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Nuevos amigos con derecho a roce
Author: 
Bisexuales
26-Sep-2019
163
Nuevos amigos con derecho a roce
Tarde divertida con unos nuevos amigos. Contiene intercambio de pareja, lésbico y relaciones entre hombres. Se agradecen los comentarios. Gracias por vuestro tiempo, espero que os guste.
Después de nuestra primera visita a un local swinger, cuando no tenía la mente ocupada en el trabajo o cualquier otra tarea mi cabeza era como una olla a presión, los pensamientos de lo sucedido días atrás iban y venían, me acaloraba, me excitaba, y por mi cerebro pasaban a toda velocidad imágenes de lo vivido, sin posibilidad de poder frenar mis sentimientos, y creed que intentaba por todos los medios mantener la cabeza ocupada .

Mi mujer, Marta, al contrario que yo, se mostraba serena, sin imaginar que algo en mi interior había cambiado. Ella había hecho un gran esfuerzo por complacerme, lo hizo por mí, y aunque disfrutase esa noche, para ella no había significado nada más que una noche de diversión para hacerme mas feliz si aún cabe.

Yo sabía que lo sucedido difícilmente podría volver a ocurrir, ya le había supuesto un gran sacrificio y tampoco era plan echar por la borda años de convivencia y nuestro matrimonio por culpa de mis obsesiones con el mundo liberal, así que intenté aplacar mis pensamientos sobre sexo libre con otras actividades. Un día le hice unas fotos sexys y las publiqué en una página de fotos amateur, en otra ocasión nos conectamos a una pagina web de cámaras amateur y delante de la webcam calentamos al personal echando un polvo delante de casi cuatrocientos desconocidos. También miramos de vez en cuando en esta web a otras parejas, nos calentamos juntos, y terminamos follando frente al ordenador.

De mi afición por todo lo relacionado con el sexo llegué navegando por internet a la página web de un club liberal no muy lejano de donde vivimos. Ya había visitado esta web en otras ocasiones, pero esta vez me llamó la atención su apartado RED SOCIAL, “Entre en nuestra red social y conozca a gente como tú de cualquier lugar del mundo”, decía el banner. Sin pensármelo me hice un perfil: Pareja heterosexual, de 39 años él y 40 ella, de Sevilla, buscando parejas heterosexuales, una breve descripción de nosotros, una foto guarrilla y listo. Nuestro Nick “La Chispa Adecuada”, haciendo alusión a una canción de Héroes del Silencio, un grupo musical que nos encanta a ambos.

Como debían pasar 24 horas hasta que validasen nuestro perfil me dediqué a ver las fiestas que organizaban, las fotos del local, etc, para matar el gusanillo que me comía por dentro, deseoso de poder acceder a la página y ver que se cocía allí.

Al día siguiente, nada mas llegar a casa después de un duro día de trabajo y con la cabeza como un bombo por la cantidad de llamadas de teléfono, reuniones, etc, me planté delante del ordenador y accedí a la citada web. Pude acceder sin problemas, nuestro perfil había sido validado y tenía acceso a perfiles de otros usuarios, fotos, y una especie de “muro” donde la gente comentaba lo que le parecía. Me fijé que la gente tenía varias fotos en sus perfiles, así que me decidí a subir varias de las que tengo en mis “archivos secretos”.

Pasaban los días e iba interactuando con la gente, me solicitaban amistad y las aceptaba, me abrían un privado en el chat y chateaba, visitaba perfiles de gente similar a nosotros y les solicitaba amistad a sabiendas de que jamás llegaría a contactar con ellos ni ellos con nosotros, bien por vergüenza, bien porque sabía que mi mujer nunca aprobaría quedar con unos desconocidos así sin mas, pero por lo menos mantenía algún contacto con gente “como yo”.

Mi mujer, por cierto, aun no sabía nada de la web, pero tantas horas delante del ordenador después de cenar ya le empezaba a mosquear. No tuve mas remedio que comentárselo un día en el que parecía mas receptiva, así que se lo dije, y después de ver la web, sorprendentemente su impresión fue mejor de lo esperado, incluso elegimos juntos algunas fotos más para incluir en nuestro perfil de la web para el disfrute del personal.

Hablando una noche con ella después de cenar le comenté que sería una buena oportunidad para quedar con alguna pareja y que pudiese probar una de mis fantasías, nada más y nada menos que estar con otro hombre. No me considero bisexual, quizás mas bien lo que hoy en día se suele llamar bicurioso. Tengo 39 años, y desde hace tiempo tengo ganas de probar con un hombre, ni yo mismo me lo explico, no se si irá bien o si irá mal, pero tengo claro que quiero probar, y lo que también tenía claro es que mi mujer tenía que estar a mi lado, la idea era quedar con otra pareja, cenar, tomar unas copas, divertirnos y si mutuamente había feeling pues probar. Mirando en la web de entre todas las parejas que había me fijé en Valentina y Alejandro.

Valentina y Alejandro en su perfil decían: “Pareja en los cuarenta agradables y bien físicamente deseando conocer otras parejas o chicas”, Además eran de Sevilla y ambos indicaban ser bisexuales, por lo que si la cosa se daba bien habría oportunidad de cumplir mi fantasía. Le mostré el perfil a mi esposa, y le comenté que deseaba quedar con ellos, algo que no le hizo mucha gracia, la verdad, y la negativa fue rotunda, pero sin que ella se enterase y a sabiendas de que me podía llevar una buena bronca les mandé un mensaje en la intranet de la web:



De: La chispa adecuada.

A: Valentina y Alejandro.

“Hola chicos, somos Marta y Juan Carlos. Somos matrimonio, de Sevilla, hemos visto vuestro perfil y nos habéis parecido una pareja muy maja, nos gustaría quedar con vosotros para tomarnos algo y conoceros mejor. Si estáis interesados nos mandáis un mensaje de whatsapp al numero 6xx.6xx.1xx. y quedamos el fin de semana”



Lo de hablar en plural por supuesto no tenía nada que ver con la realidad, Marta no sabía nada del mensaje, pero bueno, tampoco tenía muchas esperanzas de que contestasen, así que me lo tomé más como una pillería que como una oportunidad real de quedar. Aun así, esa noche mientras mi mujer leía tumbada en uno de los sofás del salón, en el otro sofá yo mantenía abierta una pestaña en el navegador y de vez en cuando entre facebook, twiter, coreo electrónico, etc, entraba expectante en la web a ver si se habían conectado y visto el mensaje.

Pasaron dos días, y dos noches, y nada, sin respuesta. Yo, nervioso como un niño pequeño, entraba todos los días en la web a ver si habían leído el mensaje, pero nada de nada. ¿me estaba obsesionando?. No lo sé, pero no podía evitarlo, para mí hacía bastante tiempo que la sexualidad había pasado a otro nivel, ya no se trataba solo de mantener relaciones sexuales con mi mujer, había descubierto la literatura erótica, las webs de cámaras amateur, blogs de sexología, fotografía erótica,juguetes eróticos, etc, etc, etc. La sexualidad, mi sexualidad, se estaba expandiendo por los cuatro costados.

Un Jueves al llegar a casa tras un largo día de trabajo, me tomé una ducha y después de cenar me acomodé en el sofá y cogí el ordenador portátil. Repasé el correo electrónico, visité un par de webs por asuntos profesionales y cuando ya estaba agotado mentalmente me pasé por la web para ver las nuevas incorporaciones del ambiente liberal, en fin echar un vistazo y desconectar un rato antes de ir a la cama. Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que tenía un mensaje en la intranet:



De: Valentina y Alejandro.

A:La chispa adecuada.

“Hola pareja, soy Valentina, no hemos podido responder antes porque andamos bastante liados en el trabajo. Alejandro y yo hemos visto vuestro perfil y vuestras fotos en la web y nos gustaría quedar para conocernos. Este fin de semana podríamos vernos el Sábado para almorzar juntos, ¿alguna propuesta? Nosotros somos del centro de Sevilla, pero podemos desplazarnos sin problemas.



Joder, joder, joder....cuando vi el mensaje no me lo podía creer. Las pulsaciones a mil, el corazón se me salía del pecho y estaba temblando como un flan. Pasados unos segundos y después de la primera impresión, decidí apagar el PC, serenarme y tras comentarle a Marta que estaba agotado nos fuimos a la cama a dormir, bueno, a intentar dormir, porque nos fuimos a la cama a las doce y la última vez que miré el reloj eran las dos menos cuarto de la madrugada y no paraba de darle vueltas a al cabeza.

Al día siguiente estaba echo una mierda. Me levanto diariamente a las 6:45 de la mañana, y trabajo de media nueve o diez horas diarias, más las que le dedico en casa a asuntos del trabajo, menos mal que era viernes y tenía jornada intensiva hasta las tres. Después de toda una semana a tope de trabajo estaba deseando llegar a casa y echar la siesta después de almorzar, momento en el que tenía pensado comentarle el asunto a mi esposa.

Después de una horita de siesta, pensé que sería el momento adecuado para contarle el tema a Marta.

¿Cariño, tienes pensado hacer algo el fin de semana? Le pregunté yo.

- No tengo nada planeado, ¿A ti que te apetece?

- Bueno, podríamos salir a tomarnos algo el Sábado, dicen que va a hacer buen día.

- Vale, ¿donde quieres ir?

- No sé, una terracita o algún bar donde nos dé el sol mientras nos tomamos unas tapas.

- ¿Vamos a la venta Los Ponys? La última vez que estuvimos estaba muy bien.

- Vale.

- Cariño, quería comentarte algo. ¿Te acuerdas de la página web del club donde nos hicimos un perfil?. Pues hay una pareja que quiere conocernos.

- No empieces, ya lo hemos hablado en muchas ocasiones, ya sabes que pienso de ese asunto.

- Cari, son gente maja, no tiene que pasar nada que no quieras.

- El asunto no es lo que yo quiera que pase, es lo que tu quieras que pase.

- Ven acércate, échale un vistazo a las fotos de ellos, se llaman Valentina y Alejandro.

Marta se vino junto a mi, abrimos el portátil y entramos en el perfil de Valentina y Alejandro. Le enseñé las fotos, mientras le acariciaba la espalda, sabía que eso la relajaría y tendría mas posibilidades de que cediera a mi petición.

- ¿Quedamos con ellos el Sábado para almorzar?.

- Tu lo que quieres ya lo sé yo.

- Que noooooo, que se trata solo de conocer gente nueva, de almorzar y de pasar un rato agradable. Ya te he dicho que no tiene que pasar nada. Venga, por favor, llevo toda la semana currando a tope, necesito desconectar y pasar un rato agradable por lo menos el fin de semana.

- Bueno vale, pero que conste que solo almorzar.

- Bien, bien, solo almorzar, lo que tu digas cariño, te quiero.



Estaba pletórico, no me lo podía creer, me había costado muchísimo menos de lo esperado, quizás empezaba a entender que ella era lo más importante para mí, y que la amaba tanto y estaba tan seguro de nuestro amor que no me importaba compartirla con otras personas. Estaba muy contento, empecé a besarla, a acariciarla, e hicimos el amor en el sofá. Mientras ella se quedaba dormida les mandé un mensaje a la pareja.



De: La chispa adecuada.

A: Valentina y Alejandro.

“Hola pareja, mi mujer y yo hemos pensado en ir a algún sitio donde nos de el solecito. ¿Habéis ido alguna vez a la venta Los Ponys?, está en Alcalá, tiene una terraza fantástica, y la comida es muy buena. En fin, nosotros estaremos por allí a las dos del mediodía mas o menos. Espero que nos veamos, tenemos muchas ganas de conoceros. Ya tenéis nuestro teléfono. Besos”



Una vez que se despertó mi mujer dedicamos el resto de la tarde a realizar compras y otras labores domesticas. Esa noche me costó conciliar el sueño, le daba vueltas a la cabeza y estaba nervioso como un niño el día de los reyes magos. La mañana del Sábado nos despertamos tarde, arreglamos un poco la casa, y como sabía que podía ser un día especial me empleé a fondo a la hora de arreglarme, me depilé el vello y me afeité para tener mejor aspecto. Mi mujer también empleó mas tiempo de lo habitual a la hora de arreglarse, a pesar de haber dejado claro que se trataba de un almuerzo y nada más quería mostrarse guapa ante nuestros nuevos amigos.

Yo opte por vestir con pantalón vaquero y camisa blanca. No me queda mucho tiempo libre para el deporte, así que de abdominales nada de nada, pero puedo presumir de mantenerme en la linea. Mi esposa eligió un vestido de gasa con estampado de flores y tonos violetas. Ella sabe que ese vestido me encanta, tiene un escotazo, y le queda genial, está muy guapa y sexy. A eso de la una y media del mediodía salimos en dirección al restaurante.

Cuando llegamos nos sentamos en una mesa en la terraza, hacía veinticinco grados de temperatura y estaba soleado, el día era fantástico. Nos ubicamos en una mesa mirando hacia la puerta de acceso, por lo que si aparecían Valentina y Alejandro los veríamos de inmediato. Nos pedimos unas cervezas y un aperitivo, y nos pusimos a charlar mientras esperábamos la llegada de nuestros amigos.

A las dos y cuarto, cuando ya estábamos pensando que no vendrían, aparecieron por la puerta. Yo los identifiqué de inmediato, había visitado su perfil y había visto sus fotos una y otra vez en el blog de la red social.

Valentina es una mujer alta, rubia, con el pelo rizado y una espectacular figura. Muy guapa, llevaba puesto unos vaqueros ajustados y un jersey de hilo de color beige que dejaba adivinar unos pechos firmes. Llevaba tacones de aguja, y a pesar de ello andaba firme y segura, desprendía sensualidad y pude observar que más de uno se percató de su presencia además de yo. Alejandro, que cogía a su mujer de la mano, es un hombre moreno, más o menos de mi altura, de pelo corto y de buen aspecto físico, se notaba que se cuidaba y que se preocupaba por su aspecto, vestía también vaqueros ajustados y camisa.

Al llegar no nos vieron, así que vi a Alejandro sacar el teléfono móvil de uno de sus bolsillos y hacer una llamada. Al segundo estaba sonando mi móvil, y vi un numero desconocido, así que pensando que sería Alejandro me levanté y le hice un gesto para que me viese y se acercasen. Mientras se venían hacia nosotros noté como mi corazón empezaba a bombear mas rápido, tomé un sorbo a la cerveza y comenzamos las presentaciones:

¿Juan Carlos? Preguntó Alejandro ya junto a nosotros. Sí, respondí yo extendiendo la mano para saludar. Soy Alejandro y ella es Valentina, dijo él mirando a su esposa. Me acerqué para saludarla con dos besos en las mejillas, y pude percibir un dulce perfume con olor a vainilla.

- Encantado de conocerte Valentina, ella es Marta, mi mujer.

Las mujeres se saludaron y después Marta saludó a Alejandro. Pude ver como Alejandro clavaba su mirada en el escote de mi esposa, que para ser sinceros es una de sus mejores armas de mujer, porque tiene unas tetas muy apetecibles y muy bien puestas. Marta, a pesar de no ser una mujer delgada, tiene una preciosa figura, con curvas, muy bien proporcionada, con un culo redondo y duro.

El almuerzo fue fantástico, ambas parejas teníamos mucho en común, charlamos mucho, y parecía que mi mujer se encontraba cómoda, que era lo mas importante para mí. Durante la comida, ademas de la charla se cruzaron miradas entre nosotros, y a pesar de habernos conocido hacía unas horas estábamos muy a gusto. De vez en cuando alguien contaba alguna anécdota graciosa y reíamos a carcajadas, cogimos confianza en seguida y la cerveza y el vino empezaban a subirse a la cabeza. Mientras nos tomábamos unos cafés y unos gintonics después de la comida, la conversación fue volviéndose mas atrevida, así pude enterarme de que a pesar de que Valentina y Alejandro indicaban en su perfil que eran ambos bisexuales en realidad Alejandro no había estado nunca con un hombre. Yo por mi parte les confesé que a pesar de no ser bisexual si tenía ganas de probar con un hombre, por lo que ambos nos encontrábamos en el mismo punto. Valentina en cambio ya había probado con otras mujeres de una forma activa,y comentó que le gustaba tomar la iniciativa.

Después de varias copas ya andábamos bastante achispados. Aprovechando que las chicas iban al baño inicié una conversación con Alejandro.

- Alejandro, ya sabes que quiero probar con un hombre, y si tú has puesto en tu perfil que eres bisexual es que también tienes este tema en la cabeza. ¿Que te parece que hablemos con las chicas y nos tomemos una copa en algún sitio mas tranquilo?, aun necesito unas copas más antes de lanzarme.

- A mi me parece buena idea Juan Carlos, como dices es un tema que tengo pendiente y hoy con vosotros lo estoy pasando genial, y Valentina a congeniado bien con Marta, ya cuando veníamos hacia aquí lo hablamos en el coche, si nos encontrábamos bien con vosotros pues estaríamos abiertos a cualquier propuesta.

- Vale, pero te voy a pedir un favor. Cuando vengan del aseo plantea tu la idea a mi mujer, le caes bien, se ha reído mucho con tus bromas durante el almuerzo, le gustas, me lo ha dicho durante la comida, el único inconveniente es que no creo que quiera ir a nuestra casa ni al club, así que pocas opciones nos quedan.

- No te preocupes, ya he reservado habitación en un hotel cercano. Como sabía que íbamos a beber pues hice la reserva esta mañana. Con la excusa de que no sabemos muy bien por donde cae pues le puedo pedir que nos acompañéis, allí ya se verá.

- Joder, veo que lo tienes todo controlado. Me parece una magnífica idea.



Las mujeres volvieron del aseo charlando, se les veía sonrientes y animadas, y se sentaron de nuevo a la mesa, momento que aprovechó Alejandro para comentarles la idea de ir al hotel.

- ¿Marta, te ha comentado Valentina que hemos reservado habitación en el Hotel Oromana?

- No, no me había dicho nada. Es el mejor hotel de la zona, yo lo conozco por fuera, pero nunca he estado, tiene unas vistas fantásticas al parque natural.

- ¿Nos podríamos tomar una copa allí entonces no? Viendo la puesta de sol.

- Vale, pero la última eh?, que ya se me está empezando a subir la bebida a la cabeza, y no respondo de mi, jajajajaja.

- Venga, pues ve tu con Valentina en nuestro coche que yo me voy con Juan Carlos en el vuestro, así no nos perdemos, que no sabemos muy bien como llegar.



A los 15 minutos ya estábamos en la terraza del hotel. Estaba atardeciendo y hacía una temperatura ideal. Nos tomamos unas copas, disfrutando del atardecer, y a medida que caía el sol iba subiendo la temperatura de nuestra conversación.



Marta, me ha comentado Juan Carlos que le gustaría probar con un hombre, dijo Alejandro.

- Eso dice.

- ¿Y a ti no te importa?

- No, nuestra relación está basada en la confianza. Lo sabemos todo el uno del otro, y si él quiere probar pues no voy a ser yo quien se lo impida, se supone que lo hace por morbo y diversión, nada mas.

- ¿Y a ti te gustaría probar con una mujer?

- No lo sé, supongo que me dejaría hacer, depende del momento.



Valentina, que estaba sentada a la izquierda de Marta, y ante el asombro de todos, viendo que mi mujer estaba abierta a nuevas experiencias, se aproximó y le acarició por encima del vestido un pecho.

¿Y que te dejarías hacer? Porque yo estoy deseando probarte, dijo Valentina.

A Marta se le pusieron los vellos de punta, su sonrisa picarona dejaba entrever que no le había disgustado que Valentina le tocase, y los pezones se le empezaron a excitar. La cosa se iba calentando, y yo, al ver que Valentina tomaba la iniciativa, antes de que Marta pudiese contestar me lancé al ataque.

Valentina, si tu quieres probar a mi mujer, después tendrás que dejarme que le coma el rabo a tu esposo, dije yo tocando a Alejandro por encima del pantalón.

Alejandro, ya tenía un bulto considerable. Era la primera vez que acariciaba una polla que no era la mía y la verdad es que me gustó la sensación, de echo se me estaba empezando a hacer la boca agua.

¿Marta, quieres ver las habitaciones del hotel?, comentaste antes que nunca habías estado hospedada en él y solo lo conocías por fuera, dijo Valentina.

- Vale, ¿vamos los cuatro no?.



Nos levantamos todos de la mesa y nos dirigimos a recepción para pedir las llaves. Ya por el camino pude ver como Valentina y Alejandro se iban metiendo mano, tocándose el culo el uno al otro, mientras que nosotros, que íbamos detrás de ellos también nos magreábamos mutuamente.

Cuando llegamos a recepción Alejandro dio sus datos y le dieron las llaves de la habitación, pidió que nos llevasen una botella de champán y subimos los cuatro. La habitación era espectacular, con vistas al parque, la mejor del hotel.

A los 5 minutos llegó el camarero, nos sirvió cuatro copas de champan y brindamos. El día estaba siendo magnífico, buena compañía, una comida excelente, risas.

Nada mas salir el camarero por la puerta Alejandro dejó la copa en una mesa, se acercó a Valentina y comenzaron a besarse, un beso húmedo donde las lenguas se entrelazaban. Valentina le cogía el culo a su marido mientras este le magreaba las tetas. Yo, que estaba detrás de Marta, le cogía las tetas con ambas manos, mientras le besaba el cuello y me arrimaba a ella para que pudiese notar el bulto entre mis pantalones. Ella se dejaba hacer mientras observaba a nuestro amigos besarse y tocarse.

Mientras Valentina le desabrochaba el pantalón a Alejandro, este se quitó la camisa, dejando su torso desnudo. Su mujer, le tocaba por encima de los boxer, y Alejandro respondía con una abultada erección, estaba bien armado y una vez que se deshizo de su camisa le sacó a Valentina el jersey, dejando a la vista un precioso sujetador blanco de encaje con transparencias, que dejaba entrever unos pezones duros con una aureola de color rosado.

Valentina se acercó entonces a Marta, se puso delante de ella, cerca, muy cerca, quedando mi mujer entre Valentina y yo, momento en que aproveché para sacarle el vestido, dejándola solo en bragas, porque mi mujer no solía ponerse sujetador con ese vestido. Los pezones de mi esposa estaban tiesos y duros, signos de la excitación.

Valentina comenzó a darle besos suaves en el cuello a Marta. Mi mujer, se dejaba hacer, lo estaba disfrutando. Nuestra amiga se acercó aún más a mi esposa, quedando los pechos de ambas en contacto. En ese momento Alejandro le desabrochó el sujetador a Valentina, y los pezones de ambas mujeres se rozaron. Quedamos de pié en un sándwich a cuatro Alejandro, Valentina, Marta y yo. Valentina llevó su mano dentro de las bragas de mi mujer, empezó a rozar sus dedos cerca de los labios de su entrepierna, notando el calor de su sexo y como a medida que iba abriéndose paso por los pliegues de su coño sus dedos se mojaban con la humedad de la vulva de mi esposa. Mi mujer, cada vez mas excitada cogía el culo a Valentina y giraba la cabeza para buscar mi boca y besarme. Notó mi bulto bajo los pantalones, y me susurró al oído que me los quitase, estaba deseosa de polla. Yo, que estaba excitadísimo me deshice de mi camisa, mis pantalones y mis calzones en un santiamén, quedando totalmente desnudo. Alejandro también se quitó los calzoncillos, y a continuación le quitó los pantalones a Valentina, quedando los hombres totalmente desnudos y las mujeres solo con las bragas.

Valentina estaba pajeando a mi mujer, cada vez sus dedos se movían mas rápido arriba y abajo, ahondando cada vez más profundo, se estaba poniendo a mil pajeando a mi mujer. Entonces, cogió la mano de mi mujer y la dirigió a su coño, ella también quería recibir las caricias de mi esposa. Marta, no puso impedimento, estaba demasiado caliente y aceptó la petición de Valentina de que le pajease. Mi mujer, empezó entonces un movimiento circular alrededor del clítoris de su nueva amiga, y de vez en cuando se iba directa a la pipa, presionándola, como a ella le gusta que le haga. A Valentina le estaba gustando, su respiración se hacía más profunda y gemía, y su coño se humedecía cada vez mas.

Alejandro, que estaba detrás de Valentina, le bajó las bragas a su mujer, y yo hice lo mismo con la mía, dejando los coños de ambas libres. Alejandro, detrás de Valentina comenzó entonces a magrear los pechos de su esposa, que como estaba tan cerca de la mía rozaba también sus pechos. Empezó entonces un juego de manoseo de pechos alternando los de su mujer y los de la mía, pellizcando de vez en cuando para ponerlos aun mas duros y excitados.

La imagen me tenía mas excitado que nunca, las mujeres masturbándose la una a la otra, gimiendo de placer, mientras Alejandro magreaba y pellizcaba los pezones de ambas para ponerlas aún mas calientes. Yo aproveché entonces para arrodillarme junto a Alejandro. No lo habíamos hablado, pero si había algún momento adecuado era ese. Le cogí la polla por el tronco, le eché hacia atrás la piel dejando a la luz todo el capullo, y me lo metí en la boca todo lo que pude. Alejandro, a pesar de estar entretenido magreando tetas, soltó un gemido, que interpreté como un gesto de placer, por lo que comencé a chuparle la polla, mientras con una de mis manos le pajeaba con la otra le acariciaba los huevos. Al principio tenía miedo de rozar el glande con los dientes, pero escuchaba a Alejandro jadear signo de que lo estaba haciendo bien para ser la primera vez.

Valentina soltó un gran gemido, había llegado al éxtasis, se había corrido con la paja que le había hecho mi esposa, de su vagina salía un hilillo de flujo que se escurría por sus muslos. Poco después fue Marta quien se corrió, con un grito de placer que pudo oírse en toda la planta del hotel. Pasado unos instantes, cuando las mujeres se serenaron un poco después de sus orgasmos, se dieron cuenta de que yo le estaba mamando la verga a Alejandro, y parece que aquella escena las encendió aún más. Fue Valentina quien cogió a mi mujer de la mano y la aproximó a la cama, se sentaron entonces ambas al pie de la cama, una al lado de la otra, con las piernas abiertas, mostrando sus coños bien abiertos, invitándonos como si fuesen un caramelo. Valentina llamó a su marido:

- Alejandro, ven aquí.



Alejandro se aproximó a su esposa, y cuando se puso de rodillas delante de ella para empezar a comerle el coño a su mujer esta le dijo:

- No, a mí no, cómeselo a ella, quiero que mi amiga se corra en tu boca.



Alejandro se giró entonces y comenzó a comerle el coño a mi mujer, empezó con suavidad, dando lametazos a la raja arriba y abajo, haciendo círculos alrededor de la pipa. Cuando vio que mi mujer empezó nuevamente a excitarse, aumento la velocidad, lo chupaba con ansia y le metía dos dedos en el coño. Mi mujer movía las caderas hacia delante y hacia atrás, para hacer mas profunda la penetración de los dedos de Alejandro, y gemía de placer. Yo estaba embobado mirando la escena, nunca otro hombre le había comido el coño a mi mujer, estaba muy excitado, me estaba gustando la escena. Valentina, me hizo un gesto para que me acercara. Mientras me acercaba lentamente hacia ella, se llevó la mano a su coño y se abrió la raja, era una invitación a que hiciese lo mismo que le estaba haciendo su marido a mi mujer. Me arrodillé delante de ella y comencé a comerle el coño. Estaba muy húmedo y caliente. Al igual que hizo Alejandro con Marta le metí dos dedos para acompañar la comida de coño con la penetración de su vulva. Las dos mujeres se aproximaron y comenzaron a besarse y a tocarse las tetas la una a la otra mientras nosotros no parábamos de lamer y chupar. Llegaron juntas a su segundo orgasmo de la tarde, este mucho mas intenso. Valentina se estremecía y se tocaba ella misma sus endurecidos pezones, y Alejandro recogía con su lengua el flujo que expulsaba mi mujer de su cueva.



Alejandro se incorporó entonces y se subió a la cama, se puso a cuatro patas en la posición del perrito y mirando hacia atrás me dijo:

- Juan Carlos, quiero que me folles.



No sabía que Alejandro fuese bisexual pasivo, ni siquiera cuando habíamos quedado para vernos le había dado vueltas a la cabeza a esa propuesta que me estaba haciendo, pero estaba muy excitado, y dispuesto a probar nuevas sensaciones, así que me subí a la cama, y me puse detrás de él. Espera! dijo Valentina. Sacó de su bolso un pequeño bote de crema lubricante y dejó caer unas gotas sobre el culo de su marido.

- Con ese pollón le vas a partir el culo Juan Carlos. En casa se mete juguetes, pero no tan grandes como tu polla.

- Tendré cuidado.

- Espera, que te la lubrico un poco.



Valentina, esparció unas gotas del lubricante en su mano derecha y me cogió la verga por el tronco, untó la crema con movimientos suaves, haciendo hincapié en mi capullo, que quedó brillante. Encajé mi verga a la entrada y muy lentamente introduje la cabeza de mi nabo. Alejandro, resopló, mas bien de gusto que de dolor quise pensar. Y poco a poco fui introduciendo mi miembro, la metí hasta el fondo, y la mantuve ahí quieta unos segundos. Fue Alejandro el que comenzó un vaivén haciendo que mi polla saliese y entrase, primero de una forma lenta, y pasados unos minutos mucho más rápido. Estaba follando a Alejandro por el culo y me estaba gustando, las paredes de su ano abrazaban mi verga y la aprisionaban. La situación me superó y no tardé mucho en soltar varios borbotones de leche que inundaron el culo de mi amigo, que giró la cabeza para mirarme y con una sonrisa en la cara dio su aprobación al bautismo de su culo con una polla.

Me quedé tumbado en la cama extasiado, no físicamente, sino mentalmente, por todo lo que estaba sucediendo esa tarde. Pasaron unos minutos donde mantuve los ojos cerrados, hasta que unos gemidos me alertaron de que el juego no había terminado. Cuando abrí los ojos mi mujer estaba tumbada en la cama, Alejandro y Marta estaban follando.

Viendo la imagen de mi mujer follar con otro hombre, me empecé a empalmar de nuevo, y fue entonces cuando Valentina se sentó encima mía y empezó a cabalgar sobre mí. Sus tetas se bamboleaban al ritmo de la follada.

La habitación estaba cargada de olor a sexo, los gemidos de Marta y Valentina, la respiración entrecortada de Alejandro y mía, creaban una atmósfera de morbo y excitación que difícilmente se me iba a olvidar en mucho tiempo.

Alejandro, después de varios minutos de embestidas a mi mujer, se corrió sobre su vientre y sus tetas. Marta, cachonda perdida esparció la leche por su cuerpo, que quedó brillante y pegajoso. A los pocos minutos, le pedí a Valentina que dejase de cabalgar, me iba a correr en poco tiempo. Se separó de mí, y me empezó a comer la polla. Cuando le pedí que se apartase porque me iba a correr, aumentó la intensidad de la mamada y como no pude aguantar mas tiempo terminé por correrme en su boca. La leche le chorreaba por los labios, pero ella la recogía con cuidado de que no se escapara ni una gota. Cuando tuvo toda mi corrida en la boca, se acercó a mi mujer, y la dejó caer encima de sus tetas.

Los cuatro quedamos tumbados en la cama. La tarde había sido excitante, había probado varias de mis fantasías. Pasado un rato mi mujer y yo tomamos una ducha. Nos despedimos de Valentina, que se quedó en la habitación y Alejandro bajó con nosotros a despedirnos y a coger las maletas del coche, pasaban la noche en el hotel.

Alex, ha sido una tarde estupenda, dije yo.

- Desde luego, espero que repitamos en otra ocasión.



Nos despedimos con un abrazo y nos marchamos en nuestro coche. Lo sucedido esa tarde quedaría grabado en nuestra memoria para siempre.
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