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Pobre niña rica (4)
Author: 
Dominación
24-Sep-2019
104
Pobre niña rica (4)
Continua el viaje de Skarlet hacia un destino esta vez mas claro, degradandose mas y mas para su Amo, el hombre harapiento.
Pobre Niña Rica (Cuarto Capítulo)

Ahí me encontraba yo, de pie ante mi Amo, con la cara roja por las cachetadas que él me había dado instantes antes, sorprendida por mi nivel de sumisión así como él, quien con sonrisa maliciosa me veía fijamente a los ojos, quedándonos así durante un par de eternos minutos, como si estuviera calculando todos sus movimientos futuros para asegurar lo que ya tenía entre sus manos: mi total entrega y sumisión.

Sin mediar palabra alguna me tomó por un brazo y halando con firmeza me llevo con él directo a la estación de metro más cercana, donde al llegar compre un par de boletos y nos dirigimos al otro extremo de la ciudad donde salimos en una zona bastante concurrida, en la cual quedaba un centro comercial también bastante concurrido. Lo recorrimos durante una hora y media aproximadamente, visitando un par de tiendas de ropa para caballeros así como una zapatería en las cuales le compre unas camisas bastante caras y unos pantalones de vestir de tela fina bastante caros también. En la zapatería le compre 4 pares de zapatos bastante refinados. Luego visitamos una joyería, donde me ordeno comprar 1 anillo de oro puro 24 quilates para él, el cual me costó una fortuna, y luego me hizo pagar un pedido "secreto" el cual pactó con el dueño de la joyería a solas en la trastienda mientras me ordenaba elegir los tres relojes de pulsera para caballeros más caros y hermosos, los cuales por supuesto compré para él, así como también una carísima billetera de piel de cocodrilo genuina.

Luego nos dirigimos a una tienda de ropa femenina donde luego de dar un buen par de vueltas me hizo comprarme un saco tipo gabardina de piel, el cual me cubría hasta las rodillas y tenía un vuelo no muy pronunciado de las caderas hacia abajo y era de color negro. Por último nos dirigimos a un sex shop que quedaba en el ultimo nivel de arriba del centro comercial. Allí nos quedamos un rato, paseando por los cortos pasillos de la tienda y revisando los distintos productos que la misma ofrecía. De entre todos los productos mi Amo tomo uno con forma de huevo al cual desde uno de sus extremos le salía un no muy corto cable con una pinza, todo de color rojo furioso. -Ve y pregúntale al encargado como funciona. -Me ordenó mi amo, dándome el aparato para acto seguido yo dirigirme al mostrador. El encargado se encontraba hablando con otro hombre, algo mal encarado y que tenía una cicatriz en su rostro que iba desde su sien derecha hasta su barbilla cruzando todo su rostro de arriba abajo.

-Buenas tardes -los interrumpí, algo apenada -Chico disculpa...¿podrías decirme como funciona esto?

-Claro -me contestó -este es un huevo vibrador...tiene 5 velocidades distintas...te lo metes en la cuquita y con el control remoto lo pones a vibrar según tus gustos. La pinza es para esas mujeres que les gusta lo rudo ya que la puedes poner en tu clítoris y con el mismo control te puedes castigar con 3 tipos de choques eléctricos distintos...no es que te vas a quemar el clítoris con la electricidad pero sentirás algo especial...¿te lo pruebas? -Me convidó, sacando el juguete de su empaque y ofreciéndomelo, con mirada socarrona, misma mirada que tenía su amigo mal encarado.

-Oh, definitivamente lo probará.-Oímos a mi Amo, dejándonos con rostro de sorpresa a todos. Sentí cono me ruborice al oír sus palabras, aunque no sabría decir con exactitud si era de nervios, de vergüenza o de excitación. Yo creo que de una mezcla de los 3. Llegó hasta el mostrador con una caja y un paquete de bolsa de celofán en la otra, aunque no divisé bien de que se trataban. -Desnúdate.-Me ordenó. Lo vi con rostro suplicante, esperando que cambiara de idea. Debo admitir que me daba morbo todo, pero al mismo tiempo no deseaba esto, por el pudor. No me salían de mi boca palabras para llevarle la contraria, la verdad no me pasaba ninguna respuesta de esa clase por la cabeza, salvo la pregunta a mi misma de que debía hacer.

-¿Y tu quien eres para hablarle así?-le dijo el hombre mal encarado, dejando entrever un tono de amenaza, como defendiéndome.

-Diles quien soy perrita.-me ordenó mi Amo con una amplia sonrisa que denotaba mucha confianza dibujada en su rostro.

-Él es...mi Amo - Contesté con algo de vergüenza. Los dos hombres se nos quedaron viendo con incredulidad.

-Pues si...soy su Amo, su Señor, su Dueño...ella no es nada más que mi juguete, mi mascota...mi esclava....y se los va a demostrar en este momento...ya sabes que hacer putita.-termino dirigiéndose a mí. Yo estaba algo paralizada, no me esperaba esto.-No te hagas la santita perra estúpida...haz lo que te ordeno AHORA.-Me volvió a ordenar esta vez con un tono autoritario.

Fue ahí cuando comencé a obedecer su orden, ante la atenta mirada de los tres hombres, con bastante incredulidad de los dos extraños. Me quité el saco de ejecutiva para seguidamente arrojarlo al piso y continuar con la falda bajando la cremallera ubicada en la parte trasera de la misma ubicada al final de mi espalda. La deje caer, quedando con una tanga negra y mi blusa blanca. Un bulto comenzó a notarse en los pantalones de los tres hombres. Me desabotoné la blusa, titubeando un poco, para luego dejarla caer al piso tras de mí. Luego me saqué lentamente y algo avergonzada el sujetador dejando al aire mis dos enormes senos desafiantes de la ley de la gravedad. Los dos extraños veían boquiabiertos mis dos grandes orgullos físicos. Por último, me quité la tanga, dejándola caer luego de haberla bajado hasta las rodillas, dejando mi pubis y mi hermosa humanidad al desnudo. Los dos hombres no sabían hacia donde ver, mientras mi Amo contemplaba la escena con una amplia sonrisa. -Las sandalias también putita. -Me dijo. Me agaché para desabrocharlas y hacerlas a un lado con mis pies.

-Perfecto zorrita, perfecto...no esperaba menos de ti...-me dijo mi Amo. -Ahora tírate en el piso guarrita, y hazte la paja para nosotros...hazlo de forma sensual...-me ordenó.

Yo obedecí, agachándome lentamente para luego sentarme en el piso, bastante frio y bien pulido, con las piernas cerradas. Quise satisfacer bien a mi Amo por lo que sensualmente lleve mi mano derecha a mi boca para chupar mi dedo índice, mientras los veía a los tres con sumo deseo. Ya estaba excitadísima, si bien debo admitir que el pudor aun me hacía pensar que detuviera todo lo cierto era que no debía engañarme a mí misma, ya había hecho muchas locuras para este negro y no me iba a detener ahora porque lo cierto era que lo estaba gozando. Luego de chuparme el dedito y amasar mis tetas con mi mano izquierda, deslice el dedo índice fuera de mi boca por la barbilla, saltando luego al centro de mis tetas, arrastrándose por el canalillo que formaban ambas en el centro de mi pecho hasta llegar a mi cuca, la cual fue quedando al descubierto lentamente mientras abría las piernas lo suficiente como para que se me viera hasta el alma. Sin quitar la mirada de los ojos de mí Amo, y apoyándome hacia atrás con mi mano izquierda comencé a frotar suavemente mi clítoris, mientras que mi Amo y el otro par de extraños me miraban con suma atención. Froté suavemente mi clítoris, que ya había salido de su escondite natural, sobándolo en círculos poco a poco, ejerciendo cada vez más presión aunque sin llegar a lastimarme. Fue cuestión de escasos minutos de suaves toqueteos cuando comencé a gemir agitándose mi respiración cada vez más y más hasta que comencé a temblar, sintiendo que el orgasmo ya venía, momento en que la intensidad de mi paja comenzó a aumentar de forma considerable.

-Detente. -oí que me ordeno mi Amo para la sorpresa de los dos hombres, y sobre todo, la mía. Por supuesto, me detuve en seco, lo que me frustró bastante ya que estaba más caliente que nunca.

-Pero...¡¡¡men!!! ¡¡¿¿qué haces??!! -le comentó el mal encarado. -¿Que no ves que tenía un excelente ángulo? -le dijo, celular en mano. No me había dado cuenta de que él me estaba filmando con su teléfono.

-Como bien dije, es mi perra...acabará cuando me dé la puta gana. -le contestó mi Amo. -Ponte esto puta...y rápido, no tengo todo el día. -Me ordenó, lanzándome encima la bolsa de celofán. En la presentación se veía que era ropa íntima de malla, que consistía únicamente en un hilo con un triangulo mallado adelante que "taparía" mi depilado pubis y una pequeña parte de la vulva ya que el resto, a medida que la prenda se volvía delgada, seria indudablemente tragado por mis labios vaginales y mis prominentes nalgas. El sujetador consistía en unos delgados hilos sosteniendo unos minúsculos triángulos que apenas y abarcaban la zona de mis pezones. Me puse el conjunto en el piso ante la atenta mirada de ellos, y al terminar me sentí bastante incómoda ya que era un par de tallas más pequeño que los que uso. -Ponte en cuatro putita, para bien ese culo...-me ordenó mi Amo. Yo obedecí nuevamente, y me coloqué en la posición ofreciéndoles una maravillosa visión de mi culo.

-Que belleza...-dijo el encargado de la tienda, mientras que el hombre mal encarado me rodeaba lentamente filmando con su teléfono todo mi cuerpo de cerca, acercándomelo bastante a la cara para filmar con detalle mis labios. Yo hice un gesto morboso con los mismos para su deleite, relamiéndome los labios lentamente y luego mordiéndome el labio inferior con suma sensualidad. Este gesto lo puso bastante caliente, ya que se agarró el bulto del pantalón con fuerza. Luego volvió a ubicarse tras de mí, rodeándome. Volteé a ver qué hacían, y noté que mi Amo estaba abriendo la caja que aún conservaba en sus manos. Se trataba de un consolador no muy grande ni muy grueso, de color morado. El mismo traía un control remoto bastante pequeño, el cual mi Amo puso sobre el mostrador para acto seguido agacharse tras de mí con el consolador en la mano y llevarlo a mi boca.

-Chupa zorra…lubrícalo bien…-me ordenó. Yo por supuesto obedecí la orden, dejando que me lo introdujera en la boca, babeándolo lo más que podía mientras mi Amo lo movía dentro de mi boca en todas las direcciones que el deseara. Al finalizar, corrió el hilo mallado a un lado, colocando la tela sobre mi nalga derecha y separando mi nalga izquierda con su mano libre, para que todos pudieran apreciar con claridad mi orificio anal, el cual escupió un par de veces. Posó el consolador en mi ano y sin mucho problema lo introdujo completo, dejando la base del mismo sobresaliendo ligeramente. -Más te vale que no lo dejes salir perrita. –Me ordenó, al tiempo que tomaba el huevo vibrador y sin mucho esfuerzo me lo metía en mi cuquita, totalmente empapada de jugos que demostraban que estaba muy caliente. Acto seguido, el cable con la pinza que sobresalía de mi vulva lo conecto a mi clítoris, curiosamente haciéndome sentir una fuerte oleada de placer cercana al orgasmo. Luego volvió a colocar el hilo en su lugar para ponerse de pie y dirigirse a uno de los pasillos sin mucha prisa quedándome yo en cuatro patas con los otros dos quienes me filmaban con mucho morbo. De repente sentí una fuerte vibración en mi culo que me tomo por sorpresa y que hizo que gimiera con fuerza, producto de la mezcla del susto y la calentura. Luego vibró el huevo en mi cuca manteniéndose activo al mismo tiempo que el consolador de mi culo, lo que con suma rapidez me estaba haciendo alcanzar el orgasmo. Sin duda estaba realmente excitada, por lo que me mordí los labios esperando aguantar las ganas que tenia de acabar, las cuales se comenzaban a hacer incontrolables, haciéndome gemir y respirar fuertemente. Los dos juguetes tenían bastante poder.

Luego mi Amo volvió por el pasillo, con un par de botas de cuero de color negro en la mano. Al llegar a mi lado, dejo que los vibradores me trabajaran un poco mas aunque bajó la intensidad de las vibraciones, lo que cual me hizo lograr soportar un poco más la calentura. Luego de unos eternos minutos aguantando el orgasmo, mi Amo termino desactivando los juguetes y arrojo las botas sobre mí, las cuales golpearon mi rostro y cayeron al piso. –Póntelas –me ordenó. Yo obedecí, sentándome en el piso, y colocándome el calzado, el cual detallándolo bien me darían una pinta de puta verbenera impresionante. Las extrañas botas llegaban 3 dedos sobre mis rodillas, siendo estas abiertas atrás dejando la parte trasera de mis piernas descubiertas aunque con un fetichista entrelazado de trenzas negras con las cuales se ajustaban a mis piernas anudándose detrás de mi muslo. Las botas abajo no eran del todo cerradas, ya que dejaban los dedos de mis pies al descubierto así como mi talón también. Tenían unos tacones aguja bastante altos, yo diría que 20 centímetros, y 5 de plataforma. Estos dos últimos detalles eran bastante brillantes y pulidos, ya que el resto del calzado era más bien opaco. Mi Amo quedo satisfecho y pidió la cuenta de todo lo que había decidido llevar, la cual luego pago con mis tarjetas de crédito.

-¿Por qué no les demuestras algo de gratitud a estos amables chicos zorra? Vamos muchachos, anímense, verán de lo que es capaz ese lindo hocico... -Les dijo mi Amo. Los dos se vieron a los ojos aun incrédulos con todo lo que estaba sucediendo, para luego reaccionar y bajarse las cremalleras de sus pantalones y acto seguido sacar sus vergas de ellos y colocarlas ante mí, poniéndome yo de rodillas ante ellos. Sin necesidad de recibir orden alguna, y ya entregada y decidida por completo a obedecer ciegamente los deseos de mi Amo, tomé ese par de güebos, uno en cada mano y me los lleve al mismo tiempo a la boca, metiendo la cabeza de ambas vergas por completo para juguetear en ellas con mi lengua, masajeándolas deliciosamente mientras ponía la mejor cara de puta que podía. Ambos hombres respiraban agitadamente a medida que les mamaba el güebo, intercalándolos luego en mi boca uno a uno mientras la otra la pajeaba dulcemente con mis manos lo que permitió que no fuera nada difícil sacarles toda la lechita caliente y espesa la cual fue a dar contra mis enormes tetas apretujadas por el sujetador de malla, así como también varios chorros me cruzaron la cara hasta el cabello y alguno que otro entro a mi boca, siendo tragado por mí. Ambos hombres quedaron exhaustos a pesar de que no me tarde más de 5 minutos en esa práctica.

-Párate, hora de irnos. -me dijo mi Amo mientras observaba satisfecho hasta donde me había hecho llegar sin mucho esfuerzo. Y estaba claro que el buscaría mucho más. -Hasta luego muchachos, espero la hayan pasado muy bien... -les dijo a ellos, poniéndose en marcha fuera de la tienda. Yo lo seguí caminando detrás de él con algo de dificultad debido al enorme tamaño de los tacones, y no sin antes tomar la gabardina y ponérmela, así como tomar todas las bolsas con las distintas compras que habíamos realizado.

Nos dirigimos a la escalera mecánica de ese piso, yo notando las miradas de las personas clavadas en mí. Algunas reprobatorias, otras de burla y muchas de extrañeza. Mi Amo cayó en cuenta volteando a verme, para acto seguido tomarme del brazo y llevarme casi a rastras hasta el baño público de ese piso, con tanta prisa que yo iba trastabillando los pasos por el camino. El de mujeres estaba cerrado por reparaciones, según vimos en un letrero, por lo que mi Amo halándome del brazo, me metió al de hombres. Me puso frente al lavamanos de manera que me viera en el espejo. Estaba hecha un autentico asco. No veía a la mujer poderosa, fuerte y con una gran autoconfianza que suelo ver en los espejos. Veía a una prostituta de poca monta con semen empegostado en su cabello medio alborotado, y un par de líneas de semen blanco y espeso cruzando su rostro el cual presentaba además un pobre maquillaje desarreglado. Muchas preguntas pasaban por mi cabeza, siendo la más importante aquella que preguntaba como mierdas había sido capaz de llegar a este punto. Yo, una mujer que tiene al mundo a sus pies, estaba reducida a un trozo de carne sin escrúpulos. Entonces lo vi a él, a mi Amo, a un lado en el espejo. Una fuerte sensación invadió mi estomago, así como mi cuca, mi culo y mis tetas. Él era la respuesta, estaba como hipnotizada, adoraba a ese negro más que mi propia vida. Haría lo que fuera por él. No cabía duda de eso.

Con el dedo índice de su mano derecha recorrió las dos líneas de semen espeso que recorrían mi rostro, motivo por el cual la gente me veía de esa manera tan peculiar afuera de los baños. Deslizó todo el semen de mi rostro directo a mi boca con su dedo, haciéndome chupárselo profundamente luego de tragar todo el líquido. -Te esperaré afuera. Maquíllate fuertemente, debes aparentar ser la zorra que en realidad eres. –Me ordenó, para acto seguido salir de los baños y dejarme allí sola. Sin pensarlo dos veces abrí mi bolso y saque mis estuches de maquillaje, los típicos que solemos llevar las chicas en nuestras carteras, y comencé a aplicarme todo el maquillaje pertinente, prestándole mucha atención a la sombra de los ojos, al rímel, y a la pintura de mis labios, la cual puse de color rojo furioso. Me llevó 15 minutos más o menos ponerme con una pinta de puta que no sería nada difícil diferenciar, además mi ropa no ayudaba mucho en ese momento a tener una pinta decente. Cuando iba de salida del baño, me tropecé con un hombre en la puerta. Era un hombre blanco pálido de unos 50 años de edad, bastante gordo, no muy agraciado de rostro, de cabello canoso, vestido con un jean azul y una camisa verde oscuro. Como abarcaba casi toda la puerta, no me dejaría salir, por lo que justo cuando yo iba a abrir la boca para pedirle muy a mi manera de que se quitara de mi camino, el se me adelanto con una pregunta –¿Eres Skarlet? –A lo que yo me quede muda y asentí con la cabeza, extrañada porque ese hombre me haya reconocido. –Un tipo allá afuera me dio esto…-me dijo, dándome un papel doblado con la mano. Lo tomé y lo leí.

“El buen señor desea probar los placeres de tu boca. Cóbrale 10 Bs. por una mamada.

ATTE: Tu Amo.”



Me quede de piedra al ver el mensaje. El hombre con cierta sonrisa maliciosa me tomo de mi brazo derecho y sin yo ofrecerle resistencia alguna, me llevo al fondo de los baños, metiéndome en el último cubículo y cerrando la puerta con seguro. Se desabrocho los pantalones y se los bajo hasta los tobillos, dejando ver una verga no muy grande ya erecta, extremadamente pálida, y con muchos vellos canosos alrededor. El glande sobresalía ligeramente del prepucio en la punta, y pude apreciar como un hilo de espeso líquido pre seminal chorreaba de este hasta el piso. Un hedor nada agradable me llego a la nariz, produciéndome ciertas arcadas. Se sentó directamente en la tasa, lo que hasta a mi me dio algo de asco, siempre me han dado asco los baños públicos, siempre que voy a uno forro los bordes con bastante papel higiénico. Este grasiento gordo ni siquiera hico eso. Y peor aún era el caso de que antes de que se sentara pude apreciar que la poceta estaba sucia, apreciándose restos de la mierda de algún mal viviente en el agua. De hecho, el cubículo tenía impregnado ese característico olor asqueroso, el cual al mezclarse con el hedor a güebo sudado que manaba del gordo acentuaron mis arcadas.

-¿Qué esperas? Empieza a trabajar –me dijo, llamándome con un gesto de su dedo índice derecho acompañando sus palabras. Con muchísimo asco, me puse de rodillas entre sus piernas, y acercándome lentamente su güebo, lo introduje en mi boca. La reacción del gordo fue un poema, emitió un largo suspiro al cual le siguieron varios gemidos a medida que se lo mamaba de la mejor forma que podía. Trate de apresurar su corrida, me supuse que este tipo tendría muchísimo tiempo sin saber lo que es tener un orgasmo, por lo que deduje que acabaría rápido si hacía la mamada fuerte y deliciosa. Y dio resultado, no me llevo más de 5 minutos de un sube y baja en su verga, para que se corriera en mi boca con una copiosa eyaculación espesa y caliente, mientras temblaba y gemía más fuerte. -¡Mierda! ¡Qué hocico tan bien entrenado tienes perra! ¡Tenía tiempo sin acabar así de fuerte y rápido! –me dijo. Me imagino que eso último lo dijo como una simple excusa para dárselas de que siempre tarda en acabar o que ha visto bastante acción sexual a pesar de su apariencia. -¿Te lo tragaste todo? –me pregunto. Yo negué con la cabeza, aun tenía toda la leche en mi boca. –Muéstramela. –me ordenó el gordo nuevamente. Obedecí, más que todo por temor a que se queje con mi Amo de que fui una mala puta. Quería hacerlo quedar bien, así que abrí la boca y saque ligeramente la lengua con cuidado de no derramar ni una sola gota de su abundante leche. El gordo miro complacido, y de un bolso que él llevaba, saco un pequeño contenedor plástico, un poco más grande que esos que se usan para tomar muestras de orina. Me lo ofreció sin la tapa y yo lo tomé sin saber exactamente que hacer hasta que me dijo que escupiera todo en él. Yo obedecí y asqueada, escupí toda la leche, sorprendiéndome el hecho de que estuviera lleno casi hasta la mitad.

En eso, el gordo se puso de pie, golpeándome ligeramente con su enorme panza, y se dio la vuelta, apoyándose en la pared del fondo, ofreciéndome el enorme y asqueroso culo, el cual se notaba algo velludo. –Ahora pajéame mientras me lames y chupas el culo. Procura que mi leche caiga en el contenedor. –me ordenó. Yo lo vi totalmente asqueada y las arcadas me volvieron a invadir, pero de forma mucho más intensa. Decidida a obedecer, me acerqué lentamente a sus nalgas, tomando con mi mano derecha su güebo y con la izquierda sosteniendo el contenedor. Hundí mi rostro en su gigantesco culo, tratando de contener la respiración para que no me pegara el asquiento hedor que ya de por si manaba de lejos. El hedor de su culo sudado y asqueroso, mezclado con el del baño y al estar sentado en la poceta, más oloroso lo tenía. Sentí que me venían los reflujos de vomito, pero logre contenerlos. Me hice espacio entre sus nalgas lo mejor que pude con mi cara y empecé a masturbarlo, su güebo se había puesto erecto de nuevo en cuestión de segundos. Mientras tanto empecé a lamerle el ano, en uno de los actos más humillantes que yo había sentido en mi vida.

Fue en ese momento cuando de repente sentí un fuerte cosquilleo en mi vientre. El huevo vibrador que llevaba dentro fue activado por mi Amo, y pocos segundos después fue activado también el vibro consolador de mi culo, lo cual, sumado a las calenturas que ya había agarrado hacia minutos en la tienda, me hizo poner al borde del orgasmo en cuestión de segundos, a pesar de todo el asco en que estaba sumida, con mi cara en el culo del gordo, en un baño público sucio y con olores fétidos. Mayor humillación no pude sentir, estaba extremadamente excitada y deseosa de acabar, pero recordé que mi Amo me lo había prohibido. No quería correrme para cumplir sus deseos, por lo que me concentre en la mamada de culo y la paja que le hacía al gordo, la cual pasé a hacer más intensa, tanto, que el gordo no aguanto mucho tiempo sin correrse, yendo a parar otra tremenda cantidad de esperma al contenedor que yo sostenía en mi mano, cayendo un poco por los bordes y hacia afuera embarrándome la mano. Dada la excitación, continúe trabajando el culo y el güebo del gordo, no me detuve ni un segundo, mientras el gordo seguía entre fuertes gemidos y jadeos, con una respiración muy agitada, hasta volver a acabar a los pocos minutos, momento en que mi Amo decidió desactivar los vibradores, de nuevo, dejándome con las ganas.

En ese momento separe mi cara del culo del gordo, soltando su verga y viendo el contenedor, donde se podía apreciar una increíble cantidad de semen, blanco, espeso. Vi el culo del gordo, estaba manchado por mi maquillaje. El gordo se volteó hacia mí, y se sentó de nuevo en la taza. Vi su verga sudada y pringosa de babas, sudor y semen, y se podía apreciar también rastros de la pintura de mis labios. –Dame –me dijo, estirando su mano sobre el contenedor con leche. Yo se lo di, y él lo llevo a su rostro para carraspear y escupir adentro un gargajo. –Límpiame el güebo con las tetas zorra. –Me ordenó. Yo obedecí, me abrí la gabardina dejando mis enormes y perfectas tetas cubiertas apenas por el minúsculo sujetador que mi Amo compro en la tienda. Lo aparte de manera que la prenda quedara debajo de mis tetas y tomando a estas por los costados con mis manos, atrape su verga pringosa en el centro de ambas, para luego ejercer presión y restregar ambas masas de carne contra su falo, como si fueran una toalla. No le quite la vista al gordo ni un momento, mientras le limpiaba la polla, el sencillamente veía complacido mientras que él con el dedo medio de su mano derecha revolvía la mezcla de fluidos depositados en el contenedor. Mi Amo volvió a activar los vibradores, aunque en una intensidad bastante baja para mantenerme caliente. Estuvimos así unos largos minutos hasta que, mientras yo seguía trabajándole la verga (que se volvió poner erecta) con mis tetas, él saco su dedo totalmente embarrado de la mezcla espesa del contenedor para llevarlo a mi boca, recibiéndolo yo con un delicioso chupetón, metiéndome el dedo entero en la boca y chupando la asquerosa mezcla de flujos. Chupe durante unos segundos durante los cuales el jugo con su dedo en mi boca, cosa que al parecer le había excitado sobremanera ya que de repente él comenzó a gemir y respirar agitadamente de nuevo, hasta que acabo nuevamente en mis tetas, dejando el canalillo totalmente empegostado por su semen. Luego de tomarse un par de segundos para descansar del orgasmo, me dio el contenedor nuevamente. –Bébelo, pero no lo tragues retenlo, saboréalo un poco. –me ordeno. Yo algo asqueada, pero más caliente que nunca por la acción de los vibradores, tome el contenedor con mi mano derecha y sin reparos me lo empiné, y una vez que toda la mezcla estuvo en mi boca, comencé a juguetear con ella usando mi lengua, saboreándolo, aplastándolo contra mi paladar, sintiendo la textura del gargajo mezclado con la leche, mientras que el gordo se ponía de pie para darme la espalda nuevamente, aunque no por mucho, ya que mientras yo saboreaba la mezcla, me tomo del cabello y me hizo ponerme a un lado de la taza, para hacerme ver como orinaba. Una vez termino de hacer sus necesidades, se subió los pantalones y sacó de uno de sus bolsillos un billete arrugado y viejo de 10 Bs., el cual lo tiro sobre mí, golpeando mi rostro para luego caer golpeando una de mis tetas y yendo a parar a mi muslo derecho. –Ya puta, trágatelo. –me ordeno y yo obedecí, abriendo mi boca y sacando la lengua para mostrar que lo había tragado todo. Me dio una fuerte cachetada que me volteó el rostro, quitó el seguro de la puerta del cubículo y se fue, dejando la puerta abierta tras de sí.

En ese momento los vibradores aumentaron su intensidad, haciéndome sentarme con las piernas abiertas y mordiéndome los labios para no gritar de placer y contener el orgasmo que desde hacía rato quería salir. Un par de minutos después las vibraciones se detuvieron de golpe dejándome con la respiración agitada, y con la mente en blanco. Recosté la cabeza de la pared con los ojos cerrados, tratando de pensar en algo, pero cuando los abrí nuevamente, vi que, en la parte alta del panel que separaba mi cubículo con el del al lado, estaba mi Amo viéndome con una amplia sonrisa maliciosa, y apuntándome con la cámara de mi teléfono celular.

-Que buen video…-fueron las palabras que dejo salir de su boca. Me había grabado todo este tiempo. Se bajo de donde sea que estuviera montando, para salir de su cubículo y entrar al mío, cerrando la puerta con seguro tras de sí. Sacó su enorme verga del pantalón, la cual estaba algo fláccida, y comenzó a orinar, de forma mucho más abundante que el gordo. Al estar sentada, o mejor dicho, prácticamente tirada al lado de la poceta, podía sentir minúsculas gotas de orina salpicando mi cuerpo, mi cara. Más aún cuando apunto al borde de la taza, para que me salpicara en mayor cantidad. Yo ni siquiera reaccione. Estaba totalmente ida, acababa de ser víctima de uno de los actos sexuales más asquerosos y humillantes de los que tenía conocimiento. Si a eso le sumamos la inmensa excitación que sentía, toda la excitación acumulada de todo el día, y toda la frustración de ver interrumpido innumerables veces mi orgasmo, pues, era de esperarse que estuviera totalmente fuera de mi. Y para hacerme sentir más sucia aun, mi Amo me tomó por el cabello, haciéndome erguirme un poco hasta su verga, de la cual manaba un muy intenso olor a orina, para acto seguido metérmelo en la boca. Sin darme tiempo a chupar, dejo salir tres chorritos de orina, la cual trague sin pensarlo dos veces, y luego le di un par de chupitos a su verga para asegurarme que no quedaría nada más. Luego él me soltó, dejándome caer en el piso al lado de la poceta de nuevo, para verme mientras se guardaba la verga en el pantalón. Al ver que yo no reaccionaba, me dio una patada no muy fuerte en el ano, aprovechando que estaba casi al descubierto por mi posición, sentada con las piernas bien abiertas. Ahí fue cuando reaccioné.

-¿Por qué me haces esto? –le pregunté, con voz entrecortada.

-¿Qué cosa? ¿La patada, o TODO lo que has vivido hasta ahora? Bueno, me supongo que me preguntas solo por la patada, porque todo lo que has vivido ha sido por tu propia culpa. Tú fuiste la que quiso mas, ¿recuerdas? Tu misma fuiste la que entro al callejón a meterse en mi vida. Tu misma fuiste la que decidió darme todo. –Me dijo. Me quede sin contestar. Tenía razón. –Tuviste bastante oportunidad de parar todo esto ¿sabes? ¡Coño, si hasta en la tienda pudiste detenerte! Deberías agradecerme el que te diera bastante oportunidad de que te salieras del pozo de mierda en el que te metiste. Yo no quería problemas, yo te hubiera dejado en paz si me hubieras pedido que lo dejáramos. Pero tú fuiste la que quiso más, y más, y más. Tú fuiste la que quiso entrar en mi vida. Y déjame decirte algo niña estúpida, ya no hay vuelta atrás. Tu celular está en mis manos, con un video muy comprometedor, que armaría un enorme escándalo social si saliera a la luz pública. Los inversionistas de tu empresa se irían. Quebrarías. Tu reputación sería totalmente destruida. Te dejaste filmar por los tipos e la tienda de sexo. Pensé que al salir, te devolverías a quitarles los teléfonos, o algo así. Pero no lo hiciste. –me dijo mientras sacaba de una bolsa los dos teléfonos de los chicos de la tienda. –Fue al salir de esa tienda que mi paciencia, mi compasión y mi caridad llegaron al límite. Vi en ti una versión bizarra de mí. Yo caí en un bajo mundo que me quito todo lo que tenia. Y vi que tú lentamente caías en algo parecido, es más, hasta peor. Fue por eso que te di toda la oportunidad del mundo a ver si te dabas cuenta del peligro que corrías y te salías de esto. Pero ahí lo ves, no hiciste nada. Más bien hasta te gusta todo. Y ya que te encanta sentirte totalmente subyugada, totalmente jodida pues, es mí turno de actuar. Porque ahora la mierda te llega al cuello, y yo voy a poner mi zapato en tu cabeza para hundirte mas todavía y hacer que te ahogues. Ya no hay vuelta atrás, tú misma me lo has demostrado. ¡PARATE DE AHÍ! –me ordenó de un grito, que me heló la sangre de repente, lo que me hizo obedecer rápidamente y ponerme de pie. –Abróchate la gabardina, vamos a tu casa. –me ordenó, y yo obedecí.

Salimos del baño, no sin antes mi Amo hacer que me maquillara nuevamente. La gente me seguía viendo de forma extraña, aunque ya no tanto como antes. Nos dirigimos a la salida del centro comercial, y en el camino vi al gordo que me había usado en el baño. Estaba con una mujer, más o menos de su edad, gorda también y dos adolescentes. Reían juntos, y aprecié como el gordo besaba a la mujer en la boca. Sin duda era su esposa. Se veía que ambos llevaban una vida de lo más normal, y tranquila, dejando de lado los secretos del gordo. Si lo hizo conmigo, ¿a cuántas más se lo habrá hecho? En todo caso, como bien ya dije, se notaba que su vida era normal.

Y la mía pues…Nunca más lo seria…
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