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El ejecutivo - 5
El ejecutivo - 5
Crónica del ascenso, triunfo y desaparción de un Ejecutivo.
Cuatro meses después nos estábamos casando.

Y comenzó el periodo mas feliz de mi vida. Todo me sonreía. Tenía un buen trabajo, una mujer maravillosa y nos queríamos. Estábamos enamorados. Todo era perfecto sin ninguna sombra en el horizonte que pudiera enturbiar nuestra felicidad.

Teníamos una muy buena posición económica. Podíamos permitirnos casi cualquier capricho que se nos antojara y no nos faltaba de nada. Cuando me quise dar cuenta habían pasado seis meses.



En la empresa todo seguía igual, llevábamos una buena marcha comercial, la cuenta de resultados era excelente, yo seguía con mis viajes mensuales, en alguno de ellos hasta me podía acompañar Sara, y Pedro seguía disfrutando de sus fiestas y de sus acosos mientras todos los que sabíamos algo mirábamos hacia otro lado.

Precisamente ese viernes nos tocaba la fiesta mensual. Yo iba a las fiestas con Sara y ambos como pareja y de muy buen rollo íbamos saludando a unos y a otros. Formábamos parte de los distintos corrillos y de las distintas tertulias. Eramos una pareja popular entre nuestros compañeros. Nos divertíamos. Algo de buena comida, algo de buena bebida, todo con buena compañía y con buena conversación.

Las fiestas las disfrutábamos. Lo pasábamos bien, a veces estábamos un rato separados cada uno formando parte de distintas tertulias en distintas habitaciones hasta que nos volvíamos a encontrar y nos hacía la misma ilusión que si lleváramos horas separados. Luego seguíamos juntos contándonos lo que habíamos hecho y con quien habíamos hablado.

En los ratos que yo me movía solo, aprovechaba para saludar a Adela, la anfitriona. La relación entre nosotros seguía siendo estupenda, con una gran complicidad. Pero por alguna razón Sara y ella no se caían bien y yo aprovechaba para hablar con Adela en mis ratos sin Sara.

Otro al que me gustaba controlar era a Pedro, mas por morbo que por otra cosa, me hacía gracia saber a quien se estaba 'trabajando', incluso en tres o cuatro ocasiones y con mucho sigilo había subido al piso de arriba hasta la habitación del espejo.

No me considero un voyeur, pero desde la habitación del espejo había visto algunas escenas de sexo y de dominación, que me habían generado unas erecciones y unos calentones que luego Sara había tenido que apagar.

Como llevaba ya un rato solo y comenzaba a aburrirme se me ocurrió que una buena idea sería subir a dar un vistazo a la habitación del espejo. Quizá me esperara alguna escena interesante.

Y no me equivocaba. Un desconocido estaba echándole un polvo salvaje a una mujer que gemía debajo de él mientras ella con la cara girada hacia su izquierda, besaba y masturbaba a Pedro, que tumbado a aquel lado, esperaba su turno agradeciendo con una inmensa cara de felicidad el tratamiento a que estaba siendo sometido. Por los movimientos y los gemidos, le faltaba poco a la pareja que jodía para llegar al orgasmo. Ella dejó de besar a Pedro para comenzar a besar al tío que la estaba penetrando y entonces pude verle la cara. Ojalá no la hubiera visto. Ojalá no hubiera subido.

La mujer que estaba follando con Pedro y el desconocido era Sara, mi mujer. La mujer con la que solo llevaba casado seis meses.

Mi 'Ojos Azules' estaba aguantando las embestidas de aquel fulano que metía y sacaba su polla dentro de ella. Dentro de su coño. Un coño que solo me pertenecía a mí. Un coño que estaba siendo usado sin ningún respeto ni consideración por el 'hijoputa' de Pedro y su amigo.

No era posible. Nada me había preparado para una escena así. Ninguna sospecha, ningún detalle que me hiciera imaginar lo que estaba viendo. Y a pesar estar viéndolo no me lo podía creer. Un cañonazo no me hubiera impactado tanto.

¿Como era posible?, si nos queríamos. Que necesidad tenía de engañarme. Si teníamos un sexo genial. No podía entender ¿porque lo estaba haciendo?, ¿porque me estaba poniendo los cuernos?, ¿porque se dejaba follar por un par de depravados?.

Mi primera reacción fue entrar a separarlos, a golpearlos, a matarlos. Pero yo no pintaba nada en esa habitación. Sara era mi mujer, sí, de acuerdo, pero estaba allí por su propia voluntad. Yo no tenía nada que decir, nada que hacer, salvo tragarme los cuernos. Antes de salir de la habitación del espejo les hice una foto con el movil.

Estaba hundido, destrozado. Al salir, las piernas no me sostenían, empecé a andar como un borracho, iba dando bandazos de una pared a otra mientras unas amargas lágrimas corrían por mis mejillas. Me senté en las escaleras, me faltaba el aire, me estaba ahogando, necesita gritar, estallar, morirme.

Entonces una mano se apoyo en mi hombro. Cuando me giré Adela me abrazo. El abrazo de una amiga era lo que necesitaba en ese momento.

" - ¿Tú lo sabias?. ¿Verdad?. Mas que una pregunta era una afirmación. ¿Cuanto hace que está pasando?".

" - Vamos Miguel, ¡No te hagas eso!, ¡No te hagas mas daño!. Te vas a calmar, necesitas calmarte, necesitas pensar, necesitas aceptarlo, necesitas hacerte a la idea, necesitas asimilarlo y, decidas lo que decidas, necesitas pasar pagina y seguir con tu vida.".

" - No hagas un drama, la mitad de las parejas acaban separándose, y la mayoría pasan por lo que tu estas pasando. Respira, respira profundamente, tómate tu tiempo, tomate el tiempo que necesites. Ordena tus ideas y reorganiza tu vida. Eres joven y con toda la vida por delante, no dejes que esta mierda te ahogue y sobre todo no te quedes a formar parte de esta mierda".

Sus palabras me calmaron lo suficiente para poder salir de la casa y de la fiesta. Y desaparecí. Desaparecí de mi vida. Recordé aquel pueblo de montaña con su lago y me perdí en el. Lo último que hice fue mandarle a Sara la foto que le había hecho follando con Pedro y su amigo y tirar el movil.

Necesité tres semanas para tocar fondo. Tres semanas de no hacer nada. Tres semanas de aburridísimos paseos por el lago. Tres semanas pensando y maquinando venganzas. Y pasadas esas tres semanas comencé a remontar, a organizar mi mente y mis sentimientos y a pensar en volver. Tenía que cerrar los capítulos que tenía abiertos : mi matrimonio y mi trabajo. Después borrón y cuenta nueva. Iniciaría mi vida en cualquier otro sitio.

Me instalé en un hotel y fui a cerrar uno de los frentes que tenía abiertos: mi matrimonio. Era casi anochecido cuando aparecí por mi casa. Digo mi casa porque era donde vivía desde que me casé pero que seguía siendo la casa de Sara. Yo la había considerado mi hogar, una casa acogedora, agradable, decorada con gusto donde había sido inmensamente feliz. Pero ahora veía los espacios y los muebles como algo ajeno, algo frío, algo que no tenía nada que ver conmigo.

Nada mas verme Sara se arrojo a mis brazos llorando, no tenía buen aspecto, estaba demacrada, mi ausencia y mi falta de noticias no le habían sentado bien. Supongo que a su manera algo me quería a pesar de los cuerpos con que me adornaba.

O eso, o era de ese tipo de mujeres que necesitan al marido como algo social, algo para enseñar, para dar una buena imagen de estabilidad ante la sociedad, alguien que las lleve y las traiga, pero con el que contaban muy poco, ni en el plano sexual ni en el intelectual.

Yo no podía, ni quería, responder a su abrazo. Pero hice lo posible para no ser desagradable, yo la había querido con toda mi pasión y, a mi pesar, la seguía queriendo. Haciéndole daño no calmaría mi dolor. Tardó unos minutos en poder recuperarse y en poder hablar.

La foto que yo le había enviado follando con Pedro y su amigo hacía innecesaria cualquier explicación. Pero ella quería explicarse, contármelo todo.

Y me contó una historia de presión y de chantaje por parte de Pedro, por algunos documentos que él tenía de su padre y que de usarlos no solo emborronarían la memoria de su padre sino que ademas ponían en cuestión la legalidad de su herencia, de la parte que ella tenía en la empresa.

Me habló de lo mal que lo había pasado, de sus dudas hasta decidirse a ceder, hasta que aceptó en convertirse en otro más de los juguetes sexuales de Pedro, pero se justificó diciendo que no le había dejado otra alternativa. No solo estaba en juego su patrimonio que era una cantidad importante, estaba en juego el buen nombre de su padre fallecido hacía menos de un año.

Lo que menos dudas le generó, fue el hecho de contármelo o no. Tenía claro que no. Después de la espantada que le había hecho cuando estábamos con sus amigos Luis y Nuria, sabía con certeza que yo no lo aceptaría y que, si me enteraba, sería el final de nuestro matrimonio como había acabado pasando.

Todo lo que me fue contando tenía sentido, sobre todo conociendo al personaje de Pedro y sus peculiaridades. Pero cada vez que yo cerraba los ojos la veía debajo de él disfrutando. Aquello había supuesto un antes y un después. Por mucho que yo la quisiera ya no podía verla con los mismos ojos.



Y se lo conté, le conté el daño que me había hecho y me seguía haciendo, haberla visto disfrutando de aquella manera. Le explique que había intentado canalizar mi dolor, trasformarlo en morbo como he visto hacer a tantos otros, darle un giro a la situación y trasformarla en placer. Pero, de momento, todos mis intentos habían sido infructuosos.

Me reconoció que sí, que había disfrutado. Cuando se encontró ante los hechos consumados, ya no tenía sentido hacerse la mártir, y que sí, había gozado de cada encuentro, ya la conocía, sexualmente era muy pasional, no quería mentirme y me reconoció que en esa y en los tres ocasiones anteriores que Pedro la había reclamado, se había entregado con pasión y lo había disfrutado plenamente.

También pensó que todo sería un arreglo momentáneo. Ella era consciente que era un capricho pasajero para Pedro. Pronto se cansaría de ella y la sustituiría por otra. Tenia que aguantar un periodo, rogar para que pasara pronto, intentar que yo no me enterara y después su vida volvería a la normalidad. A una normalidad de recién casada entregada solamente a su marido.

Yo mentalmente ya había enterrado mi matrimonio, aun aceptando sus explicaciones y sus motivos, no me veía continuando un matrimonio bajo el dominio de Pedro, aceptando que en cualquier momento la llamara y tuviera que ir a someterse a sus caprichos y conociendo a Pedro y sus 'aficiones' buscaría el momento mas humillante para nosotros.

Como tenía previsto dormí en el hotel y al día siguiente fui a cerrar el otro frente, el de la empresa. Tenía que formalizar la baja, como requisito previo para poder reiniciar mi vida en otro lugar. Como me dijo Adela tenía que desvincularme de toda esta mierda.

Pedro, el Director General, me esperaba en su despacho, supongo que mi mujer ya le había informado de mi reaparición, se levantó y se acercó hacia mí con cara de circunstancias pero con una cierta sonrisa como diciendo 'que le vamos a hacer, ya sabes como soy'.

Con el primer guantazo le borre la sonrisa de la cara y le mandé las gafas a la otra punta del despacho, con el segundo acabó rodando por el suelo donde se quedó para evitar seguir recibiendo.

" - Eres un hijo de puta, me has roto la vida, me has robado lo que mas quería y todo para hacerte una muesca mas en la polla, para apuntarte un trofeo mas".

No estaba acostumbrado a que le trataran así. Siguió en el suelo temiendo mi reacción. Cuando vio que no pensaba seguir pegándole, que me había dado media vuelta para irme, y estando todavía sentado en el suelo, se atrevió a hablarme.

" Miguel, no puedes irte. Cálmate, tenemos que hablar, hay muchas cosas en juego para que desaparezcas sin mas. Vamos a sentarnos como personas civilizadas. Tenemos que arreglar todo esto".

" - Eso tenías que haberlo pensado antes de acosar a mi mujer, antes de incluirla en tu cuadra, antes de follártela". Le conteste de muy mala hostia.

" - Miguel, antes de que salgas has de saber una cosa. En estos momento nuestra asesoría jurídica tiene en su poder un sobre cerrado. En ese sobre están las pruebas que te vinculan a la evasión de capitales, en la que se te considera el único responsable. Piensa que todas las firmas de todas las cuentas bancarias y de todas las sociedades en el extranjero son tuyas. Las pruebas te señalan como la persona que ha organizado todo el entramado para lucrarse personalmente, para tu propio beneficio. Y tienen ordenes de presentarlas en el juzgado al día siguiente de tu salida de nuestra empresa.

" - Es un mero mecanismo de defensa. Sabes demasiado y no puedo permitirme el daño que podrías hacerme desde fuera si te enfrentas conmigo. Simplemente me he curado en salud. No es nada personal. Te puedo aceptar un par de guantazos en un ataque de cuernos. Pero no te puedo permitir que intentes arruinarme o meterme en la cárcel. ¡Ah! Ese sobre también acabará en el juzgado si yo tuviera algún tipo de accidente. Te lo digo por si por tu cabeza pasara alguna idea rara". Todo esto me lo va diciendo mientras se va levantando y recuperando confianza. Vuelve a ser el Pedro de siempre, duro y seguro de si mismo.

" - Como podrás comprobar no te he dejado salida, estás acorralado. Tienes dos caminos: Te vas con la cabeza muy alta y todo tu orgullo intacto para entrar derecho en prisión. Serás noticia en todos los periódicos y sentirás el deshonor y el rechazo de toda tu profesión y de la mayoría de tus amigos. Y te vas a chupar mucha celda porque hasta llegar a juicio te van a pedir una fianza enorme en base al dinero desaparecido, una fianza que no podrás pagar. Te tendrás que joder en la cárcel hasta que salga el juicio uno o dos años después. Y tranquilo, que aunque te caigan muchos años, en cinco o seis años más ya estarás saliendo los fines de semana y algún que otro permiso. Para que puedas trabajar de jardinero o de peón de albañil que van a ser los únicos trabajos a los que podrás acceder".

" - Y tienes otro camino: Sigues donde estás, en tu puesto, sin que nada cambie, teniendo un buen trabajo y el prestigio de las personas de tu entorno, con dinero y continuando con la vida de lujo que llevas, pero desde luego permitiendo que tu querida Sara forme parte de mi 'cuadra' como tú la has llamado y que la sujetes como un buen marido cornudo y consentidor para que yo, y a veces algún amigo, nos la podamos cepillar. Cuando yo quiera y donde yo quiera. Pero eso sí, contigo delante que es lo que a mí me excita, lo que me pone, lo que me gusta, tú ya lo sabes".

" - Ya ves que te soy claro. Sin engaños. No hace falta que me contestes ahora. Piénsatelo bien. Háblalo con Sara. Tienes hasta mañana para darme una respuesta con lo que decidas". Me está mirando fijamente, con una mirada dura y provocadora.

Mi primer impulso fue lanzarme sobre él y a duras penas logré contenerme. Yo también le miré fijamente, pero sabía que había perdido, no tenía salida, estaba acorralado. Me di media vuelta saliendo de allí.

Me encerré en mi despacho y calibré todas las posibilidades. O la cárcel o los cuernos. No había termino medio. Y yo ya me había acostumbrado a la buena vida, a los buenos coches, a vivir sin mirar lo que cuestan las cosas. Entonces entro Sara. La miré de forma distinta, el día anterior la veía como un enemigo, hoy la veía como una víctima. Tan víctima como ya me estaba viendo yo. Ella había tenido que ceder al chantaje como ahora me iba a tocar a mí.

Me miró, me cogió de la mano y solo me dijo "- Ven, vámonos a casa".

Nos pasamos,todo el día y parte de la noche hablando y poco a poco me fue convenciendo. O, quizá, me deje convencer yo solo, ya que la opción de la cárcel me aterraba.

Teníamos que mentalizarnos, adaptarnos, aceptar que una vez, cada dos o tres semanas, ella fuera poseída por Pedro mientras yo miraba. Según ella, sin nos hacíamos a la idea aprenderíamos a disfrutarlo, no lo veríamos no como una humillación sino como un trio. Era muy importante que yo me reciclara porque iba a tener que verla disfrutar con lo que le hacía Pedro o sus amigos, tendría que oírla gemir y oírle frases animando a excitarse a quien se la follara y todo eso delante mío. Ella tenía que sentir que yo no lo estaba pasando mal, que la situación si no me excitaba al menos que no me doliera.

Y poco a poco me fui convenciendo. Habíamos pasado unos meses maravillosos, ahora nos tocaba la travesía del desierto. Iban a ser unos meses malos, unos meses hasta que a Pedro se le pasara el capricho y nos cambiara por otra pareja.

En mi claudicación, en mi aceptación, también pesó mucho mi amor por Sara. Hicimos las paces, fue una reconciliación completa, con polvo incluido. Un polvo nuevo, distinto. Hicimos el amor con una intensidad y un morbo nuevo. El pensamiento de esas situaciones que nos esperaban estaba dando un valor añadido a la pasión.

Al día siguiente fui a ver a Pedro, quería regatear con él, salvar un poco la dignidad, pactar fechas y condiciones, pero Pedro estaba muy fuerte, sabía que había ganado, se movía en un terreno que dominaba, el de la sumisión a sus caprichos, el de tratar con cornudos sumisos. Y no conseguí nada salvo que me humillara mas. Sería cuando él quisiera y como quisiera y las veces que quisiera y ademas pensaba traerse a algún amigo para compartir a mi mujer.

Y para que me quedara claro y cerrar el trato, iba a hacer algo que formaba parte de su liturgia, algo que hacía siempre. La primera vez con una nueva pareja, siempre pasaba la noche en la casa de ellos, usando el dormitorio de ambos y sin que el marido hiciera otra cosa que ayudar.

Así que esa noche iría a cenar a nuestra casa y luego se quedaría a pasar la noche en nuestra cama con Sara.

Me miró esperando mi aprobación y yo, que no podía articular palabra, creo que le hice un signo afirmativo de mi cabeza. Dí media vuelta y salí.

No quería que Pedro me viera totalmente derrotado. Estaba hundido, de celos, de humillación, de impotencia, tenía ganas de llorar y me refugié como siempre en mi despacho, no podía permitir que nadie me viera así. Intenté buscar el morbo pero solo pensaba que a mi Sara, a mi 'Ojos Azules' se la iba a calzar el sinvergüenza de Pedro mientras yo la sujetaba, mientras hacía de palanganero.

Tardé cerca de una hora en recuperarme y no lo logré hasta que decidí que tenía que tramar algún tipo de venganza, no sabía ni cuando ni como pero me vengaría. Ese pensamiento me ayudo a superar el bajón.

Me acorde de Sara, era raro que no hubiera venido a conocer el resultado de mi entrevista con Pedro, debía haber tenido alguna reunión. La llame y la cite en mi despacho. Se lo conté, le conté que Pedro quería estrenar nuestra casa y a nosotros, que vendría a cenar y a pasar con nosotros una noche entera, para no agobiarla no le dije que va a ser esa misma noche.

Se lo conté con voz entrecortada y bastante afectado. Sara se lo tomó con naturalidad e intentó animarme con sus palabras "- Miguel no hagas un drama, ya sabíamos lo que iba a pasar. Esta noche me vestiré de forma insinuante para agradaros a los dos, haremos una buena cena los tres, lo regaremos con un buen vino para que todo surja mas espontáneo y yo seré vuestro postre. Relájate, piensa en lo que vamos a disfrutar. No te agobien y no pienses cosas raras".

Cuando Sara se marcho algo me rechinaba en la cabeza. Ella sabía que la reunión iba a ser esa misma noche y yo no se lo había dicho. Sara ya tenía esa información, solamente la podía haber obtenido de Pedro. Estaba claro que había una complicidad entre ellos que ella me escondía y que existía una relación entre ellos mayor de lo que Sara quería hacer ver. De acuerdo que ya habían hecho el amor algunas veces y eso genera confianza, pero si ella había ido tan obligada como me quería hacer creer, no era lógica tanta vinculación entre ellos.

Me sentía engañado. Existe un engaño físico, sexual que duele mucho, que te puede joder la vida, pero con el se puede vivir. Pero la mentira, el engaño con palabras, es bastante peor, genera falta de confianza y es lo que acaba con una relación de pareja, cuando ya no se puede confiar en el otro, el amor y la convivencia se han roto.

Me fui hacia casa antes de hora. Lo que iba a pasar esa noche ya no era mi principal preocupación. No dejaba de pensar en la relación que unía a Pedro y Sara. Había algo que no sabía. Algo me estaban ocultando. Tenía que hacer algo antes de que ellos llegaran a la casa.

La llegada primero de Sara, luego de Pedro, la conversación inicial y luego la cena fue todo muy natural. Eramos tres amigos disfrutando de una buena cena. A mediados de la cena tocamos de pasada nuestra relación, nuestro acuerdo, y todo eran frases como: "no es para tanto", "tenemos que disfrutarlo", " ser mas liberales", "es solo sexo". Etc. Etc.

Sara se se había puesto un vestido ceñido rojo que le sentaba como un guante, debajo no llevaba sujetador y solo un pequeño tanga. Rebosaba sexualidad, a mi me cabreaba que todo ese despliegue fuera en honor de Pedro. Y comenzaron los prolegómenos, primero Sara me dio a mí un fuerte beso en la boca, cuando acabo se giró y le dio a Pedro el mismo tratamiento. La diferencia es que yo había tenido las manos quietas y Pedro las hizo trabajar, le recorrió todo el cuerpo por encima del vestido, su erección ya era evidente.

Cuando Sara intento dar por finalizado el beso, él la retuvo y siguió besándola y tocándola por todos lados. Le pidió las bragas y Sara le contesto con una sonrisa de complicidad. Fue subiéndose el vestido y descubriendo sus piernas lentamente, mientras,sus grandes ojos azules iban de Pedro a mí, nos lanzaba miradas mezcla de inocencia y sensualidad. Sabia como calentar a los hombres. Las bragas fueron bajando a lentos impulsos mientras volvía a taparse las piernas.

Al terminar le entregó las bragas a Pedro que se las guardó en el bolsillo después de acercárselas y aspirar su aroma. Estaba tremendamente excitado, hasta yo pude notarlo. Volvió a buscar la boca de Sara y su mano derecha entró entre sus piernas, subiendo el vestido, recorrió sus muslos y siguió avanzando. Por la cara que puso Sara, ya debía de tener un par de dedos dentro de su vagina.

Esta noche Pedro era el macho alfa y a mi me quedaba el papel de palanganero. Ni sabía que hacer, ni que decir, ni que cara poner. Que la escena me tenía caliente era evidente, pero los celos, la humillación del trato que le estaban dando a mi mujer, no me dejaba disfrutar. Tenía que aprender de Sara que se dejaba llevar y lo disfrutaba.

Pedro hizo que Sara le sacara el pene y le hizo un gesto que ella entendió a la perfección comenzando a hacerle una mamada, se puso de rodillas para poder mirarme a mí a los ojos. Nuestras miradas se cruzaron. No se lo que reflejaba la mía pero debía ser una mezcla de angustia y agonía. Su mirada reflejaba morbo, pasión, lujuria, amor, mientras ella hacía que una polla entrara y saliera de su boca.

Y nos fuimos todos para el dormitorio. Pedro me pidió que desnudara a Sara mientras él se iba desnudando. A mi esta vez no me tocaba participar. A estas altura ya todos habíamos aceptado sus rituales, él hacía de maestro de ceremonias dirigiéndonos a Sara y a mí que cumplíamos sus ordenes sin rechistar.

A mi, completamente vestido, me tocaba sujetar a Sara de las manos mirando hacia mí, mientras dejaba expuesta toda su retaguardia a Pedro. Sara se apoyaba en mí dejando todo su culo a disposición de él. La escena me era familiar, era idéntica a la que habíamos vivido durante una fiesta con Raúl y Sonia.

Pedro comenzó a jugar con su polla alrededor de la vagina de ella, dándole pequeños golpes pero sin intención de entrar. Sara cada vez estaba mas caliente, agarrada a mis manos y mirándome con unos ojos llenos de deseo y de lujuria que no le había visto nunca.

Y no pude evitarlo, una erección se me apoderó, una erección que me hacía daño porque no la había buscado, mi cuerpo me traicionaba, me sentía mal conmigo mismo, cerré los ojos, quería estar lejos de allí, no soportaba la tensión.

Mientras, Pedro seguía con su juego, reconocía las ganas de Sara de que se la metiera, "- Si quieres que te la meta tienes que pedírmelo, quiero ver como tu marido te oye decir que quieres que entierre mi polla en tu coñito y que me corra dentro de el."

" - Déjate ya de juegos y de jilipolleces, y si la tienes que meter hazlo de una puta vez" .

" - Y si mi marido tiene que ver como me la metes, pues ya estas tardando, no marees tanto la perdiz y termina cuanto antes."

"- Pero ¿que dices?, prisa ninguna, si tu marido está disfrutando, mira que bulto le ha salido en el pantalón. Y tu decías que tu marido era diferente. Ya te dije que Miguel era como todos un cornudo consentidor que disfruta viendo como se cepillan a su mujer"

Mi mujer miró mi erección, luego me miró a mi, y yo me sentí culpable, creo que hasta me puse colorado, estaba avergonzado mientras veía su rostro de decepción. Es el momento que aprovechó Pedro para ensartarla de un solo golpe, estaba claro que no hacía falta mas lubricación, mi mujer llevaba un rato caliente, chorreando jugos y deseando ser penetrada.

Y comenzó el juego de "mete - saca" cambiando de ritmo, cambiando de impulso, buscando ambos el mayor placer. La cara de mi mujer había vuelto a ser de una lujuria incontrolable.

" - Si quieres que no pare pídeme mas, que te oiga tu maridito".

" - Mas....Mas....No pares, no pares, por favor no pares, Mas..., Mas... Mas...".

Y yo empalmado y caliente, quería matar a Pedro y comencé a darle vueltas a la idea, era lo único que me calmaba en esos momentos. Quería hacerle daño. Estaba viendo como se cepillaba a mi mujer mientras yo la sujetaba ¿Era posible una humillación mayor?.

La idea de participar me pasó por la cabeza pero no quería perder la poca dignidad que me quedaba. La frustración y el resentimiento superaban todo la calentura y el morbo que en mi se había generado.

Los gritos de mi mujer llegando al orgasmo me volvieron a la realidad y vi las ultimas sacudidas de Pedro que se corría dentro de mi mujer con una enorme sonrisa de satisfacción.

Otra pieza para su colección, y este trofeo era de los mas buscados. Ha logrado lo que quería follarse a mi mujer conmigo presente.

"- Bueno Miguel, esta vez no te tocaba participar, la próxima vez ya te dejaré unirte a nosotros, y ahora te vas a marchar a dormir a otra habitación que yo me voy a quedar en vuestro dormitorio con tu mujer, aunque ya me la he follado unas cuantas veces va a ser la primera noche entera que pasaré con ella y aun se me ocurren unos cuantos juegos que practicar y para esos no nos haces falta."

" - Aunque, te doy una opción para quedarte un ratito mas y sacarte la calentura, te tumbas para que tu mujer te ponga el coño en la boca y puedas tragarte todo mi semen, entonces le dejaré que te toque hasta que termines".

Hice acopio de la poca dignidad que me quedaba y salí de nuestro dormitorio dando un portazo.

Era un cornudo total. Me iba, dejando a mi mujer en manos de un sádico, que la iba a usar como quisiera, mientras yo intentaría dormir algo en otra habitación.

La frustración me dominaba pero aun tuve un ultimo pensamiento hacia Sara : yo me quejaba, yo estaba muy mal, yo sentía el ahogo y la ira, pero era ella la que se estaba sacrificando, la que estaba aguantando todas las perversidades que se le iban a ocurrir a Pedro en las próximas horas y en las próximas ocasiones y la que estaba aguantando que se la metieran por donde a Pedro le diera la gana. Y un sentimiento de amor hacia Sara y su sacrificio fue lo único bueno de esa fatídica noche.

Me pase la noche prácticamente sin dormir, en un par de ocasiones oí a mi mujer gritando de placer. En aquellos momentos me tapaba la cabeza con la almohada hasta que los gritos desaparecían. Dí alguna cabezada nerviosa, llena de pesadillas y de pensamientos de odio. Tenía que vengarme. Por supuesto. Pero el sentimiento de amor hacia Sara me hizo la noche mas llevadera. Eso sí, sería una noche que nunca olvidaría.

Con Sara tendría que ser infinitamente paciente, tendría que imaginarme mil formas de compensarla por lo que tenía que estar pasando.

Por la mañana me levanté el primero, total no podía dormir, preparé el desayuno como se esperaría de un buen cornudo. No estaba feliz con mi vida, a veces pensaba que en la cárcel al menos tendría un ápice de dignidad, pero ¿de que me serviría?. Pedro se estaría follando igualmente a mi mujer, y mi vida estaría destrozada para siempre.

Tenía razón Sara, esto había que verlo como una mala racha, una racha de esas que la vida nos regala, sorprendiéndonos algunas veces. Después de unos meses de una inmensa felicidad debía ser fuerte para atravesar la mala época que nos esperaba.

Absorto en mis pensamientos no oí llegar a Sara, iba envuelta en un albornoz, recién duchada, me sorprendió por detrás, abrazándome, me gire y nos abrazamos con todo el cariño y ternura de que éramos capaces.

"- ¿Como estas?. Me preguntó.

"- Mal, muy mal, - le respondí. - Me está costando mucho, mucho mas de lo que me imaginaba. Imaginarte en sus brazos se me apodera, y es un pensamiento recurrente que no me quito de la cabeza. ¿Y tu como estas?".

"- Rota, la verdad es que es inagotable, casi no me ha dejado pegar ojo en toda la noche. Mejor no te cuento. Pero lo que mas me jode es que soy un juguete en sus manos, apenas me toca me hace correrme, no se ni cuantos orgasmos me ha hecho alcanzar, pero quiero que pienses que esto es solo follar, es solo algo físico, tiene mi cuerpo pero no me tiene a mí. A mi solo me tienes tu, contigo hago el amor".

Sus palabras fueron muy reconfortantes. En aquellos momentos es lo que necesitaba oír. Mientras nos abrazábamos el albornoz se le abrió un poco y ver su cuerpo desnudo, ver un cuerpo que había sido usado por otro hombre toda la noche, me hizo llegar una oleada de pasión incontrolable. La arrastre hasta un rincón y contra la pared comencé a follármela.

Necesitaba dar salida a toda mi ira, mi morbo, mi odio, mi frustración y mi pasión. La postura era incomodísima, yo estaba de pie y ella estaba colgada sobre mi, la tenia en vilo mientras mi polla entraba en su vagina. Vi que no lo disfrutaba, las batallas de la noche anterior estaban pasando factura en su cuerpo pero aun así no dijo nada. Entendió lo importante que eran aquellos momentos para mi y se dejo hacer. Me corrí rápidamente dentro de ella, sin pensar en ella, pero para mi fue un polvo salvaje que recordaría mucho tiempo. Un recuerdo que iría unido para siempre al de aquella maldita noche. Después estuvimos desayunando como una pareja de recién casados, totalmente enamorados, que en el fondo es lo que éramos.

Tomamos juntos el desayuno, disfrutando de estar juntos, casi sin hablar, en un momento mágico. Isabel seguía con su albornoz, no le había apetecido cambiarse porque hubiera tenido que ir a nuestro dormitorio donde seguía Pedro.

Ese momento mágico se rompió casi una hora después con la llegada de Pedro y los dos nos pusimos de pie.

Lo primero que hizo fue darle un intenso morreo a Sara y abriéndole un poco el albornoz pasarle la mano por el coño, le hizo varias pasadas, con algún dedo entrando dentro de ella.

"- ¡ Hola pareja!. Que madrugadores. ¿Estáis aquí? Y ya habéis desayunado. Pues yo, antes del cafe necesito comerme otra cosa que he echado de menos esta mañana en vuestra cama, así que : ¡Con tu permiso Miguel!".

Mientras decía esto, cogió a mi mujer de la mano y la arrastró detrás de él a nuestro dormitorio. Sara le siguió sumisa mientras me lanzaba un beso y una mirada pidiéndome paciencia.

En ese momento falto poco para que saliera detrás de él con intención de impedirlo, que es lo que debería haber hecho, es lo que me pedía el cuerpo, en cambio me derrumbé sobre una silla mientras dos silenciosas lagrimas corrían por mis mejillas.

Apenas diez minutos después oía los gritos de Sara mientras el depravado de Pedro se la estaría metiendo por algún sitio y haciéndole alcanzar unos orgasmos que conmigo, tengo que reconocerlo, no tenía.

No podría seguir así mucho tiempo, tenia que pensar en algún tipo de venganza. Salí a dar un paseo, me ahogaba en casa, no podía estar allí mientras ellos estaban gritando en mi dormitorio.

Necesitaba salir, andar, eso me ayudaría a pensar. Cuando volví un par de horas después estaban los dos vestidos y Pedro se despedía, era casi la hora de la comida y tenía que ir a su casa a cumplir con Adela. No porque le preocupara mucho ella, sino porque tenían un compromiso para comer con unos amigos.

Antes de despedirse Pedro nos dijo que nos preparáramos para la siguiente fiesta, que era en tres semanas, allí nos tendría una sorpresa especial, venía con un amigo, un amigo con el que le interesaba mucho quedar bien, mi mujer tendría que atenderles a su amigo y a él y era imprescindible que yo estuviera presente. Le pidió que se vistiera muy sugerente, quería que el regalo para su amigo estuviera bien empaquetado y muy apetecible.

Sara y yo comimos en silencio, me moría de ganas de preguntarle que habían hecho y como lo habían hecho, aunque también pensé que si me respondía lo pasaría mucho peor.

Al final no pude evitarlo y le pregunte. Necesitaba saber. Necesitaba que me dijera algo. No solo que había pasado sino ¿como se sentía? , ¿que opinaba? , ¿con que mentalidad se iba a enfrentar a lo que ya Pedro nos había confirmado?.

Me miró con su carita dulce y sus grandes ojos azules llenos de amor " - No te hagas eso, Miguel, mi vida, no sigas por ese camino, eso solo te hará sufrir, todo lo que yo te diga ahora serán como cuchilladas en tu corazón, tenemos que asimilarlo, hemos de dejar pasar un poco de tiempo, entonces el dolor desaparecerá y te podré contar todo con todos los detalles que quieras. Entonces solo quedará el morbo y hasta puede ser bueno para animar nuestras relaciones".

Tenía que darle la razón, el tiempo lo cura todo.

" - Miguel, necesito descansar, voy a echarme una siesta gigante, tengo que recuperarme física y mentalmente, me voy al salón, por el dormitorio no quiero ni pasar, ahora me trae muy mal rollo, luego ya lo recogeré todo y cambiaré las sabanas, ahora no tengo fuerzas para nada".

Lo entendía, si yo estaba en las condiciones que estaba, ella debía estar mucho peor ya que había tenido que aguantar todos los embates del hijo de puta de Pedro. Si quería demostrarle mi amor, debía comenzar por ahí, y aunque siempre había sido de ayudar poco en casa, no podía consentir que cuando se levantara aun tuviera que trabajar.

Primero recogí los restos de la comida, lo limpie todo y deje la cocina impecable. Después me fui al dormitorio, lo primero que hice fue cambiar las sabanas por unas limpias. No pude evitar mirar las usadas, los restos de semen y de flujos eran evidentes, eran un mapa de la batalla sexual que allí se había librado durante toda la noche y parte de la mañana.

Lo limpie todo y di un vistazo general, no quería que nada le recordara a mi mujer lo que había sucedido allí, me quede satisfecho, estaba todo impecable.

Entonces hice algo mas: en un lateral del dormitorio teníamos un mueble que habría costado una fortuna, servia para acumular polvo y recoger las cuatro chorradas de decoración a que las mujeres son tan aficionadas, cuatro libros, unas estatuillas, un reloj de diseño, varios portarretratos con fotos de nuestros primeros meses de matrimonio en los que se nos veía como la típica pareja joven, guapa y triunfadora.

De detrás de uno de ellos, hábilmente camuflada saque mi cámara de video, era un juguete que me había comprado en un viaje a Nueva York, era muy pequeña, en el bolsillo ocupaba menos que un paquete de tabaco, siempre la llevaba encima en los viajes, de vez en cuando me gustaba filmar algo.

Básicamente mis filmaciones eran a Sara delante de algún monumento, Sara haciendo alguna monería en algún sitio emblemático y fácilmente reconocible. Viendo mis filmaciones, se veía claramente que ella era el centro de mi vida.

La cámara era una joya, tenía una tarjeta de memoria con un montón de gigas. Antes de esconderla y ponerla en marcha le cambie la definición a la mínima, no me interesaba tanto la calidad sino la duración de la filmación, me interesaba mas el sonido que la imagen, quería saber lo que se habían dicho, no necesitaba verlo porque las imágenes me iban a llenar de mas amargura de la que ya tenía.

Con la cámara en el bolsillo me fui hacia el despacho, antes pasé por el salón, Sara dormía profundamente, aproveche para taparla un poco, no quería que cogiera frío.

Ya en mi despacho, cerré la puerta y comencé a ver lo filmado. Tenía por delante cuatro horas de filmación en las que sabía que iba a sufrir pero tenía que apurar el cáliz de mi dolor. Para recomponer mi mente necesitaba tocar fondo y a partir de ese momento iniciar mi recuperación. Era una terapia que debía realizar. Iba a ser mi particular travesía del desierto, dura pero necesaria.

Los primeros tres cuartos de hora me los sabía de memoria, mi mente estaba llena de esas imágenes que constantemente me volvían como fogonazos, recordando cada imagen, cada palabra, cada olor, cada sensación, cada pensamiento.

Aun así me impactó, cuando el video llegó al momento de mi salida de la habitación dejando solos a Pedro y Sara, tuve que parar la cinta, necesité unos minutos para recomponerme, respirar y mentalizarme para seguir, lo que iba a ver a continuación también iba a ser duro, ver a Pedro jodiendo con la mujer mas importante de mi vida no sería plato de gusto.

Durante un momento pensé no seguir, me dieron ganas de borrar toda la cinta y olvidarme de todo, pero la idea de que, para superarlo todo, debía llegar hasta el fondo, pudo más y finalmente respiré hondo y apreté el botón de 'Play'.

Pedro y Sara estaban desnudos, como yo los había dejado. Se tumbaron en la cama y fue Pedro el primero en comenzar a hablar. "- Te dije que nuestro acuerdo iba a funcionar, un poco de presión por mi parte y Miguel volvería a tus brazos sin rechistar, a hacer de maridito totalmente sumiso y enamorado".

"- Y a cambio, yo tenía que hacer el papel de la dulce esposa obligada por las circunstancias a satisfacer tus caprichos, para satisfacer tu morbo. Teniéndolo totalmente engañado".

"- Reconocerás que es mas excitante verle sufrir, ver la cara que pone cuando te entrega a mí, cuando se queda pensando lo que vamos a hacer, que si no le importaras nada. El juego perdería todo su encanto si supiera que eres tan 'especial ' como yo, con mis mismas 'aficiones', con mis mismos gustos. Si supiera que la mayoría de estos juegos eróticos son idea tuya".

"- Y no debe enterarse, es mejor para nuestra relación que me siga viendo como la dulce esposa enamorada, ya lo iremos acostumbrando poco a poco a participar en nuestros juegos. Pero me ha sorprendido que lo hayas doblegado tan pronto. Has tenido que recurrir al chantaje pero ya lo tienes donde querías: Sujetándome mientras tú me follas".

"- Ya te dije que todos son iguales, solo hay que encontrarles el punto débil y reconocerás que soy todo un experto. Y eso que éste ya estaba advertido y conocía mis costumbres. Si te soy sincero, encuentro mas placer en doblegarlos a ellos que en follar con vosotras, sus mujeres".

"- La verdad es que me ha decepcionado, pensé que era mas integro y mas duro y que te costaría más añadirlo a tu galería de cornudos. Solo me ha faltado verle empalmarse mientras me follabas para descubrir que no nos costará mucho meterlo en los juegos que se nos vayan ocurriendo".

"- No te equivoques, que todavía no esta maduro. Nos ha costado: ha estado casi un mes desaparecido, le he tenido que chantajear y aun así todavía no está doblegado del todo. No hemos logrado que se trague mi semen en tu coñito. ¿No te hubiera gustado sentarte encima de su boca e irle descargando todo ese semen que ahora te chorrea por las piernas y que te tienes que andar limpiando".

"- Que bien me conoces, ¡ Me hubiera encantado!, verlo mas humillado todavía, limpiándome el coño de los restos de tu follada. En fin, la próxima vez será".

"- Es un toro, cornudo pero bravío, aun va a dar mucha guerra. Pero eso será lo bueno, irle doblegando será un placer de dioses. Y no como tú que te metiste en mis juegos y en mi cama el primer día que llegaste. Quien iba a decir que con esa dulce cara de angelito eres la mujer mas morbosa y salida y que he conocido. Pensar que cuando te encaprichaste de el y empezasteis a salir, en cuanto lo dejabas a él te venias a follar conmigo".

"- Exagerado, ¡Tampoco es para tanto!. Te acepto que tu morbo y tu falta de escrúpulos y de limites puede conmigo, pero de momento el cornudo de mi maridito que siga idolatrándome como a la virgen de sus sueños".

"- ¡Que no es para tanto!, dices. Tengo que recordarte que el día de tu boda, mientras hacías que alguien distrajera a tu marido tuve que follarte, aquí en esta cama, antes de que el la estrenara. ¿Quien es mas morboso?. Nos llevamos poco".

"- Y que morbo, tu y yo aquí jodiendo, con la casa llena de invitados y yo todavía con el traje de novia. No se como todos no se dieron cuenta de lo arrugado que iba el vestido cuando baje".

"- Pues ¡claro que se dieron cuenta!, mas de uno se imagino con una sonrisa de donde venias, lo que no se imaginaban es que no había sido con tu marido. No se imaginaban que tu vestido de novia lo había estrenado otro y que esa noche tu maridito cornudo iba a navegar sobre territorio conquistado".

"- Bueno chica, a lo que estamos, ya basta de chachara que mi polla ya ha despertado, y ahora quiero que cuando follemos des los gritos mas fuertes que puedas, quiero que el cornudo de tu maridito te oiga y que no encuentre un sitio en la casa donde esconderse. Que tus gritos de placer y tus orgasmos los oigan hasta los vecinos".

En el momento que comenzaron a follar pulse la tecla de Stop.
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