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Increible pero real
Author: 
Zoofília
15-Sep-2019
200
Increible pero real
Testimonio de Maria, una amiga, que después de leer mí…HISTORIA REAL…se animo a contarla y yo trate de plasmar en este relato…
Me considero una mujer normal que entra dentro de las generalidades de la ley de todas las mujeres de nuestra generación, en especial con aquellas que pertenecemos a la misma década, porque fuimos criadas y educadas bajo conceptos, valores y reglas muy diferentes a los que se acostumbran en esta época. Fuimos victimas de una sociedad castradora y totalmente represiva, donde las culpas y los mandatos se hicieron moneda corriente en nuestras vivencias, destinadas a cumplir el rol de esposas y madres perfectas, siéndonos vedada cualquier posibilidad de ser mujer en todo el ámbito que esto representa, sumiéndonos en una constante de sumisión, inhibición y frustración sobre todo en lo que al sexo compete.

En la medida que los años fueron pasando, mis inquietudes también fueron evolucionado, dejando de lado estas costumbres represivas, liberándome de los yugos morales y dándole fundamental importancia a mi sentir de mujer.

Mucho de esto se lo debo a mi compañero, amigo y esposo que fue el principal incentivador de que esto fuera posible. Creo que para el fue una tarea titánica, basada en la comprensión, pero sobre todo en la paciencia, espantar mis propios fantasmas represivos.

Tarea que demando años y que dio sus frutos en nuestra madurez.

Creo también que hay otros factores tanto psicológicos como químicos en nuestro organismo, donde a partir de determinada edad se producen cambios en lo físico, en lo psicológico y por sobre todo en lo filosófico, donde desaparecen los miedos, las inhibiciones y nos predisponemos a disfrutar de la vida y de todo aquello que nos brinde placer y es ahí donde comenzamos a descubrir nuestro verdadero potencial femenino porque vivimos el sexo sin miedo y sin culpas, con muchísima avidez por experimentar y recorrer nuevos caminos en búsqueda y obtención de nuevos y excitantes placeres

Sacamos A la luz nuestras ocultas fantasías tratando de cumplirlas y ejercemos nuestra sexualidad con total libertad y plenitud, no por obligación.

Para completar este cuadro de situación, les cuento que me llamo Maria, tengo cuarenta y siete años, dedicada totalmente a mi marido y mi casa, ya que mis dos hijos están en el exterior. Soy profesora de educación física, aunque nunca ejercí la docencia.

Soy una mujer interesante de buenas formas, aunque con los añitos se me han incorporado algunos kilitos de mas, imposible de sacármelos de encima.

Con mi marido Juan estamos juntos de los veinte años, lo que hace un total de treinta y dos años de convivencia., pero estos últimos, los mejores, ya que nos atrevimos a desafiar nuestras fantasías y nuestros limites, brindándonos el uno para el otro con total devoción.

Tenemos nuestro hogar en zona norte, algo alejada de capital, una casa grande con amplio jardín y piscina, lo cual es una gran ventaja ante miradas y oídos indiscretos.

Nuestros hijos crecieron y luego se fueron al exterior, quedarnos solos fue determinante para el inicio de un nuevo despertar sexual.

Tuvimos variadas experiencias, excelentes muchas y otras no tanto, pero sin ninguna duda valieron la pena vivirlas y seguiremos viviéndolas porque nos queda mucho por descubrir.

No contare todas mis experiencias, sino que me abocare a una en especial, porque fue especial, tan especial que ya esta incorporada en mis y nuestras vivencias.

Cuando comenzamos con nuestras fantasías, nos nutrimos de lecturas, videos, cuentos, testimonios y todo lo que estimábamos interesante para nuestras ambiciones, por ejemplo

Internet es una fuente inagotable de datos y posibilidades.

Al principio las mas comunes, juguetes, charlas, Cám., teléfono, etc. Nuestras fantasías se incrementaban cada vez más y eso mas nos estimulaba, concretamos tríos e intercambios fascinantes. Pero también descubrimos que había otras que nos llamaron la atención y entre estas, una especialmente, la referida al sexo zoofilico, entre mujeres y perros.

Tanto a Juan como a mi nos asombro la coincidencia de los diferentes testimonios, donde se daba una coincidencia absoluta en cuanto al placer que las mujeres obtenían cuando un perro las montaba. En los relatos e historias tales coincidencias no eran fruto de la casualidad o imaginación, sino que la descripción de estos hechos, tenían un sustento real y hasta científico que acreditaba la veracidad de esas experiencias.

Estas lecturas y testimonios despertaron un gran entusiasmo en las fantasías de Juan y mi curiosidad se encargo que me pusiera en contacto vía E-mail y Chat con algunas sras que habían pasado por esta experiencia, ratificando plenamente lo que habíamos leído.

A pesar de que tenia cierta resistencia en cuanto a esto, debo reconocer que esos testimonios me excitaban muchísimo y exaltaban mi imaginación.

Juan ya había echo suya esta fantasía y entre bromas insistía con lo mucho que le gustaría verme en esa situación, agachada en cuatro patas siendo poseída por nuestro perro.

La realidad es que empecé a prestar más atención a nuestra fiel mascota, un perro bóxer de cinco años que teníamos de cachorro sumamente bueno y aun virgen que respondía al nombre Don.

Si bien nunca me había fijado, recordé que en mas de una oportunidad lo vi con la puntita colorada de su miembro asomando y también cuando hace unos meses atrás, estaba semi agachada sacando unas bolsas del baúl de mi auto, el olfateo mi entrepierna y de inmediato trato de montarme, lo espante de un manoton.

Ahora me preguntaba como y de que tamaño tendría el miembro, esa idea que me rondaba me excito. A la noche cuando llego Juan, me sentía caliente, decidí estimularlo y jugar con esa fantasía que tanto le gustaba, le comente lo que había sucedido hace unos meses atrás con Don y que tenía la curiosidad de saber como era y de que tamaño tendría la pija Don, que había pensado en esa fantasía y me calentaba hacerlo.

Ante tamaña confesión, Juan se excito de sobremanera y quería que concretemos esa fantasía ya, a lo que me negué, aduciendo que necesitaba mas tiempo y preparación, cuestión que el entendió enseguida, seguimos charlando de Don entusiastamente y terminamos haciendo el amor dos veces esa noche.

Por la mañana, Juan partió a su oficina temprano ya que tenia ciertos asuntos que atender, yo me desperté un poco mas tarde que de costumbre. Al levantarme así desnuda como estaba, se me cruzo una idea, lo había leído en un relato y quería cerciorarme si era posible, así que previamente a bañarme fui al lavadero en busca de Don, quien ya estaba en el jardín. Don, Don, Don, lo llame, en cuanto vino lo deje entrar y me dirigí a la cocina, sentándome con las piernas entreabiertas sobre la banqueta que estaba próxima a la mesa, dejando totalmente expuestas mis zonas pudentas.

Don, como si hubiese entendido el subliminal mensaje, se acerco de inmediato y con su hocico olfateaba con insistencia mi pubis que conservaba el olor a sexo y jugos emanados de la sesión de amor de la noche anterior.

De pronto su lengua húmeda y agradablemente áspera de deslizaba por todo mi cáliz, varios segundos de rápidos lenguetazos bastaron para que esa enorme lengua se colara entre mis carnosos labios rozando el clítoris y hurgando mi interior, provocándome una electricidad escalofriante y sumamente placentera. Don seguía lamiendo con ahínco, mientras desenfundaba su puntiaguda y rosada punta. Me llamo la atención como el perro instintivamente, descubrió en mí a la hembra receptiva con la cual saciar sus instintos de macho. Su lengua y saberlo excitado aumentaban mi placer, pero la situación me parecía un tanto injusta debido a la ausencia de Juan, así que dije basta y puse coto a la situación. Me fui a bañar terriblemente excitada, y me masturbe alegremente bajo la ducha, sin poder apartar mis pensamientos de esa situación

Pobre Don, estaba tan caliente e imagino el grado de frustración animal, estuvo intranquilo todo el día y cada vez que me veía me rondaba provocativamente con la punta de su miembro desenvainada como esperando su oportunidad.

Que increíble a lo que me atreví, pero mas increíble es las ganas que me invaden de excitar esa bestia, verla y tocarle su miembro en total plenitud, para que negar mis ganas de ser poseída por el y experimentar todo ese placer desconocido en que todas coinciden.

Me acuerdo continuamente de los relatos y las descripciones de las penetraciones, cuando se les infla el bulbo y quedan abotonadas en un sin fin de orgasmos increíbles, me imagino estando en el lugar de ellas y me siento muy mojada.

Así fue mi día, sin poder apartarme de esa idea, mas de una vez estuve tentada de darle la oportunidad a Don, pero quería que Juan estuviese junto a mi, al fin y al cabo el fue el gestor de mi calentura y merecía disfrutarla.

Cuando Juan llego, ya estaba anocheciendo, al entrar me beso con pasión y le llamo la atención encontrar a Don dentro de la casa, ya que no era frecuente, pero inmediatamente algo intuyo y sonriendo con complicidad me pregunto si esta noche lo sorprendería.

Le conté con lujos y detalles mi ocurrencia matinal, mas todo lo sucedido, la forma en que me excito, todo lo que imagine y hasta de la manera que me masturbe.

De verdad que lo sorprendí, me abrazo, me beso mientras sus manos me recorrían incansablemente y sus palabras alentaban mi excitación.

Sabia que mi relato lo provocaba, baje mis manos descubriendo una terrible erección, me arrodille, baje el zipper de su pantalón, libere su duro miembro y comencé a besarlo profundamente durante un largo rato hasta casi hacerlo acabar, pero me cuide mucho que eso no ocurriera, lo quería tan caliente como a Don.

Le dije que iba a cumplirle la fantasía, que se preparara y lo quería desnudo. Acto seguido fui al dormitorio a prepararme, me despoje de todo lo que llevaba puesto y me calce un corsé de esos que van desde la baja cintura hasta por debajo de los senos dejándolos libres y luego me cubrí con una bata, prepare un par de guantes de fino látex descartables de esos que usan los médicos, y ya estaba lista para comenzar esta aventura.

Llame a Juan y a Don, que no se hicieron rogar y en menos de cinco segundos estaban entrando en la habitación, Juan totalmente desnudo y erecto, Don moviendo su corto rabo, percibiendo su oportunidad.

Yo cual diva envuelta en mi bata blanca, me acerque a mi esposo, le di un caliente beso y le dije que mirara con atención mientras mis manos ágiles jugaban y estimulaban su erección.

Sin sacarme la bata, me puse los guantes de látex y ante la atenta mirada de Juan comencé a acariciar suavemente a Don, en la cabeza y por su lomo, lentamente mis manos fueron bajando hasta su tórax y abdomen rozando distraídamente su enfundado miembro.

Este estimulo provoco una reacción en Don, comenzó a asomar esa rosada punta que tanto me había desvelado y ahora iba a descubrir. Mis manos enfundadas en látex se apoyaron ya intencionalmente sobre la vaina de Don y mis dedos enlazaron la barra roja moviéndose de tal manera que aceleraba su descubierta que cada vez iba asomando más.

Para mi sorpresa, esa punta colorada se convirtió en una pija hermosa grande, gruesa y dura, tomo una dimensión extraordinaria que jamás pude imaginar, la notaba resbaladiza, mojada y muy caliente.

Los guantes de látex no me permitían sentir bien esas sensaciones, así que me los saque y lo mismo hice con la bata, recomencé la faena con mis manos desnudas, sintiendo ese calor quemante entre mis dedos y sus líquidos desparramarse en mis manos. Don seguramente también noto el cambio y la sensación de las caricias piel con piel porque inmediatamente desenvaino una bola gigantesca que no paraba de crecer y crecer.

Las caricias que mis manos propinaban sobre esa enorme pija no tardaron de surtir efecto, porque comenzó a lanzar chorros de semen entre blanquecino y amarillento que lubricaban y empapaban mis manos.

Tome su bola entre ellas y esto pareció enloquecer a Don, porque curvo su espalda y comenzó a moverse para delante en frenético vaivén, así estuvo un rato hasta que lo solté.

Esa pija grande, estaba ahora gigantesca, terriblemente inflamada, de color bordo, de verdad me impresiono y me tentó, me sentía totalmente mojada, excitada, estaba tan caliente que se me pasaron todos los temores y resistencias que tenia. Así como me desprendí de los guantes, me desprendí de mis propias inhibiciones y quise chupar esa tentadora y gruesa pija, quería saber el gusto que tenia su semen y sentir mi boca llena con ese pedazo de pija canina tan diferente a lo que había conocido.

Me encanto chupársela, sentía sus chorros calientes en mi garganta y con mas ganas chupaba, su leche tenia un sabor agradable, me gustaba, me calentaba porque era diferente a los hombres, no paraba de eyacular, Don lo estaba disfrutando tanto como yo.

Juan estaba atónito contemplando la escena y perversamente me decía seguí, seguí...me alucina verte así, tan hembra, tan mujer, tan perra, mientras se tocaba y masturbaba.

Un largo rato estuve chupando la enorme pija de Don, quien no paro de lanzar su leche en continuos chorros, sin dar muestras de cansancio ni de haber culminado su tarea. Lo deje con pesar, cuando ya estaba incomoda por la posición y mi boca se había cansado de estar tan abierta.

Don se echo a un costado, me miro creo entre agradecido y deseoso, comenzó a lamerse limpiándose su grosera verga.

Totalmente mojada y alocadamente caliente, me arrepenti por haberlo echo acabar a Don, mire a Juan quien se habia venido ante semejante visión y me sentí totalmente insatisfecha, no me quedaba otra cosa que masturbarme para apagar mi fuego interno. Me recompuse y

fui gateando lentamente hasta el borde de la cama y cuando me apoye en ella, mascullando toda mi furia, sentí la lengua de Don saboreando las mieles que se deslizaban por el interior de mis nalgas.

Estaba de rodillas, con mis tetas y mis brazos apoyadas sobre la cama, así que abrí un poco mis piernas como para facilitar el desplazamiento de la lengua de Don por mi necesitada concha, tras cinco o seis fuertes lengüeteadas, sentí como Don se encaramaba encima de mi espalda y con sus dos patas me sujetaba por la cintura jalándome hacia el, tuve la precaución de ponerme el corsé para que no me rasguñara con sus uñas, mientras sentía en mis entrepiernas, punzantes embestidas, procurando embocar instintivamente su pija dentro de mi, pero estaba un poco por debajo de donde debía.

Flexione un poco mis rodillas , de esa manera mis caderas bajaban un poco y al instante sentí como ingresaba su caliente pija, que en primer momento no parecía estar en su esplendor, el acelerado repiqueteo, me impresiono, la velocidad con que se movía dentro de mi concha era alucinante y sentí como se agigantaba segundo a segundo. Se estaba inflamando adentro mió, pujaba por llegar hasta el fondo de mi canal, ese veloz roce me hacia gemir de placer, nunca en mi vida experimente semejante velocidad como en ese mete y saca, que llegaba hasta el fondo, recorriendo y estimulando todas las partes sensibles En la medida que su volumen aumentaba mas llenaba mi concha aumentando la excitante fricción.

No se si era por la novedad, por mi excitación, por la forma de esa pija, pero mi concha estaba totalmente llena, no quedaba ningún resquicio que no estuviera expuesto a ese infernal y placentero roce, jamás había experimentado una sensación tan plena y gozosa. Las acometidas de Don se hicieron mas violentas y profundas, cada una de ellas era una descarga que me hacia temblar de placer, de pronto sentí como esa descomunal pija se agigantaba en su base, no dejaba de crecer, pensé que podía desgarrarme, pero no, tome conciencia que se estaba inflamando su bola, expandiendo toda mi concha, al principio asustada sentí como un suave y dulce dolor, pero era el comienzo de una inconmensurable sensación de placer.

No se ni puedo definir como, toda esa pelota se había inflado adentro de mí, la sentía en la base de su pija, pero tenia el resto incrustada hasta el fondo y cada vez la sentía más gruesa y más potente.

Mi concha ya no podía dilatarse más, y su botón apretaba mis paredes interiores arrancándome suspiros de placer. Sentir esa bola latiente era indescriptible, en cada latido me tocaba algo que explotaba y desparramaba flashes que se convertían en una maravillosa sensación que invadía todo mi cuerpo y cada uno de mis sentidos.

Don comenzó a jalar y empujar, sentía esa bola incrustarse en la parte interior de mi agujero, iba y venia provocándome las sensaciones mas increíbles que jamás había gozado, en una multiplicidad de orgasmos interminables, lo que sentía era de verdad increíble, su pija y ese enorme botón detonaban en mi algo totalmente desconocido, un placer diferente, inimaginable, se mezclaban todos los estímulos vaginales, clitorianos y hasta anales en uno solo, pero múltiple, tanto placer arrancaba ya mas que jadeos y gemidos, eran gritos de placidez que se escapaban de mi garganta y no podía acallar. No había terminado de sentir uno cuando me invadía otro más y mas intenso, cada vez más prolongados, sentía mis rodillas flaquear, pero esa pija gigantesca que tenia incrustada me mantenía sujeta y no me permitía caer.

Sentí como Don se movía encima de mi, se inclino hacia su costado derecho jalándome con el, ese tirón me hizo estallar nuevamente en voluptuoso placer, ni me había dado cuenta que Don estaba dado vuelta, estábamos culo con culo totalmente abotonados y la intensidad de mis sensaciones placenteras no disminuían, sentía mi concha repleta de viscosa leche y cuantos mas chorros desagotaba, mas aumentaba esa calida y placentera presión.

Nuevamente pego un fuerte jalón, saco su monstruosa pija de mi, provocando un sordo y seco ruido consecuencia del vació y la presión, que semejante pija me había sometido. Me desplome totalmente agotada pero inmensamente satisfecha por el placer obtenido, Juan me hablaba y acariciaba casi incrédulo por la manera que me vio gozar, pleno de felicidad por la fantasía concretada, con una terrible calentura que a gatas pude apaciguar.

Les mentiría si les digo saber cuanto duro, no se si fueron pocos o muchos minutos, si puedo asegurarles que ese momento me pareció una maravillosa eternidad.

Quisiera contarles la intensidad de mi placer, de cómo y de que forma sentí, de cómo revoluciono mis sentidos todos, pero la verdad que no encuentro las palabras apropiadas para describir esto, pero en mi caso supero ampliamente cualquier experiencia y si bien por los relatos sabia algo de esto, y me excitaban muchísimo, algún connato de duda e incredulidad tenia.

Pero lo que yo ciertamente sentí va más allá y supero cualquier expectativa que yo tenía previamente y no solo eso sino que descubrí algo que desconocía en mi, semejante capacidad de placer, que nunca antes ningún amante fue capaz de descubrir.

Que ironía, lo logro un perro.

Escribí y publique esta historia totalmente real y creo que debía y tenia la obligación de contar mi experiencia, compartirla con Uds. y no guardarme semejante secreto, valió la pena, claro que si.

Gracias Maria por ser la fuente para este relato
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