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Inimaginable fantasía cumplida.
Author: 
Hetero
10-Sep-2019
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Inimaginable fantasía cumplida.
Encuentro por casualidad a los padres de un “amigo” y su madre fue durante toda la época de adolescencia, la musa de las pajas de toda la pandilla.
Un día normal, si no fuera por el excesivo calor, me acerque al Corte Ingles a comer y a comprar alguna cosa que me hacía falta. Daba gusto estar dentro con el aire fresquito. Viendo ropa, me fije en una mujer que estaba de espaldas. Era rubia, melena a media espalda, completamente liso, casi parecía una peluca. Se veía que era una mujer con buenas curvas, mediría 1,65 o 1,70, lo que pasa que llevaba unas sandalias con un buen tacón y eso me despistaba un poco. Con ella había un hombre que estaba medio de espaldas y se le veía un buen bigote canoso, delgado y de 1,75. Gesticulaba un poco, como tratando de convencer a la mujer rubia en algo.

Vi que se me quedo mirando con cierta insistencia, como si me hubiera pillado mirando el culazo de la rubia, me hice el despistado y seguí mirando ropa. Note la presencia del hombre. Me mantuve tranquilo y mirando ropa. Hasta que oigo, “Hola Pelayo, cuanto tiempo sin verte. ¿No nos has visto?”, me gire y me quede perplejo, no me los esperaba encontrar. Eran Pau y Ximo. Eran los padres de un “amigo” mío de la infancia. Digo lo de amigo, porque nuestras familias se empeñaron en que teníamos que ser los mejores amigos y yo no lo tragaba. Desde que me fui de mi localidad, no volví a saber nada mas de él. Así que poco más hablare de él.

No los conocí, porque no esperaba encontrármelos allí y porque estaban totalmente cambiados. Ximo era fácil que hubiera perdido 30 o 35 kilos. Me contaron que fue por un susto que se llevó con el corazón, aunque afortunadamente no fue nada grave. Solo que tenía problemas con el azúcar. Su aspecto físico había sufrido un cambio total, pero para bien. Ahora si el me sorprendió Pau me sorprendió mucho más.

Ella había sido y por lo que veía seguía siendo, la musa de las pajas de todos los chavales de mi juventud. Seguía teniendo una cintura perfecta, un buen culo y unas tetas enormes, siempre con escote, como ese día que también llevaba uno generoso. Es una mujer que antes y ahora, provoca que se la mire de lo buena que esta. El cambio en ella también era importante, porque la recuerdo siempre morena y ese color de pelo, que por cierto le quedaba muy bien, era un cambio radical.

Recuerdo que cuando los veíamos, nos llamaban la atención a toda la pandilla. Si no estaba el hijo hacíamos todo tipo de comentarios de la pareja. Porque él estaba bastante gordo, ella siempre inmaculada y que cualquier ropa le quedaba bien. La diferencia de edad, porque a él se le veía mucho mayor que a ella, lo achacábamos al aspecto físico de Ximo, que le hacía mayor. Hasta que el hijo nos dijo las edades y si era mayor. Por lo que ella cuando los encontré tendría entre 43 y 45. Ximo que ahora se le veía como he dicho mucho mejor estaría con 13 años más que ella.

Por lo que siempre se oía, se casaron siendo ella muy joven y en contra de los padres de ella. Ximo desde siempre había sido muy trabajador y eso nadie lo discutía, no había dado nada que hablar una vez casado y por lo que me contaron, para ir resumiendo, después del susto que se llevó y como nadie de la familia se quiso hacer cargo de la empresa, la vendió sacándole muy buen partido. Su hijo se fue a trabajar a una empresa informática en EE. UU. Y se echó novia, pareja, allí. Todo eso y más me lo contaron en nada de tiempo, les cundía el hablar y yo de muchas cosas ni me entere, porque como de jovencito, estaba más pendiente de las tetas de Pau.

Quise parar de hacer compras e irme a comer algo a la cafetería, así mis ojos descansarían de mirar. Cuando lo dije, dijeron que era una buena idea y se vinieron a comer algo conmigo. De camino me enteré que se habían comprado un chalet en Valencia, que se habían venido aquí para disfrutar más de la vida, había más cines, teatros, más sitios donde salir de noche. Omitiré la “paliza” que me dieron con respecto a su familia, ya que no aporta nada al relato.

XIMO.- Ya nos enteramos que aprobaste, que estuviste primero en Madrid y que al final conseguiste plaza aquí. Pero ¿Por qué lo dejaste?

YO.- No lo deje, simplemente he querido pasar una temporada en el sector privado, la oferta de trabajo fue muy buena.

PAU.- Ximo que más te da lo que hiciera. Si es feliz así.

X.- Lo preguntaba por curiosidad, que él sabrá si ha estado bien o no.

P.- Por el pueblo ya no vas mucho. Porque desde que te fuiste poco has pasado, como tus primos, que prácticamente han desaparecido. La que si se veía era a tu novieta. Hacías tan buena pareja. (Lamento)

Y.- Fue mejor así, porque yo no soy de parejas.

X.- Di que sí. Que hay que vivir la vida todo lo que se pueda.

P.- Pues digáis lo que digáis una pena. Aunque tu siempre has sido muy buen niño aunque bastante pícaro.

Terminamos de comer o picotear, según se mire y Pau dijo que iba a mirar unas cosas mientras nosotros terminábamos el postre y el café, que ella no tomo. Nada más quedarnos solos, la conversación derivo en unos problemas que tenía Ximo y que estaban dentro de mi campo profesional. Trataba de contestar a sus preguntas lo mejor que podía, pero él hablaba de memoria y había cosas con las que no se aclaraba, por lo que poco pude aclararle. El rápidamente se ofreció a ir con toda la documentación a mi trabajo.

Me escabullí porque en mi trabajo no me gustaba que me trajeran problemas de fuera, se lo explique, lo entendió y como entre semana me era casi imposible, me invito a ir en fin de semana a su casa. Que ellos solían estar siempre, salvo a la hora de cenar que normalmente lo hacían fuera. Que no hacía falta ni que llamara y me dio su dirección. Regreso Pau con un par de bolsas y ahora se quiso tomar el café. El tiempo que había pasado y mis experiencias con mujeres maduras, me hacía verla de otra manera y como me ponía. Cambie mi forma de pensar y me dije que les iría a hacer una visita.

Ese mismo sábado salí por la noche y no fue una de mis mejores noches, todas las expectativas que había desaparecieron como el humo. Lo que me llevo a acostarme antes de lo habitual en un sábado noche. Me levante temprano, me fui a montar un rato en bicicleta y a la vuelta, estando en la ducha, se me ocurrió ir a ver a Ximo y Pau.

Al llegar al chalet vi que tenía buena pinta, no se veía algo enorme. Toque el timbre y vino a abrirme Ximo, que nada más verme puso una sonrisa enorme y me hizo pasar. Era más grande de lo que pensaba el chalet, pero el tamaño justo para poder llevarlo uno sin necesidad de tener que contratar jardineros ni historias.

“Me vienes que ni pintado. Ahora mismo estaba peleándome con un montón de papeleo” me lo decía mientras nos metíamos dentro de la casa. Iba como una metralleta, pasando de un asunto a otro, de los problemas que tenía, se le veía preocupado. No me dio tiempo ni a preguntar por su mujer, me puso una silla junto a su mesa de ordenador. Solo paro cuando le llamaron al móvil. Mientras me quede mirando un collage de fotos que tenía y al ir a mirar la maqueta inmensa de un barco antiguo, pase por el ventanal que daba a la piscina y me quede de piedra. Estaba Pau completamente desnuda, tomando el sol. Estaba boca abajo y se veía su espectacular culo. Me quede embobado y así estaba cuando ella fue a cambiar de postura, miro hacia la casa y me aparte, no sabía si me había visto o no.

Al rato volví a mirar y estaba boca arriba, posiblemente no me había visto, eran unas tetas que de chavales hubiéramos dado cualquier cosa por verlas, eran apoteósicas. Demasiado grandes y aunque el cuerpo guarda una línea perfecta, las tetas las tenía caídas porque era imposible que ese volumen se mantuviera mínimamente erguido.

Una vez que Ximo acabo de hablar, nos pusimos a revisar todos sus papeles. No había mucho problema, el mayor problema estaba en su desorganización. Fui dividiendo su papeleo en montones, para poderlo escanear, se lo explique y me dijo que no tenía escáner. Le pregunte si tenía por lo menos archivadores o carpetas. No tenía nada de nada. Pero me dijo que había un Carrefour cerca y que estaba abierto, que iría a comprar archivadores. No me dio tiempo a más. Salió a decírselo a su mujer, volvió, cogió unas llaves y se fue. Mire de nuevo por el ventanal y me lleve una desilusión, Pau estaba con un bikini.

Regrese al ordenador y estuve viendo los correos que me dijo que viera, que iban sobre avisos que le habían mandado. En varios de ellos hacían referencia a uno importante, que no había visto ni en la documentación física ni en los correos. Así que me puse a revisar sus correos. Lo encontré y lo imprimí. Pero buscando ese correo hubo uno que llamo mi atención, porque ponía “facturación pendiente”. Lo abrí y no era nada relacionado con el trabajo. Era un correo donde venia la dirección del correo remitente y lo que supuse que era la clave. También venia un Nick, que fue lo que me llamo poderosamente la atención, “maridomorboso…” y una clave. Pero no ponía a la web que pertenecía. Podía ser una página de contactos, un chat, la tecnología no era lo mío. Todo eso había picado mi curiosidad.

Me fije que en el escritorio venia una carpeta llamada, “F_FACTURAS_P” trate de abrirla y no me lo permitió, porque me pedía una clave. Probé las básicas, 1111, 1234, 0000 y nada. No me daba por vencido e iba introduciendo tandas de números de 4 en 4, aunque lo mismo eran más o eran letras, pero por probar que no quedase. Estaba ensimismado cuando oigo.

- Buenos días, te tenía que dar unos azotes por no venir a saludar. Eso no es de buena educación.

- Perdona Pau, tienes toda la razón y si me tienes que “castigar” pues me castigas. (Lo dije sin pensar y lo mismo no sonó muy bien)

- No pasa nada lo dejaremos. ¿Qué haces?

- Pues tu marido, que me cogió nada más entrar y ya me puso a hacer cosas. No he parado ni un momento.

- Es que es un cabezota. Antes cuando teníamos la empresa, todo esto se lo hacían allí, claro. Ahora en vez de buscarse alguien que lo haga, se apuntó a un curso a distancia, que lo único que hicieron fueron mandarle libros y se cree el que más sabe. El aburrimiento de haberse jubilado antes de tiempo.

- Mujer si se entretiene, pues qué más da. Aunque lo tiene bastante bien, el único problema gordo que le veo, es su falta de orden. El no tener todo bien clasificado. El no tener una impresora con escáner, para poder escanear todo y tenerlo en un fichero informático, más fácil de ver, de controlar y de guardar.

- Jajajajaja, no has dicho tu nada.

Le llamaron por el teléfono fijo, se acercó a la mesa y lo cogió. La tenía muy cerca, el pareo que se había colocado dejaba ver perfectamente su cuerpo, su culo se distinguía a la perfección, ya que llevaba una braguita de bikini muy ajustada. Mi rabo estaba a tope. Llevaba unos pantalones vaqueros estilo bermudas y se me notaba un bulto exagerado, me daba palo que se pudiera dar cuenta, por lo que me coloque un montón de papeles, que iba mirando y así tapaban mi erección.

Llego Ximo y entro para decirnos que fuéramos a echarle una mano. Me fui con él y había traído más carpetas archivadores de lo necesario, había de varios colores. Cogí los que pude y los lleve al despacho de él. Pau seguía hablando por teléfono y al vernos cargados, se disculpó con quien hablara y vino a ayudarnos. Al pasarle unos archivadores, no sé cómo, mis manos rozaron sus tetas, joder como me puso, me iban a reventar los pantalones. Una vez que teníamos todo en el despacho, Pau nos dejó solos. Quería ver la reacción de Ximo por lo de la carpeta. “Oye Ximo, he estado revisando todo y he visto que tienes en el escritorio una carpeta que pone facturas, pero he tratado de abrirla y no me lo permite, es por ver que facturas son” se quedó blanco como el papel, tardo bastante en reaccionar, tartamudeo un poco hasta que me dijo, “No, pero esas no tienen nada que ver con todo esto. Son facturas de la revisión del coche y nada más, que las copie ahí, para no perderlas”

“Eso es lo que tienes que hacer con todo esto, además de tenerlas en soporte físico, escanearlas. ¿Dónde tienes el escáner para escanear todo esto?” otra vez se puso nervioso y me dijo que se lo dejo un amigo. Estaba claro que era mentira, pero se comprometió a comprar una nueva impresora que tuviera escáner. Le dije que cuando la tuviera comprada que me avisara que le ayudaría a hacerlo. Me iba a ir cuando Pau dijo que de eso nada, que em quedaría a comer con ellos. Que ya había llamado para encargar una paella y que no había nada más que hablar. Luego me dijo que aprovechara y me diera un baño. Ximo dijo que era una buena idea, que hacía mucho calor. Me excuse porque no tenía bañador. Ximo dijo “Es que se lo tenía que haber avisado. No caí” y en ese momento fui un poco retorcido, “Daba igual, porque no tengo, ya que siempre voy a playas nudistas”, Ximo tuvo una respuesta que no me esperaba, “Jajajajaja, como esta (refiriéndose a su mujer) siempre le gusta bañarse desnuda” Pau se puso colorada y le contesto, “No creo que le importe a él mucho esa información, pero te puedes poner un bañador de Ximo”

Acepte al final, me acompaño a una habitación, me dijo que esperase y al rato vino con un bañador y me lo dio. Me quede mirando el bañador y salvo que no estuviera al día, ese bañador, además de ser pequeño, tenía pinta de ser de la época egipcia, era tipo pantalón corto. Color marrón, un marrón especial. Me lo puse, era un poco más grande de lo que me imagine, pero poco “decoroso” se me marcaba el paquete de una forma llamativa y eso que ya no estaba empalmado. Fui a la piscina y me dio la risa, pero me aguante, Ximo llevaba uno prácticamente igual. Al verme Ximo dijo, “Joder sí que estas moreno y menudos bíceps y vaya pectorales” no dije nada. Nos pusimos a nadar, la piscina era grande, daba gusto bañarse. Después de un buen rato salimos del agua y nos pusimos en unas tumbonas.

Inmediatamente Pau se levantó cogió un bote de crema solar, se tiró un buen rato poniéndole en la espalda y en el cuerpo a su marido. Después vino decidida a mí y me puso en mi espalda y me dijo que ni rechistar. Sentir sus manos, me ponían al borde de un ataque, empecé a notar que mi rabo crecía y me puso nervioso. Pero cuando más me asuste fue cuando me dijo que me diera la vuelta y yo como un imbécil, le decía que no hacía falta, ella solo soltó, “VENGA, VAMOS, no perdamos el tiempo” y se puso a darme sobre el pecho y decía que estaba en tensión. No sé si se dio cuenta de cómo estaba mi rabo, porque no la vi mirar pero no había manera de disimular eso.

Ella estaba muy natural. Se hizo una coleta y se fue al agua. Estuvo un rato bañándose y Ximo estaba medio adormitado, porque llevaba un rato sin hablar. Estaba tumbado boca abajo y con la cabeza mirando hacia el otro lado. Cuando termino de bañarse Pau, empezó a subir los escalones de la piscina. El agua le resbalaba por todo el cuerpo, subía lentamente, casi como si fuera a cámara lenta. Era pura sensualidad y el remate, fue que una de sus tetas se le salió, algo que era normal con ese volumen. Se vio un pezón de un tamaño importante. Una vez termino de subir, se tapó su teta, sin ninguna prisa, cruzándose nuestras miradas mientras lo hacía y una sonrisa “tímida” apareció en su rostro.

Mi cabeza se puso en ebullición, me imaginaba de todo, desde que quería “guerra” a que me estaba provocando. No pensé en ningún momento que hubiera sido accidental, mi mente es que en algunos momentos está en modo “sucio”. Con la misma parsimonia que tuvo al salir de la piscina, era la misma con la que venía andando. Moviéndose al andar de tal manera, que me volví bizco viendo el meno de sus tetas. Cogió una toalla y se secó de una manera que me excito, es que cualquier cosa que hiciera me ponía cachondo. Hubo un momento en que se me paso por la cabeza decirle que la secaba yo, menos mal que me mordí la lengua.

Se tumbo y dijo, “Ximo, anda ven a ponerme el protector” como Ximo no dijo nada, rápidamente y no sé cómo fui capaz, cogí el bote de crema que nos había puesto ella antes y me ofrecí, se quedó mirándome, se azoro un poco y dijo que porque no. Me dio un frasco, que era un protector en aceite. Me coloque en el lado contrario, para poder controlar a Ximo, por si giraba su cabeza. Ya está tumbada del todo, con sus manos por encima de su cabeza. La visión del culo era estupenda. No sabía por dónde empezar.

Empecé por la parte de arriba, hombros y cuello. Se lo hacía suavemente, pero con mis dedos apretaba en algunos sitios con más intensidad, sabía que le daba un buen masaje, porque se fue relajando. La parte de arriba de su bikini me molestaba y le dije, “Si desabrochas el bikini te lo podre dar mejor” y antes de que ella pudiera decir nada ya se lo había desabrochado yo. Ahora el cuello y la espalda están libres. Como libres quedaron sus tetas, porque ahora por los lados se le salían mucho más, o se le veían mejor. Me tenía que aguantar y mucho las tentaciones de poner mis manos en los costados para acariciar esas tetas, que desde chavalín me fascinaban, tanto a mi como a mis amigos. Si me vieran se morirían de envidia. Quien me iba a decir a mis 18 años que pasado el tiempo me vería en la situación que estaba.

El corazón me hacía pum, pum, pum, era algo anormal. Ni en mis ejercicios más fuertes haciendo deporte se me ponía de esa manera. Cuanto más masajeaba sus hombros y su cuello, más se relajaba y se le oía como un suave murmullo, ininteligible. Miraba hacia donde estaba su marido, llevaba con uno de sus brazos caídos y que no se le movía para nada, o estaba muerto o dormido como una marmota. El que Ximo estuviera así, mi imprudencia, mis tentaciones y lo lanzado que me ponía cuando estaba cachondo, fue una combinación muy “peligrosa”

Me anime yo solo. Mis manos fueron ahora a la espalda, a sus omoplatos y a sus costados. Cuando iba hacia los costados, hacía que las yemas de mis dedos llegaran justo al borde de sus tetas. La primera vez note que se puso en tensión, pero como fue algo rápido, se tranquilizó y las siguientes veces fue igual, movimientos rápidos y mis dedos no pasaban de donde no tenían que pasar. Luego fui siendo más suave en mis movimientos y más lanzado con mis manos, ahora tocaban plenamente sus costados, acariciaba sus tetas por los lados como si fuera algo casual.

Note ciertos movimientos leves de su cuerpo, pero nada de estar tensionada. Su respiración aumento levemente. La falta de rechazo por su parte me dieron más fuerza para continuar. Estaba expectante a que se levantara un poco, solo un poco. Porque metería mis manos debajo de sus tetas, para acariciarlas bien. Lo único que eso no pasaba. No me quise enrocar en esa situación y me fui a las piernas. Piernas por cierto con una musculación dura y fuerte. Llevaba un rato acariciando sus piernas, porque lo del protector era una excusa y me fui hacia su culo. Hice como con la parte de arriba del bikini. Aparte parte de la parte de abajo, metiéndola prácticamente entre sus nalgas. Si dar tiempo a más masajeaba bien sus nalgas, me preguntaba cuántas sentadillas habría hecho para tener el culo así.

- Pau, se te nota que haces mucho ejercicio, estas muy dura.

- Mucho es poco, que hago un mínimo de dos horas diarias, menos los domingos. No perdono ni un día. Luego te enseñare mi gimnasio particular.

- ¿Vais a playas nudista como yo? Porque no se te ven marcas.

- Que cotilla que eres, pero no, no vamos a playas nudista. El nudismo lo hago y lo hacemos aquí.

- Pues como en la playa en ningún sitio.

- Tiene que ser fantástico, pero Ximo dice que él no se pone en pelotas en una playa. (Mis masajes eran más atrevidos)

- Seguro que no se lo has propuesto bien.

- Eso lo dices tú, que hasta le he dicho que me iría sola y lo único que me ha dicho, que si me ve a mí en pelotas en la playa, que no me conoce, Jajajajaja.

Estaba muy distendida, había a veces que costaba entenderla, por estar boca abajo y porque las manos las tenía cerca de su boca. Todo eso me animo lo suficiente para ser lo más descarado que podía ser hasta ese momento. Mis dedos rozaban por el interior de sus muslos, llegando justo al borden de su coño, pero como si fuera un roce, nada exagerado. Hasta note el roce de sus vellos en mis dedos, fue cuando mire y se veía una buena mata de pelo negro, muy bien colocado. Estuve unos minutos así, sin atreverme a ser más descarado, hasta que me di cuenta de que había abierto sus piernas un poco más, no mucho, pero si algo. Me eche un poco más de aceite y le dije, “Lo último ya y acabo” ella no dijo nada. Embadurne bien sus muslos y cuando subí mis manos, mis dedos acariciaron totalmente su coño por encima de su bikini.

Exclamo algo que no entendí, pero tenía claro que no que una protesta. Ya me estaba animando cuando Ximo hizo un movimiento. Quite mis manos rápidamente y me eche un poco para atrás y Pau se empezó a levantar, dijo que en nada traerían la paella, que se iba a cambiar. Ximo miro la hora y se quejó, “Que coñazo las pastillas, me dejan KO en cuanto me relajo, no te hagas mayor hazme caso” me reí ante esa ocurrencia, “Hombre todos tenemos que llegar a eso y si no malo. ¿Pero que pasa que tomas una medicación que da sueño?” me miro sorprendido y me dijo, “Una medicación, eso es lo que yo quisiera. Para la tensión, para el azúcar, los triglicéridos, para las náuseas… vamos media farmacia y eso que ahora estoy mucho mejor. Eso si luego viene la noche y me cuesta dormir, una mierda todo”

No supe que decir, pero se lo tomaba con humor. También me dijo que lo bueno que ya no tenía gota, que desde que adelgazo y se puso a régimen, no le había vuelto a dar. Sonó un potente timbrazo y Ximo se levantó rápido, que ya traían la paella. Me hubiera gustado más que el tuviera que ir por ella. Durante la comida Pau saco la conversación con su marido de las playas nudistas y Ximo no se bajaba del burro. Lo más que llego a decir, que si fuera en su piscina y con muy poca gente, no le importaría. Quise evitar una sonrisa, pero alguien un poco avispado se hubiera dado cuenta. Tenía pensado irme después de comer, pero como me insinuaran quedarme un poco más lo haría.

Así fue, deje caer que nada más comer me iría y Ximo dijo que a donde iba yo a esas horas y con ese calor, que no dijese tonterías y me deje convencer. Después de comer y tomando el café, Pau y yo nos dimos cuenta de que Ximo se había quedado otra vez dormido. Nuestra conversación saltaba de un tema a otro, pero todos dentro de la normalidad. Todo muy tranquilo, menos cuando cruzaba y descruzaba las piernas, que o llevaba la parte de abajo de color oscuro o iba sin nada. Aunque no lo distinguía, mi mente me decía que no llevaba nada y me ponía palote yo solo. Donde no llevaba nada era en la parte de arriba, que los pezones parecían misiles a punto de salir. Aunque estaban algo caídas daban gusto verlas.

Sobre las cinco de la tarde Pau dijo si me apetecía un poco de horchata fresquita y le dije que sí. Quise ir a ayudarla pero no me lo permitió. Apareció con una jarra llena de horchata y me decía que era casera y dela mejor, como los fartons que traía que eran de Alboraia, donde decía ella que eran los mejores. Despertó a Ximo, que al ver la horchata dio una palmada y dijo que había sido una buena idea. Quiero hacer una aclaración, para quien no sepa lo que es un farton, es un bollo alargado, blando, dulce y que por encima lleva una capa blanquecina, vamos con la forma de una polla y como si se hubiera corrido.

Se suele comer mojándolo en la horchata y esta super bueno. Pues ver a Pau mojando el farton y metiéndoselo en la boca, era para gritar de placer y encima, esa mirada que ponía mientras lo hacía, provocaba que el corazón más que hacer, pum, pum, pum, hiciera PUM, PUM, PUM. En todo lo demás que había ocurrido podía ser imaginación mía, de una mente no muy limpia, pero que comiendo los fartons, estaba provocando lo tuve claro, aunque lo mismo más que provocar era aumentar su ego, calentando a un joven que podía ser su hijo, pero sin más intención.

En cuanto Ximo acabo de tomar su horchata, dijo que se iba a dar un baño para despejarse. Se fue y se tiró al agua. Pau recogió todo y se fue para la cocina. No me lo pensé cogí algunas cosas para ayudarla y aunque me dijo que no hacía falta, lo hice y la acompañe a la cocina. No uso el lavavajillas, limpio todo en la pila, mientras yo la miraba y hablaba con ella. Abrió un armario de los altos y se estiro para colocar algunas cosas. La camiseta que le hacía de vestido, al levantarse se subió y se le vieron el inicio de sus nalgas. Mi rabo tomo vida propia. Sin mirarme me hablaba y me dijo, “Pues a Ximo y a mí nos ha dado mucha alegría el encontrarte el otro día. Porque no te esperábamos y porque del pueblo no solemos encontrarnos a nadie. A excepción se Silvia, que se vinieron aquí casi un año antes que nosotros y con ellos si nos vemos. ¿Te acuerdas de Silvia?”

Como no sabía a qué Silvia se refería, ella empezó a darme detalles y caí rápido en la cuenta pero me hice el despistado. Hasta que me la describió físicamente a ella y su marido Alberto. Tanto fueron los datos, que con cierto sarcasmo dije, “Ah, esa Silvia. Como no me iba a acordar” ella salió en defensa de su amiga sin que yo hubiera dicho nada, “No te creas todo lo que oigas, Silvia es muy buena mujer, solo que en los pueblos ya sabes. Y de todas maneras, que nadie tiene porque meterse en su vida, aunque fuera cierto lo que dicen los de siempre, que muchos, tienen mucho porque callar”, mientras ella decía todo eso, que lo hacía con mucho ímpetu y con un tono de voz más alto de lo normal, yo me había colocado prácticamente detrás de ella y no se dio cuenta.

Se sorprendió cuando noto mis manos abrazándola y notando mi duro rabo en su culo. Paro en seco de hablar, dio un respingo y soltó con voz de sorpresa, “¿Qué es lo que haces?” y ni corto ni perezoso, le dije suavemente, “Pues terminando de darte el masaje a estas divinas tetas, que tanto soñé con ellas y que tantas pajas me hice pensando en ellas”, Pau quiso girarse sin mucho convencimiento, pero seguía un poco furiosa. “Estate quieto, quítate y vete de mi casa. Eres un guarro degenerado. Como venga Ximo te va a matar, quítate” y diciendo esto último, echo su culo para atrás, con la intención de apartarme pero fue pero, porque mi rabo se encajó mejor entre sus nalgas.

No llevaba ropa interior, porque arriba se notaba sin necesidad de tocar, pero cuando lleve mi mano a su coño, lo que toque fue abundante pelo y que estaba mojado. Cuando mis dedos tocaron su clítoris, se le escapo un leve gemido, que trato de disimular, carraspeando. Baje un poco el bañador, que no hacía falta mucho más y mi rabo salto como gritando libertad. No me fue nada difícil, colocarlo entre sus piernas y como salía por delante, lo pegue contra su clítoris, usándolo en vez de mis dedos. Vi cómo se agarraba con fuerza al borde de la encimera.

Su tono de voz bajo de decibelios, ahora era más suave, “De verdad, déjame, soy una mujer casada, mi marido puede entrar en cualquier momento. Nunca he sido infiel. Por favor, por favor, para, no sigas. Que todavía no es tarde. No se lo diré a nadie, déjalo. No es tarde, todavía no es tarde”, tanto no es tarde, me eche para atrás el culo un poco, mi rabo parecía que lo fuera a sacar, pero no, lo que hice fue colocarme mejor y se lo metí de una vez. Me costó un poco pero entro a la perfección. Esta vez gimió más fuerte y ya no carraspeo. Y le pregunte, “¿Quieres ahora que pare, quieres que me salga?” Pau no dijo nada, su boca estaba sellada.

Ante su silencio, cogí un buen ritmo y ella no protestaba, lo que si hacía era resoplar e insultarme. Me decía cosas como guarro, cerdo, degenerado, hijo de puta, cabrón. Todo lo que se le ocurría. Pero su cuerpo la traicionaba, porque en cuando aminoraba un poco mi ritmo, era ella la que se movía hacia atrás clavándose mi rabo, con potencia. Se corrió dándolo todo, que manera de gemir y que manera de menear su culo, sus caderas. Lo que no hizo, es lo que hacen muchas mujeres, que se corren y se quedan un poco paradas. Pau no, se siguio moviendo tal vez con más fuerza. Se volvió a correr inmediatamente. Vi cómo se le caía hasta saliva en la encimera, estaba fuera de sí. Ya no me insultaba, solo disfrutaba y de qué manera. Sin dejar de follarla, la lleve hacia una mesa rustica que había en la cocina y la hice tumbarse sobre ella. Levante sus piernas para ponerlas sobre mis hombros y la folle “violentamente” me encantaba ver su cara desencajada por el placer, había levantado su camiseta y esas inmensas tetas se bamboleaban con mis embestidas. Apretaba sus pezones y sus ojos se abrían alucinados, con lo que estaba pasando y con el placer que estaba teniendo.

Era una mirada, que solo viéndola ya me daba por satisfecho. Tener a Pau así, de esa manera. A nuestro mito de chavalines, que envidian tendrían todos mis amigos. Me pidió que no me corriera dentro de ella, que no tomaba nada. Con voz entrecortada le decía “Pues zorra, ya eres mayorcita para no protegerte, por esta vez vale” y ella con un hilo de voz por lo apunto que estaba, me contesto, “Para que tomar nada cuando… no… se hace… nada… AAAHHHHHHH” y se volvió a correr de nuevo, era una máquina de orgasmos. Me Sali para no correrme, me agache y me puse a comerme ese coño peludo. Que aunque lo tenía bastante arreglado, sobre todo en la inglés, el resto era un bosque.

Era una delicia tener mi boca en su coño, ya que es algo que me priva el sexo oral. No haya nada como sentir y recibir un orgasmo en la boca. Pau se retorcía y eso me ponía más cachondo, hasta que una vez más se corrió, que placer que me dio. Me levante porque estaba muy apunto y quise que me hiciera una mamada, pero aparto su cara. Me corrí sobre sus tetas y se las llene bien llenadas. Me estaba relajando, recuperado mi respiración cuando Pau, con un tono más serio me dijo, “Por favor, pásame papel del rollo de cocina” cogí bastante papel y la quise limpiar, ella me lo quito de la mano y no me permitió hacerlo. Se sentó en un silla me miro muy seria.

- Esto que has hecho conmigo no tiene nombre. O si lo tiene pero no voy a decirlo.

- No creo que sea para tanto. No te he visto pasarlo tan mal.

- Es que eres un degenerado. Como puedes decir eso. No lo he pasado bien.

- Vale, lo que tu digas (Como pasando de lo que decía)

- Ahora por lo menos haz algo decente. Como conozco a Ximo, te dirá que te quedes a cenar, di que no y vete. Y del trabajo que habéis quedado por hacer otro día, busca una excusa para no volver. Porque no te quiero ver más por aquí ni en fotografía.

- Sigo pensando que te excedes, pero hare lo que me pides.

- No me excedo en nada. Que por lo que me sabe peor, por lo que más me duele es por Ximo. No se merece esto. Se lo voy a tener que decir, pero no sé cómo, ni cuándo ni de qué manera.

- Si es porque yo pueda contarlo, estate tranquila. Que nadie se enterara.

- No lo entiendes, nunca le he ocultado nada a Ximo. Pero la verdad que nunca me había pasado esto. Solo de pensar como le puede hundir, me hace temblar.

- Si tanto te quiere, si tanto confiáis. Entenderá que ha sido una debilidad momentánea y si es necesario échame la culpa a mí.

- Es difícil que lo puedas entender, eres muy joven. Cuando le dio sincope. El susto fue grandísimo. Nos lo pusieron todo muy mal. Luego no fue para tanto y lo pusieron mejor. Pero aun así, las secuelas de todo, le afectaron mucho a nivel anímico. Porque físicamente quedaría tocado y para un hombre, no lo entenderías. (Se le caían las lágrimas mientras lo contaba)

- Quien se queda tocado ahora soy yo. (Lo decía de verdad)

- Mucha culpa la he tenido yo. En la piscina he permitido más de lo que debía. No pensaba que eso te “animaría” fue mi error y mi culpa. Mucho tiempo sin sentirme deseada. No me entenderías. (La entendía perfectamente)

Se fue a asear y yo salí a la piscina. Ximo seguía nadando como si estuviera en una competición. Me senté y me quede pensando. Cuando paro de nadar me pregunto por su mujer y le dije que no sabía, que estaba dentro de la casa, pero que ni idea. Me hizo moverme y acompañarle a una zona apartada del jardín. De detrás de una piedra grande, saco una bolsa y dentro había un paquete de tabaco y me pidió que le cubriera. Antes de que se encendiera el cigarro, me atreví a decirle, “Ximo, no creo que para tu salud, el tabaco te venga bien” y mirándome, como aquel que está de vuelta de todo y con cierta solemnidad me dijo, “Mira, cuando te dicen, olvídate de como vivías. Nada de sal, todo a la plancha y no cualquier cosa, muchas verdurita, mucho pescadito, mucha pechuga de pollo, como excepción de vez en cuando un arrocito. Te resignas, cuando luego te dicen, nada de alcohol, pero nada es nada. Te vuelves a resignar. No acaba todo ahí, te dicen que de fumar menos y de follar, que quieres que te diga. Poco o nada. Porque cuesta con tanta medicación y luego la mujer asustada de que te dé un chungo. Un asco de vida. Así que si me viene bien para mi salud”

No sabía que decirle, porque veía que tenía bastante razón, menuda vida. Daba profundas caladas como si no hubiera un mañana y cuando echaba el humo, su cara era la expresión de la máxima felicidad. Al acabar se metió en la boca un caramelo de eucalipto, pero uno de los fuertes. Una vez que ya lo había chupado un poco, dijo de volver a la terraza. Mientras íbamos le dije que en el momento que apareciera Pau, me despediría y me iría para casa. Él se negó en rotundo. Que me quedara ya a hacer una merienda cena y que después me fuera. Me negué en rotundo y cuando llego Pau, Ximo le dijo, “Pau a ver si tienes tu mayor poder de convicción que yo. Que no quiere quedarse, que dice de irse”, Pau con muy poca convicción trato de convencerme, pero pensé en ella y no la hice caso, me iba a ir.

Ximo viendo que ya me iba, me recordó lo de que tenía que volver para ayudarle a poner todo lo suyo a punto. Vi la cara de Pau, como se tensiono. Rápidamente busque un término intermedio. Le propuse que algún día pasara a verme, que se llevara el portátil o se comprase una Tablet y así lo solucionaríamos, no quedo muy convencido, pero no le quedó más remedio. Llamaron por teléfono a Ximo, aproveche para irme justo en ese momento, así no podría seguir insistiendo. Con una mano le dije adiós y Pau dijo que me acompañaba. Ya en la cancela para salir a la calle, me dijo, “Gracias, has cumplido con lo que te pedí, muchas gracias, Solo te queda olvidar lo que paso y que no debió de pasar”, no quise volver al tema y le respondí, “Te dije que así lo haría. No te preocupes que por mi nadie lo sabrá. Eso sí, solo te pido que cuando se lo digas a tu marido, me avises. Por si me llamara o me encontrara con él, que no se me quedara cara de gilipollas”, me dijo que así lo haría. Que no sabía cuándo se lo diría, pero que en el primer momento que tuviera y que fuera un momento propicio.

Estuvimos hablando un poco más y nuestras miradas se clavaban en el otro. Me daban ganas de volver a follármela allí mismo. Me dije a mi mismo que era incorregible. Pero una cosa es lo que pensé y otra lo que hice. Nos dimos dos besos de despedida en la mejilla, fueron suaves pero intensos. Se me erizaron todos los vellos del cuerpo.

De camino a mi casa fui pensando en todo y los remordimientos me habían desaparecido a los pocos metros. Ellos siempre habían sido correctos conmigo y el trato había sido muy cordial. Por lo que se refiere al hijo, me daba igual. Nunca nos habíamos llevado bien. El más de una vez se había tenido que quedar en mi casa y yo en la suya, porque no nos querían dejar solos en nuestras casas. Pero no me caía bien, lo que no quiere decir que me cayera mal. Indiferencia. Supongo que a él le pasaba lo mismo conmigo.

Iba con una sonrisa de “tonto”, recordaba todo lo que decíamos de Pau y su marido de chavales. Que si era mucha mujer para el gordito. Que tenía que ser una fiera follando. Que menudas tetas. Quien la pillara y alguna vez que coincidía con gente de la pandilla, Pau acaba saliendo a relucir. Que si seguía buenísima, que ahora está mucho mejor, etc. Me daban ganas poner en el grupo de whatsapp, que me había follado a Pau, que había visto y tocado sus tetas. Pero había que ser muy discreto y secreto que no se cuenta, sigue siendo secreto.
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