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Cita a ciegas
Cita a ciegas
Exceptuando algunos pequeños detalles, esta cita fue completa y absolutamente real. Si lo sabré yo... Una cita inolvidable que incluyo en la categoría de textos de risa, porque ahora me río, sí, aunque en su momento no me hizo ninguna gracia. Juzga tú mismo.
Guapo, soltero, elegante, buen tipo, atlético, educado, caballeroso, culto, posición inmejorable... ¿Quién puede decir que no ante una publicidad como esa? Bueno, si eres tío y hetero, tú si puedes decir que no, que lo entiendo, pero como en mi caso una variable es distinta,, que soy hetero, pero tía, le dije a Sandra, compañera del gimnasio, que sí, que le diera mi teléfono, que me gustaría conocerle, que hace casi ocho meses que no salgo con nadie y que en las partes bajas me están empezando a salir telarañas. (No, eso último no se lo dije pero lo pensamos las dos, seguro).

Y me llamó, al día siguiente, voz de barítono perfecta, de locutor de radio, grave, profunda y modulada.

-¿Rosa?

-Hola Antonio -dije yo, sonriendo.

-Tony, si no te importa.

-¿Toni? Vale, hol... -no me deja terminar.

-No, Toni no. Tony. Con y griega al final.

Ahí me descojono. ¡Qué gracioso, el tío! ¡Este es de los míos! Seguro que me parto con él. (Sí, eso pensé entonces, que bromeaba. Y no, lo decía en serio, era Tony con y griega. ¿Y no suena igual fonéticamente? Pues no, supongo que para él, no).

-Pues mira Rosa, Sandra me ha hablado mucho de ti, y me encantaría conocerte. Si te parece bien podemos quedar para el sábado por la mañana. He pensado que podríamos ir a tomar un café, jugar al padel, ir un ratito a la playa y comernos una paellita de mariscos en un restaurante muy majo que conozco. Luego ya veríamos... ¿Te viene bien el día? ¿Te parecen bien mis planes?

Y como me gusta el café, no soy alérgica al marisco, me encanta la playa y el "ya veríamos" mucho más, pues le digo que sí.

-Sí, claro, aunque lo del padel, no sé. No he jugado nunca y soy muy torpe para ese tipo de juegos, te lo advierto -yo me río, él se ríe, nos reímos los dos.

-No te preocupes, mujer, es muy fácil y yo soy un buen maestro. Ya verás cómo es de entretenido, es por pasar un poco el rato. ¿Te parece bien a las 9? ¿Dónde quieres que te recoja?

-Pues bien, a las 9 es buena hora , (¿A las 9? Joder, un día que tengo para dormir hasta las tantas... Pero, bueno, vale la pena el sacrificio). Aquí, cerca de mi casa, hay una terracita-cafetería, Sandy. ¿La conoces?

-Sí, sí. Sé donde dices. Bueno, estupendo. Allí nos vemos, guapa. Cuídate y hasta el sábado, Rosa.

-Hasta el sábado, Toni.

-Tony, con y griega.

(Estimado lector, repite conmigo: Toni, Tony, Toni, Tony... ¿No lo pronuncias igual? ¡Coño, yo creo que sí!)

-Sí, Tony, hasta el sábado, y no me llames Rosa, mis amigos me llaman Rosi.

-¿Rosy?

-No, Rosi. Con i latina -¡Toma ya! Y me río antes de despedirme y colgar.

Y es que yo soy muy latina y muy valenciana, y en nuestra lengua no hay y griega. Usamos la del puntito. Y tu dirás ¿Y eso a mí que me importa? Pues nada, es verdad. Así que sigo con la historia.



Y ahí me veis, a las 08:55 de la mañana, con mi faldita ibicenca de puntillitas blancas, mi camiseta de tirantitos negra que dice SOY UN ANGEL (no, no te creas todo lo que leas), y mi mochila deportiva y mi bolso de playa reposando en una de las sillas de la cafetería. Llega a las 09:00. Aparca su Golf GTI y le veo acercarse. Impresionante, tú. Moreno, metro ochenta y pico de cuerpo serrano, sonrisa profident, mandíbula firme, ojos azules... AAAH... ¡Que se parece al Supermaaaaan! Sí, que sí. Al primero, al Christopher... no se qué, a ese que que cayó del caballo, pobrecillo mío, lo que lloré, y que... Bueno, paro ya. Seguro que ya sabes quién te digo. ¡Superman!

Le saludo tímidamente con la mano y rezo porque sea él... Sí, es él. Me da dos besos. Huele como para comérselo. Mi corazón se acelera y casi puedo sentir los aplausos en mis partes bajas. Vestido de negro, marcando musculitos, mis partes bajas hacen la ola emocionadas, conjunto de Ralph Lauren, el del logotipo del tío jugando al polo. Un poco pijo, eso sí.

Empezamos a conversar tomando el café, lo de siempre, vamos, aficiones, música, libros, trabajo... Un poquito de todo, pero tengo la impresión por su cara de que mis respuestas no son las acertadas, ya que en política soy rojilla, mi peli favorita es "El jovencito Frankenstein", me encanta desde la ópera a la música heavy y el último libro que me encantó fue la trilogía de "El tiempo del exilio" de Jordi Sierra i Fabra . (Sí, con i latina, sí).

Y es que su peli preferida es una rara que no recuerdo ni el título, sus tendencias políticas son conservadoras pero progresistas (¿eso no es una antítesis?) y casi me atraganto cuando me suelta que un libro estupendo es el de "Retratos y Perfiles: desde Fraga a Bush" de Jose Mª Aznar. (Vale, me callo. No, no puedo criticar lo que no he leído y que nunca voy a leer).

Sigue con el interrogatorio y empiezo a ponerme nerviosilla porque no coincidimos en nada y a cada pregunta suya tengo ganas de responder: Pasapalabra... ¿Verdad o reto? Pues elijo reto...

Para eliminar tensiones, corto lo de las preguntas y decido contarle un chiste. Me encantan los chistes. Evidentemente le cuento un chiste verde y evidentemente no se ríe. No es que no lo haya entendido, es que no le ve la gracia. Los de la mesa de al lado, sí, porque se partían el culo descojonaos, así que tan malo no era.

-Bueno, Rosi. Dime. ¿Y tú qué tres cosas te llevarías a una isla desierta?

Tres tíos, uno que sepa cazar y pescar, otro que sepa construir cabañas y otro que sepa cocinar. Que los tres estén buenorros, sean divertidos y unos fuera de serie en materia sexual. No, claro. Eso es lo que pienso, pero no se lo digo, porque en el fondo soy muy tímida y calladita. Así que le contesto que no lo sé, que lo tendría que pensar.

-Pues yo me llevaría un lápiz muuuy largo, y un montón de papel, porque me encanta escribir, y compañía femenina, por supuesto -me contesta, qué listo, traía la respuesta aprendida de antemano, así cualquiera.

-¿Escribes? -le pregunto-. Yo también. Me gusta mucho escribir. Escribo relatos de todo tipo, e.. (uis, iba a decir eróticos), e...emotivos, de fantasía, de ciencia-ficción, poesía...

-¿Poesía? Me encanta la poesía. Mario Benedetti es fascinante.

-No me suena ese Benedetti -la cagaste, Burt Lancaster. Me mira como Mel Gibson miraría a un judío.

-¿No has leído a Benedeeeettiiiiii? Imperdonable, completa y absolutamente imperdonable.... A veces el silencio convoca algarabías parodias de coraje espejismos de... -y sigue recitando al tío con nombre de pizzería, bla, bla, bla...bla, bla, bla...

Sí, éstimado lector, no te lleves las manos a la cabeza, no he leído al Benedetti. ¿Qué pasa? He dicho que escribo poesía, no que la lea, ¿vale? Yo me quedo con Miguel Hernández, que el tío este lleva media hora recitando al poeta de sus amores y me esta dando dolor de cabeza.

-Bien, ya -le corto y sonrío forzadamente-. Ya me he hecho una idea. Fascinante, sí. Ya me leeré algo de ese gran poeta italiano.

-Uruguayo, Rosi... Uruguayo... -me replica él, con aire condescendiente.

-Pues el apellido es italiano -le replico yo con aire de más mala hostia.

-Sus padres eran italianos, él nació en Uruguay, aunque residió durante mucho tiempo en Buenos Aires, Argentina ... bla, bla, bla... bla, bla, bla...

Y sigue con la biografía, obras, premios y milagros del tío ese. Su voz ya no me gusta tanto, da la impresión de que cuando habla se oye a sí mismo y espera que le hagan ovaciones por lo culto que es, como si él fuese un ser superior y yo una simple palurda. Lástima no haber pillado un poco kriptonita, si lo llego a saber, que ya verías tú... Ufff, me está empezando a dar un poco de grima. Al menos lo arregla cargando con mi mochila, mi bolso y me abre la puerta del coche, en plan caballero. Su coche huele a ambientador de pino. ¡Aaag, qué angustia!

Llegamos al centro deportivo, que está cerquita de su casa, y ahí me veis, toda mona, yo, con mi conjuntito de top y pantaloncito corto ajustadito, de licra negra, y él esperando en la puerta del vestuario vestido de Nike de arriba a abajo, hasta la cintita de la cabeza y la muñequera. Se me queda mirando las tetas y yo me sonrío. Qué bien, le gustan mis tetas. No. Me percato que no me mira las tetas, sino la marca del top.

-¿Hualin? No me suena esa marca -me suelta.

(Hualin, marca de bazar chino de la esquina. Una ganga. Top y short por sólo 7.95 euros).

-No, no creo que te suene -le contesto en plan irónico-. Es una marca exótica. De importación oriental.

¿Pero este tío es gilipollas? ¿No sabe que la mayoría de fábricas de Nike están en China, Vietnam e Indonesia? Si mi ropa la han hecho los chinos, la suya también, coño.

Y ahora el padel. El padel y la madre que lo parió. Pero es que, aunque no me creáis, juro que yo no lanzaba la pelota fuera del campo en los saques a propósito. Se me iba sóla pensando que le daba al estupendísimo Tony un raquetazo en los huevos, no era premeditado, me salían los saques así, de forma espontánea, porque vaya mierda de juego.

Al principio, cuando venía, se me ponía detrás, rozándome, tocándome el muslo, el culo, recolocando mi posición, que así no, ese pie delante, la mano suelta, la pala en este ángulo, estás tensa, mirada al frente... Yo pensaba que el Tony quería tocar carne, jeje, pero cuando varias veces repite el mismo proceso, con aires algo más bruscos, porque yo no lo pillo, me doy cuenta que noooo. ¡Que me está recolocando la posición de verdad!

Al cabo de un buen rato, cuando consigo devolver esa puta pelota al menos tres veces seguidas, yo estoy colorada como un tomate, sudando como una sopa y él está más fresco que una lechuga, impecable. Ya estoy harta, así que le digo que no sigo jugando más y él parece que también respira aliviado.

Yo me he duchado y cambiado en el vestuario y sigo con mi camiseta SOY UN ANGEL y mi faldita blanca. Tony decide que debe ir a su casa a por las gafas de sol, que se las ha dejado y de paso a cambiarse de ropa, ya que no le gusta mucho su atuendo.

Su casa. Pues bueno, subimos andando al sexto piso, porque no le gusta subir en ascensor. Al menos él carga con mi mochila, pues llevo el tanga playero en ella y se me olvidó ponérmelo en el vestuario.Ahora que lo pienso, podría haber llevado sólo el tanga y no toda la mochila, pero bueno, da igual. La carga él. A lo que iba. Su casa. Pues su casa es como un anuncio de revista de muebles y decoración. Casa Diez. La mía, la mayoría de ocasiones, es como un anuncio de Ikea, limpita pero con un poquillo más de desorden, es la verdad.

Me confiesa que es un obsesivo del orden y la limpieza, que tiene la ropa organizada por colores, (recuerdo una peli de un asesino que tenía las latitas clasificadas por orden alfábetico, y me da un escalofrío de repelús), sigue dicendo que frega el suelo de rodillas, porque los gérmenes, los ácaros... bla, bla, bla.... Yo alucino. No me atrevo a sentarme en ese sofá tan blanco por si se lo ensucio.

Mientras se cambia de ropa, curioseo un poco y cojo una foto de encima de la mesita. Es Tony, con dos niños muy monos de unos 6 y 8 años. La dejo en su sitio antes de que llegue, vestido de unno. No, no era su sitio. En cuanto llega Tony al comedor, recoloca la foto, que creo que dejé desviada unas milésimas de milímetro de su ubicación correspondiente y me dice que son sus sobrinos, hijos de su hermano Luis, que está divorciado, que son muy revoltosos y que a veces algún finde los cuida él, pero que no le gusta que vayan a su casa. Prefiere ir a casa de su hermano, que vive en el tercero, a cuidarlos. Pobres niños, pienso yo. Seguro que en cuanto terminan de jugar los pone a remojo con lejía Estrella y Cillit Bang.

Bueno. Hay playas cerca que están bien. Pero no. Nos dirigimos a una playa que está a casi una hora y media de camino, porque es la playa pija que está de moda y es allí donde tiene la reserva para la comida.

-¿Has oído esta canción? Es un hit en los Estados Unidos. Me compré allí el CD cuando fui a New York , el mes pasado. Me encanta... -me dice, y pone la canción Umbrella, de Rihanna.

Aquí ya estaba empezando a sonar, la canción de la tía del paraguas, sí. No está mal, no. Pero tras poner la canción unas veinte veces y tararearla extasiado, yo ya odiaba a Rihanna, tenía ganas de tirarme en marcha del coche o de hacer una barbaridad non-grata con un paraguas, de haberlo tenido a mano, en salva sea la parte del guaperas Tony y dejarle la y mucho más griega, muuuuucho más griega.

-¿Te importa poner la radio? Es por escuchar música más variada -le digo con mi mejor sonrisa.

Quita a la del paraguas, por fin, y suena una de Fito y los Fitipaldis. Ahora me toca tararear a mí, jaja.

El trayecto es largo, me habla de sus negocios de finanzas, de la bolsa, de sus viajes, con todo detalle, por supuesto, soporífero, y por fin llegamos a la playa.

Extiende una esterilla y coloca dos toallas enormes encima, y otra que lleva en el bolso para secarse. Yo llevo sólo una toalla. Para qué más. Me seco al sol.

Me quito la ropita y me quedo sólo con mi tanguita negro chiquitín y coquetón, mis encantos al sol y la admiración de algún que otro paseante. Tony no me echa ni una miradita, hiriendo profundamente mi orgullo, porque aún estoy para que se me vea, se me admire, se me retrate y.. coño, que estoy buenaaaa.... Entonces es cuando pienso que es gay. Se queda mirando a dos jovencitas que juegan con las palas y la pelotita en la orilla, casi cayéndole la baba. Entonces es cuando pienso que no, que no es gay, que es un capullo y que yo no le gusto. Él será muy guapo, sí, pero no me gusta tampoco nada. En absoluto. Ya ni para un polvo. Sólo me acostaría con él en el caso que fuera el último hombre en la tierra, por repoblar la especie. Y aún así, me lo pensaría.

-Mira, mira mi abdomen. Toca, toca.. Esto es puro músculo, todo fibra. Ni un ápice de grasa. Me cuido mucho, es verdad, me depilo todo el cuerpo, como sano, me quemo en el gimnasio, pero vale la pena el resultado ¿verdad Rosi? -me comenta mientras se unta crema protectora hasta en la planta de los pies.

-Pues qué quieres que te diga. Particularmente yo prefiero un tío con una barriguita cervecera, pelo en pecho y mucho sentido del humor. Esas tonterías metrosexuales son para mí mariconadas... Pero bueno, es mi opinión. Si a ti te gustas así, pues estupendo ¿no? Tú mismo.

Se queda cortado y aprieta las mandíbulas. Ahora ruego encarecidamente que el colectivo de gays y/o metrosexuales me perdone, pero lo dije simplemente por joder al Superman. Nada más.

Y me voy al agua, a nadar, anda y que le den, porque al tio le molestan mis tarareos cuando escucho a Metallica en mi mp3, ya que en la playa le gusta la relajación y el silencio. No lo mando a la mierda por respeto a mi amiga Sandra, porque tengo un hambre de cojones ya, que son casi las tres y yo suelo comer a la una y porque estamos muy, muy lejos de mi casa.

En el vestidor se vuelve a cambiar de ropa. Otro modelito de Ralph Lauren, ahora en tonos azules. Yo me he cambiado el tanga sólo, que estaba mojado, pero ya sabeis, la misma faldita blanca y mi camiseta de SOY UN ANGEL, y lo soy, que me estoy ganando el cielo, sí. Paciencia, Dios mío, dame paciencia...

Sotavento, el restaurante, es muy bonito. Eso es verdad. Todo decorado con motivos marineros, vistas preciosas al mar y el aroma me está haciendo salivar más que los perros de Pavlov. El camarero trae la carta de vinos y de entrantes. Tony me dice que elija yo los entrantes y le pide al camarero uno de esos vinos que te traen con su cubitera plateada, con la sonrisa del camarero de oreja a oreja diciendo: "Excelente elección, señor. Uno de nuestros mejores caldos de nuestras bodegas".Yo pido calamares y patatas bravas de entrantes y... gaseosa para el vino. El camarero deja de sonreír y se retira con cara de tortuga.

-No irás a mezclar un Chablis, un excelente borgoña blanco con gaseosa... -Tony me mira como si yo fuera Bin Laden, cuando lo de las Torres Gemelas-. Eso es un crimen...

Ahora es cuando ruego encarecidamente que los enólogos, catadores de buen vino y el señor Chablis, con todos sus viñedos y bodegas de la Borgoña francesa me perdonen, pero es que el vino me lo voy a beber yo, y si me gusta con gaseosa pues eso. Que me lo voy a beber yo ¿no?

Los entrantes llegan y yo les ataco sin piedad. Estoy muerta de hambre. Tony pica algo de vez en cuando. Hay un nene de unos dos añitos muy mono mirándonos al ladito de nuestra mesa.

-Deberían prohibir en estos restaurantes buenos la entrada de niños. Son muy molestos, correteando por todas partes. Al menos los padres tendrían que atarlo a su silla.

Yo le sonrío y le acaricio la cabecita (al nene, por supuesto). Qué lindo es. Y qué estúpido el tío que está a mi lado, por Dios.

Llega la paella y mmm... Qué buen aspecto tiene. El Superman la prueba.

-Está aceitosa. No me gusta cuando está tan aceitosa. El arroz no está suelto y.. bla, bla, bla...

Yo le dejo que diga lo que quiera y empiezo a comer.

-Pues yo la encuentro muy buena, o es que tengo mucha hambre, no sé.

De pronto, el tío se queda como obnubilado, la vista fija en un punto, como si le fuera a dar algo. Vuelvo la cabeza y... Sí. El espectáculo no es agradable, pero bueno, tampoco era para ponerse así. Hay un tío enfrente de él, de espaldas, gordete, con el pantalón de talle.. algo bajo. Vamos, que se le ve la hucha, y el pobre Tony como que deja ya de comer, con carita de náuseas y empieza a despotricar contra el gordo, tanto, que me dan ganas de ir a subirle los pantalones al obeso, más que nada por mi propia tranquilidad. Pero prefiero hacer oídos sordos, que la paella está de vicio y sigo comiendo con afán y sin pudor.

Afortunadamente, el gordo y compañía se levantan de su mesa y se van ya. Entonces Tony sirve las gambas y cigalas en nuestros platitos. Una obra de arte, tú, pela las gambas con cuchillo y tenedor, como Miguel Ángel haciendo una talla. Yo, que soy más sencilla que un ajo, empiezo a pelarlas con mis deditos, que, entre otras cosas... ejem, ejem... sirven para eso, para pelar marisco.

-¿Te las pelo? -Tony mira mis dedos con cara de asco.

-No, gracias -respondo yo.

-No, si no es molestia. No me importa. Te las pelo yo.

-Que no, gracias. Es que me gustan así. Peladas a mano. Artesanas. Pero tranquilo, que no voy a sorber las cabezas haciendo ruído ni a chupetearme los dedos.

Si estuviera en casa, lo haría, claro, pero aquí, no, que no soy tan basta. Me limpio mis deditos con las toallitas de limón. (¡Que si están es porque no soy la única que pela las gambas y cigalas con los dedos!).

El helado de turrón de postre está buenísimo, aunque casi se me revuelve en el estómago, cuando le oigo decir:

-Pues sí, Rosi, sí. En mi experiencia con las mujeres he llegado a la conclusión de que todas son malas, vengativas, unas zorras rencorosas, mentirosas y falsas. Las mujeres se critican de unas a otras, no saben lo que es la amistad, no como los hombres que somos amigos fieles y...

Uuuuuy... Y yo, que soy mujer, y este misógino de los cojones me está tildando de todos esos adjetivos tan ingratos, pues no tengo más remedio que saltar. En eso ya no me puedo callar.

-¿Y tú de qué coño me conoces para decir con toda seguridad que yo soy mala, vengativa, mentirosa y todo eso? ¿Y que no sé lo que es la amistad? Pues que sepas, guapito, que tengo amigos, amigos de verdad, de esos que están cuando hace falta y yo también sé estar cuando me necesitan.Y si a mí también me ha ido mal con los hombres, pues no les echo la culpa a todos. ¡No voy a ir prejuzgando a cualquiera sólo porque tenga polla o coño! Y sí, hay personas buenas y malas, independientemente de su sexo, que tíos cabrones hay a patadas pero sé que hay tíos que no lo son. Y mujeres como las que dices no te niego que las haya, pero todas no somos iguales. Fíjate, Tony, que por esa regla con la que catalogas a todas las mujeres, estás insultando a tu propia madre, llamándola mentirosa, zorra, falsa y mala. Porque supongo que tu madre es una mujer también ¿no? Pues la estás metiendo en el mismo saco.

Se queda blanco. Me mira con cara de circunstancias y los ojos brillantes.

-Sí, tienes razón. Mi madre era una mujer maravillosa -traga saliva con dificultad-. Murío hace unos seis meses y...

-Lo siento, no lo sabía -vaya tela.

-No, no te preocupes, es que.. discúlpame un momento. -le brillan más los ojos, se levanta precipitadamente y se va al cuarto de baño.

Tierra trágame. Vaya metedura de pata... Que será un capullo, pero una madre es una madre, y yo me siento fatal. Ya no me apetece acabarme el helado, que se derrite lánguidamente en el plato.En cuantito vuelve, aprovecho yo para ir al servicio. Al salir me espera en la puerta y me dice que su hermano le acaba de llamar, que tiene que ir a su casa a cuidar a sus sobrinos.

El trayecto de vuelta es más tenso. No hablamos casi. Yo le comento alguna cosa, pero me contesta con monosílabos, así que me dedico a mirar las líneas de la carretera en silencio hasta que llegamos a su casa, a recoger la mochila. (Sí, mi mochila está en su casa, sí, me la dejé allí porque entonces aún pensaba que cabía la posibilidad de un polvete sin consecuencias), pero lo que no estoy dispuesta es a subir otros seis pisos a patita otra vez.

-¿No subes en el ascensor? ¿Tienes claustrofobia? -le pregunto.

-Nooo... No me da miedo, prefiero la escalera porque es más sano -me responde.

No. No ha colado. Creo que sí le da miedo, y él se ha dado cuenta de que yo me he dado cuenta, así que haciéndose el machito, para demostrarme que no, sube conmigo en el ascensor.

Por el tercer piso, más o menos, todo se oscurece y el ascensor se para. Imaginad qué trance. Se volvía loco, pegando a la puerta, acojonadito, que no puedo respirar, que me ahogo, que me falta el aire, que me estoy mareando y yo intentando tranquilizarle, que no pasa nada, respira, relájate, siéntate en el suelo y pon la cabeza entre las piernas.

Entonces oimos una voz que nos dice que tranquilos, que ha sido un apagón, que lleva así todo el día pero que dentro de unos minutos volverá la luz y el ascensor volverá a funcionar.

-¿Luis? -dice Tony, traspuesto-. ¡Sácame de aquí, Luis!

Vuelve la luz. (Gracias, gracias, gracias San Edison) y el ascensor sigue su rumbo. Arriba nos espera un hombre alto y algo desgarbado, vestido con un pantalón corto y camiseta, con gafas y barba de dos días. Su hermano Luis.

-Anda, vamos, Tony, que no ha pasado nada... -Entre Luis y yo le ayudamos a levantarse, blanquito y sudoroso está el pobre, Luis abre la puerta de su casa y le acompaña a su habitación, luego vuelve.

-Desde que se quedó encerrado en un armario de pequeño, no soporta los sitios cerrados. Sigue algo mareado, pero más tranquilo. Por cierto, soy Luis, el hermano de Tony. Tu Rosi, lo sé. Tony me ha pedido que te lleve a tu casa.

-No, déjalo, no te molestes. No está tan lejos de aquí. Llamaré a tele-taxi y ya está.

-No, si no es molestia. De todas formas, ahora no tengo nada que hacer y la programación de la tele es un rollo -se ríe, me río, nos reimos los dos-. A los niños se los ha llevado mi madre al cine y a merendar, que yo tenía que preparar unos informes para el trabajo, pero ya los terminé, así que estoy en casa solo y aburrido.

-Tony y tú sois medio hermanos ¿no?

-No -me mira extrañado-¿Por qué lo dices?

-Por nada, porque... porque no os parecéis mucho, sólo por eso -la madre que lo parió al Tony, que no está muerta, no. Y la excusa de cuidar a sus sobrinos, pues eso, una excusa. ¡Qué cabrón! Me entran ganas de entrar en su habitación y encerrarle en un armario.

-Sí, ya. Él se parece más a mi madre que es muy guapa. Yo me parezco más a mi padre -se ríe-. ¿Estás saliendo con mi hermano?

-No, definitivamente, no -también me río.

-Ya me parecía a mí. No pegáis ni con cola. Uy, no. No me mires así. Es que normalmente las chicas con las que sale mi hermano suelen ser muy estiradas y tú me pareces simpática -sonríe y su sonrisa es encantadora.

Le acompaño a su casa, a por las llaves de su coche y en el camino de vuelta paramos a tomar algo y... y sí. Ahí empezaría otra historia.

Pero bueno, no os dejo con la duda. Sí. Me enrollé con Luis, el hermano de Tony. ¿Por qué?

Pues porque no es que sea guapo, no, no es Superman, pero a mí me gusta. Me gustan sus gafas de miope, su sonrisa, su pelito del pecho, su incipiente barriguita tan blandita y suave, sus chistes verdes que te partes y me gusta que se ría con los míos. Me gusta que cuando salimos a cenar, deja el cuchillo y el tenedor y pela las gambitas con los dedos, para que yo no me sienta incómoda, y, aunque es catador de buen vino, no le importa que yo lo mezcle con gaseosa.

Y me gusta porque cuando estamos a solas, en su casa, me desabrocha despacio la camisa y me mira el pecho, pero no se fija en la marca de mi sujetador, sino que casi me lo arranca a mordiscos porque le importa más lo que hay debajo. Y me gusta porque sus manos, su boca, su lengua, su piel y su sexo me vuelven loca y, entre polvo y polvo, nos hacemos cosquillas o me atiborra a bombones y me hace sentir especial aunque yo no haya leído a Benedetti.

Y me gusta a pesar de que ronca, es completamente impuntual y mucho más desordenado que yo. De momento compartimos sexo y risas, no espero nada más y no necesito nada más, estamos bien así. ¿no?. Pues eso digo yo.

Por cierto, Tony me ha llamado para decirme que se alegra que salga con su hermano, que entre nosotros no había feeling, pero que piensa que yo soy una chica encantadora de todas formas. No, no le mencioné lo de su madre. ¿Para qué? Le deseé lo mejor, le dije que tenía razón, que nosotros no encajábamos y él me dice que cualquier día podríamos quedar los tres para ir a cenar.

(Ups....¡Espero que lo dijera sólo para quedar bien!)



FIN
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