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Perdóname
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Sexo oral
10-Sep-2019
155
Perdóname
Alba se arrepiente del daño que le causa al hombre que la ama.
Alba es una chica de unos 27 años. Preciosa. Pelo negro, largo. Piel blanca, pálida, que contrasta con su oscuro cabello. Sus ojos, marrones color miel. Labios carnosos, pechos bien puestos y culito respingón. Vamos, un pedazo mujer. Una mujer de bandera a la que todos los hombres se giran por la calle para admirarla. Al menos aquellos a los que les atraen las mujeres.



Julián es un viudo de 42 años, vecino de Alba.



Ambos coinciden a menudo en el ascensor. Se saludan cortésmente. Julián sabe su nombre. Ella el de él, no. Julián solo es un pureta más. Un vecino, amable, pero un “viejo”. No es que sea feo, pero podría ser su padre. Alba solo sale con jóvenes de su edad.



Sin embargo, para Julián Alba no es una chica más. Le parece bellísima. En secreto la ama. La desea. Pero cree que a su edad no tiene nada que hacer con una joven como ella. Se conforma con admirarla, con verla de vez en cuando. Se conforma con tenerla siempre en sus fantasías.



A veces, solo en su casa, pensando en ella, se pregunta a si mismo que por qué la quiere. Apenas han hablado. El ascensor o el pasillo del edificio es el único espacio en donde han coincidido. Se dice a si mismo que es un tonto, que ya es mayorcito para tener una amor platónico. Que eso son cosas de adolescentes. Pero después, cuando la ve, su corazón se acelera y la mira con disimulo.



Así pasaban los días, los meses. Saludos y nada más. Hasta que una tarde Alba iba en el ascensor con Juanita, una amiga suya. Juanita es un poco zorrón y una descarada. Enseguida se dio cuenta de que Julián se comía con los ojos a Alba. Se lo susurró al oído.



-Alba, el pureta ese no te quita los ojos de encima.

-Calla.

-jajajaja, solo le falta babear.

-Tía, que es mi vecino. ‘Tate quieta.

-¿Lo ponemos cachondo?

-¿Estás loca? – le dijo, riendo.



Julián veía a las dos chicas cuchichear, riendo. No sabía de qué reían, pero notaba que de vez en cuando lo miraban.



Juanita quería reírse un poco de aquel tipo. Así que le puso las manos en el culo al Alba y le preguntó a Julián.



-¿Es este culo el que miras? Está buena mi amiga, ¿Verdad?

-¡Juanita! No seas borde – protestó Alba sin mucha intensidad.

-Calla, Alba. Este carroza te estaba mirando el culo.



Julián no sabía dónde meterse. Aquella chica tan descarada lo desarmó. Se quedó sin habla. Y Juanita siguió.



-Tiene un culito precioso, ¿Sabes? Y unas tetas para comérselas. ¿Te gustaría comérselas?

-Yo… no… – masculló un azorado Julián.

-¿No? ¿Seguro que no?



Alba también se divertía. La cara de asustado de Julián le hacía gracia. Se unió a su amiga.



-Llevas tiempo mirándome, ¿Eh? No creas que no me daba cuenta, baboso -le dijo mientras meneaba el culito hacia él.



Julián tragó saliva. Su Alba, su adorada Alba, se mofaba de él.



-Y seguro que se la menea luego – añadió Juanita – Seguro que el pureta este se mata a pajas pensando en ti, Albita. ¡Qué asqueroso! Seguro que se agarra la polla y se imagina que se la chupas. Que te folla.



Las dos chicas reían con ganas. Aquel hombre era patético, allí plantado, sin decir nada, rojo como la grana.



Julián se sentía fatal. Aquellas dos chiquillas se estaban riendo de él. Y lo peor era que Alba lo miraba con aquellos ojos que lo encandilaban, y se reía. Con desprecio. Tenía un nudo en la garganta. Siempre había sido un hombre sensible. El daño que Alba y su amiga le estaba haciendo era terrible. Pero permaneció allí, sin poder huir, sin decir nada mientras el ascensor llegaba al piso bajo.



-Alba, seguro que luego se encierra en baño a cascársela pensando en nostras, el muy imbécil! Jajajaja

-Sí, pobre. Bueno, ¡Si es que se le empina! jajajaja.



El ascensor llegó al piso bajo, por fin. Julián miraba al suelo, avergonzado. Las chicas salieron riendo. Cuando salía por la puerta, Alba le echó una última mirada a su patético vecino. Sus ojos se encontraron.



Alba vio como dos lágrimas caían por las mejillas de Julián.



Y entonces fue consciente de lo que había hecho. Aquel hombre siempre había sido amable con ella. Siempre correcto. La miraba, sí, pero con respeto. Y ahora ella lo había tratado como a basura. Se había reído de él, sin motivo. Solo por reírse. Solo por seguirle el juego a la tonta de Juanita. La cogió de la mano y tiró de ella, alejándola del ascensor.



-Juanita, nos hemos pasado. Joder.

-Jajajaja. ¿Viste la cara que tenía el pobre? Jajajaja.

-Calla, coño. ¡Joder… qué estúpida soy! Nunca me había hecho nada. Al contrario, siempre ha sido amable. Eres una hijaputa Juanita.

-¡Bah, que se joda, por mirón!



Mientras se iban en busca de sus amigos, Alba no dejaba de pensar en la última mirada de aquel hombre. En su calladas lágrimas. No entendía el porqué se había comportado así con él. Se sintió fatal.



Julián quedó destrozado. No tenía ánimos para salir y volvió a subir a su casa. Alba… su amor secreto. ¿Por qué lo trató así? Él nunca le hizo nada. Nunca le dijo una ordinariez, ni una grosería. Solo la miraba. Solo la amaba, en secreto.



Cuando Alba y Juanita se encontraron con el grupito de amigos, Juanita no tardó ni 10 segundos en contarles lo sucedido, riéndose a carcajadas. Todos rieron. Todos menos Alba. Sentía muchos remordimientos por su comportamiento. Tomaron unas copas y se olvidaron del tema.



+++++



Ella no tenía novio ahora. Cuando le apetecía un polvo siempre había algún amigo dispuesto, y si no, hombres había hasta debajo de las piedras. En el grupo había un chico que le gustaba, así que esa noche se fue a la cama con él.



Besos, caricias. Le sacó la dura polla y le hizo una buena mamada, pero se él se corrió rápido. Ni la avisó. Alba de repente sintió como la boca se le llenaba de semen. Se sacó el palpitante miembro de la boca y lo terminó de ordeñar con la mano.



-¡Cabrón! Podrías haberme avisado.

-Lo siento, Alba…jeje. Es que estás tan buena. Y la mamas de puta madre.



Todos los hombres eran iguales. Unos cabrones egoístas. Ahora si quería correrse tendría que recurrir a sus dedos, como casi siempre. Solo había conocido un par de ellos que la habían hecho gozar de verdad. El resto se la follaban, se corrían y creían que habían quedado como reyes. Y luego ella tenía que calmarse sola.



Aunque a veces no tenía humor. Como ahora. Ese cabrón se había corrido en su boca y ni siquiera se ocupó de hacer lo mismo por ella. Se quedó tumbado en la cama, con las manos detrás de la cabeza y sonriendo como un imbécil. Y encima se atrevió a preguntarle:



-¿Quedamos para mañana, Albita?

-¡CAPULLO!



Se marchó para su casa. Acostada en la cama se acordó de lo del ascensor y se maldijo así misma por haberse dejado llevar por Juanita. Por más que lo intentó no conseguía quitarse aquella desolada mirada de él.



Durante varios días no volvió a ver a aquel vecino, hasta que un día en que ella estaba a punto de subir en el ascensor él entró por la puerta. Ella apretó el botón para que la puerta no se cerrara, esperándolo, pero Julián, cuando la vio, no quiso subir con ella. Alba vio dolor en los ojos de él. Julián se dio la vuelta y se marchó. Y mientras ella subía, se volvió a arrepentir de haber sido una hijaputa con aquel hombre.



Pasaron varios días más, y todo seguía igual. Él la evitaba. Alba se dijo que las cosas no podían seguir así. Tenía que pedirle perdón, así que le hizo varias preguntas al portero. Se enteró de que se llamaba Julián y el piso en donde vivía, así que una tarde se armó de valor y se presentó en su puerta y tocó el timbre.



Cuando Julián abrió y la vio, la volvió a cerrar. Fue como un jarro de agua fría para Alba, pero se lo merecía. Se iba a ir, derrotada, pero volvió a tocar. Él abrió.



-¿Qué quieres? ¿No te reíste de mi bastante el otro día? – dijo él, seco, tenso.

-No he venido a reírme. Lo siento. Siento lo del otro día.

-¿Lo sientes? ¡JA! Seguro que luego vas corriendo a ver a tu amiga y os reís a mi costa las dos. Lárgate. Déjame en paz.

-No, no, espera. Te juro que no he venido a reírme. He venido… He venido a pedirte perdón.

-Sí, sí. Conozco a las niñatas como tú. Se creen con derecho a reírse de todo el mundo, sin importarles el daño que puedan hacer.

-Es que…oh, lo siento, lo siento, lo sientoooo.

-Me importa una mierda si lo sientes o no. Vete para tu casa y olvídame.



Alba no pudo más. La tensión que sentía estallo y empezó a llorar, como una niña. Sus preciosos ojos almendrados se llenaron de lágrimas que corrían por sus mejillas.



-Por favor… por favor, perdóname. Fui una estúpida, fui mala contigo. Lo siento, de verdad que lo siento, perdóname.



Julián se desarmó. Aquella preciosa chica, el secreto de sus sueños parecía sincera. Aquellas lágrimas no podían ser mentira. Sintió un nudo en la garganta.



-No llores, por favor, no llores.



Ella no paró. Sus lágrimas seguían cayendo. Él no pudo más y la abrazó.



-Alba, no llores… me rompes el corazón.



Ella aceptó el abrazo. A pesar de ser prácticamente un desconocido, se dejó abrazar. Sus lágrimas mojaron la camisa del él.



-¿Me… me perdonas?



-Claro que te perdono, Alba. Claro que te perdono – le dijo, acariciando su lindo pelo negro.



Olía muy bien aquel cabello. A limpio, con un ligero perfume.



-Oh… gracias, gracias… Fui tan… tan estúpida. Me dejé llevar por mi amiga. Lo siento.

-Bueno, ya pasó, ya pasó, tranquila – le susurró, meciendo su cabello.



Se miraron. Ella tenía la cara mojada, y moqueaba un poco.



-Necesito un pañuelo. ¿Me dejas uno?

-Mejor pasa al baño y te lavas la cara.



Mientras Alba pasaba al baño, Julián pensaba. La chica de sus sueños estaba en su casa. Era tan linda, tan guapa, tan hermosa. Cuando la vio llorar casi se echa él mismo a llorar con ella. Menos mal que se controló.



-Ya estoy más decente – dijo Alba al salir del baño.

-Sí, ahora estás mejor… más guapa.

-¿Te parezco guapa? – preguntó, saliéndole la coquetería que toda mujer lleva dentro.

-Eres una mujer preciosa, Alba – se atrevió a decirle.

-Gracias, Julián.



Le gustó que Julián le dijese que era guapa. Ahora que se fijaba mejor, él no era mal parecido. Al contrario. Era un hombre guapo. Mayor que ella, claro. Nunca se había sentido atraída por los hombres mayores, pero Julián la trataba con cariño y respeto, a pesar de lo que ella le había hecho.



-¿Quieres tomar algo? – preguntó el hombre.

-Vale, un refresco.

-Marchando.



Se sentaron en el sofá, y hablaron un rato. Julián estaba encantado de tener a su amor junto a él, hablando tranquilamente. Alba se sentía muy bien. Notaba como aquel hombre la miraba. Notaba deseo en esa mirada. Y lejos de sentir asco, se sintió también atraída. Extrañamente atraída por una clase de hombre a los que hasta ahora había, simplemente, ignorado.



-Me estás mirando…- le dijo ella.

-Oh… lo siento… perdona – dijo Julián, bajando la mirada.

-Cuando por la calle me miran los hombre mayores, no les hago caso. Paso de ellos. Pero no me molesta que tú me mires. Me gusta cómo me miras.

-No ha sido nunca mi intención molestarte.

-Nunca lo has hecho. Más bien al contrario. Te traté como basura y como respuesta me abrazaste y me consolaste.

-No podía verte llorar.

-¿Por qué me miras?

-Porque eres preciosa.

-¿Te parezco bonita?

– Eres la mujer más bonita que he conocido.

-¿Me… deseas?



Julián no contestó. No tenía palabras. Alba se acercó a él y le miró a los ojos. Le volvió a preguntar.



-Julián, ¿Me deseas?

-Sí.



Ella sonrió. Luego, lentamente acercó su boca a la de él y lo besó, pero él la rechazó, con delicadeza.



-Alba, no tienes que hacer esto.

-¿Hacer qué?

-Lo del otro día ya pasó. No tienes que hacer esto para tener mi perdón. Te he perdonado. No tienes que hacer nada más.

-No lo hago para que me perdones. Lo hago porque lo deseo.



Volvió a besarlo. Esta vez él no la rechazó. Alba se echó sobre él mientras se besaban. Julián sintió sus pechos en su pecho. Esos pechos tantas veces soñados. La besaba, pero no se atrevía a tocarla. Lo deseaba, pero no se atrevía.



Alba lo notó. Así que cogió una de sus manos y la llevó a sus pechos. Julián suspiró en su boca. En su mano tenía aquellos soñados pechos duros y abundantes…



Ella notó enseguida que aquel hombre no era como los jovenzuelos con los que ella solía acostarse. Ellos le magreaban las tetas. Se las estrujaban. Julián las acariciaba. Sintió su coñito húmedo. Se lo dijo.



-Ummm, me estás excitando, Julián…Estoy mojadita.

-Si supieras cuanto he deseado este momento…



Alba llevó una de sus manos a la entrepierna de Julián. Y se encontró con algo muy duro. Acarició sobre el pantalón aquella polla que tanto la deseaba. Con la mano la recorrió toda. Él gemía. Su lindo amor le estaba tocando. Y no era algo imaginado. Estaba pasando de verdad.



Con las bocas juntas, abiertas, y sus lenguas entrelazadas, Alba bajó la cremallera de Julián y metió la mano dentro. Con dificultad consiguió sacar la polla fuera. La miró. Le gustó. La sentía caliente y suave en su mano. Empezó una suave paja.



-Ahhhhh, ummmmm… Alba… qué placer…

-¿Te gusta?

-Uf, claro que me gusta…



Alba bajó su cabeza y besó la punta de aquella dura verga. Sacó la lengua y la pasó por toda la cabeza, mojándola. Julián se estremecía de placer. Alba se la metió en la boca, empezando a chupar. Él, con los ojos cerrados sentía aquella boca caliente y suave chuparlo. Sentía mucho placer. Alba sabía usar muy bien su boquita. Ni en sus más locas fantasías llegó a imaginar que sentiría tanto placer al ser chupado por aquella boca.



Julián miró. Vio como la cabecita de su amor subía y bajaba, haciendo que su polla entrara y saliera de su caliente y húmeda boca. Llevó sus manos al cabello de ella. Alba notó como la acariciaba con ternura, tan distinto a los jóvenes que lo que hacían era empujar su cabeza para meterle la polla hasta el fondo. Julián solo la acariciaba.



-Agggggg… Alba… para… por favor… o me harás… agggg, correr…



Otra vez más aquel hombre se comportaba tan distinto a los demás. La avisaba de su inminente orgasmo. Se sentía bien con aquel hombre. Se sentía respetada. Por eso siguió chupando, lamiendo aquella polla. Deseaba darle el máximo de placer.



-AHHh, Ummmmm Albaaaaa Aggggggggggggggggg



Julián se tensó en la cima de su orgasmo, empezando a llenar la boca de Alba de caliente semen. Ella siempre se apartaba en cuanto notaba que el chico con quien estaba se iba a correr. Pero con Julián no lo hizo. Siguió con su boca allí. E hizo algo que jamás había hecho antes… Tragó. Se bebió el semen de Julián mientras salía a presión dentro de su boca. Él pudo oír los sonidos que hacía ella al tragarlo. Cuando su orgasmo terminó, ella siguió chupando, más suavemente. Dejó la polla libre de todo rastro de semen. Luego lo miró, sonriendo.



Se besaron.



-Alba, ha sido… maravilloso… que placer…

-Ummmm, me ha encantado hacerlo… estás.. riquíiiisimo.



Miguel se echó sobre ella, haciéndola caer en el sofá. Ahora era su turno. Le empezó a quitar los botones de la camisa, para seguidamente abrirla. Ella lo mirara, divertida. Le quitó el sujetador, y admiró sus preciosas tetas. Blanquitas y con el pezón oscuro. Los besó y los lamió. Ahora era Alba la que gemía.



-Eres preciosa, Alba… perfecta…



Le quitó los pantalones, ayudado por ella, que levantó su culete para dejar pasar la prenda. Por encima de las braguitas blancas se escapaban algunos vellos negros. Su negro pubis se notaba perfectamente. El besó el monte de Venus sobre la braga. El olor de aquel coñito tan anhelado lo embriago. Le abrió las piernas con mimo y la besó entre ellas. Estaban húmedas.



Alba gemía de placer. Pocas veces la habían besado allí. La mayoría de los chicos decían que les daba asco, pero Julián le apartó la braga y le pasó la lengua a lo largo de toda la rajita de su coño. El placer que sintió fue intenso.



-Agggggggggggggggggggg, Julián… que rico… ahhhhhh



Le quitó las bragas para tener pleno acceso aquel lindo coñito, para poder comérselo a placer. Lo lamía, lo chupaba. Atrapó entre sus labios el clítoris de Alba, arrancándole un fuerte orgasmo que le baño la cara de flujos, tensando los músculos de la chica. Pero no paró y siguió matándola de placer con su boca. Alba no creía que pudiese haber en el mundo un placer tan maravilloso. Aquel hombre le estaba haciendo el amor con la boca…estaba consiguiendo que alcanzara un segundo orgasmo, aún más fuerte que el primero.



-Me…co…roooooooooooooooooooooo ahhhhhhhhhhhhhhh



Esta vez ella quedó rota, sobre el sofá. Julián dejó de lamerla. Se sentó a mirarla. Estaba preciosa, respirando profundamente, con las piernas abiertas, el coñito expuesto, las bellas tetas… con la camisa abierta… Y su carita bonita, con los ojos cerrados, con una suave sonrisa en los labios.



Cuando abrió los ojos, los clavó en los de Julián, que la miraba con ternura.



-Uf… que gustito me has dado…. Vaya boquita que tienes.

-Pues mira que la tuya…



Los dos rieron. Alba movió una de sus piernas y sin querer tocó su polla.



-Vaya… la tienes dura aún…

-Alba, se la levantarías a un muerto.

-jajajajaja

-jajajajaja.

-Julián…

-¿Sí?

-Fóllame.



La viva imagen de la lujuria. Aquella hermosa chica, casi desnuda, tumbada en su sofá, con las piernas abiertas y el coñito ofrecido, le pedía que se la follara. Y vaya si lo iba a hacer. Se subió sobre ella y la penetró. Alba gimió cuando sintió como aquella dura polla se clavó en ella, hasta el fondo. Sus bocas se encontraron de nuevo, besándose chupándose.



-Ummmm, como te siento… Me llenas toda.

-Estás tan calentita y apretada…es un maravilloso placer estar dentro de ti, Alba.



Julián empezó a bombear, a entrar y salir de su amada, primero despacito, aumentando el ritmo poco a poco. Ella lo abrazó con sus piernas. Alba sentía sus besos en los labios, en las mejillas, en su cuello. Y se dio cuenta de que aquel maravilloso hombre no la estaba follando. Le estaba haciendo el amor.



Fueron largos minutos de puro placer, de besos, de gemidos, de miradas, hasta que Alba sintió la llegada del orgasmo.



-Julián… Julián… que placer… aggggggggggg me vas a hacer correr otra vez… ahhhhh

-Alba… mi amor… yo también… no puedo aguantar más…

-Si, siiii, hazlo dentro de mí… lléname con tu amor… ahhhhhhhhhhhhh me… corrooooooo

-Aghhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh Albaaaaa



El orgasmo fue casi simultáneo. Los dos cuerpos estallaron, el uno gracias al otro. Julián llenaba aquel adorado sexo de su esencia masculina, y Alba lo recibía con agrado. Aquel líquido caliente que la estaba llenando hacía que su orgasmo se multiplicara.



Durante un largo minuto permanecieron así. Julián encima de ella. Ninguno tenía fuerzas para moverse. Después Julián se salió y se acostó junto a ella, a su espalda. La abrazó. Ella puso sus brazos alrededor de los suyos.



-Alba… te quiero.

-Lo sé.



FIN
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