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Ayúdame a recordar: final
Author: 
Lésbico
15-Sep-2019
102
Ayúdame a recordar: final
-Piensas que te he sido infiel, así que voy a hacer que lo pienses con motivos.
Con un pequeño empujón de mi cuerpo me separé de la pared en la que me había apoyado, abrí la puerta dejándola pasar a ella primero y después salí yo. Ambas nos metimos en el coche y conduje a casa con el llanto de la pequeña, que se asustaba con los pitidos de los demás coches, pero con un silencio abrumador entre Ali y yo.



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Los tres primeros días fueron un tanto extraños, no me acostumbrada a tener que adaptarme a la vida que un bebé requería. Mínimo por las noches teníamos que levantarnos tres veces, la mayoría de ellas para que Sandra mamara, y eso me quitaba unos cuantos minutos de sueño y hasta en ocasiones algunas horas muy valiosas. Después de esos tres días todo se convirtió en un auténtico caos.

Alicia decía que todo estaba bien pero yo sabía perfectamente que nada estaba bien, por no decir que la cosa ni siquiera estaba en algo. Ella fue alejándose de mí, volviéndose fría y distante conmigo, si ese era su concepto de ‘todo está bien’ desde luego que no compartíamos la misma opinión ni de lejos. El corto mes de vacaciones se me acabó y tuve que volver al trabajo, lo que hizo que nos separásemos aún más. Por las mañanas yo estaba fuera, cuando llegaba comía sola ya que ella había dejado de esperarme y por las tardes ella ocupaba su tiempo en Sandra, en sus ejercicios para fortalecer ciertos músculos y para recuperar la forma después del embarazo y en ocuparse de toda la casa, porque por mucho que lo había intentado no quería descansar, estaba las veinticuatro horas del día en funcionamiento.

Pasados unos días dejó de dormir conmigo, se instaló en el cuarto de nuestra hija y pasó las noches ahí, en esa pequeña cama que no permitía que más de una persona la ocupara. Su excusa fue que no quería que me desvelara tanto ya que tenía que trabajar y que si ella dormía junto a la niña no me molestaría tanto y podría descansar más, pero ambas sabíamos muy bien que eso era mentira. Y aun así a pesar de todo intenté creerla, intenté darle alguna validez y sentido a sus palabras pero me fue imposible. Entre ella y yo había un abismo enorme que a cada día que pasaba se hacía más grande, y yo estaba desesperada, me mantenía en una agonía constante por no saber qué poder hacer para remediarlo. ¿Y todo por qué? Todo porque un jodido día ella y Sandra estuvieron a punto de morir y yo escogí salvarla a ella, todo porque una jodida noche ella escuchó a unas jodidas marujas comentar que yo había dicho que no quería a la niña y que me importaba una mierda. Por más que le había intentado hacer ver que era justamente todo lo contrario ella no reaccionaba, se había metido en su mundo y no dejaba por absolutamente nada del mundo que yo lo cruzase. Lo único que me reconfortaba en esos momentos era entrar a la habitación de la pequeña y ver dormir plácidamente a mi hija, cogerla, mimarla y jugar con ella, aunque con todo lo que había ocurrido me costaba bastante poder decir y sentir realmente que era mi hija.

Traté de ponerme en la situación de Alicia, de ponerme en su piel e intentar entender su reacción. Y en cierto modo la entendía, claro que la entendía. Fui estúpida al decir eso, no tendría que haberlo hecho, a ella le habría dolido mucho haberse enterado de mis palabras, entendía que después de la maravillosa sensación de saber que eres madre enterarte que tu pareja ha dicho tal cosa de tu hija duele, que de haber sido de otra manera en esos momentos ella no estaría ahí y saber que la persona que amas ha sido responsable de eso seguro que duele y entristece, pero ella estaba siendo egoísta. No se había preocupado por ponerse en mi situación tal y como yo había hecho con ella, jamás podría entender la desesperación y el dolor que me llevó a decir todo eso, a decidir lo que decidí, y eso también dolía. Y mucho. Cada noche sin excepción alguna lloraba por saber que nuestra relación se estaba yendo a pique, que todo se estaba jodiendo y que pendíamos de una fina e inestable cuerda que tarde o temprano acabaría por romperse si la cosa seguía así, pero no había nada que pudiera hacer para detener aquello. Había hecho de todo: sorpresas, regalos, le había preparado el desayuno y se lo había llevado a la cama, besos no correspondidos, había intentado hablar con ella, había formado mil momentos románticos dejándole la niña a mis padres ya que estaban que no cagaban con ella, amor… Le di todo mi amor y lo había rechazado en todas sus variantes posibles, en todas las formas que a mí se me habían ocurrido.

Mis padres, Marta y Javi no tardaron en darse cuenta de mi desánimo, de mi tristeza y de mi dolor, y trataban de calmarme intentando ayudarme a entender por qué Alicia había reaccionado así, por qué me había sacado de su vida de una forma tan drástica, por qué por mucho que lo intentara y deseara no me dejaba volver a entrar y qué podía hacer para cambiar la situación, pero más que ayudarme lo único que hacían era meterme más aun en un profundo hoyo negro del que no era capaz de ver un atisbo de luz.

Toda aquella situación llevó a estrechar mi relación con Carmen, mi profesora, la cual se convirtió en un pañuelo de lágrimas y una confesora excelente. Estaba al tanto de todo, siempre me escuchaba sin interrumpirme y cuando acababa me decía algo que la mayoría de las veces lograba animarme, algo que Marta, Javi y mis padres no conseguían. Tonta de mí al tardar en darme cuenta que habiendo estudiado psiquiatría había tocado la psicología, por lo tanto aquello explicaba que se le diera tan bien eso de escucharme. Nuestras salidas eran bastante regulares, a veces quedábamos después de que saliera de trabajar al no tener ganas de ir a casa u otras por las tardes, nunca podría hacerle saber lo bien que me sentaba salir con ella y desconectar un poco, poder desahogarme tranquilamente y saber que haría bien en seguir cualquier consejo que me diera. Pero claro, todas estas salidas provocaron algo que hizo que estallara por completo.

Un día volví a casa después de haber estado toda la tarde con Carmen a las nueve, bastante tarde para lo que era habitual, y al llegar me encontré a Alicia medio acostada en el sofá viendo la tele con el pijama ya puesto. La maternidad le había sentado de fábula, estaba más hermosa que nunca. Tal y como había predicho mi madre no tuvo ningún problema al perder los pocos quilos de más que le sobraron del embarazo, simplemente estaba perfecta.

-Hola- saludé con voz taciturna dejando las llaves sobre la cómoda.

-Hola- escuché su respuesta con asombro, pues últimamente contestaba a mis saludos mirándome durante unos segundos y después volvía a lo suyo.

-¿Qué tal tu tarde?- pregunté animada y esperanzada de que al fin la situación mejorara algo.

Se encogió de hombros e hizo una mueca, en ningún momento me miró.

-Aburrida.

Asentí lentamente y me quedé de pie, sumida en mis pensamientos.

-¿La tuya qué tal con esa mujer? ¿Divertida? Seguro que sí. ¿Puedo tener el placer de saber su nombre?- preguntó con recelo.

-Carmen- musité lo suficientemente alto como para que me oyera.

Ella asintió como yo había hecho antes y volvió a formarse aquel incómodo y doloroso silencio entre ella y yo que tanto detestaba.

-Un poco mayor para ti, ¿no crees?

Aquello hizo que me pusiera en alerta.

-¿A qué te refieres?

Apartó la mirada de mí y volvió a ponerla sobre la pantalla, no contestó y tampoco había indicios de que lo fuera a hacer así que me di la vuelta y arrastrando los pies me dirigí al pasillo.

-Pensé que podrías aguantar esos dos meses sin sexo, pero ya veo que me equivocaba- la escuché decir en voz baja.

Inmediatamente me detuve, ella sabía que la había oído. Me giré con lentitud y la miré desde donde estaba.

-¿Perdona?

-Pensé que podrías aguantar dos meses sin sexo, pero veo que no te conozco tan bien como me pensaba- repitió sin reparo alguno y sin tener la decencia de mirarme.

Me acerqué al sofá a paso rápido y me detuve justo al lado del apoyabrazos.

-¿Estás insinuando que te he puesto los cuernos con esa mujer?- pregunté completamente ofendida y sin poder creerme lo que acababa de oír.

-Es lo que me has dado a entender últimamente- se limitó a contestar dignándose a mirarme.

-¿Es lo que te he dado a entender últimamente? Apenas hablamos, y si lo hacemos siempre es para discutir, ¿cómo coño quieres que te dé a entender nada cuando ni siquiera yo soy capaz de entender qué ha pasado entre nosotras?- espeté empezando a cabrearme, suerte que Sandra estaba con sus abuelos y que no estaba ahí para ponerse a llorar ante nuestros gritos, o más bien los míos. Alicia estaba completamente tranquila, y eso me enfurecía más.

-Quizás la pregunta correcta no sea qué ha pasado entre nosotras, sino lo que no ha pasado.

-Entonces dime, ¿qué no ha pasado entre nosotras?

-La falta de realidad- contestó mirándome fijamente a los ojos formando un enorme vacío en mi interior- Creo que eso es lo que no ha pasado entre nosotras, y creo que es lo que ahora está pasando.

-¿Ah sí? ¿Así que esta es tu realidad? ¿Según tú esto es la realidad?- dije medio levantando los brazos y elevando el tono de voz- Dime, ¿realmente piensas que te he puesto los cuernos?

Se tomó su tiempo en contestar, y cuando lo hizo no aguanté más.

-Sí.

Bajé los brazos lentamente, mis ojos se aguaron y sentí que todo se me vino encima. Me di la vuelta, caminé con rapidez a nuestro cuarto y azoté la puerta con fuerza, después de eso me senté en la cama y di rienda suelta a mi llanto. Estaba cabreada, triste, decepcionada, ofendida… Tomé una decisión rápida, y no era precisamente quedarme a llorar como una imbécil. Me prohibí a mí misma seguir llorando, me limpié las lágrimas y salí del cuarto. Alicia me siguió con la mirada nada más salir.

-¿Dónde vas?- me preguntó al ver que cogía las llaves, pero no contesté- Ainhoa ¿dónde vas?

Seguí sin hacerle caso, guardé las llaves y mi móvil en los bolsillos de mi pantalón y abrí la puerta de casa.

-¡Ainhoa!- esta vez sí me detuve, la miré con agresividad desde la puerta- ¿Dónde vas?- preguntó por tercera vez.

-Piensas que te he sido infiel, así que voy a hacer que lo pienses con motivos.

Dicho esto cerré la puerta con fuerza haciendo que resonara en todo el edificio. Bajé las escaleras con rapidez y me metí en el coche. ¿A quién quería engañar? Por mucho que estuviera dispuesta a hacerlo sería incapaz de tocar a otra mujer que no fuera ella, ¿cómo podía haber pensado que le había puesto los cuernos? Durante ese tiempo el sexo ni siquiera se me había pasado por la cabeza, no estaba con los ánimos de pensar en eso y desde luego que ganas tampoco tenía. En dos días se cumplirían dos meses desde que le dijeron que no podía mantener relaciones sexuales, ¿de verdad se pensaba que era incapaz de esperar tan solo unos días? En realidad la imbécil era yo por pensar que después de los dos meses volveríamos a hacer el amor, apenas podía recordar la última vez que nos besamos y muchísimo menos la última vez que toqué su cuerpo, antes de la discusión que tuvimos la noche en la que se puso de parto llevábamos como mínimo una semana sin hacerlo.

Limpié mis lágrimas con mis manos, sorbí la nariz y conduje hasta la casa de mis padres. Cuando abrí la puerta y me vieron me miraron fijamente.

-¿Has roto con Alicia?- preguntó mi madre con temor y acercándose a mí.

-No pero…- negué con la cabeza y traté de contener mis lágrimas- No creo nos falte mucho.

Mi madre me miró con pena y me abrazó, yo la apreté con fuerza y comencé a llorar. No aguantaba más aquella situación.

-¡No pienso permitir que te siga haciendo daño! Estoy harto, harto de ver cómo sufres constantemente. Ya tuviste suficiente cuando pensaste que había muerto como para sufrir ahora que está viva. Voy a ir a hablar con ella ahora mismo y voy a decirle cuatro cosas bien dichas- decidió mi padre cabreado y yendo hacia su cuarto, pero me separé de mi madre y le cogí del brazo.

-No papá, no quiero que te metas en esto- le detuve mirándolo- Lo que tenga que ser será tanto si hablas con ella como si no.

-No tiene ningún derecho a tratarte así Ainhoa, ni uno, y yo no voy a quedarme cruzado de brazos viendo cómo te consumes por dentro.

- Si a vosotros os parece bien y queréis he pensado en volver a vivir aquí durante un tiempo- les expliqué mi idea.

Se quedaron en silencio unos segundos.

-¿Crees que eso va a solucionar las cosas?- quiso saber mi madre.

-¿Qué más puedo hacer?- pregunté encogiéndome de hombros- Estoy intentando que reaccione. Al menos así podré comprobar si le da igual, si me echa de menos, si aún sigue sintiendo algo por mí.

-¿Estás segura de querer hacer eso?

-No tengo nada más que perder.

-Puedes perder a Sandra si se le cruzan los cables.

-Alicia podrá haberme hecho muchas cosas, podrá ser como es y de la forma que es, pero no se le ocurriría prohibirme verla. De eso es de lo único que estoy completamente segura en estos instantes.

-¿Cuándo tienes pensado venir aquí?- preguntó mi padre con la voz calmada.

-Lo antes posible, mañana mismo si puedo. ¿Os importa?

-Claro que no cariño- me contestó mi madre acariciándome la mejilla- ¿Dormirás aquí?

-No creo, mañana tengo que trabajar y todas mis cosas están allí. Iré más tarde, cuando Alicia se haya dormido, no me apetece verla ahora.

Nos sentamos en la mesa, ellos acabaron de cenar y les conté por qué habíamos discutido esta vez, tuve que volver a contener a mi padre y calmarlo para que no fuera a hablar con Alicia. Aquella conversación no arreglaría nada, y quería evitarle a ella pasar un muy mal rato.

Nos pasamos una hora y pico hablando de un poco de todo, cuando calculé que Alicia ya se habría quedado dormida fui al cuarto de la niña para verla dormir un rato, después me despedí de mis padres y me fui a casa. Abrí la puerta muy lentamente y la cerré con mucho cuidado, reconocí la silueta de Alicia en el sofá con la poca luz que la televisión daba. Se había quedado dormida. Cogí el mando de la tele y la apagué, luego me acerqué al sofá y me arrodillé en el suelo cerca de su cabeza. Acaricié con mucha suavidad su cara con mis dedos, aprovechando los pocos minutos que tenía para poder como mínimo detallarla y acercarme a ella sin que me dijera de todo. Una lágrima se deslizó sobre mi mejilla.

-¿Por qué estás tan empeñada en ver lo que no es? ¿Por qué me haces tanto daño?- pregunté en un susurro lo que no tenía el valor de preguntarle estando despierta por miedo a su respuesta- Supongo que es el precio que tengo que pagar por amarte tan desesperadamente.

Acerqué mi rostro al suyo y rocé mis labios con los suyos antes de robarle un pequeño beso. Me las arreglé para cargarla y llevarla a la cama como solía hacer unos meses antes cuando siempre se quedaba dormida y la dejé en nuestra cama. Le besé la frente y me fui a dormir al sofá sin siquiera cambiarme, no tenía fuerzas.

La mañana siguiente me despertó mi móvil para ir a trabajar, y cuando volví a casa a las doce y media Alicia no estaba, pero me había dejado la comida hecha. No me extrañó ya que no era la primera vez que lo hacía así que no le di la mayor importancia. Por la tarde fui a casa de mis padres y acordamos que al día siguiente me iría con ellos, era sábado así que no tenía que ir a trabajar. Después de pasar la tarde con ellos volví a casa con Sandra, pero grande fue mi sorpresa al comprobar que Ali no había vuelto. La llamé al móvil pero se me descolgó la llamada enseguida. Empecé a hacer la maleta, metí un poco de ropa y cosas esenciales hasta que escuché que Alicia llegó a casa. Salí del cuarto y fui hasta ella.

-Hola- me saludó con un tono de voz diferente, menos frío.

-Hola- saludé con voz baja- Te he llamado al ver que no estabas, pero me ha saltado el buzón de voz.

-Es que se me ha quedado sin batería.

Nos quedamos en silencio durante unos instantes.

-¿Dónde estuviste ayer?- me preguntó mirándome.

-Lo mismo podría preguntarte yo a ti de hoy.

Volvimos a quedarnos en silencio, pero no era como los otros, simplemente era silencio.

-Estaba preocupada por ti- dijimos las dos a la vez, apartamos nuestras miradas algo incómodas.

-¿Ya está Sandra aquí?- quiso saber ella moviéndose al fin y dejando sus cosas en la cómoda.

-Sí, está en la cuna, mis padres la dejan agotada- le contesté sonriendo un poco, pero luego seguí igual de seria.

-Voy a verla.

Se fue dejándome sola, aquella fue la conversación más larga que habíamos tenido sin discutir. Meneé la cabeza ligeramente y volví al dormitorio para terminar de hacer la maleta. Estuve unos quince minutos eligiendo qué ropa llevarme y cuál no, no iba a coger todo el armario. Cuando al fin me decidí cerré la cremallera y llevé la maleta al lado de la puerta de casa, lista para que la mañana siguiente la cogiera y me fuera. Justo al hacer esto me di cuenta de que había sido un error, había olvidado que Alicia estaba en casa, de hecho al verme con la maleta se me quedó mirando un buen rato. Estaba en la silla dándole el pecho a Sandra.

-¿Te vas?- preguntó mirando la maleta fijamente.

Al escuchar esas palabras se me encogió el corazón, realmente me iba a ir. No había sido verdaderamente consciente de eso hasta ese momento. Se me aguaron los ojos y miré los suyos de una manera tan fría que hasta a mí me sorprendió. Estaba harta de todo.

-Te he dado todo mi amor, pero lo has rechazado. Te he dado toda mi comprensión, pero no ha dado resultado. Te he dado espacio, pero no ha servido de nada. He intentado hablar contigo pero no me has dejado acercarme a ti. Supongo que lo que necesitas es un tiempo, así que también te lo voy a dar. Mañana iré a vivir con mis padres durante una temporada. Quizás necesitamos darnos un tiempo para acostumbrarnos a esta nueva realidad de la que tú hablaste ayer y ver qué sucede, y si eso tampoco te sirve…- se me formó un nudo en la garganta ante lo que iba a decir, pero era la más pura realidad- Si eso tampoco te sirve supongo que lo mejor será dejar nuestra relación aquí porque yo no pienso seguir viviendo así, si es que esto es vivir.

Sin darle tiempo a que reaccionara o dijera algo abrí la puerta y salí de ahí corriendo. No quería ver su reacción, como se quedaba sin mostrar ningún sentimiento o reacción, ver que le daba igual, que se mostrara igual de fría y cortante como había sido en esos dos últimos meses. Sería algo que no soportaría, pues eso significaría el fin de lo nuestro y no estaba preparada para afrontarlo, no quería hacerlo.

Conduje durante horas, no sabía con certeza cuánto tiempo había pasado ya que me había dejado el móvil en casa pero ya había oscurecido. No sabía si había escogido la opción correcta o no, tan solo había hecho lo que sentía que debía hacer.

Apagué el motor y salí del coche, había conducido hasta un descampado en el que lo único que se podía escuchar era el ruido de los grillos y demás insectos que le hacían el coro. Me subí al capó y me recosté mirando las estrellas, no es que hubiera muchas pero aquello me ayudó a despejar un poco mis pensamientos y a aclarar mis ideas. Estuve horas allí, pensando, relajándome, dejando de lado lo que sentía para concentrarme en mí y de nuevo cuando consideré que Alicia ya se habría dormido regresé a casa. Efectivamente estaba dormida en el cuarto de Sandra, volví a cerrar la puerta con cuidado y me metí en nuestro dormitorio. Empecé a desvestirme para ponerme el pijama, me metí en la cama y me tapé con la sábana, en los últimos días hacía mucho calor de día pero por las noches refrescaba bastante.

Traté de conciliar el sueño pero me fue imposible al pensar que aquella sería mi última noche allí en mucho tiempo, o quizás mi última noche allí definitivamente. No pude evitar volver a llorar. Tenía tanto miedo, no sabía qué ocurriría con Alicia y conmigo, ¿íbamos a tirar por la borda casi un año de relación por unas malditas palabras y una decisión que no habría cambiado nada? Por desgracia no dependía de mí, había intentado de todo y de todas las maneras posibles, ahora era el turno de Alicia. Y decidió mover ficha.

Escuché que abrió la puerta del dormitorio, traté de contener el llanto y tranquilizar mi respiración aunque no pude evitar que siguiera siendo igual de irregular.

-¿Ainhoa?- me llamó suavemente sentándose en la cama.

Cerré los ojos con fuerza e intenté aguantar las ganas de llorar que me estaban matando en ese instante, la garganta me dolía muchísimo.

-No te hagas la dormida, sé que estás despierta. Podía escucharte llorar desde el otro cuarto- al verme descubierta solté de golpe todo el aire que había estado reteniendo y volví a sollozar.

Me di la vuelta aun estando tumbada y la miré fijamente. Su mirada ya no era fría y agresiva, estaba llena de tristeza.

-Tenemos que hablar.

Acababa de escuchar aquella oración tan temida pero no tuvo ningún efecto en mí.

-¿Por qué?- pregunté con un hilo de voz.

-Porque creo que….

-¿Por qué me has hecho esto?- volví a formular mi pregunta al ver que no me había entendido.

Suspiró y se frotó con lentitud las manos. No se atrevía del todo a hablar.

-Realmente no sé qué me ha pasado estos meses. Bueno, sí lo sé, pero no entiendo cómo he dejado que llegara hasta este punto- empezó a explicar- Cuando escuché a esas señoras decir lo que tú habías dicho de Sandra y tu elección después de haber estado con ella al fin, después de haber estado esperando ese momento ocho meses me puse a pensar qué habría ocurrido si tan solo me hubieran podido salvar a mí. La idea me sentó tan mal que me creí lo que dijiste sobre la niña, me cabreé mucho, no contigo realmente, sino simplemente me cabreé. No quería saber nada de nadie, tan solo quería centrarme en la niña y en la casa, me encontraba tan extraña y diferente…Sentí una tristeza terrible al pensar que no querías a Sandra, una tristeza que se convirtió en odio, y acabé por refugiarme en mí misma. Y lo he estado pagando contigo. Cuando te fuiste antes me abriste los ojos, hiciste que me diera cuenta de lo injusta que estaba siendo, de lo poco comprensiva que había sido contigo. Te juro que no era mi intención herirte. Te ruego, te suplico, te imploro que me perdones Ainhoa, por favor te lo pido, he sido imbécil y egoísta porque me he refugiado en un dolor que podría haber sido, no que era, y no me he parado a pensar en cómo te sentías tú.

-Tuvimos la discusión más grande que habíamos tenido nunca. Nos insultamos, nos echamos las cosas en cara e incluso llegaste a pegarme, algo que me merecía sin duda alguna. Me fui y te pusiste de parto, por mucho que me llamaste te ignoré y fueron Marta y Javi los que te llevaron a la policlínica y los que me avisaron de lo que había pasado, y de que tenías problemas. Me pasé horas en aquel pasillo esperando a que me dijeran si estabas bien, si habías conseguido dilatar o no, cualquier cosa mientras la desesperación me consumía por dentro. Y entonces salió el doctor diciéndome que te iban a hacer una cesárea de urgencia y que tenía que decirles a cuál de las dos salvar.

Tuve que parar unos segundos porque no podía seguir hablando de lo que me había puesto a llorar, Alicia se acercó un poco más a mí y me cogió la mano con fuerza. Ella seguía sentada.

-Daría todo por la niña, incluso hasta mi propia vida, pero la tuya… Tu vida no la daría absolutamente por nada del mundo Alicia, por nada, porque te amo de una manera tan fuerte, apasionada e incontrolable que aún no soy capaz de entender, y no creo que nunca pueda hacerlo. Les dije que te salvaran a ti porque no puedo imaginarme la vida sin ti, y entonces me dijeron que habías muerto. ¿Puedes imaginarte siquiera cómo me sentí al escuchar esas palabras? ¿Puedes imaginarte lo que sentí? No puedes Alicia, y nunca podrás hasta que te ocurra a ti, y te aseguro que no lo deseo por nada del mundo. Me sentí como una mierda, te habías muerto y no había podido despedirme de ti, pedirte perdón, besarte por última vez. Habría preferido que me arrancaran el corazón, porque habría sido menos doloroso y habría dejado de sufrir, habría muerto y estaría contigo. Me dijeron que habían podido salvar a la niña, ¿querías que me pusiera a dar saltos de alegría? La mujer de mi vida acababa de morir, y por unos minutos le eché la culpa a la niña y grité eso. Es cierto que no lo tenía que haber hecho, estuvo mal, lo sé, lo admito, y sabes perfectamente que no siento eso porque quiero a esta niña como si fuera mía, pero es que me quería morir Alicia. ¿Cómo te sentirías si yo muriera?

-Cállate, cállate Ainhoa, ni siquiera lo digas- me ordenó abrazándome con fuerza. Pasé mis brazos por su cintura y apoyé mi cabeza en su vientre, ella se había recostado contra el cabecero de la cama.

-Entonces, después de haber pasado los segundos más horribles de mi vida me dijeron que te habían podido reanimar y me obligaron a ir a hacer el examen. No pude soportar más, dejé dos preguntas en blanco y me fui al baño a llorar. Ahí fue cuando escuché tus mensajes de voz. Me sentí culpable de todo, me sentí miserable y lloré como una niña pequeña porque aún no me habían dicho que estabas bien. Y después de todo este sufrimiento cuando al fin supe que estabas viva, llega el día para ir a casa y me encuentro con que me evitas y estás fría conmigo, te alejas de mí y me apartas completamente de ti porque decidí salvar tu vida sin siquiera haberte parado a pensar qué fue lo que me llevó a escoger esa decisión. Dos meses enteros sintiendo tus desprecios, tu rechazo, sintiendo que me iba a morir de un momento a otro por no tenerte. Dime Alicia, ¿cómo crees que me he estado sintiendo todo este puto tiempo? Desde que saliste de la policlínica me he estado torturando porque sabía que si seguíamos así no nos quedaría mucho tiempo juntas, y ver que había hecho de todo y que ya no me quedaba nada más que intentar me llenaba de una impotencia y desesperación que me quitaban las ganas de hacer nada. Sé que te dolió lo que dije y comprendo que te alejaras de mí hasta cierto punto, pero entiéndelo, entiéndeme tú a mí, no podría vivir si tú no estuvieras.

Al fin acabé de hablar pero no de llorar, simplemente no pude parar. Y ella tampoco se quedó atrás, me aferró a ella y empezó a llorar con fuerza.

-Lo siento Ainhoa, lo siento muchísimo. Perdóname mi vida, te he hecho tanto daño y ni siquiera he sido consciente de ello, perdóname, perdóname- no dejó de repetir esas palabras todo el rato entre sollozos mientras me acunaba entre sus brazos- Fui estúpida al creer que no querías a la niña, imbécil por no darte amor cuando más lo necesitabas, lo siento, perdóname por favor.

Besó mi cabeza e intentó besarme en los labios pero le giré la cara. Lo único que quería hacer en esos instantes era abrazarme a ella con fuerza tal y como lo estaba haciendo en esos instantes y acabar de sacar todo el dolor que llevaba dentro. Poco a poco me fui calmando, ella lo hizo antes que yo, y fue tanta la tranquilidad que sentí en ese momento al estar abrazada a ella y sentir su olor y calor que me quedé dormida en sus brazos sin darme cuenta.

La mañana siguiente amanecí con los ojos algo adoloridos y con un sabor amargo en la boca, me costó bastante orientarme. Levanté la mirada y al ver a Alicia dormida y abrazada a mí me entró una especie de cosquilleo por el estómago que me hizo sentir muy extraña. Hacía tanto que no dormíamos juntas… Me quedé contemplándola durante unos minutos, besé sus labios y me fui a duchar. Al salir desayuné y después de eso recorrí la casa lentamente, como si me despidiera de ella. A la última habitación a la que entré fue a la de Sandra, y me sorprendió verla despierta y que no hubiera llorado. Me acerqué a la cuna, cogí a la niña en brazos y me senté en la cama. Empecé a jugar con ella, haciéndole cosquillas, estirándole suavemente de las piernas y brazos y haciendo muecas o sonidos extraños. Lo mejor de todo es que ella no dejaba de sonreír, a veces intentaba imitar mis sonidos pero no le salían más que un par de balbuceos, me miraba fijamente y si le devolvía la mirada sonreía y movía los brazos. Era un amor de niña, muy tranquila, me daba una tristeza enorme no poder estar con ella siempre que quisiera pero ya hablaría con Alicia para seguir viéndola ya que mi idea de ir a vivir con mis padres seguía en pie.

Decidí no seguir alargando la despedida durante más tiempo así que me levanté y fui a dejar a Sandra a la cuna, pero comenzó a llorar.

-Shh no llores, no llores. Tan caprichosa por no conseguir lo que quieres como quien yo me sé- le susurré empezando a acunarla y a dar pequeños botecitos para calmarla.

Me miró y cogió mi dedo índice con su diminuta manita, se me formó una sonrisa enorme, y esta me imitó.

-Eres igual de preciosa que tu madre- murmuré acariciándole la nariz suavemente.

Sabía que no debía ilusionarme ni con su pelo ni con el color de sus ojos. El pelo perfectamente podía cambiarle de pelirrojo a castaño, y los ojos azules seguro que le cambiarían a otro color. Me conformaba con que conservara el color de pelo.

Volví a intentar dejarla en la cuna pero de nuevo se puso a llorar.

-No quiere que la sueltes, está muy a gusto contigo. Tu voz la tranquiliza mucho más de lo que te imaginas- dijo Ali mirándonos con una sonrisa apoyada en el marco de la puerta con los brazos cruzados.

-¿Cuánto tiempo llevas ahí?

-Casi desde que entraste.

Asentí con la cabeza, después de que Sandra remugara un poco conseguí meterla en la cuna. Alicia y yo nos quedamos mirándonos a los ojos.

-¿Te marcharás?- preguntó al final con temor.

Me quedé unos segundos en silencio.

-Creo que es lo mejor, al menos durante un tiempo.

Al decir esto sus ojos se aguaron y a mí se me rompió el corazón.

-Yo… no quiero que te vayas, pero si tú necesitas un tiempo después de todo lo que ha pasado lo respeto- murmuró intentando controlar su voz.

Me acerqué a ella y le cogí las manos.

-¿Es que no lo entiendes? Si me quería ir era por ti. No necesito ningún tiempo para saber que te amo, tuve mi tiempo hace dos años para descubrirlo y desde entonces siempre lo he tenido claro.

-Entonces no te vayas- me pidió rodeando mi cuello con sus brazos dándome un gran abrazo al cual respondí.

Cerré los ojos, inspiré profundamente y noté que ella empezó a llorar.

-Perdóname, perdóname mi amor por favor. Necesito escuchar que me perdonas, necesito oírlo de ti, porque si no sé que quizás no lo hagas y te guardes un posible rencor hacia mí, y no aguantaría que me odiaras.

La separé de mí y limpié sus mejillas con mis pulgares.

-Nunca podría odiarte Alicia, nunca. Te perdono, te perdono todo, pero ya deja de llorar- le pedí angustiada y mirándola.

Ella suspiró aliviada y antes de que pudiera reaccionar me besó, me besó después de no haberlo hecho durante dos meses, y qué bien me sentí. Había extrañado sus labios muchísimo, el contacto con ella, sentir que las cosas al fin comenzaban a volver a la normalidad. No me había dado cuenta de cuánto dependía de ella.

-Te amo mi amor, te amo, no sabes cuánto siento y cuánto me arrepiento de haberte hecho sufrir tanto.

-El tiempo todo lo cura, y si tú estás a mi lado lo hará con mucha más rapidez.

-Ainhoa, necesito saber otra cosa. Prométeme que me dirás la verdad.

-Te lo prometo.

-¿Dónde estuviste ayer por la noche después de que discutiéramos?- me preguntó con terror en sus ojos.

Negué lentamente con la cabeza.

-No he estado con nadie. La sola idea de meterme en la cama con alguien que no seas tú me pone enferma, ¿pero sabes lo que me enferma más? Que pienses que sí que sería capaz de hacerlo, que sería capaz de ponerte los cuernos.

-Mi vida nunca lo he pensado, te lo juro, no hasta ayer- admitió- Estaba celosa, no era la primera vez que te veía con esa mujer y ya sabes cómo soy yo. Ayer también te vi con ella, los celos fueron tantos que al llegar a casa quise darte donde sabía que más iba a dolerte, que cuestionara tu fidelidad. Pero luego cuando me dijiste que ibas a hacer que pensara con razón que me habías sido infiel tuve miedo, reaccioné y tuve miedo de perderte por haberte forzado tanto. Te vi tan decidida que por primera vez pensé que lo harías de lo harta que estabas. Si realmente te hubieras acostado con alguien no podría reprocharte nada, me lo tendría bien merecido.

-No podría traicionarte de esa manera, a ti no.

-Eres un sol Ainhoa, mereces todo lo bueno que le pueda pasar a una persona en su vida.

-Ya tengo todo lo bueno que me podría pasar en mi vida. Os tengo a ti y a Sandra.

-No sé cómo siempre me las apaño para hacerte daño, algún día por imbécil me mandarás a la mierda.

-Si con lo que me has hecho no me he ido puedo asegurarte que ya no lo haré- le dije acariciándole la mejilla- ¿Qué has hecho conmigo, eh?

-Supongo que enamorarte como nadie, porque sino no entiendo cómo me soportas tanto- comentó sonriendo- Hace tiempo te dejé con la intriga sobre lo que más me gusta de ti, ¿quieres saber qué es?

-No estaría nada mal.

-La forma en la que me miras- me dijo al fin cogiéndome la mano- Me miras con tanto amor que no necesito nada más para sentirme bien, podría vivir toda mi vida mirándote a los ojos. Reaccioné y abrí los ojos ayer por la noche, cuando me miraste antes de irte y no vi lo que siempre tenía tu mirada. Algo más fuerte que tu amor hacia mí te estaba dominando, y sentí miedo, en ese momento fui realmente consciente de la gravedad del asunto. Tus ojos me miraron con un dolor y sufrimiento que no había visto nunca, y saber que yo era la causante de eso me hizo darme cuenta de que era una imbécil. Me di cuenta de que soy exactamente igual que Sergio, por más que te prometí que te amaría como te merecías hice lo mismo que él.

-No pienso permitir que digas eso. Si fueras igual que Sergio no me habría enamorado de ti, así que no vuelvas a decir eso nunca ¿me oyes?

-Te oigo muy bien.

Acaricié su mejilla y la besé con pasión, con necesidad, con amor. Nunca la había necesitado tanto como en ese momento. Me separé con lentitud de ella y junté nuestras narices, las rocé cariñosamente y la miré a los ojos fijamente. Pasé mi brazo derecho por su cintura y la pegué más a mí, volviéndola a abrazar, volviendo a cerrar los ojos. Me costaba creer que al fin todo estuviera bien, pero por si acaso, se lo pregunté.

-¿Volvemos a estar bien?

-Me aseguraré de que nunca podamos estar mejor.

-Te amo Alicia, no te imaginas cuánto.

-No, creo que no podría hacerme la idea, porque me amas igual que te amo yo a ti, y aun no soy capaz de averiguar cuánto lo hago- susurró- Porque por favor, que estos dos últimos meses no te engañen, que no te haya demostrado mi amor no significa que no existiera. Es solo que me sentí tan diferente al pasar de estar embarazada a no estarlo, creí todo lo que dijiste y le di demasiada importancia a algo que tendría que haber visto que lo habías hecho por puro amor.

-Ya basta, no quiero hablar más sobre eso. Tan solo ayúdame a recordar lo bien que estábamos antes y a olvidar estos dos meses y todo volverá a ser como siempre.

-Está bien.

Acaricié su mano y besé su frente, luego miré la hora en mi móvil.

-Creo que tendría que irme ya.

Se le descompuso la cara por completo.

-O sea, digo yo que tendré que decirles a mis padres que hemos arreglado las cosas y que me quedo aquí ¿no?- aclaré para que no se hiciera una idea equivocada.

Ella asintió aliviada.

-¿Me acompañas?

-No creo que sea muy buena idea, tus padres me odiarán y con razón. Aun no sé ni qué decirles.

-Lo mismo que me has dicho a mí. Con mi madre lo tienes un poco más fácil porque en cierto modo te comprende un poco, con mi padre será algo más difícil pero como estará Sandra no se atreverá a montar un escándalo. Hazme caso, no ocurrirá nada, y si ocurre yo estaré ahí.

-De acuerdo. Deja que le dé el pecho y que me duche ¿vale?

-Vale, no tardes mucho.

-Una hora como mucho- al ver mi cara rectificó- Vale, cuarenta y cinco minutos.

-Eso de ‘no tardes mucho’ como que no, ¿eh?

-¿Media hora?

-Aceptable.

-Bien.

Me dio un pequeño beso y se acercó a la cuna para coger a Sandra.

-Hola preciosa, ¿has dormido bien? ¿Quién se va a meter una comilona ahora?- le habló cambiando mucho los tonos de voz, la pequeña nada más verla sonrió y empezó a agitar los brazos y las piernas, feliz de la vida al reconocer a su madre.

Cuando acabó de darle de comer ella fue a la ducha y yo me encargué de cambiar a Sandra, después de veinte minutos salió lista para irnos.

-Con que media hora ¿no?- le pregunté levantando una ceja, había pasado casi una hora.

Ella sonrió con inocencia y se encogió de hombros.

-No sabes cuánto había echado de menos esa sonrisa tuya.

Su rostro se ensombreció ligeramente y bajó la mirada.

-Lo siento.

-No vuelvas a decirme eso, ya no tienes nada de lo que disculparte.

Ella asintió y me cogió la mano, con el otro brazo cargó a la niña y nos fuimos. Cuando mi padre me vio llegar con Ali le echó una mirada asesina que la dejó de piedra. Le apreté la mano para calmarla y recordarle que estaba con ella, me sonrió levemente y cogió aire. Mi madre fue la primera en saludarla, se portó igual que siempre. Mi padre en cambio se mostró más frío y en ocasiones borde, estaba segura al cien por ciento que tal y como le había dicho a Alicia lo único que le impedía decirle de todo era la presencia de Sandra. No me hizo falta tener que hablar con él porque Ali se encargó de ello desde un principio, les explicó todo tal y como me lo había explicado a mí, les ofreció sus disculpas y con mucho esfuerzo consiguió convencer a mi padre. Después de que ella dejara todo bien claro conseguimos relajarnos y pasar un día muy agradable en familia.

Pasó una semana en la que poco a poco todo volvió a la normalidad. Volvimos a dormir juntas y la verdad es que nunca habíamos estado tan bien, volvió a ser la misma mujer cariñosa y mimosa de siempre. El viernes me acompañó al instituto a recoger la nota del examen del cual dependía para pasar de curso. Estaba algo emocionada ya que quería presentarle a Carmen a Alicia y a la niña, y seguro que Ali se llevaría una sorpresa al ver que la mujer de la que tan celosa se había puesto era mi profesora. Entré despreocupadamente en el aula, pero en el fondo bastante nerviosa. Carmen al verme se levantó y me recibió con una gran sonrisa.

-Hola Ainhoa, ¿cómo estás?- me preguntó dándome dos besos.

-Muy bien, ¿y tú?

-Con un calor de mil demonios, llevo aquí toda la mañana. Por suerte eres la última así que ahora iré a casa a darme una ducha bien fresquita- dijo cerrando los ojos- Antes que nada, ¿cómo estás con Alicia?-no pude evitar sonreír ampliamente.

-Hace una semana que arreglamos todo, y en cierta parte puedo darte las gracias- le dije, Alicia no podía oírnos porque se había quedado en el pasillo.

-¿Y eso?

-Pues porque nos vio más de una vez juntas, se puso celosa de ti y bueno, eso llevó a una discusión en la que al fin abrió los ojos y se dio cuenta del error que había cometido.

-¿Celosa de mí? ¿Acaso no le dijiste que era tu profesora?

-No, pero se lo voy a decir ahora- ella me miró extrañada- Está aquí fuera con la niña, me ha acompañado.

-¿Sí? Pues hazla pasar, la verdad es que tengo muchas ganas de conocer al fin la dueña de todos tus males y alegrías.

-Mi amor entra por favor, quiero que conozcas a alguien- le dije acercándome a la puerta.

Ella entró unos segundos después algo desconcertada, cuando reconoció a Carmen su cara cambió por completo. Me senté en la mesa y antes de que dijera nada me apresuré en presentarlas.

-Alicia, esta es Carmen, mi profesora. Carmen, esta es Alicia, la niña de mis ojos- dije esto mirándola con una gran sonrisa- Y esta pequeñina de aquí es Sandra, la cosa más preciosa que ha visto la tierra, junto a su madre claro está.

-Alicia, es todo un placer conocerte al fin. Ainhoa me ha hablado mucho de ti- le dijo saludándola con dos besos, luego se centró en la niña- ¡Y esta cosita de aquí quién es! Hola guapa- empezó a hacerle cosquillas- No exagerabas en absoluto, clavadita a su madre. Es una niña hermosa- dijo mirando a Ali.

-Gra-cias- le agradeció algo confusa aún.

-¿Puedo cogerla?

-Sí, por qué no- accedió Ali pasándole la niña-O sea, que es tu alumna.

-Exacto, y puedo asegurarte que absolutamente nada más. O como mucho, también he sido su pañuelo de lágrimas, pero de ahí no pasa la cosa. No se me ocurriría jamás, por dios, además de que ella no podría ver a nadie más que no fueras tú- le dijo jugando con Sandra.

Las mejillas de Alicia se tiñeron de un rojo intenso.

-Madre mía, yo… No sé qué decir- la miré con una gran sonrisa.

-Lo que podrías dejar de decir y pensar son tonterías, ¿no crees?

-La verdad es que sí- admitió riendo un poco- Lo siento, estoy bastante avergonzada.

-Nah, lo que pasa es que me amas demasiado y a cualquier persona que se me acerca ya le tienes unos celos tremendos- bromeé acercándola a mí.

-No son celos, ya te he dicho mil veces que tan solo cuido lo mío- dijo divertida abrazándome por la cintura y recostando su cabeza en mi hombro, al estar sentada en algo un poco más elevado nuestras estaturas quedaron igualadas.

-Pues tienes una manera muy peculiar de cuidar lo tuyo- murmuré besándole la cabeza y abrazándola también.

-Me alegra muchísimo veros así de bien, de verdad, cuando Ainhoa está contigo da un cambio impresionante- comentó Carmen con una sonrisa.

-El amor hace milagros.

-Bueno, vayamos realmente a lo que hemos venido, que es a por el examen. Toma- me dijo dándome a Sandra, la cogí y esperé pacientemente a que buscara mi examen.

-¿Cómo me ha ido?

-Pues verás- murmuró sacando el examen de una carpeta y dejándolo sobre la mesa, se me esfumó la sonrisa que tenía- No me extraña en absoluto la nota que has sacado, creo que incluso te ha ido demasiado bien dentro de lo que cabe, que hayas llegado al cuatro es un milagro.

Un jodido cuatro y medio, me había quedado a medio punto de pasar de curso. Alicia me acarició la mano y me miró con tristeza.

-Sabes que no es culpa tuya- le dije para que no se sintiera mal- Lo que pasó fue algo inevitable.

-Pero- continuó diciendo Carmen- debido a que sé que las circunstancias en las que te examinaste no eran para nada favorables y sabiendo que eres la que más se esfuerza de tu curso y de verdad le pone ganas eso me da suficientes motivos para subirte medio punto la nota y ponerte un cinco- dijo con una sonrisa- Enhorabuena, nos veremos el próximo año en segundo.

Exhalé el aire que había estado reteniendo y la miré con ganas de matarla.

-¡A ti te gusta hacerme sufrir!- exclamé riendo con gran alivio.

-Admito que por esta vez un poquito.

-Muchas gracias Carmen, en serio.

-No me des las gracias, sé que te sabes el contenido porque has puesto todo bien, solo que estabas tan distraída que contestaste la mayoría de respuestas en preguntas equivocadas.

Bufé al mirar el examen y comprobar que tenía razón.

-Felicidades mi amor- me dijo Ali dándome un gran beso al que respondí más que complacida, la presencia de Carmen no me incomodó en lo más mínimo- Que sepas que el año que viene voy a meterte mucha más caña para que no ocurra esto.

-Mejor no te vuelvas a quedar embarazada por el momento hasta dentro de un par de años, con eso tendré suficiente.

Me sonrió y volvió a besarme, nos quedamos un rato charlando con Carmen y después nos fuimos a casa de mis padres a darles la noticia, se alegraron muchísimo por mí y evidentemente por sus bolsillos, porque volver a pagar la matrícula otra vez no les hacía mucha gracia. Pasamos la tarde con ellos y luego volvimos a casa.

-Mi amor ven ya a la cama, llevas diez minutos en el baño. ¿Se puede saber qué haces?- le pregunté tumbada en la cama, estaba esperando a que le diera por salir del baño y nos fuéramos a dormir.

-Estoy mirando si tengo granos o espinillas.

-No me jodas Alicia, no has tenido de eso en la vida, tienes la suerte de tener un cutis perfecto.

Entonces salió del baño y se quedó de pie en la puerta, la miré sin saber qué estaba haciendo.

-¿Te parezco atractiva?- me preguntó con algo de vergüenza y temor, no me podía creer que pudiera dudarlo.

-¿Cómo me preguntas eso? Pues claro que me pareces atractiva mi vida.

Se acercó lentamente a la cama y se sentó, ya entendía lo que le pasaba. Después del embarazo su cuerpo había cambiado un poco, nada que se saliera fuera de lo normal, y ahora se pensaba que no me gustaba. ¿Sería imbécil?

-No me gusto.

-Pero a mí sí Ali, me gustas tal y como eres. Te he dicho muchas veces que lo de fuera es lo de menos, yo no me fijo en eso. Y si tuviera que dejarme llevar por el exterior preferiría acostarme con alguien guapo y gordo que feo y con buen cuerpo, y resulta que tú eres preciosa y tienes un cuerpo espléndido.

-¿En serio?

-Muy en serio.

-¿Me deseas?

-Muchísimo.

Se me quedó mirando unos segundos, luego se acercó a mí y me besó. Empezó con lentitud pero poco a poco fue volviéndose un poco más agresiva, me tumbó y se puso encima de mí. Entonces la detuve.

-Espera mi amor, ¿estás segura?

-Ya ha pasado el tiempo suficiente. Admito que en un principio me resistía porque me veía diferente pero era una estupidez sabiendo que a ti eso te da igual.

-No quiero hacerte daño- le dije con algo de miedo.

-Sé que no lo harás, no podrías.

Ante sus palabras volví a besarla, sus manos acariciaron con un poco de impaciencia mi vientre y las mías su espalda. Descendió para besar mi cuello y sus manos se aventuraron a acariciar mi piel por debajo de la camiseta del pijama, mi cuerpo reaccionó enseguida al reconocer su tacto. Volvió a mis labios, subió un poco más sus manos y cogió mis pechos con timidez, como si fuera la primera vez que me hiciera el amor. En ningún momento dejó de besarme y yo ya me encontraba más que ida, completamente embriagada por ella, por su olor, por el fuego que parecía manar de sus manos al tocarme. Lentamente se deshizo de mi camiseta y fue poco el tiempo que tardó en dar un poco de atención a mis erectos pezones. Estaba muy excitada, ¿cómo no estarlo con una mujer así? Alicia tenía un encanto y una sensualidad tan natural en ella que podría hacer pecar hasta al cura más célibe, y yo era una simple mortal. ¿Cómo resistirme a ella? No podía, y desde luego que tampoco quería.

Alicia me robó mi primer suspiro en mucho tiempo, sin apartarse de mis pechos empezó a acariciar suavemente mis piernas, centrándose en especial en la cara interna de mis muslos. Para ese entonces ya estaba más que lubricada y lo único que quería era sentir ya a Ali, pero ella continuó a su ritmo, manteniéndome entre el cielo y el infierno a la vez.

Abandonó mis pechos para volver a mi boca, y de mí recibió un sonoro gemido al sentir su mano acariciarme circularmente por encima del pijama. La besé con más fiereza y pasión, alentándola a que continuara acariciándome. Cuando se deslizó a mi cuello aproveché para gemirle en el oído a conciencia para ver si conseguía acelerar las cosas un poco ya que sabía que eso la volvía completamente loca, y funcionó. Apretó más su mano y yo volví a gemir audiblemente. Luego mentalmente me dije que no tenía que hacer mucho ruido para no despertar a Sandra.

-Eres una tramposa- pude escuchar que me dijo en un susurro mirándome, yo me reí unos pocos segundos.

-Entonces castígame- la incité completamente a su merced.

Antes de seguir con su recorrido me devolvió una mirada llena de lujuria. Besó y lamió mi vientre, y con mucha lentitud me quitó los shorts del pijama y mis bragas dejándome completamente expuesta. Sentí sus labios entrar en contacto con mi sexo y succionar mi clítoris, grité de puro gusto. Su lengua jugueteó con él, moviéndolo de lado a lado y dándole toquecitos, no era capaz de entender cómo algo tan pequeño podía ser la causa del placer de los placeres. Ali introdujo dos dedos en mí lentamente, apreté los ojos con fuerza y abrí un poco la boca pero no produje ningún sonido. Empezó a aumentar el ritmo con el que me penetraba, también aceleró los movimientos de su lengua y con la mano que le quedaba libre cogió la mía derecha, entrelazando nuestros dedos. No me quedaba mucho para acabar, tan solo un minuto después exploté en un gran orgasmo que me hizo temblar de arriba abajo.

Dejé de apretar con fuerza la mano de Alicia, me acarició el dorso de esta con su dedo pulgar y luego me la soltó para acariciar mi vientre, mis pechos y mi cara. Cuando abrí los ojos me topé con su cara a menos de cinco centímetros de la mía. Le sonreí, la besé y la abracé. Cuando mis pulsaciones se calmaron acaricié su cara y la besé volviendo a la delicadeza y lentitud del principio. Ahora me tocaba a mí, y no tenía la intención de correr.

Giramos las posiciones y quedé encima de ella, me mantuve besándola durante incontables minutos. Los labios, ambos lados de su cuello, los lóbulos de sus orejas… Ella no dijo nada, tan solo se dejó hacer. La desvestí muy lentamente, poco a poco, sin apresurar nada. Cuando la tuve completamente desnuda la miré fijamente a los ojos.

-Si te duele me lo dices y paro de inmediato ¿vale?

-¿Quién te ha dicho que vaya a querer que pares?- preguntó con picardía y sonriendo.

-Alicia, te lo estoy diciendo muy en serio. Prefiero dejarte así y no tocarte que continuar y hacerte daño.

Me miró con ternura y acarició mi mejilla.

-Sé que no me harás daño, pero si lo haces prometo decírtelo- me aseguró.

La besé a modo de respuesta y la giré tumbándola boca abajo. Le aparté el pelo y le besé la nuca, descendiendo lentamente hacia su hombro derecho. Su cuerpo se estremeció bajo el mío, por sus brazos pude adivinar que eso le había puesto los pelos de punta. Saber que seguía reaccionando así ante mis caricias era muy gratificante. Besé, lamí y mordí con suavidad sus hombros, pasé mis dientes por toda su columna vertebral y me detuve en su trasero, luego volví a ascender pero lamiendo y besando su espalda. Me dirigí a sus brazos y los acaricié y besé, pasando por sus manos, besando también cada uno de sus dedos. Arañé su espalda suavemente con mis dos manos llegando hasta sus nalgas, las cuales mordí y besé. No hubo ningún lugar de la parte posterior del cuerpo de Alicia que no lamiera, besara, acariciara o mordiera. Pasé por sus piernas, me detuve un buen rato en sus pies y al fin, cuando me di por satisfecha, le permití que se girara.

Ella fue la que buscó mis labios, estaba terriblemente excitada, y no lo sabía por haber comprobado su humedad si no porque la manera tan desesperada con la que me besaba no podía deberse a otra cosa. Me separé de ella y me permití contemplar su cuerpo con detalle por delante por primera vez en esa noche. Lo que más llamó mi atención fue la cicatriz de la cesárea por debajo de su vientre y encima de su pubis, alargada y rosada. Acaricié sus caderas y su cintura y besé y lamí su vientre con toda la ternura y amor que fui capaz.

-Ainhoa- escuché que me llamó, pero no le hice caso, continué acariciando esta vez sus pechos- Mi amor, ¿qué te ocurre?- me preguntó cogiendo mi cara con sus manos y mirándome angustiada.

No había podido evitar llorar, tanto tiempo sin su cuerpo, tanto tiempo sin amarla de esa manera…

-¿Qué pasa? ¿Es por mí? ¿He hecho algo mal?- volvió a preguntarme acariciándome las mejillas, yo negué con la cabeza.

-Pensé que no volvería a verte así, que no podría acariciar y besar tu cuerpo, que no volvería a probar tu piel, que no volvería a hacerte el amor- le expliqué sollozando mientras alguna que otra lágrima consiguió caer sobre su piel.

-Mi vida…- murmuró con tristeza y abrazándome, yo metí mi cabeza en su cuello y me desahogué- No continúes si no quieres, no importa.

-No- dije separándome de ella y negando con la cabeza- Nada me va a impedir que te haga mía esta noche.

Dicho esto lamí su pezón izquierdo, ella cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás. No se me ocurrió en ningún momento empezar a succionar pues no me apetecía que le saliera leche, conociéndola quizás le daría cosa y hasta incluso vergüenza y no quería estropear ese momento por nada del mundo.

Intercambié las lamidas de un pecho a otro, débiles gemidos o lo que a mí me pareció más bien un ronroneo empezó a surgir de su garganta, indicándome que lo que le estaba haciendo le gustaba. Bajé de nuevo a su vientre y lo acaricié, en especial su cicatriz, como si así pudiera borrar todo el daño que me había causado el estado de Alicia en el hospital.

Besé su pubis, descendí lentamente hasta llegar a su clítoris y lo mimé muy cariñosamente, ella abrió un poco más las piernas. Hice lo que sabía que le gustaba más, que lo mordiera ligeramente y lo estirara. Me acarició la mano que descansaba en su pecho derecho y la apretó más contra ella, con mi dedo índice empecé a hacer círculos alrededor de su areola y pezón. Con mucha lentitud y cuidado inserté un dedo en su interior, al ver que no mostraba ningún signo de dolor marqué un ritmo suave. Al poco rato metí otro dedo y empecé a penetrarla un poco más rápido, mirando siempre la expresión de su cara por si algún signo de dolor apareciera por ella.

-¿Va bien? ¿Te duele?- le pregunté para quedarme completamente tranquila.

Ella negó con la cabeza mirándome con los ojos entrecerrados, sin poder decir una palabra. Cogí un poco de confianza así que me permití ser un poco más agresiva. Mi lengua no dio tregua a su clítoris, de tanto en tanto lo besaba, y mis dedos entraban y salían de ella sin ningún tipo de problema. Los flujos que recogía en ocasiones con mi lengua se veían remplazados al poco rato debido a su buena y fácil lubricación. Empezó a jadear y gemir con más fuerza y frecuencia, empezó a mover sus caderas en un suave vaivén y pude sentir poco a poco las contracciones en su vagina, de cada vez más continuadas, hasta que alcanzó el clímax con un grito que hubiera sido muy sonoro de no haber puesto mi mano en su boca.

No tardé besarla, me recibió con un gran abrazo. Podía sentir el acelerado palpitar de su corazón. Me acarició la espalda suavemente, calmándose, con los ojos cerrados mientras que yo besé su cuello con cariño. Me separó de ella, me miró unos segundos y luego me besó con pasión.

-¿Te digo una cosa? Casi he sentido más placer con todas las caricias que me has dado por mi cuerpo que con el orgasmo en sí- admitió mirándome.

-Entonces sí que debo hacerte el amor muy malamente- bromeé sonriendo, sabía a lo que se refería.

-Todo lo contrario mi vida, me has descontrolado más que nunca. Me he sentido de maravilla- dijo entrelazando nuestros dedos.

-Me alegro- besé su frente- ¿No te ha dolido nada?

-Nada de nada.

Volvimos a fundirnos en un tierno beso, jugando mordí y estiré suavemente su lengua haciéndola reír. Me quité de encima suya, me tumbé a su lado, recosté mi cabeza en su pecho y la abracé por la cintura, de manera que yo quedé tumbada de lado y ella boca arriba.

-Tengo algo para ti-anunció, levanté la cabeza y la miré extrañada- Cierra los ojos.

Le hice caso y cerré los ojos. Se estiró hacia su izquierda y escuché que abría el cajón de la mesita de noche, en ningún momento la solté.

-No abras los ojos ¿eh?

-Que no, no soy una niña pequeña.

-Bueno, eso puede discutirse- dijo riendo.

-Oye- le pegué suavemente en el brazo, volvió a reír.

-Ya puedes abrirlos- me indicó.

Los abrí y arqueé las cejas sorprendida, me quedé con la boca abierta. Su mano sostenía una pequeña y redonda cajita azul la cual mostraba un anillo precioso con pinta de ser muy caro.

-Alicia- murmuré con sorpresa.

Era de plata, en el centro había lo que tenía toda la pinta de ser un diamante y a ambos lados de este el anillo quedaba interrumpido por dos pequeños agujeros que a su alrededor tenían pequeñas piedras preciosas, brillantes y relucientes.

-Esto perfectamente podría haber sido un anillo de compromiso pero somos demasiado jóvenes para casarnos, y con un bebé tenemos gasto suficiente de momento. No obstante, si aceptas este anillo para mí será como si nos hubiéramos casado, si lo aceptas dejarás de ser mi novia para ser mi mujer, prometiéndote así amarte en la salud y en la enfermedad durante todos los días de mi vida y todas esas cosas más que ahora mismo no recuerdo- ante esto último reí- Cometí un error y tú me perdonaste, pero yo aun no he sido capaz de hacerlo. Cada día que te haya hecho sufrir será un año que utilice en compensarte tu dolor, y me tomaré todo ese tiempo para tratar de perdonarme a mí misma por lo imbécil que fui.

-¿Sabes de cuánto tiempo estás hablando?

-Probablemente de más de sesenta años, así que hazte una idea de cuánto tiempo quiero estar a tu lado.

Aun seguía algo impactada y sorprendida, no salía de mi asombro.

-Eres la persona más especial que he conocido nunca- susurré con toda la sinceridad del mundo y mirándola fijamente a los ojos- Eres tanto para mí… Eres mi mejor amiga, eres mi amante, eres mi compañera, eres mi confesora, eres mi consejera, incluso hasta a veces eres mi madre.

-De todo lo que has dicho lo único que no quiero ser es tu madre, eso sería muy raro- comentó riendo.

-Lo cierto es que sí pero en ocasiones te comportas como tal- respondí riendo también.

-¿Eso es un sí?

Me acerqué un poco más a su cara y la besé con intensidad, acariciando su pelo.

-Sí- afirmé sonriendo- Sí quiero mi vida.

Ella sonrió también y me llenó de besos. Luego cogió el anillo y me lo puso lentamente en el dedo anular. Alejé la mano de mí y estiré los dedos, observando cómo me quedaba.

-Es precioso, me encanta. Mi mujer tiene un gusto exquisito.

Me besó la sien y apoyó su cabeza en la mía, que volvía a estar en su pecho. Dejé la mano en su barriga y se la acaricié lentamente.

-Te amo.

-Yo también te amo.

El llanto de Sandra interrumpió nuestro momento, buena hora escogió para ponerse a llorar.

-No entiendo como no se ha despertado antes con todo el jaleo que has montado- le dije sonriendo mientras se separaba de mí.

-Claro, como solo he gritado yo- me miró con la ceja levantada.

Reí, ella se levantó y admiré la belleza de su cuerpo desnudo antes de que fuera tapado por una fina bata.

Entonces de repente me desperté, abrí los ojos lentamente mientras un agudo y repetitivo pitido me martilleaba el cerebro. Estaba muy desorientada, la luz era muy fuerte y aun no era capaz de visualizar nada. Poco a poco se me fue aclarando la vista y fui capaz de reconocer donde me encontraba. Supe que estaba en un hospital, la cama y la habitación no podrían ser de otro lugar. Un momento, ¿qué hacían allí Andrés y Sergio? O mejor, ¿cómo demonios había llegado hasta allí? ¿Qué había ocurrido?

-Mi amor, por dios, al fin despiertas- dijo Sergio aliviado y acercándose a mí- ¡Llamad a un médico!

¿Cóoooomo? ¿Había escuchado bien? ¿Mi amor? No, espera, esto me sonaba demasiado, estaba teniendo un déjà vu.

-Ainhoa, llevas en coma tres semanas, tuviste un accidente. ¿Te acuerdas? Te atropelló un coche- me explicó Marta acercándose a mí.

Lo que sentí en ese momento simplemente fue indescriptible. Un vacío se apoderó de mí, algo me oprimió el pecho con tal fuerza que dejé de respirar. Mis ojos llenos de lágrimas se dirigieron a Alicia, la cual me sonrió tristemente desde el pie de la cama.

-Hola, ¿cómo te encuentras?- me preguntó con voz suave.

-No, no, no, no puede ser- negué mientras caía en un profundo llanto.

No, me negaba a creerlo, ¿había sido un sueño? ¿Lo había soñado todo? ¿Todo? ¿Mi relación con Alicia? ¿Cómo era posible?

-Mi vida ¿qué te pasa?- me preguntó Sergio preocupado y cogiéndome la mano.

-¡Suéltame, no me toques!- grité furiosa y apartando mi mano con violencia.

Los pitidos de la máquina aumentaron considerablemente, tenía ganas de morir, no me lo podía creer. Había soñado una relación inexistente, había soñado un amor que no estaba. ¿Pero acaso era posible enamorarse soñando? ¿O es que ya estaba enamorada de Alicia y nunca me di cuenta?

-Tiene que ser una broma, no puede ser verdad, no- seguí diciendo mientras lloraba desconsoladamente- ¿Cuántos años tengo?

-Dieciocho. ¿Te encuentras bien?

¡¿Dieciocho?! ¿Había soñado dos años de mi vida?

-Dejadnos solas a por favor, que solo estén Ali y Marta.

-¿Estás segura?- me preguntó Sergio.

-¡Lárgate!

Él se quedó extrañado con mi comportamiento. Andrés le susurró algo al oído de Alicia y la besó. Los pitidos de aquella máquina volvieron a aumentar su velocidad.

-Estás muy nerviosa, déjame que llame a un médico y luego hablas con nosotras- intentó convencerme Marta- Javi ya ha ido a por él.

-Por favor, solo os pido cinco minutos, por favor- les rogué, al fin accedieron.

Sergio y Andrés salieron de la habitación, y como yo no dejaba de llorar Marta me abrazó con fuerza. Aquella opresión en mi pecho se hizo más intensa, tenía el corazón partido en mil pedazos. Había sido el sueño más real de mi vida.

-¿Qué te ocurre? ¿Por qué lloras?- me preguntó con tristeza Alicia.

-¿Qué me ha pasado?- quise saber mientras trataba de calmarme.

-Fue un sábado, salimos de una discoteca y pasamos por un paso de cebra. Intentamos apartarte de la carretera pero todo fue muy rápido, un coche impactó contra ti y te mandó un par de metros hacia atrás. El conductor estaba borracho. Por suerte no tienes nada más que un par de magulladuras y un brazo roto.

Hasta entonces no había sido consciente del estado en el que me encontraba. Mi brazo izquierdo estaba escayolado y me dolía un poco, mi brazo derecho estaba lleno de cortes.

-¿Por qué lloras?- volvió a preguntarme Ali.

-Yo…yo- no me salían las palabras, solo lloraba y lloraba sin poder contenerme- Me quiero morir.

Había perdido al amor de mi vida sin siquiera haberla tenido realmente, me había sentido como nunca en un maldito sueño, me había hecho una ilusión de algo que no existía. ¿Qué coño le había hecho al mundo? ¿Por qué cojones no me podían quitar ese dolor que me había surgido en dos segundos, esa angustia, ese terror, esa tristeza? No quería seguir viviendo, quería dejar de respirar.

Vino el doctor y echó a Alicia y a Marta de la habitación. Me hicieron un par de pruebas y me pusieron un sedante para que me tranquilizara, en cuestión de minutos volví a caer rendida.

Al despertar en el cuarto no estaban más que mis padres. Estos al verme se levantaron en seguida y se acercaron a mí.

-Cariño, ¿cómo te encuentras?- me preguntó mi madre acariciándome la cabeza, yo no contesté.

-No sabes el susto que nos has dado Ainhoa- me dijo mi padre.

-¿Y Natalia?- les pregunté, necesitaba contarle a ella todo lo que me había pasado, era la única con la que sabía que me sentiría bien.

-¿Natalia? ¿Quién es Natalia?- preguntó mi madre confusa.

Esas palabras fueron como un latigazo para mí, comencé a temblar inconscientemente y mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

-Na-natalia, mi hermana mayor, vuestra hija- les dije implorando mentalmente que no fuera lo que estaba pensando.

Se miraron atónitos.

-Ainhoa, no tienes ninguna hermana. Eres nuestra única hija

Aun no me habían quitado del dedo esa cosa que marcaba mis pulsaciones en esa máquina con ese ruidito infernal, así que volvió a pitar descontrolado.

-¿Q-qué?

-Cálmate, tranquila, no te alteres tanto- me pidió mi padre- Nos han dicho que actúas de una manera muy extraña, ¿se puede saber qué te pasa? ¿Qué es eso de que tienes una hermana? ¿Y por qué has rechazado a Sergio?

-No lo amo.

-¿Cómo que no lo amas?

Volví a llorar sin poder evitarlo. No tenía hermana, no tenía hija, no tenía novia, no tenía vida.

-Necesito hablar con Alicia, por favor. No quiero ver a nadie más de momento que no sea ella, Marta o Javi- les pedí.

-Pero Ainhoa, Sergio está loco por verte, ¿sabes lo mal que lo ha pasado? ¿Qué es eso de que no lo amas?

-Estoy enamorada de otra persona- solté sin más- Llamad a Alicia, necesito hablar con ella a solas.

-Está bien, ahora la llamaremos si con eso estás más tranquila.

-Gracias. Y que no entre nadie más, por favor.

Ellos asintieron y la llamaron. Al cabo de media hora se escucharon dos pequeños golpecitos en la puerta, mis padres miraron hacia esta y luego salieron. Al parecer les había hecho señas para que salieran. Cinco minutos después la vi aparecer por la habitación, con su pelo pelirrojo suelto. Ella miró hacia la máquina, pues nada más verla había empezado a pitar con más velocidad, indicando que su presencia me alteraba.

-¿Cómo te encuentras?- me preguntó sentándose a mi lado en la cama y cogiéndome la mano cariosamente.

Anhelaba tanto el contacto de su piel con la mía, se me pusieron los pelos de punta. La miré fijamente a los ojos y me perdí en ellos, en aquel verde tan profundo y precioso que tenía.

-Mal Alicia, estoy horrible- dije con un nudo en la garganta y negando con la cabeza, luchando por no volver a llorar- Si me mataras ahora mismo me harías un favor, te lo aseguro.

-¿Por qué dices eso?- acercó sus manos a mis mejillas y limpió con sus dedos mis lágrimas.

-¿Cuánto tiempo llevas saliendo con Andrés?

-Dos años y medio.

-¿Y lo amas?

-Pues claro que lo amo Ainhoa, lo sabes perfectamente. Con todo mi ser, mi corazón y mi alma. No puedo creerme la suerte que he tenido con él, es el amor de mi vida- afirmó muy segura de sí y sonriendo.

Esas palabras rompieron más aún mi corazón. Estaba hecha una mierda, me deshacía en lágrimas. Un profundo e intenso dolor me estaba perforando el pecho.

-Pero mujer, ¿se puede saber qué te ocurre? Si sigues así vas a hacer que llore yo también, me estás preocupando- murmuró abrazándome, yo le devolví el abrazo con una fuerza inmensa, desahogándome en su pecho.

-¿Que qué me pasa?- le pregunté separándome un poco de ella y mirándola a los ojos- Pasa que estoy terriblemente enamorada de ti Alicia, que te amo como nunca he amado a nadie. Eso es lo que me pasa.

Ella se quedó atónita, con los ojos abiertos como platos. Entonces comenzó a reír.

-Me estás tomando el pelo Ainhoa- aquello me dolió muchísimo, y se vio reflejado en mi cara porque de inmediato dejó de reír- Porque me estás tomando el pelo ¿verdad?

-¿Me ves con cara de estar gastándote una broma?- le pregunté dolida.

Su mirada escudriñó la mía con una intensidad fuera de lo normal.

-Esto es una broma, no puedes estar enamorada de mí.

-¿De verdad estás tan segura?

-Déjalo ya.

Puse mi mano derecha en su nuca y acerqué su cara a la mía dejando nuestros labios a escasos centímetros. La maquinita del diablo demostró que mis pulsaciones estaban yendo a mil por hora al tenerla tan cerca. Ella se dio cuenta.

-¿Me crees ahora?

Negó con la cabeza aun sin poder creérselo, y yo la besé. La besé con todo mi amor, con todo lo que sentía por ella. Y me rechazó. Se separó rápidamente de mí y me miró casi con miedo. Mi corazón no podía estar más roto.

-¿Estás loca Ainhoa? ¿A qué estás jugando? Tú amas a Sergio.

-¡Que yo no amo a Sergio!- exclamé irritada- No estoy jugando a nada. Durante todo este tiempo que he estado en coma soñé que despertaba de otro coma, de otro accidente, y que no recordaba a nadie, no sabía ni leer ni escribir. Pasó el tiempo y me fui enamorando de ti, y al final descubrí que tú eras lesbiana y que llevabas dos años amándome. Nos amábamos Alicia, incluso tú te quedaste embarazada de Andrés, él no se responsabilizó del bebé y tuvimos las dos juntas una niña preciosa- le expliqué llorando desconsoladamente.

-¿Tú y yo? ¿Yo lesbiana? Por favor Ainhoa. No quiero sonar brusca, pero a mí me gustan más las pollas que a un tonto un lápiz, jamás podría verte como mujer. ¡Eres mi mejor amiga!

Cerré los ojos con fuerza para tratar de dejar de llorar, nunca unas palabras me habían dolido tanto. Abrí los ojos al sentir que su mano se alejaba de la mía.

-Lo siento Ainhoa, no sé si me estás queriendo decir que te has enamorado de mí por un sueño que has tenido pero sea como sea es obvio que no siento lo mismo por ti. Amo a Andrés, de hecho estamos pensando en ir a vivir juntos- me dijo poniéndose de pie- No me gustan las mujeres ni muchísimo menos me gustas tú. Me gusta mi novio, así que no vuelvas a besarme nunca más porque no quiero hacerte daño, y si lo vuelves a hacer por muy amiga mía que seas te daré una bofetada- empezó a alejarse.

-Alicia, por favor- le rogué para que no se fuera- No me dejes así.

Ella se giró y me miró fijamente.

-Creo que será mejor que no nos veamos durante un tiempo.

Dicho esto salió de la habitación dejándome sola sin darme tiempo a decir nada más. Mi llanto se volvió incontrolable, y mi dolor devastador. Estaba viviendo mi peor pesadilla.

Alicia:

Después de ponerme la bata entré al cuarto de Sandra y la cogí en brazos.

-¿Qué pasa preciosa, tienes hambre?

A los pocos segundos me di cuenta de que el principal problema era el pañal así que la cambié sin poder evitar bostezar, el sexo con Ainhoa era igual de placentero como agotador, pero bien que valía la pena, vaya si lo valía. Al acabar de cambiarle el pañal le di el pecho hasta que se hartó, le di pequeños golpecitos en la espalda para que eructara y luego se quedó dormida así que la dejé en la cuna. No es porque fuera mi hija pero era preciosa, me quedé un buen rato mirándola. Cada vez que la veía me entraba un gran orgullo, ese tan típico de las madres, y también unas ganas locas de protegerla de todo lo que pudiera hacerle daño. Por eso mismo no entendía como mis suegros no me habían mandado a la mismísima mierda, la pareja de mi hija le hacía lo mismo que yo le había hecho a Ainhoa y desde luego que no saldría vivo para contarlo. Después de besarla en la frente volví al cuarto.

No esperaba encontrármela despierta, había pasado una media hora y Ainhoa tumbada en una cama no aguantaba mucho. Me quité la bata, me puse el pijama, me tumbé junto a ella y acaricié la piel desnuda de su cadera. Era mi segundo bebé, o como a mí me gustaba llamarla para fastidiarla ‘mi cosita’. Es que era tan pequeña, tan frágil, tan delicada, tan ella. Jamás me perdonaría haberle hecho tanto daño, era realmente estúpida por no haberme preocupado por ella en esos dos meses pero la verdad es que había estado muy cegada durante todo ese tiempo, tanto que no pude ver nada de su dolor.

Me estiré para apagar la luz y me acurruqué a su lado para dormir, y casi lo conseguí, pero al cabo de un buen rato ella empezó a moverse ligeramente de lado a lado, a gimotear y a hacer pequeños ruiditos. Abrí los ojos y vi que tenía el cejo fruncido y que estaba llorando. Estaba teniendo una pesadilla.

-Mi amor despierta- dije moviéndola para despertarla pero no funcionó.

Empezó a moverse con más agresividad, y aquellos ruiditos dejaron de ser gimoteos. Fuera lo que fuera lo que estaba soñando lo estaba pasando muy mal.

-Ainhoa- la llamé empujándola con más fuerza, estaba empezando a angustiarme a mí también- Levántate.

Entonces se incorporó abruptamente quedando sentada, tanto que me asustó. Su respiración estaba muy acelerada, empezó a mirar a su alrededor. Estaba completamente empapada en sudor.

-¿Estás bien?

Giró el cuello bruscamente y me miró, sentí un fuerte pinchazo en el corazón al notar la tristeza y la angustia de su mirada. Empezó a llorar desesperadamente y se abrazó a mí.

-Alicia- sollozó apretándome con fuerza.

-Ha sido un sueño, solo ha sido una pesadilla- intenté calmarla rodeándola con mis brazos.

No sabía lo que había soñado pero había sido lo suficientemente fuerte como para meterle el miedo en el cuerpo, estaba temblando y no de frío precisamente. Se separó un poco de mí y me miró.

-Alicia dime que me amas, dímelo- me rogó entre lágrimas.

-Te amo.

Ella cerró los ojos y apoyó su frente en mi barbilla.

-Dilo otra vez.

-Te amo mi vida, con todas mis fuerzas, como nunca lo he hecho.

-Otra vez.

Cogí su carita entre mis manos, junté nuestras frentes y la miré fijamente a esos ojos azules que tanto me gustaban, ahora llenos de terror y tristeza.

-Te amo, y cada segundo que pasa te amo más. Te amo ahora, te amaba antes y te amaré siempre. Eres el amor de mi vida, la mujer de mis sueños. Te amo mi niña- quería asegurarme de que mis palabras la reconfortaban, de que supiera que la amaba, que se olvidara de lo que había soñado y que se encontrara con la vida real.

Suspiró de alivio y apoyó el lado izquierdo de su cabeza en mi hombro mientras pasaba sus brazos por mi cintura.

-Yo también te amo.

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¡Hola a todos! ¿Cómo estáis? Bueno, aquí os dejo el final original que tenía pensado desde un principio. Digo esto porque he leído un par de comentarios en el que me decían que lo alargara un poquitito más, o que gustaría que contara la vida de Ainhoa, Alicia y Sandra en unos años más adelante, y me he dicho: ¿Por qué no? Lo hice con Mi Salvación y me gustó bastante relatarlo, así que posiblemente haga un segundo final, como he dicho antes, más parecido a Mi Salvación. En verdad esta historia está algo basada en ella, pues fue mi primer relato y para mí tiene mucho significado e importancia y por eso en algunas ocasiones se parecen bastante. Mi primera historia merecía ese final, y creo que esta también, además de que seguro que muchas me pegarían por no poner el crecimiento de la pequeña Sandrita y se quedarían con las ganas de saber qué pasará con ella jajaja.

Muchas gracias por comentar, leer y valorar, realmente importante para mí y muy gratificante. Quisiera agradecer especialmente a:

Silvia: Me alegra que te siga gustando, espero que esta continuación también haya sido de tu agrado. ¡Saludos!

Bubbly: Jo, no me digas mala tú también, ¿soy yo o todo el mundo me odia? Jajaja Me alegra mucho leer que es tu historia favorita, con las buenas historias que tambiñen hay por esta página es un gran halago para mí. Creo que ya hay un club de fans, pero para matarme jajaja. Supongo que era obvio que no iba a matar a Ali y a Sandra, tan cruel no soy. Bueno, eso de que Ali sea comprensiva con Ainhoa no sé yo, sinceramente en cierto modo creo que hay mujeres que quizás habrían actuado como Ali, como no he estado en esa situación la verdad es que no lo sé, intento hacer mis historias lo más reales posible. Sí, no eres la primera que me dice que nunca habías escuchado el nombre de Ainhoa. Esto es porque es típico de España, más concretamente del País Vasco, así que es normal que os sea tan extraño. Jajaja bueno, creo que desaparecísteis las dos un poco, tanto Artwork como tú (en verdad no tengo ni idea, pero si no habéis sabido la una de la otra por algo será) así que ya os podéis poner al día jajaja. Espero que te haya gustado. ¡Besos desde España!

Zagala: Bueno, si utilizo el nombre real de la policlínica es porque esta historia está desarrollada en una ciudad real y bueno, siempre me gusta hacer todo lo más realista posible. Claro que era obvio que no iba a matarlas, era algo necesario para la decisión de Ainhoa y lo que esta ha provocado. Bueno, como ya te dije estoy sin ideas, se ha pasado realmente rápido pero es más de un año escribiendo, exprimiendo el coco para sacar ideas y llega un momento que por más que apretujes no sale ni una gota. Creo que he hecho los tres finales que tú me dijiste, este que tiene algo de emoción por la apariencia de que todo es un sueño y algo abierto, y luego estará el siguiente que como ya he dicho será como en Mi Salvación, espero que te gusten ambos. ¡Besos!

Karin9: Bueno, siento que te haya puesto tan mal el otro capítulo, admito que a mí me angustió escribirlo. Jaja bueno, Alicia se fija en muchas cosas que nadie tomaría tan en serio porque es de esas que se toman todo a la tremenda, por lo tanto yo también soy así xD. No tanto como ella, pero un poquito sí. Espero que te haya gustado y que no te haya entristecido tanto como el otro y alégrate, que aun te queda otro capítulo más por leer. Nunca os dejaré en paz jajaja. ¡Saludos!

MalenaElle: No agradezcas que escriba, me encanta hacerlo, soy yo la que os agradece a vosotros que os toméis la molestia de leer. Me alegra que te gustaran los nombres de esta historia, el de Ainhoa ya he podido comprobar que no es para nada común fuera de España jajaja. Bien, es satisfactorio para mí ver que mi historia deja en suspense, era lo que buscaba. No te preocupes por no haber podido comentar antes, no pasa nada. Espero que te haya gustado. ¡Un beso!

Aurora la Diosa: Bueno, qué remedio, ya me toca contestarte, tarde o temprano tendría que hacerlo. Sí, con esto te estoy diciendo que tu comentario es el último que respondo. Dicen que lo último es lo mejor ¿no? (Ja, y una leche, que si te respondo primero ya me deprimo para los demás comentarios jajaja, en verdad no :))

Gracias gracias, muchas gracias, ya puedes sentarte :) Jajaja. ¿Qué harás conmigo? Matarme pequeña, matarme, no sé cómo no lo has hecho ya jajaja. Bueno, como a todos siento haberte hecho llorar, al menos eso significa que he hecho bien mi trabajo al querer transmitir los sentimientos. Uououo, ¿eres géminis? Fíjate tú qué coincidencia, ya sabía yo que lo de tu bipolaridad en los comentarios, tan feliz a veces y tan furiosa en otros, se debía a algo. Wiii soy feliz, por fin hice verte como un león enjaulado, toma ya jajaja. (Voy a intentar resumir un poco porque de verdad, tendremos serios problemas) Bueno, según tú no estaría mal más problemas ¿no? A buenas horas me dices eso, que ya no puedo ni quiero meter más caña. Sí, has leído bien, no quiero liarla más. Acojonante ¿verdad? Yo también estoy sorprendida. (Salón de la casa de la autora malignilla: ¡Mamáaaaaa, llévame al médico que creo que estoy mala!)

Pelear por comida no es pelear sin sentido, cortarte el dedo por un tubito de pasta de dientes sí que carece de sentido. Bueno bueno, si nos vas a salir maleducada por dejar fluir tus emociones mejor no lo hagas, no seas como yo :P Y no, no puedes reclamarme por lo de Ali, al menos no por lo que te dije que no les haría daño en su embarazo. Pues no, me da que no serás libre, jeje, aun te queda un capítulo más, jeje, ¿quieres matarme más aun verdad? Yo lo sé, jeje, creo que será mejor no publicar otro más y acabar con nuestro sufrimiento jajajaja.

Jo que no eres pesadita, pero si eres feliz te lo diré. No puedo recrearme en otras cosas que tú piensas (guarrona) para escribir esas escenas tan creativas por un simple motivo: ESTOY SOLTERA. Me hacen compañía mis dos gatas, nada más, y puedo asegurarte que ellas no me dan ningún tipo de inspiración para escribir jajajaja. ¿Ya dejarás de insistir? ¿Sí? Gracias jajajaja. Menos mal que eliges novias no-celosas, no creo que pudieras estar con Alicia entonces jajajaja.

¿TRES COMENTARIOS? La madre del cordero y la que te parió, con perdón que seguro que es una señora muy maja, amable y buena gente, me llegas a dejar tres comentarios y te aseguro que sí que lo habría pasado peor que tú, por Dios, es que me lo imagino y me da un no sé qué, un chungo de estos raros jajajaja. Claro que me da orgullo ser la primera a la que le dejas tantos comentarios, pero NO quiero tres, por mucho que me guste responderte, no no, tú tampoco quieres tirarte toda la tarde escribiendo así que lo apartas de tú mente, ¿sí? ¿Sí? Bien, todos contentos :) Jajajaja.

Por supuesto que disfruta comentándote y leyéndote, me da que esto me suena, que ya hemos tenido esta conversación jajaja. Y por supuesto que tú también sientes lo mismo, por favor, esto es recíproco. (Ahora es cuando dices que no y me dejas mal)

Ni dentro ni fuera del vientre, que yo no me dejo patear las entrañas por mi hijo para darle a la narina de nadie (me hace gracia la palabra narina jajaja), y Ali tampoco, así que nanai. Con lo que cuida ella a su Ainhoa... Bueno, en ocasiones, que la ha tenido dos meses en ascuas a la pobre (oséase, yo la he tenido en ascuas dos meses, qué malota soy...) ¿Ves? Claro que no me gusta hacer sufrir a nadie jajajaja.

JAJAJAJAJAJA madre mía qué buen chiste Adi, en serio, podrías hacerte humorista y todo, seguro que tienes éxito. ¿Que no eres pervertida? Habló aquí la que quiere saber de dónde saco la inspiración para las escenas sexuales de estas dos mujeres, que repito que no saco la inspiración de donde tú creías porque te repito que estoy soltera, no me quieren :( Ay sí, buenos tiempos aquellos en los que nos llevaba dos minutos contestarnos ¿verdad? Bueno, en verdad en un principio ni siquiera contestaba, así de pasota era jajajaja.

aurora la diosa (ID: 1363822) 2012-03-06 01:17:36 Reportar Comentario 555395

Sinceramente esta introducción me causó algo de malestar, es solo por lo duro que es pero en efecto, así puede ser la vida real.

Dejando aparte lo escabroso, en si es un inicio que me causa interés por lo que pido que continúes con la historia.

Espero la continuación.

Saludos desde México.



Adi

Ay ay ay, tu primer comentario, nada más mira la fecha, casi dos años desde esto, y mira QUÉ CORTO jajajaja. No sé cuándo la cosa se nos empezó a ir de las manos.

Bueno vale, dejaré que traigas una cuerda, luego ya la corto yo con mis herramientas jajajaja. Ay que ver la que liamos tan solo por unas prácticas de nada. Aunque la verdad, siendo tú, no dejaba que alguien en prácticas, ni yo ni nadie, tuviera control sobre tu boca, que para algo se le llaman "prácticas" jajajaja. Gracias Adi por los ánimos, yo también espero salir pronto de estas dificultades que me pone la vida. ¿Será el karma? Jajaja.

Sí, seré tu saco de boxeo, la cosa es que metí un farol y no sé pelear jajaja. Pero sí sé correr, mucho y muy bien jajaja. ¿Te imaginas la escena? Yo atada con los brazos pegados al cuerpo corriendo lo máximo posible y tú persiguiéndome con cara de loca, intentando agarrarme el cuello jajajajaja. Admite que no estaría nada mal para la portada del libro, así matamos dos pájaros de un tiro.

¿Que no eres buena? No te hagas la longuis anda, me enseñaste tú el arte de la amenaza, gran maestra sí señor. Puedo asegurarte que no quiero echarte a ti todo el odio de mi jubilación, la verdad que no, ni siquiera lo he pensado jajaja. Pero estaría muy bien :) ¿Sabes qué creo? Que a mí me perseguirán por hacer sufrir tanto y ser tan desesperante, y a ti también por haber hecho que me jubile. Nos veo a las dos escondidas en una cueva Adi, esconciéndonos de la masa que nos querrá amasacrar. Al final nos tendremos que aliar y todo...

Lo dejo aquí señor mío, biblia pa usted, con todo el cariño que la señorita Adi se merece. Espero que te haya gustado. ¡Besos desde España!

PD: Jajajaja pues yuyu significa muchas cosas la verdad. "Me dan yuyu las arañas", que puede ser que te dan asco, cosa, miedo, temor... no sé si me explico. Creo que me preguntarás el significado de otras palabras porque son comunes en España, no sé por que ahora tan solo me salen expresiones de aquí jajaja. Si tienes alguna duda me avisas :P

Samy: Bueno, la verdad es que estoy realmente sorprendida, no es la primera vez que veo que alguien se ha hecho una cuenta especialmente para comentarme, estoy muy halagada. Jajaja en el final feliz que me dijiste que querías te falta el perro xD, espero haberte satisfecho con lo que he escrito en este capítulo y espero hacerlo también con el siguiente. Intenté escuchar la canción que me mandaste pero tan solo me manda a la página principal de Youtube :( ¿Podrías mandármela otra vez? Me gustaría mucho escucharla. Espero que te haya gustado. ¡Besos!

Romina: Bueno bueno, ¿en serio lloraste? Siento haberte hecho sentir tan mal como para que te pongas a llorar. ¿Sentiste celos? Jajajaja madre mía, ¡pero si es su profesora! Aunque bueno, no eres la única que sintió celos de la profe de Ainhoa :P ¿Te encanta como escribo? ¡Gracias! Es la primera vez que me lo dices. (IRONÍA MÁXIMA jajajaja) Gracias, ahora en serio, siempre me haces sonrojar. Uy uy tan pacífica como agresiva, vaya paradoja, ¿y si el final que quiero es trágico no tengo derecho a escribirlo? Vale vale, que no, que ya imagino tu cara asesina al leer esto, no mataré a nadie jajajaja. No estés tan triste, que he decidido hacer uno más para vosotros, aun no os libráis de mí jajaja. No agradezcas nada, ya sabes que soy yo la que lo hace por tomaros la molestia de leer. Bueno, creo que a lo que tú te refieres aquí son las típicas gafas de culo de botella, estas que tienen el cristal gordísimo (de ahí lo de culo de botella xD) Espero que te haya gustado. ¡Besos desde España!

Artwork: Jajaja bueno, más que el subtítulo de "crueldad" yo pondría "cruda realidad". Por desgracia para muchas peronas esto es una realidad realmente dolorosa, y en ocasiones no hay alguien que escriba para devolverle la vida a la persona querida. Pero bueno, como soy yo y ya me conocéis perfectamente ha sido crueldad jajaja (en verdad no, simplemente era algo clave para el desenlace de la historia) Como a muchos otros siento haberte hecho llorar, pero supongo que en verdad he hecho un buen trabajo si he conseguido hacer llegar las palabras de esa manera a vosotros. Vale, en definitiva hoy todos os habéis puesto de acuerdo para hacerme sonrojar, madre mía, no sé cuántas veces he escrito esto ya jajaja.

Creo que más que la casa yo redecoraría la habitación, Ainhoa no estuvo allí así que yo me enfocaría más en la habitación, que es lo que ha hecho ella. El bebé tenía que tener algo de Ali y de Ainhoa, ¿qué mejor que ponerle el nombre que le iban a poner a Ainhoa? Bueno, Alicia entró en razón, bastante más tarde de lo que las dos habrían querido, pero dicen por ahí que es mejor tarde que nunca.

Tranquila, ya sabía que no te estabas quejando, es solo que me hizo gracia que tú me dijeras una cosa y que los demás me dijeran justo lo contrario jajaja. A mí en verdad me da igual si me piden que comente más o que haga los capítulos más largos. Yo haré lo que pueda, si puedo hacerlos largos los haré largos, si puedo comentar más comentaré más, pero sino no lo haré porque como bien has dicho cada autor da muchísimo de su tiempo a esta página, mucho más de lo que os podríais imaginar, y con lo que hacemos ya tenemos suficiente. Y no lo digo como queja o reproche porque yo lo hago con mucho gusto, pero si no se puede no se puede xD.

Ya dije que habría final feliz así que no te preocupes, lo he hecho pasar mal a lo largo de la historia pero el final feliz está ahí esperando.

Supongo que te hizo gracia lo de "jodida controladora" porque eso de "jodido/a" es típico de España, aunque no lo sé, nunca he viajado fuera. También puede ser que nunca te consideraras controladora y que te "identificaras" con la discusión. Sé muy bien qué es eso de que piensas que estás haciendo un bien y es justo lo contrario porque me lo han hecho a mí, aunque con buenos modales y hablando todo le mundo se entiende y se soluciona todo. Pero es que estás mujerzuelas no tienen educación ni respeto alguno, tss, vaya par de dos que se ponen a pelear a grito pelado. ¿De quién habrán aprendido?... Jajaja

Como ya dije contestando a Bubbly creo que os tenéis que poner al día, que tanta dejadez no es buena jajaja.

Espero que te haya gustado. ¡Besos desde España!

Maly: Jajajajajaja bueno, en verdad sí que puedes aplaudir con las manos y con los pies si te sientas jajajaja. Muchísimas gracias, de verdad, estás haciendo que me sonroje. A sí que fanática del Barça ¿eh? O de Neymar, sea como sea, si es así, tenemos algo en común :) Tampoco exageres mujer, ya me has sacado los colores jeje, me alegra que te guste tanto, y espero que este también haya sido de tu agrado. ¡Saludos!

Samantha: Siento haberte hecho llorar, a ti y a todos los que lo hayan hecho, lo cierto es que yo también lloré escribiendo esa parte jeje. Muchísimas gracias de verdad, ¡hoy todos me estáis haciendo sonrojar! Jajaja. No agradezcas nada por favor, faltaría más. Espero que te haya gustado. ¡Un beso!

Yulianaspy: Ya te echaba de menos, ¡echaba en falta tus comentarios! Bueno bueno, no sé si es bueno o malo que hayas sentido tantas emociones de una sola vez. Jajaja la verdad es que a mí me llega a pasar lo que Alicia y Ainhoa con mis padres y me muero, vamos, al cabo de un tiempo me reiría pero en el momento estaría deseando que la tierra me tragara. Ay sí, ese cabron de Santi, me estoy dando cuenta de que me encanta liarla parda con los hombres. Ese ya no molesta más, como en muchas ocasiones más, tan solo era una especie de paso de transición de un punto de la historia a otro. Uy, ahora vamos alo complicadillo. Imaginé que te sacaría de tus casillas la pelea de Ainhoa y Alicia. Cierto es que ahí se podría haber callado y haberse tragado sus palabras, pero que haya ignorado a Ali lo veo un poco más normal. Si has discutido con alguien lo menos que te apetece es hablar con esa persona, y si te empieza a llamar más gente, véase Marta, también veo normal que lo cojas porque no es muy usual que te llamen a esas horas. Siento haberte hecho llorar, la verdad es que no pensé que tanta gente lo hiciera. Realmente sí que hizo muy mal en decir que la niña no le importaba, pero a ver, se acababa de "morir" su novia, si a mí me ocurriera no me pondría a bailar precisamente. Se lo tendría que haber callado, pero hasta cierto punto es entendible. Por eso luego se acerca a ellas tan pancha, y sobretodo aliviada de ver que su amor está a salvo, es obvio que quiere a la niña. Pero bueno, cada uno tiene su forma de pensar y yo respeto las opiniones de todo el mundo, así que siento haberte puesto tan de los nervios jajaja. Muchísimas gracias por tus palabras, de verdad que hoy todos me estáis halagando mucho. Espero que te haya gustado. ¡Besos desde España!

Patysalaz: Jajajaja ¡pues sí! Ya ves que yo también puedo liarla parda si quiero, pero no me reclames nada eh, que mira que panorama tenemos con tu historia ¬¬ Claro que algo de conflicto tenía que poner, ¿y qué mejor que esto? Dices que yo soy buena poniendo drama, pero tú también eh, mira que estoy que trino con la puta Úrsula (perdón por mis finas palabras, pero de verdad me enerva xD) Y también te pido perdón si no comento algún que otro capítulo tuyo, pero te aseguro que no me pierdo ninguno, tengo menos tiempo del que me gustaría y pasa esto. Espero que te haya gustado. ¡Besos desde España!

Rodr: No sé si he entendido muy bien tu comentario. No sé si quieres decir que lo correcto era elegir al bebé, que tú habrías escogido al bebé u otra cosa. Espero que te haya gustado. ¡Saludos!

Puropogo: Jajaja ya me haces reír desde la primera línea de tu comentario xD. Uy sí, han hablado todo como mujeres maduras que son, sí, sí, o al menos Ainhoa lo ha intentado (pues sí, Sandra es más fácil que escribir que Ainhoa, pero seguro que hay otros nombres más complicados de escribir) El final de la historia iba a ser este, aunque por ciertos comentarios, entre los cuales está el tuyo, y por un pensamiento propio decidí alargarlo aún más y poner la situación de Ainhoa, Alicia y Sandra (no iba a llamar a las dos Sandra, qué lío luego para diferenciar a cada una xD) en un par de añitos más, así que espero que te guste. ¡Besos desde España!

Penelope: Bueno, vuelvo a decir como en otros comentarios que siento haberos llevado al extremo de haceros llorar, estoy algo sorprendida de lo mucho que os ha llegado ese sentimiento. Ya ves que sí, que hay más problemas, pero es que si no hubiera problemas no habría historia jajaja, por suerte, y porque me gusta, acaba todo bien. Me alegra que pienses que es uno de los mejores relatos, de verdad, me halagas mucho. Espero que te hay agustado, ¡Saludos!

Catracha: Me alegra muchísimo que me digas que no aburre la historia, hubo un tiempo que eso me preocupó muchísimo. Bueno bueno, el último al final no, tu comentario y algunos otros me hicieron cambiar de opinión jajaja, así que aun me tendréis que aguantar un poquito más por aquí :) Espero que te haya gustado, y no te pongas en huelga ¿eh? ¡Besos!

Wasti: Me alegra que te guste tanto la historia y que te haya enganchado de esa manera, espero que este capítulo también haya sido de tu agrado. ¡Besos!

Lucerla: ¡Mujer, que andas desaparecida, ya se te echaba de menos! ¿Dónde te has metido? Hazme caso que se ha notado mucho tu ausencia. Vaya por Dios, no tenía suficiente con las biblias de Adi que ahora tú me comentas por dos jajajaja. A este paso nunca dejaremos de comentarnos ._. Bueno, he leído el otro comentario pero sintiéndolo mucho tan solo contestaré a este, me temo que si te contesto los dos será mucho más largo que la historia jajaja.

Imaginaba que tú eras una de las muchas que deseaban que la niña fuera pelirroja como su mami, ¡no podría ser de otra manera! Los bebés me parecen adorables, pero los bebés pelirrojos hacen que se me caiga la baba por completo. Bueno sí, admito que eso de que Ainhoa se quedara quietecita y fuera al examen no es muy típico de ella, pero mira, algo de autocontrol tiene la mujer. Cuando escribí la parte de la conversación de la profesora y Ainhoa la verdad es que me quedé pensando en lo mucho que ha cambiado la historia desde el principio, algo así como: 'Joder, cuánto ha llovido' Y sí, después de todo lo que han pasado estas dos muchachas aun me quedan ganas de putearlas jajaja. Por suerte, mis ganas se han acabado, así que ya podéis ser tan felices como ellas.

Sí eh, tantas bíblias me han hecho convertirme en la nueva Mesías. ¡Jo jo jo! Temblad todos que si os tenéis que fiar de mí para que os lleve a la salvación las vais a pasar canutas xD.

Yo también pienso que Ainhoa escogió lo correcto, más que nada porque fui yo la que lo escribió jajaja. Bueno bueno, dejemos de las cosas que puede/debe hacer un médico, que yo no lo soy y no sé qué protocolo se tiene que seguir en esos casos jajaja. (¡Sshhh, calla, que me chafas la historia!) Sí sí, mejor tómala con él, que la magnífica y excelente persona que procura hacer que te aumente el ritmo cardíaco no tiene la culpa de nada.

Javi y Marta representan a dos grandes amigos míos sin los cuales no sabría qué hacer con mi vida, soy realmente afortunada de tenerlos. En la vida real no son pareja pero me encanta chincharlos diciéndoles que son el uno para el otro, y en verdad lo son. Estoy completamente segura de que están bien coladitos, pero supongo que el miedo de que salga mal y de romper la amistad que hay los detiene. A ver si un día de estos les doy un empujoncito...

Eh, que yo sepa absolutamente todas las cacterísticas físicas de Ainhoa y Alicia las puse al inicio de la historia allá en la Edad de Hielo, quizás por eso no te acuerdas. ¿Te gusta especialmente el nombre de la chiquitina? Me pica la curiosidad el saber por qué, si puedo. Jajaja claro, también habría más capítulos si decidiera que Sergio intentara recuperar a Ainhoa, que Natalia se enamorara del encanto de Alicia, que Javi rompiera con Marta y confesara su amor a Ainhoa, que Sergio y Javi se pelearan por conseguir a Ainhoa, que Alicia odiara a Javi y más de lo mismo pero Marta queriendo matar a Ainhoa. ¿Has visto lo que me haces imaginar en dos segundos? Mejor paro que luego me invento una buena historia, la escribo y la lío parda... Y sí, recuerdo muy bien el reto "Sergio" que tengo contigo, pero la verdad es que no sé si al final lo llevaré a cabo :( Viendo los cambios que he tenido que hacer no sé si figurará bien dentro de la historia. Lo siento.

Pues sí, mi nombre está en la historia, y por supusto que disfruto jugando con vuestras emociones, ¡sino no sería yo! Pero como dije que lo pondria al final de la historia, y este no es el final aún, me temo que aun no podré hacerlo público. Me parece muy interesante tu teoría, sí señor, y acertada en cierto modo, pero le veo un par de lagunillas jajaja. Has acertado en que Ainhoa tiene más de mí que de "la nariz a las posaderas" pero solo en la nariz, de momento creo que mi culo no levanta tantas pasiones como el suyo jajaja. Además de que yo ya dije que mi forma de ser y pensar está completamente metida en esta historia a través de lospersonajes principales. ¿Qué es lo que destaca en Ainhoa? Sus arranques histéricos, la facilidad de irritar, y contradictoriamente la paciencia que ha tenido con Alicia. Ella representa esas cosas de mí solo que muchísimo más maximizado. ¿Qué es lo que destaca a Alicia? Su dulzura, su ternura, su inocencia, sus celos... Pues representa todo eso de mí, pero más maximizado (en los celos no tan maximizado, realmente soy muy celosa jajaja) ¿Qué es lo que destaca de Marta, de Javi, de Sergio, de Andrés? Pues así con cada uno, cada personaje representan facetas mías muy maximizadas. (Sí, ya sé que he dicho que Marta y Javi representan a mis dos mejores amigos, pero en lo que destaca su forma de ser es lo que tenemos los tres en común)

Me he quedado muy sorprendida de haber causado las lágrimas de algunos lectores. Admito que yo también lloré, pero creo que no es lo mismo, tú como escritora entenderás que probablemente siente mucho más el que escribe que el que lee en algunas ocasiones.

No no, por favor, premio a las biblias de Adi, no puedo superar a las suyas, ¡es la reina! Jajaja. O sea, si he entendido bien ¿has llorado leyéndonos a Adi y a mí? Cosa curiosa.

Muchas gracias Lucerla, en estos momentos mi vida está un poco fuera de control, gente que entra, gente que se va y gente que provoca mucho escándalo en ella. Espero que dure poco y que todo vuelva a estar como siempre.

Me alegra que Mallorca tenga un "significado" para ti. La verdad es que pasear por los lugares de esta ciudad sobre los que he escrito, pararme a pensar en Ainhoa y Alicia y recordar la escena que tiene lugar allí me saca una pequeña sonrisa.

Espero que te haya gustado Lucerla, y que sigas enteramente sublimada. ¡Besos desde Mallorca!

PD: Has conseguido lo que querías, tendrás un capítulo más que leer, y otro comentario más si lo deseas que regalarme, ¿contenta?

PD2: Cuando me dices que te dejo "sublimada" en ocasiones me hace reír, pues por alguna razón mi cerebro no capta el significado que tú me das y coje otro, más precisamente el de los cambios de estado de los cuerpos. O sea, en pocas palabras, la primera vez que lo leí me imaginé que pasabas de estado sólido a gaseoso jajajaja. Vale, ya, lo siento, corto con las sobradas xD.
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