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El ejecutivo - capítulo 6 y final
El ejecutivo - capítulo 6 y final
Crónica del ascenso, triunfo y desaparición de un Ejecutivo.
En el momento que comenzaron a follar pulse la tecla de Stop.

No estaba preparado para lo que acababa de ver y sobre todo oír. Mi mundo si no estaba ya destrozado se acababa de derrumbar irremediablemente. Mi adorada esposa, la dulce, la angelical, la encantadora Sara, mi 'Ojos Azules' me estaba engañando y riéndose de mí desde el primer día.

Y yo como un completo capullo tapándola para que no cogiera frío y cambiándole las sabanas que ella misma había manchado con su amante para que no se agobiara.

Salí del despacho como un sonámbulo, iba tropezando con los muebles, ni me fije si Sara estaba despierta o dormida ni me importaba. Necesitaba salir de aquella casa, irme lejos, me dirigí hacia el garaje, pero antes pase por el mueble bar y cogí una botella de coñac.

Me subí en mi coche y fui haciendo kilómetros y echándome tragos de coñac. No buscaba matarme, pero en aquel momento tampoco me hubiera importado mucho, si así lograba parar esa angustia que me llenaba las entrañas y que era como un dolor físico inaguantable.

Los kilometros y el coñac me fueron calmando, entonces toda mi frustración se trasformo en odio y poco a poco mi mente fue tomando el control de la situación, la rabia se trasformo en fría lucidez.

Tenía que analizar fríamente la situación, estudiar las posibles salidas a ese yugo que me habían impuesto y devolver los golpes. Tanto a Pedro como a Sara. Ahora, después de lo oído, se habían convertido en mis enemigos. Se habían estado riendo de mí. Manipulándome y engañándome en todos los sentidos y sin ninguna consideración hacia mis sentimientos.

Si me jodía la actitud de Pedro, la de Sara no la podía entender. Si me había estado engañando desde el primer día, si me consideraba un pelele y un muñeco, ¿porque se había casado conmigo?, ¿como podía aparentar ser feliz a mi lado, si solo pensaba en 'jugar' con Pedro?.

Pero no veía ninguna salida, o cornudo o a la cárcel. Como no pensaba tragar con la opción de cornudo, tenía que estudiar como escaparme de la prisión.

Si yo iniciaba el ataque, tenía que empezar declarando mi participación en los hechos delictivos para también inculpar a Pedro. Sería su palabra contra la mía. El tenía documentos que me señalaban y estaría rodeado de buenos abogados. Al final lo mas probable es que yo me comiera todo el marrón acabando en la cárcel y él saliera indemne de todo y continuando con sus 'juegos'.

Solamente es incuestionable la declaración de alguien cuando es su última voluntad. Una declaración jurada de alguien que ha fallecido si que sería tenida en cuenta. Pero yo no estaba dispuesto a tamaño sacrificio para obtener mi venganza. Tenía que seguir pensando.

Cuando estoy triste necesito oír un adagio, un nocturno, alguna aria de ópera y en cambio en la radio sonaba una flamencada - pachanguera que creo que inicialmente era de Peret, pero en una versión de Sabina y Serrat :

"Y no estaba muerto, estaba tomando cañas."

"Y no estaba muerto, estaba de parranda."

En mi cara comenzó a aflorar una sonrisa, estaba pensando en una posible salida del túnel.

Había pasado mas de una hora desde que salí de casa, di media vuelta y necesite dos horas mas para volver. Iba conduciendo lentamente, mi mente ensamblaba las piezas del puzzle, cerrando los flecos y pensando soluciones a los inconvenientes que se iban presentando.

Cuando llegue a casa, todavía mi cuerpo sentía los efluvios de todo el alcohol que me había metido, pero mi mente tenia claros los próximos movimientos que iba a realizar.

Sara me estaba esperando con cara de preocupada. A estas alturas, yo ya no sabía hasta que punto le importaba o si estaba haciendo un papel. Aunque ahora ya no me creía nada, pero debía actuar con discreción, que nada me delatara, ni hiciera sospechar a estos dos nada de lo que había descubierto.

Le dije que había necesitado un tiempo para calmarme y conducir me había ayudado, exageré la borrachera y le dije que necesitaba irme a dormir, que mañana estaría nuevo, pero que esta noche no podría ir nuestra habitación, dormiría en cualquiera de las habitaciones vacías.

Ya no volví a nuestra cama, las siguientes noches seguí usando aquella habitación de invitados. Le dije que nuestro dormitorio me traía malos recuerdos, que necesitaba un tiempo para superarlo, y con unas y otras excusas fueron pasando las noches sin que yo volviera a ocupar nuestro dormitorio.

En el resto de aspectos la vida volvió a su rutina habitual mientras se iba acercando el fatídico día de la fiesta.

Mientras, para poner en marcha mi plan me vi obligado a desarrollar una actividad frenética, tuve que contactar con antiguos compañeros de estudios, usar mis contactos y mi dinero para sobornar a gente y obtener algunos artículos poco habituales y hasta ilegales.

Como en la empresa no había cambiado nada y yo continuaba en mi puesto y con mi estatus y mis poderes intactos, tuve que realizar un viaje al extranjero, que fue particularmente intenso, para continuar con el trapicheo de la evasión de capitales.

Sara seguía conmigo encantadora, haciendo el papel de esposa recatada y obligada por las circunstancias a participar en unos juegos eróticos que no eran lo suyo. Pero nuestra vida y nuestros pensamientos estaban llenos de lo que nos estaba pasando. Era imposible no hablar de ello. Cuando sacábamos el tema de nuestra sumisión a Pedro, me tranquilizaba, era una mala racha que pasaría mas pronto que tarde y al final solo sería un recuerdo lejano y morboso.

Lo que no pude, ni quise, fue hacer el amor con ella. Después de lo que había oído y visto no quería ni tocarla. Usé todas las excusas que se me ocurrieron para que fueran pasando los días sin joder con ella.

Para tratar con ella en el día a día, tuve que hacer un ejercicio mental y retroceder al momento antes de haber oído aquella conversación con Pedro que me descubrió a mi verdadera mujercita. Me convertí en un autentico cornudo enamorado, engañado y encantador con ella.

Y mientras fueron pasando los días y llegó el día de la fiesta.

Mi mujer se puso un vestido muy sugerente y casi trasparente, estaba imponente con él, solo verlo me generó un subidón, no llevaba sujetador y debajo un tanga hilo dental. Las trasparencias no dejaban mucho a la imaginación. Me cabreé. Le dije que se estaba pasando, que había que mantener las formas por lo menos ante el resto de los empleados, no convenía que en la empresa se corriera la voz de que ella era la nueva putilla del jefe y yo el marido consentidor.

Me dijo que tenía razón que solo había pensado que para lo que le iba a durar puesta no necesitaba mucha ropa interior. Mantuvo el vestido pero se puso algo mas debajo neutralizando las trasparencias, al menos el resto de empleados no la tomarían como una puta.

Y nos fuimos para la fiesta. Preferimos ir en taxi porque era seguro que íbamos a beber, íbamos a necesitar alcohol para digerir lo que nos esperaba, al menos yo. Y para entrar en situación, antes de salir de casa ya me pegue un par de lingotazos. Necesitaba valor aunque era importante que no perdiera la concentración.

Como todas las fiestas a las que había asistido, primero el coctel de bienvenida para ir entrando en situación, luego la cena con canapés y el Buffet libre como siempre exquisito y luego una zona de baile otra de conversaciones y gente moviéndose entre los distintos espacios.

Yo estaba en tensión, sabia que se acercaba el momento en que mi mujer y yo seriamos reclamados por el anfitrión y tendríamos que cumplir. Pero yo ya no me sentía humillado, una fría determinación dominaba mis actos.

Sara me iba mentalizando para lo que me esperaba: " Tenemos que ser conscientes de que vamos a formar parte de una especie de rito, de función, de teatro, en el que tu y yo vamos a ser actores interpretando un papel. Iba a ser una juego erótico, un juegos para adultos. Ya la había visto satisfaciendo a Pedro y a un amigo. No iba a pasar nada nuevo, nada que yo no hubiera visto ya".

Pedro encantador se acercó a nosotros, ¡como disfrutaba siendo el rey!, rodeado de cortesanos y repartiendo sonrisas, apretones de manos, palmadas en la espalda, mientras, todos le bailábamos el agua, cada uno con su estilo, pero todos éramos un atajo de lameculos y la mitad de ellos cornudos, como yo.

"- Hola pareja, ¿porque no me acompañáis un momento?. Quiero enseñaros mi último juguete".

¿Que íbamos a hacer?, seguirle. Nos lleva hasta el parking para enseñarnos su última adquisición un Ferrari Testarossa rojo que era una maravilla. Le debía haber costado un ojo de la cara. Y alardeando nos contó sus características, lo maravilloso que era y lo que le había costado conseguirlo. Como si yo tuviera el cuerpo para aguantarle chulerías.

"- Bueno pareja, llegó el momento, vamos para arriba".

Al cruzar el salón lleno de invitados, un hombre de unos cincuenta años se acerco, alto, elegante, con clase. Se le veía acostumbrado a mandar, a tomar decisiones.

"- Os presento a Arturo, hace muchos años que somos amigos y socios en algunos negocios. Hoy es mi invitado especial. Estos son Sara y Miguel, te he hablado de ellos, esta mujer te va a hacer rozar el cielo. Es mi regalo del que te he hablado".

"- Hola, encantado. Es un placer conoceros. Me alegra ver Pedro que no habías exagerado, después de esto te deberé una muy gorda. En fin, por mi ya estamos aquí de más, la boca se me hace agua pensando en lo que guarda Sara debajo de ese encantador y sugerente vestido".

"- Entonces, ¡vamos todos para allá!.

"- Acercaros vosotros, les dije, yo necesito tomarme algo muy fuerte, ahora mismo subo".

"- Vale, pero no tardes. Ya sabes que sin ti no podemos empezar". Me contesto Pedro sonriendo, mientras los tres se iban hacia el ascensor que les subiría al piso de arriba. A la habitación picadero.

En cuanto los vi desaparecer me dirigí hacia el parking lo mas rápidamente posible, como había venido en taxi, necesitaba un coche y el Ferrari me iba a ser muy útil.

Salí zumbando hacia mi casa. Dicen que la felicidad esta hecha de pequeños momentos. Yo estaba cambiando un desagradable momento de humillación por el placer de darle caña a un Ferrari. Si eso no era la felicidad se parecía mucho y mi cara lo reflejaba con una sonrisa de bobalicón. Lo que le estuviera pasando o le estuvieran haciendo a mi mujer ya no era mi problema. Había desconectado de toda esa mierda. Y para que no me jodieran el momento con llamadas inoportunas, apagué el movil.

Al llegar a mi casa metí el Ferrari en el garaje junto con mi coche y el de Sara.

Tenía claro cuales eran mis próximos pasos y tenía que echarle valor para hacer lo que tenía que hacer.

Sara estaba inquieta por mi ausencia pero Pedro estaba cabreado, muy cabreado. Que alguien se le revelara no era una opción aceptable. Su colección de maridos cornudos y consentidores tenían que ser sobre todo consentidores y que alguien se sublevara lo sacaba de sus casillas. Me llamaron por teléfono repetidas veces para oír aquello de que el 'movil esta apagado o fuera de cobertura'.

En esa estaban cuando Sara recibió una llamada de la policia local. Le informaban que en su casa se había declarado un incendio. De golpe se les acabaron a todos, ademas de los calentones, todas las tonterías. Y rápidamente se organizaron varios coches con amigos de la fiesta para acompañar a mi mujer ya que yo seguía sin aparecer.

Cuando llegaron a la casa no pudieron ni acercarse, un cordón policial de seguridad lo impedía, la casa ardía por los cuatro costados. Al identificarse como la propietaria y sus amigos, la policia aviso al jefe de los bomberos que vino a informarles:

"- Las conclusiones provisionales hasta que se acabara el incendio y los expertos pudieran hacerlas definitivas era que el incendio no se había producido de forma fortuita, era un incendio provocado, y ese veredicto era importante de cara al seguro".

"- El incendio se había iniciado al menos en ocho puntos distintos, y solamente con una gran cantidad de acelerantes se había podido desarrollar de una forma tan agresiva. A pesar de todos los esfuerzos que estaba haciendo su equipo de bomberos, de la casa no iban a quedar mas que los cimientos y cuatro paredes socarradas".

Pedro cambió de color y comenzó a soltar tacos descontrolados cuando vio que entre los coches que estaban ardiendo y rodeados de llamas se podían distinguir los restos de un Ferrari Testarossa rojo.

En el grupo estaban además de Sara y Pedro, su mujer Adela, Antonio y varios compañeros más. Todos con cara de circunstancias, sobre todo cuando entendieron que la presencia de ese coche podía implicar que yo estaba o había estado en la casa. Unos pensando que como víctima y otros como el autor del fuego.

Estuvieron mas de una hora viendo como el fuego acababa con todo. No se iba a salvar nada a pesar de que los bomberos hacían todo lo que podían. Entonces se les acercó el jefe de los bomberos con una cara que no presagiaba nada bueno.

Les informó que acababan de encontrar el cuerpo totalmente calcinado de un hombre que apareció tumbado encima de la cama del dormitorio principal. Sara rompió a llorar desconsolada mientras Adela la recogía entre sus brazos. Hasta Pedro se olvido de su Ferrari y pensó que se les había ido la mano con sus juegos.

Había muchos curiosos alrededor, todos los vecinos de la urbanización en un radio de un kilometro habían salido de sus casas y estaban mirando, todos estaban pendientes del fuego y de la actividad de los bomberos.

Entre ellos a unos quinientos metros y desde una zona privilegiada un motorista, con casco incluido, no se perdía detalle ni del fuego ni de los espectadores, incluso se ayudaba de unos pequeños prismáticos para no perder detalle y obtener incluso primeros planos de los espectadores de la primera fila.

Debajo de ese casco de motorista estaba yo. Eso sí, irreconocible, mi barbita de pijo-progre había desaparecido así como todo mi pelo. Con mi cabeza totalmente afeitada, unas lentillas cambiando el color de mis ojos y unas prótesis dentro de la boca que deformaban mi expresión, ni mi madre me reconocería.

De todas formas, como no me fiaba, no me quitaba el casco de motorista. El casco formaba parte de mi nueva imagen junto con una moto cascajo de tercera mano imprescindible para moverme, que la tenía hasta sin papeles y un traje de motorista, el mas discreto que había encontrado. No era cosa de ir llamando la atención.

Me había agenciado una documentación falsa con un nombre que me iba a acompañar el resto de mi vida. La documentación antigua, junto con mi ropa, anillo, movil y todas mis pertenencias se las había enjaretado al muerto por si se salvaba algo del fuego.

Encontrar un muerto de mi tamaño y complexión no había sido difícil, en el anatómico forense los tenían a cientos, una propina fue suficiente para conseguir uno. Ponerle un par de implantes para que coincidieran con mi dentadura ya fue mas complicado. Y mas caro, tuve que recurrir a un amíguete que aún así me cobro un pastón, Pero cuando lo examinaran me darían oficialmente por muerto.

De momento las cosas estaban saliendo como estaba previsto.

El día siguiente sábado un motorista, que pagó en efectivo, entregó siete sobres a una agencia de recaderos para que los repartieran. Cinco de esos sobres tenían como destinatario los cinco periódicos mas cañeros, otro de ellos iba para la fiscalía y último para el juzgado. A todos se les informaba del resto de destinatarios, por si alguien tenía la intención de perder el sobre en un cajón.

Todos los sobres ademas de una serie de documentos muy esclarecedores llevaban un video grabado por el Director Financiero de una de las empresas mas prestigiosas de la ciudad que había aparecido muerto el día anterior probablemente por suicidio, aunque la investigación oficial todavía no se había definido.

El video era una declaración de culpabilidad, en él, se inculpaba de su participación en la creación de un entramado de sociedades para evadir capitales a paraísos fiscales siguiendo instrucciones de Pedro el Director General y copropietario de la empresa.

El domingo la noticia de mi suicidio y del escándalo financiero estaba en todos los periódicos. En mi entierro no se hablaba de otra cosa, estaba presente la gente de la empresa y media ciudad. Las tragedias es lo que tienen, atraen mucha gente.

Y yo debajo de mi casco de motorista y a una prudencial distancia, estaba asistiendo a mi entierro. Mucho curioso, Sara metida en su papel de viuda afectada, algo de verdad si que debía haber en su dolor, algo lo debía sentir aunque solo fuera por su participación en las circunstancias que me habían llevado al suicidio.

Pedro ni apareció, ser noticia de primera plana en la prensa del día le obligaría a esconderse y lo que menos le apetecería sería venir a cumplimentar al muerto que había generado todo ese escándalo.

Pero había dos personas que si que estaban afectadas. Su dolor era real y eran Adela la mujer de Pedro y mi amigo Antonio, el Jefe de Contabilidad. Me supo mal por ellos, tenía que hacer algo al respecto.

El lunes la policía vino a la empresa a detener a Pedro. Los sobres a la fiscalía y al juzgado habían hecho efecto. Cuando sus abogados, siguiendo instrucciones de Pedro, quisieron preparar el dinero para la fianza se descubrió que no había saldo en ninguna de las cuentas de la empresa, no había dinero ni para pagar a los proveedores, ni para pagar la próxima nomina.

Comprobaron que el muerto, entre el jueves y el viernes había vaciado todas las cuentas no solo las normales sino también las de los paraísos fiscales. Una serie de trasferencias en cadena había limpiado todas las cuentas, siendo imposible seguirle la pista al dinero desaparecido.

Y eso trajo una serie de consecuencias. La primera que Pedro no podría pagar la fianza y se iba a chupar mucha celda hasta que le saliera el juicio uno o dos años después. La segunda es que la empresa se bloqueó. Quiebra, suspensión de pagos, etc, se usaron varias definiciones para decir que no había un puto duro. Sin dirección y sin capital la empresa se iba a la mierda, pero ya. No iba a durar ni un mes.

Y como todas estas noticias el martes ya eran del dominio publico. Entre los empleados de la empresa se instaló un nerviosismo que los tenía a todos preocupados. Nadie daba un duro por su puesto de trabajo. Y muchos empezaron a pensar que el muerto había arrastrado demasiadas cosas con él.

El mismo miércoles Antonio recibió un mensaje de movil citándolo esa misma tarde en una gran explanada de las afueras. Era un espacio enorme que usaban los niños con sus padres para hacer volar cometas o probar drones o aviones teledirigidos, el resto del tiempo era un gran espacio vacío.

El mensaje le informaba de la importancia de acudir por el bien de la empresa. Y como, dadas las circunstancia, no tenía nada que perder, se fue para allá a la hora que le citaban.

La explanada estaba totalmente vacía con una excepción, en el centro un motorista parecía estar esperándole. Se acerco lentamente hacia él con una cierta prevención, mientras el motorista con los brazos abiertos y enseñándole un gran sobre, le hacía gestos para que se acercara y no desconfiara.

Cuando llegó a mi altura y salió del coche yo me quité el casco. El caso es que me conoció y no me conoció, la sorpresa era muy grande, yo estaba muy cambiado, algo le decía que era yo pero su mente se negaba a aceptarlo, no hacía ni tres días que había estado en mi entierro.

"- ¿Que pasa Antonio, ya no saludas a los viejos amigos?". Reconocer mi voz le eliminó las dudas, pero no pudo articular palabra. Nos dimos un fuerte y largo abrazo. El tiempo que necesito para recuperar la voz. Y cuando la recuperó me bombardeó a preguntas, una tras otra, sin darme tiempo apenas para contestar.

Así que lo calme y mientras dábamos paseos alrededor de los vehículos le conté con detalle todo lo que había pasado desde que encontré a mi mujer poniéndome los cuernos con Pedro y otro hombre. Y como me había llegado a encontrar en un callejón sin salida que me había obligado a tomar la decisión de fingir mi muerte. Se lo contaba porque sabía que podía confiar en él y aunque no lo tenía previsto, quería calmarle el dolor que mi muerte le había causado.

" - Y ahora vamos al motivo por el que te he citado. Mi venganza está haciendo que la empresa esté a punto de irse a la mierda y eso no lo vamos a permitir. En este sobre he desarrollado un plan de viabilidad que puede reflotar la empresa. Tenéis que crear una cooperativa de empleados, te será de mucha ayuda tu amigo del Comité de Empresa. Te he adjuntado una lista de varios compañeros, todos 'buena gente' y muy cualificados que os pueden ser muy útiles".

"- Las acciones están cayendo en picado. Dentro de dos semanas las podréis comprar a precio de ganga. En este sobre están los datos de una cuenta a nombre de esa cooperativa de empleados con el dinero para haceros con un buen paquete de acciones, suficiente para que los empleados os convirtáis en los dueños de la empresa y coger el control. Y con dinero para que podáis cubrir las fluctuaciones de caja de los próximos seis meses, nominas, proveedores, etc. Si gestionáis la empresa la mitad de bien que lo hacía Pedro, no tendréis problemas para salir adelante".

Durante media hora mas continuamos repasando los detalles del plan y le di un número de movil donde podría localizarme. Le insistí que solo él podía saber que yo seguía vivo.

Nos despedimos con otro abrazo y se marchó. Yo no me moví, faltaba solamente media hora para mi siguiente cita.

Diez minutos antes de la hora vi acercarse el coche de Adela, yo me había vuelto a poner el casco y repetí los gestos para que se acercara sin desconfiar.

No se atrevió a bajar del coche y fui yo quien entré en el asiento del copiloto mientras me quitaba el casco. Me reconoció inmediatamente, se abrazó a mi llorando y hablando de forma convulsiva, con frases entrecortadas que no podía entender, pero cuyo sentido estaba claro. Mi entrevista con Antonio había sido muy moderada, con ella era pasional y no se ni como un segundo después nos

estábamos besando.

No era mi objetivo ni creo que fuera el suyo. Los dos teníamos toda una serie de frustraciones acumuladas, de cuentas pendientes, de deseos de venganza y todo eso afloró en ese momento. Nos seguimos besando y besando y nos dejamos llevar por la pasión.

Mis manos recorrieron su cuerpo mientras iban sacando ropa y liberando su piel, ella hacía lo mismo conmigo. Parecíamos poseídos, un inmenso fuego nos consumía. Nunca la había visto mas que como amiga. Pero en aquel momento la amiga había dejado paso a una mujer ardiente y sensual.

No hay como una mujer pacifica, formal y un pelín estrecha cuando se desmelena. Los dos tuvimos que recordar nuestra época de estudiantes para acoplándonos a follar dentro del coche. Cuando me subí sobre ella y comencé a metérsela ya no veía a la amiga, veía a la mujer, a la mujer ardiente, a la mujer que era puro fuego, a la mujer que quería ser poseída, que quería que se la metiera y me iba abriendo el camino.

Y fuimos follando, aquello era follar de forma salvaje, hasta que a ella se le fue apoderando un orgasmo inmenso y fue el momento en que yo liberé el mío descargando varias sacudidas de semen dentro de ella. Yo llevaba casi un mes sin hacer el amor y ella supongo que debía llevar mas. El hijo de puta de Pedro tenía tiempo para todas menos para ella.

Y después de correrme pensé que no solo me había follado a Elena, le había puesto los cuernos a Pedro. Mira, no era el objetivo, pero donde las dan las toman.

Yo estaba todavía encima de ella cuando nos miramos a los ojos, nos había pasado el calentón y volvíamos a ser los amigos de antes, yo creo que los dos nos sentíamos un poco violentos y para romper el momento la volví a besar y ella me devolvió el beso. Era un beso de cariño. Ahora nos habíamos convertido en amigos con derecho a roce.

Elena fue la primera en hablar "- Es la primera vez que me la mete un muerto". Y acabamos riendo de una forma un poco histérica liberando ya definitivamente toda la tensión. Estaba todo asumido, volvíamos a ser dos buenos amigos.

Ella tenía mucha preguntas y se las fui contestando. Le aclaré todas las dudas sin omitir detalle, ella ya lo sabía casi todo sobre las andanzas de su marido y lo que desconocía se lo conté.

Entonces tome la palabra y durante un buen rato no la solté. Le informé que en su nombre casi había cerrado un trato con un amigo de ellos que estaba interesado por su casa y que en varias ocasiones les había hecho alguna oferta. La venta era urgente antes de que el juzgado la embargara. Si ella estaba de acuerdo con la venta y con la cifra ese mismo viernes podían ir a formalizar la venta en el notario. Una cantidad importante de la venta iba a ser en negro, ella cobraría esa cantidad en efectivo y tendría que ponerla en una caja fuerte alquilada en un banco. Del dinero oficial haría dos partes, una la pondría en la cuenta de su marido, donde casi seguro que sería embargada, pero la otra parte la pondría a nombre suyo y de sus hijos para que nadie la pudiera tocar.

Ella ya había pensado en el divorcio y la animé. Tenía que iniciar una nueva vida, sin Pedro y con sus hijos y mejor en otra ciudad donde pudiera empezar de nuevo. Entonces le di los datos de una cuenta en Suiza que había abierto a su nombre donde le había puesto una importante parte del dinero que le había jodido a su marido. Con eso tenía para vivir de forma holgada lo que le quedaba de vida.

Le recordé que no dijera a nadie que yo seguía vivo y le di mi número de movil. Un número que solamente Antonio y ella conocerían. Después nos despedimos.

A pesar del dinero que le había dado a ella y del que le había dado a Antonio todavía me quedaba una cantidad en un paraíso fiscal con la que podría vivir el resto de mi vida sin dar un palo al agua. De momento me iba a dedicar a viajar por el mundo y si mas adelante me cansaba de no hacer nada quizá montara algún negocio.

Ese mismo sábado me embarque en un crucero con dirección a Miami, iban a ser tres semanas sin escalas con un solo objetivo, recordar como se liga, iba a disparar a todo lo que se moviera, tenía que reciclarme y comprobar si mi nuevo look tenía éxito entre el sexo contrario.

Tardé ocho meses en volver. Me había dedicado a recorrer la parte oeste de los Estados Unidos, Los Angeles, Las Vegas, San Francisco, pero tenía que volver, aun tenía algo pendiente, tenía que despedirme de una persona para poder cerrar el capitulo de mi vida de Ejecutivo.

Un par de llamadas de teléfono a Elena y Antonio me pusieron al corriente de las novedades.

Elena se había trasladado a otra ciudad con sus hijos. Se había divorciado. Había iniciado una vida nueva y era feliz. Estaba montando un negocio para mantenerse ocupada aunque no necesitara el dinero y había conocido a alguien. Todavía se estaban conociendo, era un hombre sencillo y cariñoso, lo contrario que Pedro. No quería precipitarse, pero estaba muy ilusionada y sus hijos que ya le conocían lo habían aceptado. Pensaba que podía se el hombre de su vida.

La empresa dirigida por esa cooperativa de empleados había atravesado el bache y funcionaba con buenos resultados. Ahora los empleados eran los propietarios de la empresa. De vez en cuando y un poco en broma alguien decía que habría que ponerle una estatua en el patio a aquel Director Financiero que con su suicidio provocó que todo cambiara.

Pedro seguía en prisión preventiva a la espera de juicio, nadie se creía que no tuviera dinero para pagar la fuerte fianza que le habían impuesto. Según el juez existía riesgo de fuga y de eliminación de pruebas, por lo que seguía jodido en la cárcel y comiéndose los mocos. Además sabía que no le quedaba un puto duro, aunque lograra salir, estaría totalmente arruinado.

Con la nueva reestructuración de la empresa Sara había dejado de ser la jefa de marketing pero seguía trabajando en el departamento. En la empresa ya no era la copropietaria, había dejado de ser una rica heredera para convertirse en una empleada más. Había vendido el terreno con los restos de su casa y se había podido comprar un piso y un coche.

Su vida se había calmado, sería por la ausencia de Pedro y sus 'juegos eróticos' o porque acusaba su viudedad. Parece ser que el suicidio de su marido por no haberse doblegado a sus manipulaciones le había pasado factura. No acababa de levantar cabeza. Llevaba una vida gris, monótona y rutinaria.

Sara solía comer en una terraza, cerca de la empresa. Fue el sitio que escogí para contactar con ella. Me situé medio escondido en un portal, a la suficiente distancia para poder ver sus reacciones pero evitando que ella me viera y la llamé por teléfono.

Cuando descolgó, lo primero que oyó fue un extracto de la conversación que había tenido con Pedro en nuestra cama:

( "- Te dije que nuestro acuerdo iba a funcionar, un poco de presión por mi parte y Miguel volvería a tus brazos sin rechistar, a hacer de maridito totalmente sumiso y enamorado".

"- Y a cambio, yo tenía que hacer el papel de la dulce esposa obligada por las circunstancias a satisfacer tus caprichos, para satisfacer tu morbo. Teniéndolo totalmente engañado".

"- Reconocerás que es mas excitante verle sufrir, ver la cara que pone cuando te entrega a mí, cuando se queda pensando lo que vamos a hacer, que si no le importaras nada. El juego perdería todo su encanto si supiera que eres tan 'especial ' como yo, con mis mismas 'aficiones', con mis mismos gustos. Si supiera que la mayoría de estos juegos eróticos son idea tuya".

"- Y no debe enterarse, es mejor para nuestra relación que me siga viendo como la dulce esposa enamorada. Ya lo tienes donde querías: Sujetándome mientras tú me follas".

"- Tengo que recordarte que el día de tu boda, mientras hacías que alguien distrajera a tu marido tuve que follarte, aquí en esta cama, antes de que el la estrenara".

"- Bueno chica, a lo que estamos, ya basta de chachara que mi polla ya ha despertado, y ahora quiero que cuando follemos des los gritos mas fuertes que puedas, quiero que el cornudo de tu maridito te oiga y que no encuentre un sitio en la casa donde esconderse. Que tus gritos de placer y tus orgasmos los oigan hasta los vecinos".)

"- ¿Que broma es esta?." Sara estaba pálida, su rostro había perdido todo el color, lo que acababa de oír la había hecho retroceder a una época y a unas circunstancias que llevaba meses intentando olvidar.

"- Hola, 'Ojos Azules', parece que la vida te trata bien". Fueron mis primeras palabras. Del susto se atragantó.

"- ¿Quien eres? Maldito hijo de puta, ¿que broma es esta?, seas quien seas ¿como juegas con estas cosas?".

"- Sara, amor, solo han pasado ocho meses y ya no reconoces a tu marido, al cornudo de tu marido".

"- Mi marido esta muerto, no se te ocurra ni hablar de él. No se quien eres, pero respeta la memoria de los muertos".

"- Sabes que pasa Sara, que la muerte está sobrevalorada, ya no es lo que era, yo no me había despedido convenientemente de ti y he venido a hacerlo. De verdad ¿no me reconoces?, ¿no reconoces mi voz?".

"- Pero yo te vi muerto, yo vi tus restos, yo te enterré".......

"- Enterrasteis un cuerpo que no era el mío, a ver si te enteras, no me habías dejado salida entre Pedro y tu. Me acorralasteis tanto entre los dos que me hicisteis estallar. No podía dejar que entre Pedro y tú me chantajearais y me engañarais al extremo que lo hicisteis. Te he puesto la conversación anterior para que veas que estaba enterado de vuestros enredos y manipulaciones".

"- Entonces estas vivo, ¿es verdad?. Dios, no lo puedo creer. ¡Estas vivo! . No sabes la alegría que me das. Llevo ocho meses considerándome responsable de tu muerte. Miguel te quiero, no sabes lo que te he echado de menos todo este tiempo. ¿Donde estás?. Quiero verte, necesito verte. No vuelvas a desaparecer. Te quiero".

"- Pues si me querías tuviste una rara forma de demostrarlo".

"- Te quería y te quiero, no sabes lo feliz que me hace oírte. Ya se que no supe demostrártelo pero para mí eras y eres la persona a la que mas he querido. Me cogiste en una época muy especial de mi vida en la que no supe ordenar mis prioridades, y me comporté de una forma que ahora mismo hasta a mí me avergüenza".

"- Sara nuestro tiempo ya paso, tuviste mi amor y lo pisoteaste, te convertí en la persona mas importante de mi vida, y me engañaste, me pusiste los cuernos, te reíste de mi, me humillaste. Junto con Pedro, tu amante, me hicisteis pasar los peores ratos de mi vida y eso os ha traído consecuencias".

"- Las consecuencias han sido que los dos estáis arruinados, no os he dejado ni un duro, tu has perdido tu parte de la empresa y tu maravillosa casa ha desaparecido y vas a tener que trabajar toda la vida para salir adelante. Pedro, tu amante, ha perdido su casa, ha perdido su empresa, ha perdido a su familia, esta en la cárcel y le quedan por delante unos cuantos años. Los suficientes para que le dé tiempo a recapacitar sobre sus abusos y depravaciones. Y cuando salga va a tener que empezar de cero trabajando con sus manos".

"- Al menos te tiene a ti, aunque los 'bis a bis' de la cárcel pueden ser un poco sórdidos. O los animáis con vuestras viejas costumbres. ¿Te está esperando con algún funcionario o con otro preso cuando vas a verle? , ¿Ofrecerte para que otros te disfruten puede ser una buena moneda de cambio para obtener favores allí dentro? , ¿Pero ahora tendrá que ser él quien te sujeta las manos mientras consientes que sus amigos de corran dentro de ti? , ¿Y le das a tragar el semen?"........

"- ¡Ya vale! , ¡Para ya!. No he visto a Pedro desde el día que lo detuvieron. Solamente he hablado con él por teléfono un par de veces por cuestiones practicas relacionadas con la empresa y con nuestra nueva situación". Se defendió Sara.

"- Estupendo, así podrás contarle a Pedro que mientras el se está pudriéndose en la cárcel, yo estaré viajando de vacaciones perpetuas con vuestro dinero".

Podía ver su rostro desencajado, con una tristeza enorme, en su cara se reflejaba el dolor que esta situación le estaba ocasionando, el dolor que mis palabras le estaban causando y el dolor al pensar como lo había tenido todo y lo había dejado perder por dar prioridad a sus pasiones olvidando el respeto a los demás.

"- Y tu recuerda que estoy oficialmente muerto. Esta es la última vez que sabrás de mi. Esta es la última vez que oirás mi voz . Esta es mi despedida. La despedida de tu marido al que hiciste un cornudo y que te ha dejado viuda".



---ooo- FIN -ooo---
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