. De una estatura un poco por debajo de la media, con unas tetas no demasiado grandes pero muy bien puestas, un culito respingon de tamaño perfecto, y sobre todo, una gracia al hablar y al servir los cafés que arrancaban sonrisas a los clientes mas ariscos. Esa era Maribel.

Sin duda debía de haber chicas parecidas en el resto de cafeterías o tiendas de la terminal, pero algo en mi interior me hacia dirigirme cada mañana a tomar el café a la barra donde Maribel hacia oscilar su media melena al aire cada vez que se giraba desde la barra a la cafetera o viceversa.

En fin, que a base de pasarme por allí todos los días, empezamos a entablar cierta amistad que nos llevo a comenzar a salir esporádicamente, para con el tiempo pasar a ser una especie de noviazgo no declarado, y que termino en boda al cabo de tres años.

No tarde mucho en descubrir que tras la inocente apariencia de aquel bomboncito con cara aniñada, a la que solo le saco dos años, se escondía una fogosa hembra que me haría conocer placeres que hasta el momento ninguna de las exuberantes o exóticas azafatas u otras auxiliares habían sido capaces de proporcionarme, posiblemente porque buscaban su único goce.

Tampoco es que Maribel hubiese perdido el tiempo antes de liarse conmigo. Ya antes de casarnos, cuando teníamos plena confianza el uno en el otro, me comento algunas de sus aventuras sexuales, incluyendo unos meses de adolescente en los que parece ser estuvo liada con una compañera de instituto con la que mutuamente se masturbaba a diario.

Sin embargo, al menos que yo sepa, desde que empezamos a salir juntos me asegura que nunca me ha puesto los cuernos, aunque eso no quita que nos hayamos permitido ciertas travesuras juntos, y siempre de mutuo acuerdo y hablado con anterioridad.

Como ya he explicado, mi mujer resulto ser muy fogosa, y nunca tubo el mas mínimo reparo en practicar cualquier variante sexual entre nosotros, desde el sexo oral hasta la penetración convencional, pasando por temporadas en las que le apetecía mas a menudo que se la metiera por el culo, u otras en las que nos daba por distintos juegos de dominación, alternando en cada ocasión quien de los dos hacia el papel de sumiso.

Otra de las aficiones que descubrí en Maribel, fue el morbo que le suponía el ser observada e incluso el de hacer ella misma de voyeur. Ya en los primeros años de nuestro matrimonio, nos hicimos asiduos a algunos chats de cibersexo donde mi esposa no tenia reparo alguno en mostrar sus encantos por la cámara o demostrar a los ocasionales espectadores que era una experta en mamadas.

De esas sesiones de cibersexo, mis preferidas eran las que protagonizaba mi esposa con alguna que otra lesbiana siempre dispuesta a hacerse un dedo a distancia, y que invariablemente terminaban con las dos contertulias frotándose el clítoris ante la pantalla a una velocidad vertiginosa, mientras yo no podía evitar el agarrarme a la polla en mi condición de espectador mirón.

Pasamos muchas noches metiéndonos mano ante la cámara, o viendo como otras parejas lo hacían. También entablamos amistad con algunos tíos solteros o separados, que se pajeaban viendo como Maribel se desnudaba para ellos antes de que yo le hiciese una buena comida de coño, o ella me deleitara con una de sus deliciosas mamadas.

Pero lo cierto es que en un porcentaje bastante alto, mi esposa siempre prefería que al otro lado de la red estuviera otra mujer. Supongo que la etapa adolescente en la que conoció el lesbianismo le había dejado un buen sabor de boca, y con los años volvía a despertar su libido.

Ante tales antecedentes, cierto día se me ocurrió, medio en broma medio en serio, insinuarle a Maribel si no le gustaría repetir en vivo y en directo alguna de esas escaramuzas lesbicas que tanto parecían gustarle, aclarándole de paso que si lo deseaba yo me mantendría al margen del tortilleo, pero haciéndole saber que estaría encantado en darme un revolcón con dos mujeres a la vez.

Ahora que ya ha pasado mucho tiempo de dicha proposición, he llegado a darme cuenta de que mi esposa esperaba el mas mínimo comentario por mi parte al respecto para lanzarse a una nueva aventura lesbica, y aunque intento simular sorpresa ante mis insinuaciones, prácticamente le falto tiempo para ponerse de acuerdo con una de sus amigas de chat con la que tenia mas confianza.

Al final, entre los tres llegamos al acuerdo de que yo no participaría en el juego, ya que la afortunada elegida se declaraba completamente lesbiana y los hombres no despertaban el más mínimo interés en ella, sin embargo, si que estuvo conforme en que podía permanecer en la habitación como observador.

La cita resulto ser una experiencia de lo más placentero. Nos reunimos en un hotel y desde los pies de la cama disfrute del espectáculo sin ponerles una mano encima, mientras Maribel y su ciberamiga se comían una a la otra todo lo comible y se metían los dedos por todos los agujeros posibles.

Si ya mi esposa se burlaba de mi pasividad y sangre fría, desde ese encuentro era el tema preferido para reírse de mí. – Los pilotos pueden estar tranquilos. – me comentaba riéndose a carcajada. – Aunque la sala de control este siendo devorada por un incendio, tú seguirás sentado con toda naturalidad y los iras haciendo aterrizar de uno en uno hasta que el fuego empiece a quemarte el culo.

Posteriormente hubo otros encuentros en los que nos citamos con algunas chicas para realizar escaramuzas sexuales, incluso participe en varias de ellas, pero siempre Maribel era el centro del juego y tanto yo como la "invitada" trabajábamos para ella. Tan solo en una ocasión, una de sus amiguitas me deleito con una estupenda mamada mientras mi mujer le comía el clítoris a lenguetazos.

Cierto día, comentando los distintos tríos en que habíamos intervenido, principalmente en los que yo no participaba, mi esposa comento que si en vez de montárselo con otra mujer lo hiciese con un hombre, yo no podría mantenerme al margen como en sus revolcones lesbicos, que el morbo y la calentura me invadirían hasta tal punto que no podría evitar el unirme a la "fiesta".

Mi respuesta fue que me había acostumbrado tanto a ejercer de voyeur en sus revolcones, que posiblemente disfrutaría mas mirando que participando en el juego, y que si me había causado tanto placer verla realizar sesentaynueves con sus amigas, tanto o mas me produciría observarla follando con otro tío.

Este tema de discusión lo manteníamos a menudo durante la cena a lo largo de varias semanas sin que Maribel llegara a creer que seria capaz de permanecer sin intervenir mientras ella se tiraba a alguno de nuestros conocidos chateros, lo que me indicaba que al igual que la primera reunión lesbica, estaba preparando el terreno para llevar la prueba a la realidad.

Al final cedí y le dije que si así lo deseaba yo estaba dispuesto a quedar con alguno de los tíos que ya conocíamos de la red, a condición de que el afortunado invitado fuera elegido de mutuo acuerdo entre los dos, ya que ciertos amigotes de cam, estaban muy bien para el cibersexo, pero no confiaba tanto en ellos como para dejar que se metieran entre las piernas de mi mujer.

Pasamos unos días chateando con varios de los posibles candidatos, lanzándoles subliminales misivas sobre un encuentro real. Algunos rápidamente se echaron atrás, generalmente casados cuyas esposas desconocían sus aficiones de chateo, o desconfiados que solo aceptarían si éramos nosotros los que nos desplazábamos a su ciudad.

Por fin, después de tantear a unos cuantos, lo hablamos ya completamente en serio con uno de ellos, explicándole que el asunto era una especie de apuesta entre Maribel y yo y que posiblemente no habría una segunda cita fuese cual fuese el resultado de la primera. El elegido respondía al nombre de Chema.

Hacia casi un año que lo conocíamos y habíamos mantenido infinidad de sesiones calientes con el a través de la cámara. Era un chaval de Zaragoza, ciudad no demasiado alejada de la nuestra, lo cual era una ventaja. Estaba soltero, aunque tenia una especie de amiga con derecho a roce llamada Sonia, que en escasas ocasiones habíamos podido ver a través de su web cam, ya que el aun vivía con sus padres.

Con una complexión bastante corpulenta, el mozo contaba con treinta años de edad y acostumbraba a afeitarse la cabeza cada tres o cuatro días, se dejaba una perilla parecida a la mía pero mucho mas corta y su afición por la cerveza se hacia notar claramente en los michelines que le salían de la barriga.

Yo lo tenia por un tipo digamos "bonachón". Estaba cansado de ver a Maribel en pelotas mientras me la chupaba ante la pantalla, e infinidad de veces se había masturbado con la boca abierta y los ojos como platos mirando como mi esposa y yo nos exhibíamos para el.

Sin embargo, era uno de los pocos conocidos del chat, que a parte de las travesuras sexuales que practicábamos por la red, siempre había mostrado un excelente respeto y educación hacia nosotros cuando manteníamos cualquier tipo de conversación no relacionada con el sexo.

Acordamos la cita para un sábado. Chema se desplazo en tren y llego a Barcelona un poco antes del mediodía. Lo fuimos a recoger a la estación y nos marchamos los tres a una pizzería cercana al centro para comer un poco. Como esperábamos, resulto ser un chaval la mar de simpático y agradable.

Maribel se encontraba un poco nerviosa ante la cercanía del programado revolcón con Chema, y para que se desinhibiera un poco, nuestro invitado sugirió muy acertadamente que nos tomáramos unos cuantos chupitos cada uno tras la comida, lo que hizo que mi esposa fuera perdiendo poco a poca la vergüenza del encuentro y empezara a mostrarse tras cada copa un poco mas dicharachera.

El ultimo tren hacia Zaragoza y en el que Chema tenía billete, salía a las once y media de la noche, así que a eso de las cinco de la tarde, nos dirigimos a un conocido edificio de la ciudad donde alquilaban habitaciones por horas, famoso por su discreción y donde era prácticamente imposible cruzarte con alguien en sus instalaciones.

No es un sitio ni mucho menos de lujo sino practico, lo que podría llamarse un hostal de dos estrellas, y allí todo el mundo va a lo que va. Yo había reservado por teléfono la habitación con anterioridad, y nada más llegar una señora que hacia las funciones de recepcionista, nos entrego una llave y nos dio instrucciones de cómo llegar a nuestra habitación.

Era bastante amplia, con dos paredes pintadas en blanco y otras dos color trigo. Frente a la puerta de entrada, una cama de matrimonio con cabezal de madera de nogal estaba cubierta con una manta floreada en tonos marrones que hacia juego con las cortinas. Completaba el escaso mobiliario un escritorio a juego con el cabezal de la cama y dos sillas metálicas, a parte de una lámpara de pie en una de las esquinas. Ni siquiera había un pequeño televisor en la estancia.

La habitación estaba ubicada en el tercer piso, y tras las gruesas cortinas podía observarse una ancha avenida de la ciudad con el fluido tráfico típico de un sábado por la tarde. Junto a la entrada, otra puerta daba acceso a un pequeño pero inmaculadamente limpio lavabo, con una maquina expendedora de preservativos clavada en una pared y al menos media docena de toallas inmaculadamente blancas.

Junto a las dos esquinas opuestas a los pies de la cama, colocamos las dos únicas sillas de que disponíamos, ocupando yo la que situamos justo bajo la lámpara de pie y Chema, un poco cortado por la situación, hizo lo propio en el otro rincón. Maribel, bastante nerviosa, permanecía de pie entre los dos mordiéndose las uñas.

La escena se tornaba mas tensa a cada segundo que pasaba. Yo, con un codo apoyado en el reposabrazos de la silla y la mano apoyada en la barbilla, esperaba con una sonrisa parsimoniosa que comenzara la acción, pero mi esposa parecía incapaz de moverse de donde estaba y nuestro invitado nos miraba alternativamente a uno y otro sin saber que hacer ni que decir.

Entonces, y para sorpresa de ambos, Maribel, intentando aparentar una seguridad y valentía que en realidad no tenia, bajo la cremallera de su vestido y lo dejo caer a sus pies, con una sonrisa tan forzada que me pareció que incluso le temblaba un poco el labio inferior.

Su espléndido cuerpo quedo entonces ante nosotros cubierto únicamente por su ropa interior, un juego de sujetador y bragas en azul claro comprado recientemente. – Bien, empezaba a pensar que no os ibais a decidir nunca. – Comente yo haciendo un ademán con la mano hacia mi esposa invitándola a que se acercara a Chema.

Un poco titubeante aun, Maribel se acerco a donde estaba nuestro amigo. Tras un par de pasos, le ofreció una sensual vuelta sobre si misma en la que el joven pudo deleitarse viendo en directo las apetecibles curvas de mi esposa. Luego ella continúo acercándose hasta quedar a escaso medio metro de la silla de Chema.

Mi entras yo asentía con la cabeza en señal de aprobación a la iniciativa de mi esposa, ella acariciaba la mejilla del joven tiernamente, mientras este aun no era capaz de apartar la mirada del canalillo que se abría por entre las tetas de Maribel a solo un palmo de sus narices.

Confieso que la imagen de mi mujer en ropa interior frente al chaval ya me estaba poniendo la polla un poco morcillona, y empezaba a tener mis dudas de si seria capaz de permanecer pegado a la silla sin intervenir como había hecho en sus pasadas aventuras lesbicas.

Pero no tuve mucho tiempo para seguir con esas conjeturas, ya que de improviso, Maribel, sin duda envalentonada aun por los efectos del alcohol, tomo la cabeza de nuestro invitado con ambas manos a la altura de su rapada nuca, y tiro de ella hasta hacerle hundir las mejillas entre sus senos.

El chaval rápidamente comenzó a soltar lenguetazos a la parte superior de las tetas de mi esposa, al tiempo que sus manos se desplazaban hasta el trasero de Maribel y comenzaba a acariciarla por encima de las bragas mientras la atraía un poco mas hacia el.

Mientras aun seguía babeando sobre el sujetador de mi mujer, esta me dedico la primera mirada morbosa de la tarde, que yo correspondí con otro asentimiento de cabeza justo cuando una de las manos de nuestro amigo se abría camino por entre las nalgas de Maribel ciñéndose a su culo y su coño por encima de las bragas.

El joven permaneció así durante unos segundos, restregando su mano por entre las piernas de mi esposa y con la cabeza enterrada entre sus tetas debido a la presión de las manos de Maribel, que sonreía y comenzaba a suspirar entrecortadamente cuando sus pezones eran mordisqueados por encima de la tela de su ropa interior.

Cuando ya todo el canalillo de mi mujer estaba ensalivado por su acompañante, ya sin ningún tipo de reparo este le dio la vuelta a mi esposa dejándola prácticamente de frente hacia mí y con su trasero a escasos centímetros de su torso. Acto seguido, mientras ella me miraba con cara de morbo, el chaval fue introduciendo con delicadeza las manos por debajo de sus bragas para dar paso a un descarado magreo sobre las posaderas de Maribel.

Mientras provocaba que su prenda intima fuera desapareciendo entre sus nalgas a causa de la presión, Chema pasaba una y otra vez la lengua por la espalda de mi mujer, al tiempo que ella se inclinaba un poco hacia delante poniendo su respingon culo mas cerca y accesible a las manos de su amante.

Observando la escena comprobé que a nuestro amigo le destacaba un enorme bulto bajo su pantalón, y como el mío también comenzaba a ser llamativo, coloque mi antebrazo derecho justo encima para disimularlo, aunque Maribel, que no dejaba de mirarme mientras el chaval le seguía metiendo mano, ya se había percatado de mi erección.

Nuestro invitado estuvo todo el tiempo que quiso masturbando a mi mujer por encima y por debajo de sus bragas, y la expresión de su cara indicaba claramente que se lo estaba pasando en grande. Por otra parte, Maribel se mordía el labio inferior mientras acompañaba rítmicamente sus caderas provocando que la mano que hurgaba entre sus piernas cubriese más extensión de sus partes íntimas.

Pasados unos minutos, Maribel volvió a ponerse derecha y el joven dejo de masturbarla. – Vamos a darle un poco mas de morbo al espectáculo. – Dijo mi esposa mirándome y llevándose las manos a la espalda para desabrochar el cierre del sujetador. Este se soltó con un ligero movimiento de muñeca y se deslizo a lo largo de sus brazos, quedando frente a mí sus desnudos pechos.

Nuestro invitado no necesito mas indicaciones para inmediatamente después, insertando dos de sus dedos bajo la cintura de las bragas de mi esposa, hacerlas descender lentamente sin dejar un momento de mirar el trasero de mi mujer a menos de un palmo de su cara, aprovechando el breve instante en que la prenda atravesaba ya los tobillos para soltarle un libinidoso lenguetazo a lo largo de toda la rabadilla.

Menos mal que yo aun aguantaba el tipo con el antebrazo ocultando mi erecto pene, aunque a esas alturas supongo que tanto Maribel como Chema sabían perfectamente que ya estaba totalmente empalmado. Sin embargo estaba dispuesto a aguantar mi postura hasta el final.

Pienso que Maribel, e incluso yo mismo, separábamos que nuestro amigo, una vez que mi esposa estaba completamente desnuda ante el, hiciera lo propio y comenzara a quitarse algo de ropa. Por el contrario, aun permanecía con todo su atuendo acariciando unas veces el culo de mi mujer o magreandole las tetas en otras ocasiones sin dar muestras de tener prisa por follarse a su ciberamiga.

Para nuestra sorpresa, no se le ocurrió otra cosa que, tomando las caderas de mi mujer, suavemente tiro de ellas hacia atrás invitándola a sentarse sobre su abultado paquete. – Si os parece, vamos a jugar a un juego que mi novia y yo practicamos asiduamente. – Nos soltó entonces Chema mirándome muy sonriente.

Cuando la tuvo sentada encima, con el brazo derecho rodeo su espalda comprobando que su mano llegaba con facilidad a los senos de mi mujer. Luego la acomodo un poco mas hacia el lado de la pared, haciendo que el cuerpo de Maribel quedara prácticamente encarado hacia mi, mientras con la mano izquierda le hacia separar las piernas obscenamente.

Mi esposa le dejaba hacer mientras yo contemplaba el coño de Maribel totalmente expuesto sobre su pierna. – Mi novia y yo solemos hacer esto frente a un espejo. – Dijo Chema dirigiéndose principalmente a mí. – Es una sorpresa que tenia preparada especialmente para ti. – Continuo mientras me guiñaba un ojo y con su mano libre tomaba la de Maribel.

Tal como estaban colocados, el pecho izquierdo de mi mujer quedaba perfectamente al alcance de la boca del joven, que no perdió un instante en aplicarse a lamer y chupar su abultado pezón, mientras su mano, junto con la de Maribel descendía con lentitud hacia su entrepierna.

Como si tuvieran preparada la escena de antemano, en el momento en que los dedos de mi esposa llegaron a su vulva, Chema comenzó a acompañar la mano de Maribel en lo que al principio resulto ser una suave masturbación que rápidamente obligo a mi esposa a emitir los primeros leves gemidos de placer.

Mientras los dedos de mi mujer acompañados por los del chaval jugueteaban con su clítoris, este no paraba de lamer y mordisquear uno de sus pezones, y al tiempo que Maribel iba recibiendo mas placer entre sus cada vez mas abiertas piernas, arqueaba mas su espalda hacia atrás en un claro síntoma de goce.

Yo, cada vez más tenso y con el rabo mas tieso que una barra de acero, mantenía los dientes apretados y de vez en cuando cerraba los ojos para reprimir los impulsos que me decían que saltara sobre mi esposa y participara en el "dedo" que le estaba propinando el joven.

Maribel, ya totalmente desinhibida, había rodeado la cabeza de Chema con su brazo izquierdo y se la apretujaba contra sus tetas, mientras este, que ya no se contentaba con que mi mujer se acariciara la vulva, ahora le sujetaba firmemente la mano obligándola a que se introdujera el dedo corazón en su vagina.

Ella, en un estado de calentura extremo, no ofreció ninguna resistencia, y no solo se metió el indicado dedo hasta el fondo, sino que aumentando considerablemente en intensidad sus gemidos, comenzó un rápido mete saca con el, dirigido siempre por la veloz mano de Chema que continuaba guiando sus movimientos.

Obscenamente espatarrada ante mi y sentada sobre una de las piernas de nuestro amigo, Maribel se estuvo auto penetrando durante varios minutos sin soltar la cabeza de Chema que no dejaba de comerle las tetas, hasta que este, echándome una cómplice mirada, la detuvo unos segundos y coloco su mano de forma que continuara con la masturbación, pero ahora usando dos de sus dedos.

Un entrecortado grito de placer escapo de la garganta de mi esposa cuando toda la longitud de sus dedos índice y corazón se abrió pasó hasta el fondo de su coño. Nuestro amigo entonces, sujetándola firmemente con su mano por encima de los nudillos, comenzó un violento movimiento hacia adentro y hacia fuera provocando que la follada de dedos que se auto inflingía Maribel tomara un ritmo vertiginoso.

Sus gemidos se habían convertido ya en gritos de placer, que a buen seguro podían oírse tras la puerta de la habitación. Mientras tanto yo, empalmado como pocas veces lo había estado, tenía los nudillos de mi mano completamente blancos debido a la fuerza con la que me agarraba al reposabrazos de la silla, pero decidido a no intervenir pasara lo que pasara.

En un momento dado, mientras Maribel continuaba introduciéndose sus dedos en la vagina, nuestro amigo libero la presión que impedía que estos salieran del coño de mi mujer, y volviendo su mirada hacia mi, levanto el brazo a media altura y cerro el puño a excepción del dedo corazón, que mantuvo tieso, en un signo que yo entendí como si me mandara a tomar por culo.

Sin embargo, su intención era completamente distinta. Volviendo la cabeza hacia mi esposa, llevo el extendido dedo a su boca y se lo fue introduciendo lenta y repetitivamente entre los labios hasta que lo tuvo perfectamente ensalivado.

Entonces entendí el anterior signo y pensé que ahora iba a ser el quien introdujera su dedo dentro del coño de mi esposa, pero para mi sorpresa, volvió a colocar la mano tal como antes la tenia y continuo empujando los de Maribel, que continuaba masturbándose frenéticamente sobre el regazo de nuestro amigo.

La novedad fue que mientras la palma de la mano de Chema seguía aplastándose contra los labios vaginales de mi esposa, el ensalivado dedo se fue abriendo poco a poco camino por entre la parte mas baja de sus nalgas hasta situarse en la entrada de su ano.

Sin dejar de chuparle el pezón izquierdo, que incluso ya se mostraba bastante colorado por los mordisquitos, el citado dedo comenzó a ejercer poco a poco presión hacia adentro coincidiendo con las embestidas que las dos manos juntas ejercían sobre la entrepierna de Maribel, no tardando el mismo a comenzar a introducirse suavemente en su culo.

Mi esposa correspondió a este nuevo atrevimiento de Chema abriendo si cabe aun mas las piernas y jadeando ya de forma espasmódica, levantando incluso sus pies del suelo y flexionando las rodillas para facilitar la penetración de su agujero trasero, que no tardo en verse invadido por el juguetón dedo de Chema.

Fijándome en el brazo y los músculos del chaval, pude fácilmente comprender la intensidad con la que follaba el culo de mi esposa con su dedo, a parte de que la palma de su mano no dejaba de restregarse una y otra vez por encima de sus labios vaginales, mientras ella, con la respiración entrecortada y casi ya sin poder gemir, miraba ahora como sus propios dedos entraban y salían de su coño velozmente al tiempo que se masajeaba el clítoris.

Unos segundos mas tarde, mi mujer ceso en su masturbación dejando los impregnados dedos dentro de su coño al mismo tiempo que el de nuestro acompañante hacia lo propio con el que ocupaba su culo. A continuación, en el momento en que Maribel arqueaba violentamente su espalda, echaba hacia atrás su cabeza y se mordía el labio inferior, estallo en un largo y sonoro orgasmo que dejo tanto su mano como la del chaval completamente impregnada de sus jugos vaginales.

Durante unos segundos se quedo totalmente inmóvil disfrutando de su corrida, lo que el joven aprovecho para magrearle delicadamente las tetas y lanzarle unos cuantos lenguetazos a los pezones, mientras con su mano izquierda se dedicaba a esparció por toda la entrepierna de mi mujer las secreciones producidas por el intenso orgasmo.

Sin lugar a dudas había presenciado la escena más morbosa de mi vida, y mi pene estaba a punto de reventar bajo el pantalón. Aun así, continué fiel a mi palabra. Estaba decidido a mantener mis cuernos pegados a la silla aunque mi mujer y Chema continuaran follando hasta la mañana siguiente.

¡¡¡ Uuffff… ¡!! Ha sido una pasada, cariño. – Me dijo Maribel sentada aun sobre la rodilla de nuestro amigo y mirándome sonriente y con cara de vicio. – Te felicito, no creí que fueras capaz de quedarte ahí sentado viendo como este machote me perforaba el culo con el dedo. Que gustazo me ha dado. Tenemos que probarlo en casa, cielo.

Mi mujer se levanto entonces del regazo de nuestro amigo y muy lentamente recorrió los pocos pasos que separaban las dos sillas. - ¿O quizás preferirías probarlo ahora e intercambiar los papeles? Sabemos que a Chema también le gusta mirar. – Siguió diciendo mientras se sentaba sobre mi paquete y volvía a abrir las piernas desvergonzadamente en dirección a nuestro invitado.

Al contrario que el chaval, yo estaba mas recostado que el en la silla, y tenia mis piernas bastante mas abiertas que el. - ¡¡¡ Oooohhh… ¡!! Esto esta muy, pero que muy duro. – Dijo Maribel cargando todo su peso sobre mi pelvis y colocando sus piernas por la parte exterior de las mías.

Estaba a punto de decirle que prefería seguir como observador, que me encantaba el papel de vouyer, cuando, con su cabeza al lado de mi mejilla y pasándose un dedo muy suavemente sobre el clítoris, nuestro invitado volvió a llamar mi atención en una maniobra que en absoluto me esperaba.

Desde su silla y con movimientos extremadamente lentos, se arrodillo en el suelo de la habitación y se puso a cuatro patas al tiempo que con la lengua recorría libinidosamente su labio inferior sin dejar de mirar directamente al coño de mi mujer.

Luego, muy lentamente y como si fuera un felino, gateo por el piso hasta que su cabeza quedo a solo unos centímetros de la vagina de Maribel, que sin dejar de acariciarse el chocho, lo miraba entre excitada y divertida.

Aunque mi abultada polla soportaba en esos momentos prácticamente todo el peso del cuerpo de mi mujer, a buen seguro debió de engordar unos milímetros mas cuando vi como Chema, con toda la lengua fuera y una sonrisa de oreja a oreja, recorría de una sola pasada el espacio que había entre el agujero del culo y la parte superior de los labios vaginales de Maribel, provocando en esta un tenue pero largo gemido.

Yo podía ver por entre los pechos de mi esposa, como la calva cabeza del chaval comenzaba a moverse arriba y abajo entre mis propias piernas y las de Maribel, que poco a poco se abrían un poco más a cada largo lenguetazo de nuestro amigo.

No tardo mi mujer en agarrar la cabeza de Chema por detrás de la nuca y aplastársela contra su coño mientras comenzaba nuevamente a gemir entrecortadamente, y la morbosidad de la escena me obligo inconscientemente a abrir aun un poco mas mis piernas provocando con ello que Maribel se espatarrara un poco mas facilitando las largas lamidas del chaval.

A los pocos segundos, Chema ya no solo daba lenguetazos a diestro y siniestro entre las piernas de mi esposa, sino que ahora, ayudado por el brazo de Maribel que le aplastaba la cara contra su vagina, este intentaba meter su juguetona lengua lo más adentro posible de su coño, lo que provocaba en mi mujer nuevos y ahogados gemidos.

Así continuamos durante varios minutos. Mi pene sufriendo el tormento de su forzado encierro y el peso del cuerpo de mi esposa, que además movía sus caderas arriba y abajo coincidiendo con los lametazos del joven, y apretando tanto la cabeza de este entre sus manos, que el pobre chaval empezaba a tener las orejas coloradas por la presión.

Esta vez sin embargo, no quiso Chema hacer uso de sus hábiles dedos, cosa que supongo que Maribel e incluso yo estábamos deseando. Se limitaba a juguetear con la punta de su lengua sobre el ya abultado clítoris de Maribel, e incluso en algunas ocasiones, en las que introducía todo lo que podía su lengua en el nuevamente encharcado coño de mi mujer, lo tocaba con la punta de la nariz profundizando lo máximo posible.

No tardo Maribel en volver a jadear rápida y entrecortadamente, y mantenía la cabeza del joven de tal forma aprisionada en su entrepierna, que incluso temí que lo dejara sin respiración, sobre todo al ver que sus mejillas y orejas se tornaban cada vez mas coloradas.

Yo sabia que mi esposa era muy sensible a las comidas de coño, siendo una de nuestras practicas preferidas y con la que fácilmente llegaba al orgasmo, y no me sorprendió el poco tiempo transcurrido hasta que volvió a estar a punto para otra larga corrida.

Con la cabeza de Chema prácticamente enterrada entre sus piernas y las manos de Maribel actuando sobre ella como un cepo, mi mujer exhalo un largo gemido que casi parecía un hosco gruñido justo antes de comenzar a ver como las mejillas y alrededores de la boca del joven comenzaban a brillar empapados de los jugos vaginales de mi esposa producidos por su segunda corrida.

Sin embargo, el joven no se detuvo tras el nuevo orgasmo, sino que aun continuo unos segundos jugueteando con la lengua por entre las piernas de Maribel, al tiempo que se relamía y saboreaba todos los flujos que le impregnaban la cara. Mientras tanto, mi esposa se recuperaba de su segunda corrida sobre mi chafado paquete volviendo su respiración a un ritmo normal.

Un placido recosquilleo recorría mis genitales y llegaba hasta la punta de mi glande. Ni siquiera en las ocasiones en que había disfrutado de ver a mi esposa con alguna de sus amigas me había excitado tanto como esa tarde. Chema resultaba ser un experto en situaciones morbosas, y a mi me estaba convirtiendo en un feliz mirón de hielo.

Pero aun me quedaban por vivir agradables momentos en aquella habitación. Una vez que Maribel se hubo recuperado y el chaval saco la cabeza de entre sus piernas, mi mujer le indico que se levantara, y sentada aun sobre mi regazo, comenzó a desabrocharle apresuradamente los pantalones.

En ese momento caí en la cuenta de lo inusual que estaba transcurriendo nuestra cita. Tras casi una hora en la habitación, Maribel ya había disfrutado de dos escandalosos orgasmos y estaba completamente desnuda. Sin embargo, aun con muchos esfuerzos, yo mantenía mi cabezonería y mi papel de vouyer sin haberme quitado una sola prenda de ropa, y lo que aun era mas extraño, Chema tampoco.

Pero esa situación duro bien poco, ya que una vez mi mujer logro soltar el botón y bajar la cremallera del joven, de un solo tiron le bajo pantalones y gallumbos al mismo tiempo hasta los tobillos, apareciendo ante nosotros la gruesa y erecta tranca que portaba Chema.

Ahora voy a trabajar yo. – Le dijo mi esposa al chaval mientras con una mano agarraba su polla y con la otra comenzaba a acariciarle los huevos. – Te voy a comer el rabo hasta que me salga por la nuca. – Aventuro luego mirando a Chema a los ojos y espatarrada aun sobre mis muslos.

Sin mas dilación, se amorro al miembro del joven y comenzó a succionarlo frenéticamente mientras una de sus manos jugueteaba con sus genitales, a veces sujetándolos con todos los dedos, y otras deslizando sus uñas a través de ellos, lo que rápidamente hizo que una expresión de sumo placer se dibujara en el rostro de nuestro amigo.

Por unos segundos me vi impulsado a agarrar con las dos manos la cabeza de mi esposa y empujarla desde mi posición para hacer que se tragara toda la polla del chaval, pero ese pequeño instante de duda pareció transmitirle a Chema mis pensamientos, y fue el quien posando sus manos en el cogote de Maribel, comenzó a mover las caderas rítmicamente mientras la sujetaba, comenzando así una follada de boca tan profunda que la nariz de mi esposa chocaba con su cervecera barriga.

Así contemple durante unos minutos como a Maribel se le inflaban los mofletes a cada embestida, y en ocasiones incluso me parecía que la profundidad que el endurecido rabo de nuestro amigo le producía leves indicios de arcadas cuando llegaba hasta su garganta, pero mi mujer aguantaba estoicamente los golpes y ni un solo instante dejo de mamarle la verga.

No obstante, la posición no debía de ser muy cómoda para ella, ya que al poco rato, liberándose de las manos que le sujetaban la cabeza, se levanto de mis muslos y fue empujando al chaval hacia atrás hasta llegar a la cama, lo cual incluso me resulto algo cómico, pues con los pantalones en los tobillos, Chema tuvo serias dificultades en completar el recorrido con los cortos pasitos que la vestimenta le permitía.

Una vez que llego a la cama y con mi esposa prácticamente carcajeándose de la situación, esta le ayudo a despojarse tanto del calzado como de los pantalones y calzoncillos, dejándolo luego tendido sobre la colcha, quedando Maribel arrodillada entre sus piernas y ofreciéndome una inmejorable vista de su coño y su trasero.

También a mi se me escapo una sincera sonrisa ante la situación, e incluso Chema se reía abiertamente mientras mi mujer la acababa de quitar la ropa de cintura para abajo, pero ella estaba en tal estado de calentura que no perdió tiempo en volver a introducirse la bien trempada herramienta del joven en la boca.

Sin embargo, en esta ocasión nuestro amigo la dejo mamar a su antojo. Con las manos sobre las piernas del joven, Maribel subía y bajaba la cabeza recorriendo con sus labios todo el miembro del chaval, parando únicamente de chupar en algunas ocasiones en que le agarraba la tranca con la mano y lo pajeaba frenéticamente al tiempo que le magreaba los huevos.

Lo cierto es que mi mujer era una experta en practicar el sexo oral como yo bien sabia, y no necesitaba de manos tras sus orejas que la empujaran para tragarse una buena tranca hasta el fondo, lo cual no impide que en ocasiones le gustara que la sujetara de ese modo forzándola a mantener su cara pegada a mi vientre y con toda la polla dentro de la boca.

Pero claro, Chema no podía saber eso, así que se mantenía cómodamente tumbado boca arriba en la cama, con sus brazos descansando a ambos costados y dejando que fuera Maribel la que decidiera hasta donde podía llegar follandole la boca.

Yo continuaba mirándole el culo a mi esposa mientras ella se afanaba en tragarse el grueso y endurecido pene del chaval, que apoyado ahora sobre los codos no dejaba de observar el buen trabajo oral que Maribel le hacia, unas veces succionando apasionadamente la punta de su glande, y otras agarrandole firmemente el tronco mientras con la lengua le relamía los huevos.

Lógicamente, nuestro amigo no podría aguantar semejante placer por mucho mas tiempo, y tuvo la buena idea de frenar a mi mujer en su afanosa mamada para no correrse en su boca en varias ocasiones, pero llegado a un punto, le dijo que si seguía chupandole la polla de ese modo, le iba a soltar toda su carga de leche en la garganta de un momento a otro.

Una vez mas, el oportuno cambio de posiciones evito que perdiera mi fuerza de voluntad, ya que en ese mismo instante, con todo el trasero de mi mujer completamente expuesto a escasos dos metros de mis ojos, y viendo como su cabeza subía y bajaba sobre el miembro del joven, estuve a punto de liberar mi tranca de su forzado encierro e insertársela allí mismo y de un solo golpe hasta lo mas hondo de su culo, cosa que estoy seguro de que Maribel habría agradecido.

Pero la casualidad quiso que en ese mismo momento Chema se incorporara sobre la cama, y mientras soltaba apresurada y torpemente los botones de su camisa blanca que aun conservaba, fuera mi esposa la que se tumbara de espaldas sobre la cama, acomodando las manos tras su cabeza, y flexionando y abriendo obscenamente sus piernas, ofreciéndonos tanto al chaval como a mi, una inmejorable vista de su sexo.

Ahora que el joven se había despojado de toda su ropa, me resultaron aun mucho mas evidentes sus michelines o "flotador" alrededor de la barriga, así como su piel mucho mas blanca que la nuestra, que a buen seguro disfrutábamos de muchos mas días de playa al año que el en su ciudad de residencia.

Bueno, Chema no tenía precisamente un cuerpo de atleta y le iría fenomenal mantenerse durante unos meses a régimen de cerveza, pero lo cierto es que de pie frente a la cama y a mi espatarrada esposa, su tranca miraba directamente al techo brillando aun debido a los restos de saliva que la impregnaban tras la fenomenal mamada.

Por otra parte, ni Maribel tenía un cuerpazo de escándalo ni yo era un sex symbol, aun estando orgulloso de mis anteriores ligues obtenidos con las féminas del aeropuerto. Además, habíamos elegido a Chema por la confianza que nos inspiraba y su simpatía y respeto para con nosotros, y hasta el momento no creíamos habernos equivocado.

Por supuesto, los pensamientos del chaval en esos momentos no tenían nada que ver con los míos, ya que no perdió tiempo en colocar una de sus rodillas sobre la cama pegada a la cadera derecha de mi esposa, y con la otra pierna situada en el suelo a modo de apoyo, situó la punta de su glande entre los labios vaginales de Maribel, y sin brusquedad pero con determinación, le fue hundiendo todo el rabo hasta que su bajo vientre topo con el de ella.

Ya con esta primera penetración, mi esposa soltó un fuerte gemido que expresaba lo deseosa que estaba de recibir un buen pollazo en su interior, y con las manos aun tras la nuca y las piernas a ambos lados de las caderas del chaval, lo miraba directamente a los ojos con cara de vicio como invitándole a que la llevara a un tercer orgasmo.

La visión que yo tenia ahora, era la del blanco trasero de Chema, que a golpes de cadera cada vez un poco mas rápidos y secos, se habría paso entre las piernas de Maribel, que a cada embestida correspondía con un significativo y entrecortado alarido al tiempo que sus tobillos y talones se ceñían a los costados del chaval.

Los empujones de Chema pronto empezaron a ser cada vez mas violentos, haciendo incluso que con cada uno de sus quites la cama se moviese unos milímetros hacia el otro lado le la habitación, y por entre sus abiertas piernas, yo podía ver como sus genitales chocaban y casi se aplastaban contra la entrepierna de mi esposa, que cada vez gemía y jadeaba con mas fuerza pero en intervalos de tiempo mas cortos.

Tras unos minutos de intensa follada, la cama se había movido ya unos diez centímetros desde su posición original, lo que obligaba a Chema a cambiar de posición su pierna de apoyo, así que llegado un punto, decidió subirse el también sobre la cama y continuar el frenético mete saca desde allí.

El chaval se coloco de rodillas entre las piernas de mi mujer, con su endurecido miembro apuntando directamente a su coño, y tras sujetarla por los tobillos para mantenerla completamente espatarrada, al contrario de la primera follada, esta vez le metió toda la polla hasta el fondo de un solo golpe, provocando en Maribel tal grito que no era posible saber si fue de placer o de dolor.

Yo volvía a tener el nabo tieso como una barra de acero, y no puedo describir los esfuerzos de autocontrol que tuve que realizar para no inmiscuirme entre los dos, aunque solo fuera para hacerme una paja sobre la cara de Maribel mientras ellos terminaban con el polvo, pero la seguridad de que Chema ya debía de estar a punto de correrse, me mantenían con las manos aferradas a la silla.

En este punto he de reconocer que la corpulencia y la barriga cervecera del chaval eran una ventaja para mi esposa. Los largos noventa kilos que debía de pesar Chema cayendo a plomo sobre el cuerpo de mi mujer sumados al golpe de cadera final, hacían que la penetración se tornara casi violenta, aunque Maribel los soportaba estoicamente sujetándose ahora las piernas con las manos por la parte trasera de sus muslos.

Respirando ya con dificultad y sin apenas intervalos de tiempo entre sus gemidos, las tetas de mi esposa se movían arriba y abajo al ritmo de las embestidas de Chema, cuyas caderas parecían ahora un taladro percutor que golpeaba brutalmente la parte externa de la vagina de Maribel llegando con su tranca seguramente hasta la matriz de esta.

Enseguida me percate de que mi mujer volvía a estar al borde del orgasmo. – Sigue… vamos… mas fuerte… si… follame… bien… fuerte… que… me… corro… - Le decía Maribel medio ahogándose entre gritos y gemidos aprovechando el breve espacio de tiempo en que el chaval echaba hacia atrás sus caderas para coger impulso y volver a metérsela con fuerza.

Como no podía ser de otro modo, a los pocos segundos mi esposa tuvo su tercer orgasmo en apenas una hora, arqueando su espalda convulsivamente cuando nuevos flujos vaginales le inundaban el coño e impregnaban con nuevo lubricante la polla del chaval, que para aumentar el goce de Maribel, mantuvo su herramienta totalmente hundida en el interior de mi mujer hasta que la respiración de esta empezó a tornarse menos agitada.

Sin duda el joven tenía buen aguante, y era innegable que le había echado a mi esposa un polvo salvaje, así como una buena sesión de masturbación mas una morbosa comida de coño que en total le había arrancado tres orgasmos. Pero el aun seguía con sus huevos a rebosar de semen y no tardo en indicarle a Maribel como pensaba descargarlos.

Siguiendo sus instrucciones y con la entrepierna impregnada de sus propio fluidos, mi mujer se coloco a cuatro patas sobre la cama, abiertas sus piernas tanto como sus músculos se lo permitían, la espalda un poco arqueada hacia abajo y apoyada en los codos, ofreciéndole al chaval su respingon trasero para su desahogo.

Por un momento pensé que Chema se disponía a encular a mi mujer, y de haber sido así seguro que hubiese abandonado mi aposento para unirme a la pareja, ya que tanto a Maribel como a mi se nos dispara la libido practicando el sexo anal, a parte de que una doble penetración hubiese sido una excelente forma de terminar la cita concertada con Chema.

La posición de mi mujer era la idónea para que el chaval le perforara el culo, contando a su favor el hecho de que su pene se mantenía de sobras lubricado tras la frenética follada y posterior corrida de mi esposa, pero posiblemente Chema estaba tan cercano a soltar su ya por bastante tiempo retenida carga de leche, que opto por la manera mas rápida y fácil, y tras volver a situar la punta de su falo en la entrada del sexo de Maribel, con un nuevo golpe de cadera la penetro hasta el fondo.

En esta ocasión, poco a poco se fu colocando arrodillado de manera que su herramienta quedara prácticamente bajo la pelvis de mi esposa, siendo ahora los impulsos de su cuerpo dirigidos hacia arriba, al tiempo que sujetando a Maribel por una de sus caderas, tiraba de ella hacia si incrementando la fuerza de penetración.

Aun consiguió estar unos minutos el chaval dale que te pego por detrás a mi mujer, que ayudaba balanceando su cuerpo hacia atrás coincidiendo con los empellones de Chema y animándolo a que se corriera con obscenas palabras. - ¡¡¡ Oh… si… que manera de follar… no te pares…. vamos… lléname el coño de leche… ¡!! – Le gritaba Maribel casi con rabia y apretando los dientes, aunque creo que mas por aumentar la calentura del joven que por su propio placer, puesto que me daba la impresión de que ella ya estaba bien servida sexualmente esa tarde.

Como no podía ser de otro modo, unos instantes después, nuestro considerado amigo le saco la tranca de su interior justo en el momento en que un largo y espeso jeringazo de semen salía disparado hacia el trasero de mi esposa, acompañado por este de una mezcla entre grito y gruñido que expresaba con claridad el placer obtenido con la tardía descarga.

Aun tuvo el joven idea de mantener unos segundos mas su placer restregando su liberado pene a lo largo de la rabadilla de mi mujer, echando mano a sus posaderas y paseando su miembro una y otra vez por entre las encharcadas nalgas de Maribel, esparciendo así una buena cantidad de semen entre ellas y dejándole el culo totalmente húmedo.

A continuación, y debido al esfuerzo realizado, el joven no pudo menos que caer rendido sobre la espalda de mi esposa con la polla morcillona aun restregándose entre sus nalgas, procediendo luego a darle un emotivo y cariñoso beso en la sudorosa nuca de Maribel.

Segundos mas tarde, los dos quedaban tumbados boca arriba en la cama ante mis ojos, el chaval con su miembro volviendo a su estado de reposo, y mi mujer, sin el mas mínimo rastro del pudor mostrado en los primeros minutos de la cita, acariciándole con una de sus manos los ahora vacíos testículos.

Tal como habíamos acordado, yo me había mantenido sin intervenir pegado a la silla durante la mas de hora y media que había durado el revolcón, aunque en un estado de calentura y con un dolor de huevos como pocas veces había soportado, y Maribel no tardo en reconocer mi abnegación con una sonrisa en los labios.

Muy bien, cariño, tu ganas, lo has conseguido. No te has movido de la silla mientras este machote me hacia correr tres veces en poco tiempo antes de bañarme el culo en leche. – Me dijo graciosamente soltando por fin el flácido miembro del joven y recostándose en los codos. – Eso te convierte como mínimo en un vouyer de tres estrellas, ¿no?

Los tres nos reímos abiertamente tras el ingenioso comentario de mi esposa, aunque yo no tenia muy claro si esas palabras no serian el principio de un nuevo reto cuya finalidad seria hacerme "subir de categoría". Lo que había quedado sobradamente claro, es que Maribel era cada día un poco más golfa y yo me estaba convirtiendo en un mirón de "primera división".

Tras unos minutos de descanso, un par de comentarios por parte de cada uno sobre lo bien que lo habíamos pasado todos, cada uno en su papel, acompañados de varios cigarrillos, tanto mi mujer como Chema volvieron a vestirse y nos preparamos para abandonar la habitación.

Antes de que nuestro amigo se marchara, decidimos pasar un rato en una cafetería de los alrededores tomando unas copas y evocando los acontecimientos de la tarde. Entre susurros y con nuestras tres cabezas prácticamente juntas para evitar que nuestra conversación fuera escuchada por terceras personas, comentamos todas y cada una de las "escaramuzas" realizadas entre mi esposa y Chema.

A cada nuevo comentario, nuestra libido volvía a despertar un poco mas, principalmente la mía, que mantenía mis huevos a punto de explotar. El caso es que sin apenas darnos cuenta y con nuestra calentura siempre en aumento, nos metimos entre pecho y espalda otras cuatro copas cada uno en más de dos horas que permanecimos allí.

Llegamos a la estación con el tiempo justo de que nuestro amigo cogiera el último tren a Zaragoza. Nos despedimos cordialmente de el dejando abierta la posibilidad de nuevos encuentros, contrariamente a lo pactado con anterioridad a la cita, y mi esposa y yo volvimos a casa.

Solo me queda decir que esa noche follamos como salvajes. Nada mas entrar en el comedor, y sabiendo Maribel de la calentura que yo mantenía retenida en mi interior, se amorro a mi polla y tras cuatro lenguetazos descargue una inusual cantidad de semen en su garganta, afanándose ella en no dejar escapar una sola gota del interior de su boca.

A partir de ahí, nos lo tomamos con mas calma, hasta que a altas horas de la madrugada, y tras unos cuantos perversos juegos de pareja, dimos por terminada la aventura tras una espectacular penetración anal, por aquello de que ninguno de los agujeros de Maribel quedara privado de una buena follada.

Luego, tendido sobre la cama y cuando mi esposa ya empezaba a dormirse, me vino a la mente el comentario hecho por ella sobre el "vouyer de tres estrellas", y tras unos minutos dándole vueltas al asunto, llegue a la conclusión de que hubiera sido más acertado decir "carnudo de tres estrellas".

Fin
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