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La situación se me ha ido de las manos (1)
Author: 
Infidelidad cornudos
20-Jun-2019
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La situación se me ha ido de las manos (1)
Claudio nos cuenta como su esposa se encapricha de un amigo suyo
Saludos a los lectores de esta web, hace unos días encontré un relato escrito por "Farmaton" que me engancho desde el primer momento. Me lo leí de principio a fin en un sólo día y me enganchó de tal manera que creí oportuno compartirlo con todos vosotros. Aquí lo teneis... a ver si lo disfrutais tanto como yo.

******************

Hola a todos:

Hace unos meses, permití a mi mujer acostarse con un conocido del que se había encaprichado. Lo hice por miedo a perderla y tambien (he de reconocerlo) por que la situación me daba cierto morbo. Al principio todo parecía bajo control, pero paulatinamente la cosa se ha ido desmadrando, hasta niveles de alucine. En la actualidad me encuentro francamente preocupado por los derroteros que ha tomado el asunto. Buscando información en la red para resolver el problema he llegado hasta aquí, despues de consultar innumerables paginas y foros de cornudos y similares. Necesito asesoramiento serio sobre el tema, especialmente de personas que hayan vivido situaciones parecidas. Me gano la vida haciendo a la gente trabajar en equipo, y estoy convencido de que, en algún lugar ahí fuera, estan las personas que me darán los consejos adecuados. Pero antes, es necesario que me permitais exponer la historia entera, con el detalle que merece...

Digamos que me llamo Claudio, soy jefe de ventas de una pequeña empresa farmacéutica y estoy casado con Lola desde hace 15 años. Tenemos 39 y 36 años. A estas alturas, creo que podemos decir que hemos alcanzado la madurez en nuestra relación, de la que ambos disfrutamos en plenitud. Sin embargo, recientes acontecimientos han planteado un panorama totalmente nuevo en la misma, que, al menos a mí, me llena de dudas.

Todo empezó hace ahora casi un año, durante un crucero por el Mediterráneo con el que mi empresa nos había premiado a mí y a varios vendedores, por el éxito de ventas de una nueva línea de productos. Fue allí donde Lola conoció a Sergio, uno de mis mejores vendedores, que también había sido premiado, y que viajaba en compañía de su esposa. Fue un viaje extraordinario, en el que pasamos momentos realmente divertidos, y durante el que se estableció un vínculo de agradable amistad entre ambas parejas.

Lola no es una mujer sexualmente muy activa (mantenemos relaciones dos o tres veces al mes), pero las situaciones especiales, tales como vacaciones, salidas de fiesta, etc, la animan mucho. En aquella ocasión, follabamos cada noche, tras las excursiones o las veladas de fiesta en el barco. Hay que decir aquí, que pese a su escasa apetencia, Lola es un auténtico volcán cuando se pone en faena. Se torna una gata morbosa y seductora, capaz de volver loco al más pintado. A eso hay que unir un cuerpo espectacular, al que los años no han hecho otra cosa que añadirle temple a unas curvas que, ya desde nuestro noviazgo, provocaban admiración (o envidias) a su paso. Sus piernas están maravillosamente bien torneadas, circunstancia que no desaprovecha ella, adicta a las faldas cortas que tanto la favorecen. Su culo es una delicia, capaz de competir en perfección con el de cualquier playmate. Tiene unas extraordinarias tetas, que se quedaron en la talla 100 tras la operación de reducción a la que se sometió hace un par de años (habéis leído bien: se redujo el pecho, pues estaba algo acomplejada con su 120 anterior). No puede decirse que sea un bellezón de cara, pero es bastante guapa. Para finalizar la descripción, he reservado lo más importante: Lola es el ejemplo vivo de lo que se denomina “sex appeal”. Es una mujer con una carga sexual extraordinaria, lo cual siempre ha sido para mí un motivo de frustración, puesto que como ya he dicho antes, paradójicamente, es muy inapetente, y puedo disfrutar de ella muchas menos veces de las que a mí me gustaría.

En fin, volvamos a los hechos. Durante el crucero, Lola y Sergio hicieron muy buenas migas, y para mi sorpresa, su nombre empezó a salir a relucir, traído por mi mujer, durante nuestras veladas sexuales al final del día. Lola y yo fantaseábamos de vez en cuando con terceras personas en nuestros juegos sexuales, pero nunca les habíamos puesto nombre y rostro. Se trataba siempre de desconocidos, que vivían únicamente en nuestra imaginación. Aquella fue para mí la primera luz de alarma, aunque no dije nada y me limité entonces a disfrutar del morbo del asunto.

El viaje acabó, nos despedimos de nuestros amigos y regresamos cada uno a nuestras ciudades, ya que Sergio, como vendedor, tiene a su cargo una determinada zona geográfica y vive en una ciudad distinta, a unas dos horas en coche de la nuestra. Durante un tiempo no pasó nada, pero unos dos meses después, Sergio acudió a nuestra ciudad, a la convención que anualmente organiza la empresa para plantear la campaña del año siguiente. La convención consiste en una serie de reuniones y presentaciones, que acaban con una cena-cóctel, a la que suelen acudir las parejas de los asistentes. En esta ocasión Sergio acudió sin su esposa. Cuando coincidieron durante el cóctel, ambos se saludaron efusivamente, y puede decirse que, salvo cortos intervalos de tiempo, ya no se separarían más en toda la noche. Yo mantenía una discreta vigilancia sobre ambos. Todo el tiempo charlaban animadamente y bebían, y raramente los veía muy lejos uno de otro. Durante la cena, Sergio se sentó junto a nosotros, pese a que los cubiertos tenían asignado el nombre del invitado, pero las gestiones de Lola acabaron enviando al director de seguridad e higiene de la empresa dos mesas más allá, para traer a su lado a Sergio. Tras la cena, era costumbre terminar la noche bailando y tomando unas copas en los garitos de moda de la ciudad. Lola es una excelente bailarina, y a Sergio no se le da nada mal, tal y como ya demostró durante el crucero. Así es que su habilidad para el baile les sirvió como excusa para mantenerse juntos sin dar demasiado la nota.

Recuerdo que Lola estaba espléndida. Había elegido para la ocasión un conjunto de minifalda blanca con vuelo y top negro de Prada. Llevaba también unos zapatos negros acharolados de plataforma y tacón alto de Pura López, que son unos de mis favoritos y le dan un toque perverso. Por su parte, Sergio también luce una percha excelente. Es algo más joven que yo, y está considerado uno de los mejores y más prometedores vendedores de la empresa. Es alto y atlético, aunque sin llegar a ser un “musculitos”. Es muy serio y competente en su trabajo, y me consta que levanta pasiones entre el personal femenino de la empresa. En fin, que hacían una pareja estupenda y fueron el centro de todas las miradas. Lola además es una mujer de fuerte personalidad, desinhibida y que sabe divertirse. Puso en juego una buena parte del encanto y la carga sexual que atesora, llegando incluso a cohibir un poco al pobre Sergio. Conozco bien a mi mujer, y me di cuenta de lo que sucedía. Por primera vez, ante mis ojos, estaba seduciendo a otro hombre, de una forma más o menos encubierta. Reconozco que me invadió el pánico, pero no hice nada por temor a montar un numerito. Finalmente, a altas horas de la madrugada, la fiesta acabó. Bastante bebidos todos, nos fuimos yendo. Sergio se marchó al hotel donde se alojaba y nosotros a casa. Previamente, no obstante, Sergio y Lola charlaron un rato en un rincón alejado del local, y pude ver claramente como intercambiaban teléfonos.

Yo estaba indignado, pero Lola no me dio opción. Nada más subir al coche se me echó encima, besándome y sobándome furiosamente. Estaba caliente como pocas veces yo la había visto. De camino a casa me hizo una mamada en el coche, y al llegar, me arranco literalmente la ropa y follamos apasionadamente. En mi pecho colisionaban estrepitosamente sentimientos encontrados. Por un lado dolor, pues sabía que a Lola le gustaba Sergio, y mucho. Por otro, la situación era morbosa y excitante. No soy mal amante y sé como satisfacer a mi mujer, así que me decidí a disfrutar todo lo que pudiese de la situación, al tiempo que estaba decidido a conocer los ocultos deseos de Lola. Efectivamente, así fue, y en el fragor de una sesión de sexo increíble, le arranqué a mi mujer la confesión de que aquel hombre la ponía caliente como una perra. Lola estaba como loca. Me folló una y otra vez hasta que no pude más. En medio de semejante fiesta, traté de salvar la situación proponiéndole Lola que podía probar a tener relaciones con Sergio siempre y cuando yo estuviese presente en ellas. Mi secreta esperanza era que aquella autorización permaneciese como una fantasía más entre nosotros. Mi mujer también me miró muy sorprendida al escucharlo, pero enseguida me dedicó una sonrisa cómplice y se limitó a decir:

– “Vale.”

Durante un par de semanas llegué a creer que Lola se había enfriado en lo relativo a Sergio, pero una noche de sábado, mientras veíamos la TV, me soltó a bocajarro: - “Cariño, ¿cuándo vamos a quedar con Sergio? Contesté con evasivas, pero estaba claro que mi amada esposa estaba determinada a conocer íntimamente a mi subordinado laboral. Después de muchos pros y contras decidí que era mejor permitir el encuentro e intentar mantener las cosas bajo control que arriesgarme a que ambos iniciasen una relación a mis espaldas, así que finalmente accedí, aunque con muchas dudas dándome vueltas en la cabeza. Por un lado, la situación me producía un morbo extraordinario. Por otro, me daba pánico la posibilidad de que Lola se enamorase de Sergio. Un par de días después no pude resistir la tentación de echarle un vistazo al teléfono móvil de mi mujer. Como ya sospechaba, se habían mandado varios mensajes, en un tono muy cariñoso, aunque todavía formal. Decidí acelerar las cosas.

Lola se encargó de invitar a Sergio a cenar en casa un viernes. Dos horas antes de la cita se encerró en el cuarto de baño a prepararse. El día anterior había ido a comprar ropa y posteriormente a la peluquería y a un salón de belleza. Todos estos preparativos me daban una idea de cuan importante era aquel asunto para ella. Llegó Sergio. Traía un ramo de flores muy bonito y caro para ella. Le hice pasar y le serví una bebida, mientras avisaba a Lola de que nuestro invitado ya había llegado. Por fin, cuando mi mujer bajó las escaleras de la planta superior para reunirse con nosotros, ambos enmudecimos asombrados. Lola se había empleado a fondo y estaba impresionante. Lucía un elegantísimo vestido largo, negro, que le daba un aspecto terriblemente sofisticado y sexy, ya que era muy escotado y dejaba al aire toda su espalda. Llevaba el pelo recogido y un maquillaje perfecto. Mientras escribo esto, invisibles mariposas revolotean en mi estómago cuando recuerdo aquella bajada de escaleras.

Lola y Sergio se sentaron mientras yo preparaba unos combinados y servia un aperitivo. Al principio la cosa no marchó bien. La finalidad de la reunión resultaba evidente, y los tres estábamos tan nerviosos que llegó un momento en el que pensé que Sergio iba a levantarse y, aduciendo cualquier excusa, marcharse de casa. Pero Lola tenía las cosas clarísimas, y no estaba dispuesta a dejar que la situación escapase a su control. Sutil pero firmemente, inició un acercamiento a Sergio que inmediatamente surtió efecto. Al cabo de poco tiempo, mi presencia era casi testimonial, mientras que ellos mantenían casi todo el peso de la conversación, charlando, riendo y cuchicheando cada vez con mayor confidencialidad. Una vez más, Lola me asombraba: se estaba ligando aquel tío en mis narices. Eso sí, con mucha elegancia.

Tras la cena (que quedó casi entera), lo típico: relax, música suave y unas copas. Nosotros apenas bebemos alcohol, y menos aún Sergio, que es muy deportista. Pero aquella situación, los nervios… nos habían hecho beber más de la cuenta. Yo podía notar los efectos del vino y los martinis en mí mismo y sobre todo en Lola y Sergio. Ahora cuando reían se palmeaban las rodillas el uno al otro, sus rostros se acercaban a centímetros, se cuchicheaban descaradamente a la oreja… Total, que al ir a preparar una nueva ronda de bebidas al mueble-bar, al regresar me los encuentro dándose un tímido beso en los labios. Pese a saber que la cosa iba a acabar así, reconozco que me quedé estupefacto. Mi amada esposa, mi bombón, besando románticamente a otro hombre. Ambos se quedaron mirándome con expectación, esperando mi reacción. Tarde unos segundos, pero cuando pude reunir la presencia de ánimo suficiente, esbocé una tímida sonrisa de aprobación. Ambos rieron con alivio, y aquello fue el pistoletazo de salida.

Serví las bebidas y charlamos un poco más. La diferencia era que ahora ellos estaban agarrados de las manos y se besaban frecuentemente. Los besos eran cada vez más largos y apasionados, y yo me sentí incómodo estando tan cerca de ellos, así que me aparte un poco para darles algo más de intimidad. Recuerdo que me sorprendió mucho la caballerosidad de Sergio. No paraba de elogiarla y decirle cosas realmente bonitas. En fin, el romanticismo dio paso al sexo, y tras unos minutos de magrearse y sobarse a conciencia, Lola se levantó, cogió a Sergio de la mano y juntos enfilaron en dirección a las escaleras que ascendían al piso superior, donde está nuestra habitación. Yo me quedé sentado, con cara de capullo, supongo, sin saber muy bien que hacer. Cuando estaban a punto de empezar a subir, Sergio se lo pensó mejor, dio media vuelta y me dijo algo así:

- Claudio, tienes una mujer increíblemente atractiva, y nada me honraría más esta noche que hacerla mía. Te pido permiso para hacerlo, y espero que esto no cambie nuestra relación de amistad en el futuro.

Era alucinante. No era mi mujer la que me pedía permiso, no. Era el tío que se la iba a tirar. Miré a Lola quien a su vez me estaba mirando a mí con cara de decir “no vayas a fastidiarlo ahora…”, así es que me sorprendí a mí mismo diciendo:

- Adelante Sergio. Para eso estamos aquí hoy.

Dicho esto, ambos sonrieron y desaparecieron escaleras arriba. Yo no sabía muy bien que hacer, así es que decidí dejarlos solos un rato, antes de subir yo. No tardé mucho, puesto que la curiosidad y los celos me mataban. Al mismo tiempo y para mi sorpresa, estaba caliente como nunca. Mantenía una dolorosísima erección desde que pillé a la pareja besándose, y mis testículos eran sendas ollas a presión...

Al llegar a nuestra habitación pude verlos a ambos, aún vestidos, tumbados sobre la cama, besándose y metiéndose mano. Lola habla mucho follando, y ahora estaba en su salsa: ¡Que bueno estás! ¡Te voy a repasar de arriba abajo! etc. De repente la oigo decir:

- A ver, sácate ese rabo, que como sea la mitad de grande de lo que he tocado antes, aquí va a arder Troya.

Sergio se rió, se incorporó, se desabrochó el cinturón, se bajó parcialmente el pantalón y trabajosamente sacó fuera su herramienta. Lola dejó escapar un gritito nervioso, porque allí, delante suyo había un pollón tremendo. Algo casi caricaturesco. Sé que es un tópico que en las historias eróticas, el amante la tenga grande y tal, pero en este caso fue realmente así. El tipo la tenía no grande, sino muy grande. Lola, una vez superado su pasmo inicial, hizo lo que tenía que hacer: le quitó los pantalones y la camisa a su amante, se arrodilló y empezó a besar y a chupar aquel portento. La pobre apenas podía abarcar con sus labios aquel capullo enorme, pero hizo lo que pudo, escupiendo regularmente sobre el glande, para mantenerlo lubricado, y pajeando continuamente aquella tranca, que estaría muy cerca de doblar mis medidas, y eso que yo no la tengo pequeña. Cuando consideró que ya estaba bien, Sergio la apartó delicadamente, le quitó el vestido y la dejó únicamente con los zapatos y un tanga minúsculo que yo no conocía, por lo que deduje que Lola lo había comprado especialmente para la ocasión. También pude comprobar que la muy z… se había depilado el vello púbico, dejándose solo un mechoncito arriba, tal y como esta ahora de moda. Lola siempre llevaba la entrepierna arreglada, pero NUNCA se había depilado así.

Recuerdo que Lola se veía impresionante así, en tanga y zapatos de tacón en los brazos de Sergio, que flipaba de lo maciza que estaba mi mujer y del pedazo de bombón que se iba a comer. Se dejaron caer de nuevo sobra la cama, ya para empezar a follar. Lola, ni corta ni perezosa, le dio la espalda a Sergio y se puso a cuatro patas. Yo flipaba con su desparpajo. Sergio la cogió por las caderas y muy despacio acerco el pollón al tesoro de mi mujer. Ahora podía apreciar claramente el tamaño de aquel pene, que era de verdad demoledor. Me fijé en que estaba completamente manchado del carmín de los labios de mi pareja. También recuerdo que fue en aquel instante cuando verdaderamente intuí que la cosa podía acabar por derroteros inesperados. Aquello era una auténtica película porno, estilo tia-buenisima-y-caliente-con-tio-guaperas-de-enorme-polla. El único que parecía no encajar en todo aquello era yo...

Lo que vino a continuación fue un autentico festival de sexo. Sergio empezó ensartando a mi mujer por detrás. Comenzó introduciendo muy despacito el glande en el ya chorreante coño de Lola, para ir aumentando poco a poco la frecuencia de las embestidas y la longitud de tranca que iba metiéndole. Las caras de Lola eran un poema. Con dolor pude leer en ellas que mi mujer estaba experimentando sensaciones nunca vividas hasta entonces.

Aquello era un verdadero espectáculo, creedme. Follaron en todas las posiciones, y con cierta rabia comprendí que Sergio era también un buen amante. Aguantaba como un campeón, mientras que Lola experimentaba un orgasmo detrás de otro. A aquellas alturas, Sergio ya había dilatado lo suficiente el coño de mi mujer, y a cada embestida en*****ba enterito en el aquel gran rabo, que volvía a salir completamente blanco, embadurnado de los jugos de Lola. Mientras tanto, no os podéis ni imaginar como flipaba yo contemplando la escena. Mi amada esposa, la mujer de mi vida se estaba dando un verdadero festín de sexo con otro tío. A todo esto, recuerdo (mientras escribo, los recuerdos acuden en tropel a mi memoria) que había hablado con Lola que si sucedía algo, sería con condón, y a tal efecto había comprado algunos, ya que nosotros no los usamos puesto que yo estoy vasectomizado. Sin embargo, cuando empezó la fiesta, Lola no dijo nada al respecto y yo no quise interrumpir en ese momento con ese detalle. Luego, contemplando las evoluciones del voluptuoso cuerpo de mi mujer, bañado en sudor, recibiendo las estocadas de Sergio, la cosa se me fue de la cabeza. A duras penas podía contener las ganas de sacármela y pajearme allí mismo mirando (me daba mucha vergüenza hacerlo). También tuve que contener las ganas de correr a por la cámara y sacar imágenes de aquel espectáculo memorable, pero no le había dicho nada de eso a Sergio, y no me pareció correcto. No obstante, ahora entiendo perfectamente a las personas que lo hacen. En fin, cuando el clímax de Sergio parecía cercano, volví a acordarme de que estaban follando sin condón, y no pude evitar gritarle a Sergio que no se corriera dentro de mi mujer. Ambos pararon un momento y me miraron sorprendidos, como si estuvieran solos y yo acabase de aparecer allí. Rápidamente me tranquilizó: - No debes preocuparte, Claudio… me dijo, y siguió penetrando sin piedad a Lola, que no paraba de besarlo y de decirle ¡Pero qué polla tienes…!

Finalmente, Sergio se puso en pie y colocó a Lola en cuclillas, frente a el. Y dándonos una pista de por donde iban a ir los derroteros futuros de esta extraña relación, le dijo a mi mujer:

- Y ahora, mi preciosa zorrita, abre bien la boca y no dejes escapar ni una gota.

Y colocando la cara de mi mujer en un punto determinado delante de su empalmado y venoso rabo, comenzó a pajearse. Era evidente que había hecho aquello más veces, pues fue muy específico y cuidadoso con la preparación. Yo me aproximé algo más para no perderme detalle. Sergio estaba excitadísimo, y a los pocos movimientos, advirtió: - ¡Ya viene!. Y un espeso y largo chorro de esperma cruzo el espacio entre su prepucio y la cara de Lola, entrando por la abierta boca de mi dulce cónyuge y salpicando en todas direcciones. Detrás de aquel chorro vinieron varios más, y a pesar de que Lola, obediente, retuvo en su boca una buena parte de aquella espectacular corrida, tenía la cara y los pechos hechos unos auténticos zorros, con salpicaduras de leche por todas partes. Para mi sorpresa, cuando se cercioró de que Sergio había acabado, tragó todo lo que tenía en la boca, y con una sonrisa pícara, exclamó:

- ¡Maravilloso! ¡Quiero más!

Y como para demostrarlo, agarro la goteante polla de Sergio y la lamió y chupó a conciencia, como si la vida le fuera en sacar algo más de semen de ella. Digo para mi sorpresa porque Lola y yo practicamos frecuentemente el sexo oral en nuestras relaciones, pero solo puedo recordar una única vez en la que Lola se tragase mi corrida.

Después de aquello, los dos amantes volvieron a tumbarse en la cama (¡nuestra cama de matrimonio!) y se pasaron lo que a mí me pareció una eternidad (aunque seguramente no fueron más de 10 ó 15 minutos) besándose apasionadamente y jugueteando sobre las sábanas.

Dos apuntes de aquel momento que me llamaron mucho la atención:

1.- Se besaban profundamente, con verdadera pasión. Sergio se mostraba ahora verdaderamente tierno con ella.

2.- La polla de Sergio se quedó “a medio gas”, pero no llegó a quedarse flácida.

Era evidente que Lola quería más, puesto que jugueteaba continuamente con la tranca de Sergio, y al cabo de un rato empezó a pajearla enérgicamente. En aquel punto, la escena me parecía la culminación del erotismo, sobre todo por mi mujer, cuya imagen se me antojaba lo más sexy que había visto en mi vida. Lola aún conservaba los zapatos de tacón. El mini-tanga se había quedado enrollado alrededor de uno de sus tobillos. La pintura y el maquillaje se la habían corrido a base de besos, caricias y pollazos. Sobre su piel había restos de semen por todas partes. El recogido del pelo se le había deshecho parcialmente, pero a pesar de ello… a pesar de ello conservaba la belleza intrínseca de una fiera salvaje, dispuesta a devorar a su presa.

En aquel punto, mientras yo la contemplaba, mi esposa me miró desde la cama, y sin dejar de darle al pollón de Sergio, me preguntó:

- Cariño mío, muchas gracias por permitir que esto haya sucedido. ¿Te esta gustando?


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01-Jul-2019
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